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Historia 27880 — capítulo 3
Capitulo 3: El informante
Lily se quedó pensativa toda la mañana. Potter, Potter, Potter… “Maldito Potter”, pensaba ella. ¿Por qué sentía esa rabia contra James Potter? Creía que ya lo había superado. Tenía que superarlo. Después de ocho años, debía superarlo. Sin embargo, no podía evitar sentirse traicionada y engañada por ese Potter. ¿Por qué? Simple. Bueno, no simple. Son esas crisis y rabietas normales en la adolescencia. Pero a veces, aún de adultos, no es fácil olvidarlas.
Cuando estudiaban en Hogwarts, James Potter la había acosado pro dos años, pidiéndole que salga con él, hasta el séptimo y último año, cuando se calmó. Pero fue en ese año cuando a Lily le comenzó a gustar James. Lily recordaba todo a la perfección. El día, la hora, todo… Fue el 12 de diciembre. James la iba a invitar a salir ese día. Emily lo había oído, mientras se lo decía a Remus. James lo iba a hacer. Pero se acobardó… Cuando la vio, solo se le ocurrió pedirle una pluma, y luego, nunca más le dirigió la palabra. Lily se sintió como una imbécil: se había pasado todo el día imaginando la más romántica de las declaraciones… que nunca llegó; al igual que su pluma de cisne, que James nunca le devolvió. Y Lily se sintió avergonzada, abandonada, usada y traicionada, y el antiguo odio que le profesaba a James volvió a invadirla, multiplicado por 15.
Lily estaba sentada en su silla, con la mano en la barbilla, mientras insultaba mentalmente a James Potter. Debía trabajar, concentrarse en algo. Se levantó y se acercó a los archivadores. Abrió un cajón y comenzó a leer unos papeles. Todo era inútil. Su mente estaba inundada de palabras de enojo y desprecio contra el cazador. ¿Por qué tanto rencor?
-Hola, Lily —dijo una mujer de cabello oscuro y piel blanca, que acababa de llegar y se quitaba el abrigo. -¿Cómo estás?
-Bien, Alice, ¿tú? —sonrió Lily.
-Yo; bien. ¿Qué te pasa a ti? Tienes una cara…
Lily se quedó en silencio unos segundos, antes de responder.
-El pasado… -Alice frunció el entrecejo.
-¿Pasado? ¿Qué pasado?
-¡Mamá! —Neville llegó corriendo y abrazó con mucha fuerza las piernas de su madre, quien sonrió tiernamente y lo alzó, mientras buscaba en los bolsillos de su pantalón algo.
-Me olvidaba, lily…. —le tendió un pergamino. —Te llegó esto de un tal… Cook, creo…
Lily abrió los ojos y leyó el pergamino con rapidez, antes de mirar la hora.
-¡Mierda! ¡Lo olvidé! —y se alejó corriendo. -¡Gracias, Alice!
-Mami… ¿Miequé? —preguntó curioso Neville.
-Nada, Nev, no le des atención a esa palabra —dijo Alice, antes de taparle la boca a su hijo.
Lily bajó hasta el Atrio y salió por la entrada de visitas a ese callejón desierto. No vio a nadie, y comenzó a caminar lentamente, cuando alguien la tomó por los hombros y la arrastró hacia atrás llevándola al fondo del callejón, donde había un lugar oscuro y no se veía bien.
-Llegas tarde —dijo una fría y monótona voz.
Lily se dio vuelta y miró fijamente a los ojos del hombre. Era un joven de su edad, de piel cetrina, cabello negro y grasoso y ojos negros y fríos.
-Lo siento, Snape; me olvidé —respondió Lily, de modo cortante.
-¿Te olvidaste? ¡Me juego la vida en venir y la señorita se olvida!
-¡Bueno, lo siento! ¿Pero qué quieres de mí, Snape? ¡Yo también me juego la vida! ¡Y además, tú fuiste él que me buscó, en primer lugar!
-Parece que alguien no tuvo una buena mañana…
-Eso no te incumbe —dijo de mal modo. -¿Para qué me hiciste venir? ¿Para hacerme enfadar? ¿O tienes algo nuevo?
Snape asintió y sacó de su túnica un sobre grande y pesado que Lily tomó y abrió.
-Lupin —dijo Snape.
-¿Qué? —Lily levantó la vista.
-Va detrás de Lupin, el licántropo. El es el jefe del Departamento de Defensa de los Semi y No Humanos; el departamento que le está quitando gran parte de su ejército.
-¿Entonces va a matar a Remus? —preguntó Lily, preocupada. Snape negó con la cabeza.
-No. No aún. Primero, va a ir detrás de todos sus seres queridos. Amigos, familia, novia, si tiene, no lo sé… Los quiere matar a todos. Luego, cuando lo haya destruido mental y emocionalmente, lo va a matar.
Lily miró a Snape preocupada. Pero por él. Había cosas que aún no le cerraban.
-¿Por qué haces todo esto? —Snape frunció el ceño. -Nunca me lo dijiste, nunca me dijiste porqué viniste hace seis meses a buscarme y comenzar a pasarme información. Porqué te arriesgas haciendo esto.
Snape frunció sus delgados labios.
-Porque me harté. Ocho años de mi vida fueron desperdiciados y completamente dedicados a servirle, pero me cansé. Ya vi demasiadas cosas. Hice demasiadas cosas. Y me harté. Pero a él no le puedes presentar tu renuncia así como así. Es toda una vida de servicios o la muerte. Y yo no quiero ninguna de las dos —tras oír esto, Lily asintió. —Por eso lo quiero ver destruido.
-Voy a hacer todo lo que esté en mi poder, Snape. Gracias —la pelirroja lo miró con sus ojos verdes, y tras darse la vuelta, comenzó a caminar.
-Evans —Snape salió de su escondite.
-¿Qué?
-No pienses que hago esto para recuperar nuestra amistad.
-Yo no pienso…
-Si lo piensas —interrumpió Snape. —Pero sábelo. Esto no lo hago por ti o por un “mundo mejor”. Lo hago por mí. No confundas las cosas.
Lily lo miró con asco.
-Sigues siendo la misma serpiente que siempre. Tú no cambias nunca, Snape.
-¡señorita Evans! —la joven morocha levantó la vista de su escritorio.
-Hola, Lynn… ¿Está Remus ahí?
-Si, pero el señor Lupin está… -Lily no dejó a la secretaria de Remus terminar y avanzó con decisión hacia la puerta, y la abrió.
La oficina de Remus, una habitación grande y amplia, estaba equipada de un gran escritorio de roble, una biblioteca llena de libros, un archivador, una radio mágica y dos elegantes sillones, colocados contra las paredes, donde había ventanas (falsas, por supuesto). Detrás del escritorio, sentado en la alta y mullida silla, se encontraba, con un ejemplar del Profeta en la mano, Remus, y en un sillón se encontraba James, jugando con una Snitch.
-¡Lily! —sonrió Remus, al verla.
-¿Lily? —James la miró fijamente. -¿Evans? —era ella, la chica del ascensor.
-Potter —dijo Lily, con un dejo de amargura y enojo en la voz.