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Historia 27880 — capítulo 17
Capitulo 17: El almuerzo
Emily tamborileaba contra la mesa, nerviosa. Ya había abandonado el restaurante seis veces, y había vuelto treinta segundos después, para sentarse y volver a irse inmediatamente. Cerró los ojos con mucha fuerza.
-No, esto es una locura… Una estúpida locura… -sin abrir los ojos, se paró, pero la familiar voz de Sirius la paralizó.
-¿No ibas a dejarme plantado, no Emily? —Sirius alzó una ceja y le tendió su mano, donde sostenía un delicado ramo de margaritas amarillas y blancas. Emily alzó una ceja. —No te preocupes —le sonrió Sirius. —Las margaritas no tienen significado romántico… Esas son las rosas y las orquídeas… Hice mi tarea…
Emily frunció el ceño, pero tomó el ramo y asintió.
-Supe que te gusta el sushi… -Sirius se sentó. Emily hizo lo mismo.
-¿Bromeas? Lo amo —Emily se sonrió a sí misma al ver más lejos a los sushimen.
-Genial —Sirius tomó el menú. —Déjame adivinar… Tus favoritos… son... —entrecerró los ojos —los rolls americanos y el sashimi de salmón… -Emily bufó para sí misma.
-¿Lily también te dijo el número de mi cuenta de Gringotts? —dijo con sarcasmo.
-Pensé que este almuerzo era entre tú y yo… -Emily negó con la cabeza. —Si, Lily me lo dijo…
-Claro…
-Oye… Eh… Esto… Yo… Yo quería comenzar… por disculparme… Por todo.
-Mira, Black…
-Sirius —Emily lo ignoró.
-Si me hiciste venir para una hora de hipocresías será mejor que…
-¡No, no, no! —saltó Sirius, volviéndose pálido. -¡Quédate, por favor! ¡En serio! Yo lo lamento muchísimo… Todo… Por favor, Mily… -Emily suspiró y asintió, pensando en Lily.
-Bien, me quedaré, Black, pero si…
-Sirius —le corrigió. —Si no es mucha molestia… Odio mi apellido… Preferiría llamarme Sirius White… -Emily sonrió. —Pero bueno… Todos hacemos lo que podemos con lo que tenemos, ¿no?
-Bueno, Bl…
-Sirius —repitió él, sin perder su sonrisa.
-Sirius —dijo Emily, intentando que su voz no temblara. -¿Para qué…?
-Me quiero disculpar por todo, en serio… He sido un idiota, y en serio que…
-¿De la nada? ¿Esta repentina disculpa salió de un día para el otro? —Sirius no dijo nada. —Seriamente… ¿Qué quieres?
-Bien… Creo que me tienes… -Emily alzó una ceja. —Es que… El otro día… Cuando fui a almorzar con Lily… Comenzamos a hablar y… me di cuenta de que lo que yo encuentro gracioso y simpático tú lo encuentras odioso y de mal gusto…
-¿Te parece? —dijo con ironía.
-En fin… Quiero que empecemos de cero.
-¿De cero?
-De cero.
-¿A qué te refieres con “de…”? —pero antes de que Emily terminara de hablar, Sirius se había parado y se fue del restaurante. -¿Qué rayos…? —Sirius volvió a entrar y se hizo el sorprendido al verla allí, sentada.
-¿Emily? ¿Emily Lewis? —ella alzó una ceja: no entendía nada de lo que hacía. -¡Merlín! ¿Cuánto tiempo ha pasado? ¿Ocho años? —Emily comprendió y sonrió. —Te ves muy bien…
-Gracias, Bl… Sirius… Tú también.
-¿Está ocupado? —señaló el asiento.
-No, no lo está… Siéntate… No sabía que te gustara el sushi…
-¿Bromeas? —sonrió Sirius. -¡Yo amo el sushi! —volvió a sentarse. —Cuéntame de tu vida… ¿Escribes en el Profeta, no? He leído un par de artículos tuyos…
-En realidad —Emily irguió el pecho con orgullo. —Fui nombrada recientemente jefa de redacción.
