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Historia 27880 — capítulo 7
Capitulo 7: Una Cita Soñada
-No, no veo la razón —dijo Remus, sentado detrás de su escritorio, sin perder la calma frente a un hombre que parecía protestar por algo.
-¡Pero no tiene sentido!
-Señor Jenkins… Tiene un nuevo empleado que parecía perfecto. Pero ayer le informó que una vez al mes deberá retirarse una hora más temprano y volver al día siguiente tres horas más tarde para hacer y recuperarse de su transformación. Que lo despida por eso es estúpido, y creo que el verdadero motivo de su comportamiento es, claramente, el racismo.
-No es…
-Si. Si lo es, señor. Usted discrimina al señor Scott por su condición, y yo puedo llevar esto ante el Tribunal Mágico —Remus vio por la puerta entreabierta a alguien que lo esperaba. —Y no me haga perder mi tiempo en estupideces como estas, porque francamente, no quiero hacerlo. Buenas tardes —Remus le dirigió una severa mirada al señor Jenkins, quien abandonó la oficina despotricando contra Remus, quien suspiró.
Allyson entró.
-Dime que lidias con tipos así todos los días y te conviertes en mi nuevo ídolo… -la castaña le dio una barra de chocolate de Honeydukes.
-A veces —suspiró Remus. —Gracias —partió un pedazo de chocolate que le tendió a su novia y luego se cortó uno para él. -¿Qué sucede?
-¿Qué te pasó ayer? Estabas raro… -Allie se llevó el chocolate a la boca.
-No es… nada.
-¿Remus?
-¿Mm? —el joven bajó la vista.
-Mírame a los ojos… Y dime qué te pasa, porque te conozco muy bien y seé que algo no anda bien…
-Allie…-Remus la miró y puso una cara que utilizaba en situaciones extremas: la mirada de lobito.
El joven puso su cara de lobito triste y abandonado; tan tierna, tan dulce, que el único pensamiento que a una persona se le puede cruzar luego de ver esos ojos dorados adoptar esa expresión, luego de ver esa perfecta boca curvarse hacia abajo, en un puchero, es abrazarlo como si fuera lo más preciado en el mundo y nunca más soltarlo. -¿Remus? ¿Por qué la mirada de lobito? ¿Qué hiciste ahora?
-¡Nada! —saltó Remus.
-¿Qué hiciste? ¿Te mandaste alguna de las tuyas con James y Sirius? ¿O qué pasó sino? —Allie alzó una ceja.
-¡Yo no hice nada! —se defendió Remus. Generalmente, él nunca hacía nada malo, es más: él intentaba corregir a sus amigos, guiarlos por el “buen camino”. Pero de vez en cuando, la lobito sacaba su lado pícaro y se mandaba alguna de las suyas.
-Sé que no… Pero algo sabes. O algo pasa. O… algo sucede. Y quiero saber qué es.
Remus abrió la boca para responder, pero no pudo ya que la puerta se abrió y Sirius entró del mismo modo en que Lily lo había hecho.
-¡Remus, soy un tonto! —exclamó Sirius, tirándose en el sillón y cubriéndose la cara con las manos, como si estuviera en una sesión de terapia.
-Hola a ti también, Sirius… -dijo Allie. —Remus, hablamos después, parece que él te necesita —el joven asintió y le dio un beso, antes de que la castaña saliera.
-¿Qué pasa? —Remus se paró y se sentó cerca de su amigo.
-Soy un imbécil…
-Qué novedad —sonrió Remus. —Pero eso no me ayuda a devolverte la inteligencia. Dime.
-¿Por qué soy tan idiota?
-Canuto, la inteligencia… es como… una enfermedad. Ya te vas a contagiar —sonrió Remus. —Ni que fuera tan grave, vamos, hombre… Dime.
-Invité a la psicópata chiflada de Lewis a salir. No sé por qué. Es decir… Está super atractiva. Pero… sigue siendo la misma Lewis que me declaraba la guerra en Hogwars, la misma Lewis que me amenazaba con tirarme por una ventana, la misma Lewis que me juraba mi muerte cercana… Sigue siendo… la misma Lewis. Sigue siendo tan… -suspiró. —Lewis… ¿Entiendes? Lewis… Puaj. Aunque sea atractiva. Es… Lewis.
Remus sonrió.
