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Historia 27880 — capítulo 6
Capitulo 6: La entrevista
-¿Se quitó la camiseta? —Lily se sentó en la cama de su amiga, quien buscaba en el armario su ropa, envuelta en una bata de baño y tenía su cabello mojado.
-¿Lo puedes creer? Qué pervertido… Sigue siendo el mismo imbécil que siempre.
-Igual que Potter. No te das una idea del modo en que me tiró al sillón.
-Esos tipos nunca van a madurar, ¿no?
Lily abrió la boca para responderle a su amiga, pero el timbre sonó.
-Termina de cambiarte, Em, yo le voy a abrir —la pelirroja salió de la habitación y fue hasta la sala de estar. Allí, abrió la puerta y sonrió.
-Hola, Jake —se movió a un lado para dejar pasar a un hombre de 27 años, muy alto y de cabello rubio oscuro y ojos azules, que le devolvió la sonrisa, una sonrisa perfecta.
-Hola, Lils… ¿Cómo estás?
-Mm… Un poco cansada… ¿Tú? —Lily cerró la puerta detrás del rubio.
-Yo estoy bien…
-Emily ya sale —Jake asintió y se sentó en el sillón, luego de acomodarse el blazer negro que usaba junto a un jean oscuro y una camisa.
Lily le sonrió y se dirigió a la cocina, donde se sirvió un vaso de agua. Cuando volvió a la sala, la puerta de la habitación de Emily se abrió y la joven salió, con el cabello ya seco y peinado y con un vestido negro y simple, pero elegante, hasta un poco más arriba de las rodillas. Emily llevaba en su brazo su abrigo y su bolso. Ella le sonrió a Jake, y lo abrazó, antes de besarlo.
Lily sonrió y la pareja se dirigió a la puerta.
-Adiós, Lily —Jake salió.
-Nos vemos —Emily le guiñó un ojo. —No me esperes despierta —le susurró, antes de irse, y dejar a Lily riendo.
-¡Pase! —el hombre de cabello y barba larga y plateada levantó su mirada azul, tapada por unos anteojos de media luna. La puerta se abrió. —Buenas noches, Lily —la pelirroja entró al despacho y cerró la puerta detrás de ella.
-Buenas noches, profesor —Lily se sentó en la silla frente al escritorio.
-¿Qué sucede? —el director de Hogwarts, Albus Dumbledore, tomó un pedazo de pergamino y lo leyó. —“Profesor, debo hablar con usted; es urgente. Iré a verlo esta noche. Lily Evans”. ¿Qué sucede?
Lily suspiró.
-Está detrás de Remus. Remus Lupin —Dumbledore se llevó una mano a la frente, parecía cansado.
-¿Estás segura? —Lily asintió. -¿Tu informante secreto? —la pelirroja volvió a asentir. —Cuéntame todo lo que sepas.
-Bueno… Como sabe, desde que hace un par de años, Remus fue al Ministerio con el Proyecto del Departamento de Defensa de los Semi y No Humanos, no todo salió bien para Voldemort. Desde que el Departamento tuvo éxito, un gran número de seguidores de Voldemort lo abandonaron. Hombres lobos, vampiros, hasta gnomos. Voldemort, como todos saben, les decía que si le servían, él les daría los derechos y vida que nunca han tenido. Pero desde que Remus “logró su cometido”, ellos se dieron cuenta de que pueden obtener derechos y una vida mejor sin tener que matar. Y eso no le vino bien a Voldemort: ha perdido un gran número de seguidores. Y quiere vengarse de él, de Remus. Pero primero, lo quiere destruir emocional y mentalmente. Por eso va a ir por la gente que Remus quiere.
Dumbledore asintió.
-¿Sabes quiénes son?
Lily se mordió el labio.
-No lo sé con exactitud. Estoy segura de cuatro personas: su padre, John Lupin, su novia, Allyson Wade y sus dos amigos, James Potter y Sirius Black. Tengo que averiguar si hay más personas, pero Remus siempre fue reservado —el director la miró fijamente, pensativo. —Y le doy los documentos que tengo, que además tienen información sobre las acciones de Voldemort con gigantes —Lily sacó de su bolso el sobre color madera que contenía los papeles que le había mostrado a Remus. —Ahora… todo está en sus manos, profesor. Y de la Orden. Yo… seguiré haciendo lo mío.
-Gracias, Lily —el hombre sonrió, animándola. —Nos vemos después.
-Adiós, profesor —Lily suspiró y salió del despacho, mientras Dumbledore comenzaba a examinar los documentos.
Lily no podía conciliar el sueño. Demasiadas cosas para un solo día. Tenía la cabeza llena, muy llena, con todo tipo de cosas. Potter, Remus, Potter de nuevo y Remus de nuevo. Pobre Remus. Perseguido por luchar por un mundo mejor. Y maldito Potter. ¿Quién se creía? Imbécil. Lo odiaba. Y ni siquiera sabía por qué. ¿Pero era necesario tener una razón? ¡No! ¡Claro que no! ¡Era Potter! ¡Solo James Potter! ¡No hacían falta razones para odiarlo!
Al menos, eso creía Lily.
Emily apenas levantó la vista cuando Sirius entró al estudio y se sentó en la silla frente a ella, delante de uno de los dos micrófonos.
-Hola a ti también —dijo el bateador, con sarcasmo.
-No tengo tiempo ni me interesa decirte “hola” —dijo con sorna Emily —fuera del aire, Black.
-¿Por qué tan mala?
-Porque quiero —respondió secamente.