-Eso es asombroso…
-Si, lo es… -sonrió Emily, con naturalidad. -¿Y qué hay de ti?
-Bueno… Desde que salí de Hogwarts firmé con el Puddlemere… Hago un paréntesis: como sabrás, es de los mejores diez equipos a nivel mundial… -sonrió. —Y hace unos años me uní a la selección nacional…
-Eso es genial…
-Si. Y en unas semanas jugaremos en Finlandia… Eliminatorias para el Mundial…
-Wow…
-Cuéntame algo más —pidió Sirius.
-Mmm… Mi vida no es tan interesante…
-Vamos… -le sonrió Sirius.
-Eh… No lo sé… A ver… ¿Qué puedo contarte?
-Vamos… Algún tema se te tiene que ocurrir… ¿Qué piensas de todas estas guerras muggles que se están desarrollando? ¿No son lo más estúpido del mundo? Dicen que en algunos años harán guerras por el agua… ¿No pueden conseguirse una varita? —Emily no pudo evitar sonreír por el comentario de Sirius. Era demasiado tonto… -Bueno… Un tema feliz… Eh… A ver… ¿Sigues siendo amiga de Lily Evans?
-Por supuesto: siempre fue mi amiga.
-¿Y la ves seguido?
-Pues… Vivimos juntas… -Emily se llevó el vaso de agua a los labios.
-Tomaré eso como un sí… Qué genial… ¿Hace mucho?
-Desde que terminamos Hogwarts… Pero nos hemos mudado un par de veces… ¿Y qué con los Merodeadores? ¿Siguen siendo los mismos locos de siempre?
Sirius rió.
-¡Los mismos locos de siempre! —confirmó. —Vivimos en el mismo piso del mismo edificio… Así que nos torturamos continuamente… -Emily sonrió. —Bueno… James y yo lo torturamos a Remus, pobre…
-¿Por qué pobre? ¿Qué le hacen al pobre Remus? —se burló, sin darse cuenta.
-Pues… A decir verdad… Le gastamos todo su whisky de fuego… Que a decir verdad no es el británico… Es importado… Así que POBRE… Lo usamos como terapeuta… No seguimos sus buenos consejos… Lo hacemos enojar… Lo molestamos cuando está con su novia…
-¿Y siguen vivos? —sonrió Emily. —Qué santos son los dos, ¿eh? —no lo podía creer: estaba teniendo una conversación normal con Sirius Orión Black.
El tiempo fue pasando. Emily y Sirius siguieron hablando, y los dos se sorprendieron de lo bien que se podían comunicar y cuanto se podían divertir juntos… Sirius no paraba de bromear. Emily se reía de cada broma. Sirius se sentía orgulloso de sí mismo por no estar echándolo a perder todo. Emily se sentía orgullosa de sí misma por haber controlado a su psicópata interior y por no haberle robado a los sushimen sus largos y filosos cuchillos para matarlo.
-Gracias —Emily le sonrió al mesero que les trajo la comida. -¿Qué te sucede? —le preguntó a Sirius cuando vio su cara, que examinaba la comida.
-Nada, es solo que no nos dieron…
-Se comen con estos palitos —Emily sonrió mientras le mostraba como comer.
-¡Ah, ya recuerdo! ¡Es que hace muchísimo tiempo que no como sushi! —Sirius tomó sus palitos e intentó tomar un roll, pero no lo pudo sostener y la pieza salió volando hacia la derecha, cayendo dentro de la copa de vino de un hombre que ni se había dado cuenta. Emily no pudo evitar soltar una carcajada y se tuvo que tapar la boca con las manos. -¿De qué te ríes? —susurró gritando Sirius, rogándole a Merlín que el hombre no tuviera sed hasta que ellos abandonaran el restaurante. -¡Esto es complicado! ¡Y si el viejo ese se da cuenta nos mata!
-No me mata a mí… te mata a ti…
-Bueno, bueno… Le diré que fuiste tú… -Sirius siguió examinando la comida. -¿Se supone que hay que ponerle esta pasta verde?
-Si, hay que ponerle wasabi…
Sirius sonrió y tomó con uno de sus palitos media bola de la masa verde y la colocó sobre un roll. Emily frunció el entrecejo.