-¿Pero por ser Sirius Black debes cumplir con tu rol de galán entonces debes asistir obligatoriamente, no? —Sirius asintió. —Bueno… ¿Quién sabe? Solo una cena. Listo. Todos ganan. Tal vez… Hasta te sorprendas.
Sirius lo miró fijamente; parecía perforarlo con su mirada de plata.
-¿Tú de verdad no crees eso, no? —le dijo, mientras alzaba una ceja.
-No, no lo creo —sonrió Remus. —Pero daría lo que sea por ver tu cara en una cita con Emily “Anti-Black” Lewis.
-Jo Jo —dijo con mal humor Sirius. —No sé de donde saca Allie que eres un “niño bueno que solo tiene las mejores intenciones para las personas que lo rodean”, porque eres bastante malo.
Remus sonrió y se pasó una mano por el suave cabello castaño claro.
-Bueno, entonces déjala pensar eso. A todos nos conviene —le guiñó un ojo con picardía, y Sirius negó con la cabeza.
Lily levantó la vista y su mirada esmeralda se cruzó con la marrón de James. Algunos Aurors que trabajaban cerca de Lily miraban la escena con curiosidad.
-¿Qué quieres, Potter? —dijo, mientras volvía a concentrarse en su informe.
-¿Cómo estás, Evans? —sonrió seductoramente James, mientras le tendía un hermoso ramos de lirios blancos.
-Trabajando. No dispongo de tanto tiempo libre como tú, y si me disculpas, tengo que entregar un informe sobre tu amigo Mortífago mañana por la mañana.
-¿Pettigrew? —James dejó sobre el escritorio las flores y se sentó frente a ella. Lily asintió. —No lo he visto desde su juicio hace 5 años, y además: él dejó de ser mi amigo cuando descubrí que se había pasado hacia el otro bando. El no es mi amigo. Yo no tengo amigos Mortífagos.
-Lo siento —se disculpó irónicamente Lily.
-Te perdono —sonrió James. —Pero con una condición —Lily lo miró de reojo. —Si sales conmigo.
Lily puso una mueca que denotaba confusión y abrió la boca.
Emily estaba sentada en sillón, con las piernas cruzadas al estilo indio, mientras leía una carta de sus padres. Tenía puesto un boxer muy amplio (robado de Jake) y una remera deportiva que le quedaba como vestido (también del alto rubio). Su cabello estaba sumamente despeinado. Tenía hambre, pero las cartas de su familia no llegaban muy seguido, así que quería leerla. Sonó el timbre. Emily suspiró y dejó la carta de lado, y se paró.
Avanzó hasta la puerta y tomó el picaporte. Lo giró y abrió la puerta. Apoyado contra el marco, usando un traje negro, se encontraba Sirius. Emily se quedó mirándolo unos segundos, sin poder creerlo.
-¿Qué rayos haces aquí? —fue lo único que llegó a decir.
-Te dije que pasaría a las ocho —miró la hora. —Quería llevarte a cenar —la miró de arriba abajo. —Pero si quieres hacer algo aquí, por mí está perfecto. No sabía que querías pasar al siguiente nivel tan rápido.
-Contigo, Black, el único “nivel” al que jamás llegaré será tirarte por un precipicio. Ahora vete —Emily intentó cerrar la puerta, pero Sirius puso su pierna y pasó. -¿Qué nunca te vas?
-¿Qué parte de “quiero cenar contigo” no entendiste, Lewis?
-Bien por ti, pero yo no quiero cenar contigo. Y si no te vas ahora, tú serás la cena.
Sirius sonrió con malicia.
-Sí que eres rápida, Lewis… Yo que pensaba que eras más santita. Tienes tu lado pícaro…
-¿Eh? —Emily aún no comprendía qué hacía escuchándolo en vez de meterlo en una trituradora.
-Si tú lo quieres así... Yo seré tu cena.
Emily bufó y se golpeó la frente.
-¡No lo dije en el sentido sexual, imbécil! ¡Lo dije como amenaza! —Sirius sonrió.
-Como sea: ambos me atraen —le guiñó un ojo y se adentró aún más en la sala. —Me gusta tu departamento… Es acogedor… Apuesto a que también debe haber otros lugares interesantes por aquí…
-Los hay, pero no los vas a conocer nunca, porque te vas de aquí AHORA —Emily lo empujó sin resultados hacia la puerta. -¡Black! ¡Vete!