-Así nunca vas a conseguir novio —se burló Sirius.
-Para tu información, Black, ya tengo novio.
-Ah —pensó Sirius. -¿Y hace la tarea? Porque yo te noto con un poco de mal humor.
-Lo que yo haga con mi novio no es de tu incumbencia.
-Entonces sí hace la tarea. ¿Pero la hace mal?
-Black, si no te…
-Al aire en cinco, cuatro, tres, dos… -dijo el técnico.
El cartel de AL AIRE se encendió. Emily sacudió su cabeza, borró su cara de antipática y cambió su tono.
-¡Buenas tardes a todos! —dijo con una voz divertida y simpática. -¿Cómo están? Bueno, espero que muy bien —Sirius amagó una sonrisa. —Soy Emily Lewis, estoy aquí para reemplazar a Sarah Stock, quien no pudo venir hoy. Frente a mí se encuentra uno de los bateadores del Puddlemere United: Sirius Black. ¿Sirius, cómo estás?
-Muy bien, Emily —dijo sirius, mirándola con sonrisa burlona. —Disfrutando la vista —Emily frunció el entrecejo.
-Qué divertido —dijo, intentando mantener la calma. —Bien, Sirius, cuéntanos. Hace varios años que estás con el Puddlemere y en la selección nacional. Cuéntanos sobre eso… ¿Qué se siente?
-Bueno… Desde que terminé Hogwarts que estoy con el Puddlemere y hace cuatro años que con James entramos a la selección. Y la verdad… es fantástico.
-¿James Potter y tú entraron juntos al negocio, verdad? —Sirius asintió.
-Si… En el último partido de Hogwarts fueron Charlus y Dorea, los padres de James, y llevaron a Colin… Glass, para que nos viera jugar. Apenas nos graduamos firmamos. Y desde ese día… es genial. Todos en el equipo son geniales; muy divertidos, tenemos un gran equipo, sabemos jugar en equipo, y siempre somos muy optimistas. Es fantástico.
-Siendo un jugador de Quidditch a nivel nacional e internacional, porque sé que te ofrecieron jugar en el Toyohashi Tengu, en el Fitchburg Finches y para el Moose Jaw Meteorites a ti y a Potter, juntos…
-Si, lo hacemos todo juntos. Todos saben eso. No nos movemos sin el otro.
-Si, como te decía… Siendo un jugador a nivel nacional e internacional… ¿Qué es lo que más disfrutas de todo esto? ¿De toda esta fama y atención que recibes?
Sirius sonrió con malicia.
-No puedo negártelo. La fama es genial; me encanta. Y amo tener a todas las mujeres detrás. Sean casadas, solteras, jóvenes o viejas… Las tengo a todas atrás mío. Claro que, sin ofender, no me gustan viejas —Emily inspiró hondo para relajarse. No soportaba más. —Pero siempre tuve a todas las mujeres detrás de mí, desde Hogwarts. Claro que en ese entonces, eran simples estudiantes. Ahora son muchas más.
-¿Entonces te consideras y disfrutas del ser considerado un símbolo sexual? —leyó Emily su hoja de preguntas.
-Claro que si. No hay nada mejor que esto. ¿Qué más se puede pedir? —Emily frunció los labios y siguió leyendo sus preguntas que Bedingfield le había pasado.
-¿Entonces la fama de mujeriego que tienes…? ¿La aceptas?
-Por supuesto —respondió Sirius.
-Cuéntanos de eso —pidió Emily.
-Mira Em… ¿Te puedo llamar Em, cierto? —Emily inspiró nuevamente.
-Yo preferiría que me llamaras Emily, Sirius… -dijo con frialdad.
-Perfecto —sonrió Sirius. —Mira, Em… -Sirius apoyó los codos sobre la mesa y se acercó mucho a Emily, quedando a un centímetro del micrófono de ella. —Contarte sobre eso no puedo hacerlo. Pero enseñarte… Ahí sí que podríamos negociarlo, inclusive llegar a un acuerdo.
Emily levantó el puño, enojada. Esa había sido la gota que había colmado el vaso. La joven le hubiera partido la cara a Sirius, si no hubiera sido porque recordó su ascenso.
-¡Ja, Ja, Ja! —rió falsamente. -¡Qué gracioso eres!
La entrevista continuó. Emily se dio cuenta de que el ego del muchacho se había multiplicado por veinte en ocho años. Sirius se reía y disfrutaba de cualquier cosa que lo hiciera quedar como mujeriego, inclusive se le insinuó a siete diferentes fanáticas que habían usado un teléfono muggle para hablar con él en vivo.
Cuando la entrevista finalmente terminó, Emily le dirigió su mirada de más profundo odio y se encaminó hacia la puerta. Sirius bufó y salió detrás de ella.
-¡Lewis! —la llamó. Emily se dio vuelta, de mal humor.
-¿Qué?
-¿Qué haces esta noche? —Emily se cruzó de brazos.
-¿te importa?
-Creo que… nuestro reencuentro no estuvo bien. A ver… ¿Qué te parece si te invito a cenar?
-¿Qué crees que te diré, Black?
-Siendo yo que te invita, creo que me dirás “si” —sonrió seductoramente Sirius.
-A ver… Déjame pensarlo… ¡Nunca! —Emily bufó. —Todas mis dudas se aclararon: eres el mismo idiota que siempre.
Emily se dio vuelta antes de seguir caminando. Sirius sonrió.
-¡Te paso a buscar a las ocho en punto! —le gritó.
Emily le hizo un gesto molesto de la mano y se alejó, sin hacerle mucho caso.