-Oye… Yo que tú no…
-Esto es demasiado fácil… -se dijo a sí mismo.
Sirius tomó cada palito con una mano y de ese modo tomó la pieza y se lo llevó a la boca.
-Intenté decirte… -susurró con tranquilidad Emily, llevándose su bebida a los labios, mientras veía la cara de Sirius, y cómo este iba perdiendo el control.
-¡Oh, *Meglín*! —susurró con los ojos llorosos. -¡Oh! ¡*Megda*! ¡Ah!
-Traga… -dijo con tranquilidad Emily. —Y toma… Bebe esto —le alcanzó su vaso de agua. Sirius se bebió el contenido entero y tragó.
-¡Ay! ¡Demonios!
-Dime la verdad… ¿Nunca antes habías comido sushi, no?
-Y no creo que jamás vuelva a hacerlo…
-Solo es… práctica y experiencia… -sonrió Emily. —A ver… Mira… El wasabi: no se debe colocar media bola, ¿si? Es solo un poquito… Sería… Un décimo de bola… Para que te des una idea… Y para los palitos… Mira, déjame mostrarte… Colocas uno entre el pulgar y el índice… -le mostró como, con los propios. —Lo apoyas aquí… Y el otro… Lo sujetas con estos dos dedos —se lo mostró. Sirius asintió. —Y lo mueves para tomar cada pieza… A ver… Inténtalo…
Sirius intentó pero no lo logró.
-No me sale… Es complicado… ¡Cómo se complican los japoneses! ¿No conocen los tenedores?
Emily sonrió.
-Yo te los colocaré bien… Dame tu mano derecha y tus palitos…
Sirius le tendió su mano y Emily la tomó.
-A ver… Este va aquí —le colocó el primer palito. —Lo apoyas en este dedo… Y el otro… Lo sujetas con estos dos… -se lo colocó. —Y así lo mueves y…
Fue en ese mismo momento en que se dieron cuenta de que estaban teniendo contacto físico. La mano de Emily parecía pegada a la de Sirius, y no parecía querer soltarlo. Emily levantó la vista y miró fijamente a los ojos de Sirius, quien ya había dejado caer sus palitos y ahora tomaba la mano de la joven mujer con fuerza mientras se perdía en sus preciosos ojos oscuros, al igual que ella sentía que nadaba en un mar de plata… Hasta podía imaginar la agradable sensación mientras las olas rompían contra ella. Se quedaron así en silencio, por segundos… Sus cuellos comenzaron a estirarse; sus rostros estaban muy cerca. Sus labios se rozaron.
Jake, quien había estado mirando los últimos veinte segundos desde la ventana del restaurante, se alejó, frunciendo los labios y apretando los puños.
Emily podía sentir el aliento de Sirius: olía como la miel; era un aroma dulzón que a ella le cautivaba. Sirius podía oler el delicioso aroma que emanaba del cuerpo de Emily: un delicioso aroma frutal. Ya sentía sus cálidos labios rozando los suyos. Pero se dio cuenta de quién era ella. De quién era él. De la situación en la que estaban. De la realidad. Si la besaba, ella pensaría que todo había sido una farsa, un engaño para conquistarla, y volvería a odiarlo. Decidió romper esa burbuja que se estaba creando.
-Lo siento mucho —Sirius apartó el rostro. —Lo siento, en serio…
-N-No… No te preocupes… -balbuceó Emily, bajando la cabeza, roja y apenada.
El resto del almuerzo pasó casi en silencio, ya que ninguno de los dos quería decir otra palabra. Para no complicarse aún más la vida, Sirius había pedido un tenedor.
Al final del almuerzo, el Bateador no dejó pagar a Emily un solo centavo, y aunque ella protestó, le dedicó una tierna sonrisa de agradecimiento antes de pararse de la mesa. Sirius se fue corriendo, y por unos segundos Emily se sintió mal: pensó que simplemente quería huir. Pero luego oyó protestas detrás de ella y se dio cuenta de que era porque el hombre había bebido del vino donde había caído la pieza de sushi.
Emily se apresuró a abandonar el restaurante ella también.