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Historia 27880 — capítulo 8

Capitulo 8: La primera reunión

-¡Remus John Lupin! —Sirius entró al departamento de su amigo furioso, con su cara cubierta de naranja, pero se dio cuenta de que no era el único: James estaba parado en el medio de la habitación, con lirios en el alborotado cabello y en su camisa. 

-haz la fila, pulgoso —le dijo de mal humor. 

-¿Qué te pasó, Cornamenta? 

-Seguí el consejo que me dio el doctor Corazón. Intenté solucionar todo con Evans, pero me aplastó el ramo de flores que le compré en la cabeza. ¿A ti? 

-Seguí el consejo del experto en cuestiones del corazón… Fui a la cita de la loca y terminé cubierto en naranja… 

Sentada frente a la chimenea, en una alfombra de corderito, Allie miraba todo expectante, y al ver la cara desconcertada de su novio, sonrió. 

-¿Qué te resulta gracioso? ¿Se puede saber? —preguntó James de mal humor. -¿Quieres que te tiremos flores y naranjas? —Allyson no pudo evitar reír. 


-¿Qué pasó aquí? —Lily abrió la puerta de su departamento y miró el suelo, donde estaba lleno de cítricos. 

-Black —respondió secamente Emily, llevándose a la boca un gran cucharón de helado, enojada. 

-No te voy a pedir detalles —dijo temerosa Lily. 

-haces bien —Emily se terminó el helado y tomó un pote de una crema de chocolate y avellanas. 

-Pero sí que estás enojada… -pensó Lily, antes de quitarse el abrigo y dejarlo en una silla. 

-¿Qué pashó con’igo? —Emily tragó. —tampoco tienes buena cara. 

-Potter —dijo Lily tirándose en el sillón y pasándose una mano por el cabello. —Me invitó a salir. 

-¿Y? 

-Le aplasté el ramo de lirios que me obsequió en la cabeza —Emily sonrió. 

-¡Esa es mi chica! ¡Ocho años después seguimos siendo Anti-merodeadores! ¡Que alguien nos supere! 

Lily bufó divertida. 

-Dame un poco —se tiró sobre su amiga y le quitó el pote y la cuchara. 

-¡Hey! —protestó Emily. 


-¡Lewis! —el señor Bedingfield entró a la oficina de Emily con el profeta de ese día en la mano. -¡Fue genial! ¡La entrevista en vivo tuvo una audiencia increíble y todos los ejemplares se vendieron! ¡Felicidades! ¡Tienes el ascenso! 

-Es genial, muchas gracias, señor —sonrió Emily. —Gracias… 

-Lo mereces —el señor Bedingfield se disponía a salir, cuando pareció recordar algo. —Y una cosa más: hicimos una encuesta. A la gente no le gusta leer de Mortífagos. Así que esos temas se acabaron en este diario. 

-Pero señor, esos son… 

-Eso es para periodismo serio, Lewis —Emily se quedó en silencio. —Tú mejor que nadie sabes que este diario es pura basura… Basta de Mortífagos; concentrémonos en lo que quiere la gente. De todos modos, como jefa de redacción, no será necesario que escribas. Deja que otros hagan las noticias —Emily se quedó confundida, pero asintió. —A partir de mañana podrás usar tu nueva oficina —Emily asintió y su jefe salió. 

-Qué raro —pensó la joven, confundida. 


Era la noche. Emily había salido con Jake, y a Lila le venía como anillo al dedo. A eso de las siete, desapareció por la chimenea de su departamento para aparecer en un despacho. 

-Buenas noches, profesora McGonagall —la pelirroja saludó a una mujer de aspecto severo quien se encontraba detrás de su escritorio. 

-Buenas noches, señorita Evans —la profesora se incorporó. —Hace mucho tiempo que no la veía… 

-Lo sé —asintió Lily con pesadez. —Aún trabajando para la Orden, jamás he podido asistir a las reuniones. Esta es la primera… 

La profesora sonrió y juntas salieron del despacho, caminando hasta el séptimo piso. Frente a una gárgola de piedra, la profesora abrió la boca. 

-¡Bombas de menta! —se oyó un ruido y la gárgola se abrió, dejando ver una escalera de caracol, que Lily incontables veces había subido en los últimos dos años. 

Ambas mujeres pasaron y allí se encontraron frente a una puerta de madera por la que entraron. Allí se encontraban en el despacho de Dumbledore. El director se encontraba como siempre en su silla alta y mullida, detrás del escritorio. En el despacho habría más de veinticinco personas, algunos sentados, otros parados. Lily reconoció a varias personas, entre ellas Frank y Alice Longbottom, Ojoloco Moody, a Remus, a Hagrid (el guardabosques de Hogwarts), una mujer que conocía como Marlene McKinnon, Sturgis Podmore y su antigua compañera de Hogwarts Mary McDonald, entre otras personas. 

Dumbledore sonrió al verla. 