-¿Sabes qué cuanto más me echas más ganas de quedarme tengo?
-¿Qué rayos tengo que hacer para que te vayas? —gritó enojada la joven.
-Ve a cambiarte y vamos a cenar —sonrió dulcemente Sirius. —A un segundo de aquí hay un restaurante al borde de la Seine que nos espera con reservación para dos, Mademoiselle.
Emily abrió la boca para protestar, pero cambió de idea.
-¿Sabes, Black? Olvida París. Yo cocino —Sirius sonrió: sabía que en algún momento iba a ceder. —Ponte cómodo —Emily le dedicó su mejor sonrisa y se dirigió hacia la cocina.
Se puso a buscar algo en un cajón, mientras Sirius, muy lenta y cuidadosamente se acercó hacia ella. El joven rodeó su cintura con sus fuertes brazos, pero con sensualidad y delicadeza.
-¿Sabes, Lewis? —le susurró al oído lentamente: su boca rozaba la oreja de Emily, y cualquier mujer del mundo moriría si eso llegara a ocurrirle, pero no Emily, quien se mantuvo firme y pareció volverse de piedra. —Cambiaste mucho en estos ocho años… -la abrazó con más fuerza. —te ves muy bien… Nunca te vi tan atractiva como ahora… -lentamente, muy lentamente, Sirius comenzó a subirle, con sus manos, la remera de Emily. La tiraba con delicadeza hacia arriba. —Te ves hermosa —la remera ya estaba a la altura del ombligo.
Emily pareció encontrar lo que buscaba y sonrió.
—Yo tampoco recordaba que fueras así…
-¿Ah no? ¿En qué cambié? —Sirius le susurró nuevamente al oído y su boca bajó hasta el cuello de la joven.
-En muchas cosas… Pero… ¡para mal! —Emily se dio vuelta de inmediato, empujó a Sirius con su mano izquierda y con la derecha intentó darle un sartenazo, pero el bateador lo esquivó por muy poco.
-¿Estás loca o qué? —le gritó Sirius, aún impresionado, en el mal modo, por el sartenazo. -¿Cuál es tu problema?
-¡TU ERES MI PROBLEMA! —vociferó Emily.
Sirius dudó un momento, pero luego sonrió. Disfrutaba tanto del molestarla… Y cuanto más Emily le decía que “no”, con más fuerzas el quería un “si”.
-¿Tanto te molesto?
-¡Si! ¡Vete! —Sirius no se movió. -¡Vete! ¡O…! —Emily frunció el entrecejo. -¡O…!
-¿O qué?
-¡O…! ¡Voy a matarte!
Sirius no lo pudo evitar y soltó una carcajada.
-Vamos, Em… No podrías conmigo nun… -Sirius tiró la cabeza a un costado, justo a tiempo para evitar ser golpeado por una naranja que Emily había tomado de una frutera y le había tirado con mucha fuerza. -¡Oye! ¡Vamos, Em! —esquivó otra naranja.
-¡No me digas “Em”! ¡Y ahora… vete! —Emily le tiró otra fruta, que Sirius volvió a esquivar, con elegancia.
-No sé si te habías dado cuenta… -el joven esquivó otra más. —Pero… Mi rtabao es ser “bateador”. Vivo para golpear cosas —esquivó una manzana. —Tengo reflejos excelentes… -se agachó. -¿No crees que para mí esto es pan comido?
-¡Mira, una modelo de bikini’s! —Emily señaló con su mano la puerta. Sirius se dio vuelta, pero al ver que no había ninguna modelo de bikini’s, volvió a su posición inicial, enfadado.
-¡No hay ningu…! —el joven no lo vio venir y recibió un naranjazo de lleno en la cara.
-¡No es pan comido! ¡Es fruta comida! ¡Y ahora LARGATE! ¡Antes de que saque los cuchillos!
Sirius se agachó otra vez y decidió que era suficiente por ese día, así que corrió a la puerta y se apoyó en la pared. Ya lo lograría otra vez. Emily Lewis no se le resistiría por siempre.
-Qué cita soñada… -se dijo en voz baja para sí mismo, antes de desaparecer.
estoy intentanto hacer los capitulos mas largos... prometo que se van a continuar a alargar...
besos a todos, y rr's por favor!
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