-Para los que no la conocen, les presento a Lillian Evans —muchos la saludaron con palabras cortas o gestos de la cabeza. 

-Lily, por favor —pidió la muchacha, antes de cerrar detrás de sí la puerta. 

-Bien —continuó Dumbledore. —Lily es quien en los últimos meses me ha pasado la información —todos miraron a Lily con orgullo, y ella se puso un poco roja. —Y hace unos días me dio información que concierne a uno de los presentes —tomó aire. —Remus —todas las miradas se posaron en él, y Remus puso una expresión triste y bajó la mirada. —Y su círculo: amigos, familia, novia. Ellos están en peligro. Voldemort irá tras ellos para vengarse de la pérdida de una parte de su ejército. Así que, en primer lugar, debemos encargarnos de la seguridad de John Lupin, James Potter, Sirius Black y Allyson Wade. Ellos son los que corren peligro, antes que Remus. Es nuestro deber protegerlos, pero ellos no deben saber en qué situación están… Sería un mayor riesgo para ellos mismos… 

La reunión prosiguió. Lily no prestaba demasiada atención; ¾ de lo hablado era la información que ella había conseguido. Miraba a Remus, quien estaba ausente, sumido en sus propios pensamientos. A Lily le causó ternura. Pobrecito. Por querer una vida normal para la gente diferente, por querer un mundo mejor y más justo, más igual, sus seres queridos estaban en peligro. No era justo. A Lily eso le sacaba canas verdes. 

-Entonces nos veremos la próxima semana, a esta hora —dio por finalizada la reunión el director. 

Todos se despidieron y fueron saliendo de a pequeños grupos por la gran chimenea o por la puerta del despacho. Lily se quedó, había algo de lo que quería hablar con el director. Pero había otras personas que pensaban como ella, así que la joven se apoyó contra la pared más alejada del escritorio. 

-Adiós, Lily —Remus le sonrió. —Nos vemos… 

-Adiós, Remus —Lily lo abrazó. —Todo saldrá bien; no te preocupes por nada… Y lo sabes: para lo que necesites… Estoy para ti, amigo. 

Remus le dedicó su mejor sonrisa y salió del despacho. 

A parte de Dumbledore, solo quedaban cuatro personas. Es decir tres, porque Moody desapareció por la chimenea. 

Una pareja continuaba hablando con el director, mientras Lily miraba por enésima vez los retratos de las paredes. 

-Gracias, Albus —dijo la mujer. 

-Nos vemos, Albus —el hombre le estrechó la mano y se dieron vuelta, preparados para irse. 

Lily los miró, y se quedó congelada. 

El hombre era la versión más canosa de James Potter: la misma cara, la misma boca, la misma nariz, el mismo cabello azabache despeinado, los mismos anteojos, salvo por los ojos, que eran avellana. 

La mujer se podía describir en una sola palabra: elegante. Su cabello era chocolate y lacio, recogido en un elegante rodete. Vestía una túnica azul marino Sus ojos marrones, iguales a los de James, estaban detrás de unos anteojos rectangulares de color bronce. 

Dumbledore se dio cuenta de lo que sucedió y sonrió. 

-Charlus, Dorea: ella es Lily Evans. Lily, ellos son Charlus y Dorea Potter. 

-Es un placer conocerte al fin, Lily —Dorea le tendió su mano de finos dedos. 

-G-Gracias —Lily le respondió el saludo. -¿Por qué al fin? —preguntó, curiosa. 

Charlus y Dorea se miraron: Charlus parecía reprocharle algo, Dorea parecía lamentarse. 

-Eh… Por… ¡Por la Orden! —dijo Charlus. —Albus… Albus nos ha hablado mucho de ti. 

-¿En serio? —Lily miró al director, quien miraba al suelo y se sonreía. 

El director levantó su cabeza y miró fijamente a Charlus Potter, que parecía decirle con la mirada: “¿Algo de apoyo por aquí?”. 

-Claro, Lily —dijo el director de Hogwarts. —Tu trabajo para la Orden ha sido magnífico; te mereces todos los elogios y más —Lily sonrió. 

-Bueno, nosotros nos vamos —dijo Dorea. —Fue un placer, lily. Albus —le sonrió. 

Charlus también se despidió y salieron por la chimenea. 

-Profesor… -dijo Lily, cuando desaparecieron y no hubo más rastro de ellos. 

-¿Si, Lily? —Dumbledore sonrió, como si supiera lo que Lily iba a decirle. 

-¿El “al fin” es por Potter…Junior, no? —se quedó pensativa la pelirroja. 

-Creo que tú ya sabes la respuesta, Lily —Dumbledore se inclinó sobre su silla. —Y no te preocupes por Remus Lupin; todo saldrá bien. 

Lily asintió y sonrió. 

-Era eso, profesor. Gracias —y tras decir eso, la pelirroja desapareció por la chimenea.