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Historia 28060 — capítulo 1

Aquella fue la peor noticia que pudieron darle a Grace, la última puñalada. Tras perder a su marido y a su hija menor en un accidente en alta mar, ahora le arrebataban a su otra hija, a Cassie, la joven y frágil Cassidy... No todos superan igual la pérdida y mientras Grace volvía enseguida a su rutina, tratando de tirar hacia delante, la joven de tan sólo diecisiete años se encerró en misma, hundiéndose en un profundo foso, en un agujero negro que poco a poco absorvía sus fuerzas y sus ganas de vivir.

Llovía. Las gotas de lluvia turbia empapaban los cristales del coche y, de una manera especial, el cristal del copiloto. Grace conducía muy callada, con un nudo en la garganta, temía echarse a llorar si pronunciaba una sola palabra. Nadie podía decirle que no había luchado por su hija, por su salud, pero Cassie no se había dejado ayudar y ahora la única solución para la menguada familia era que la joven recibiera trato médico.

La tensión se acumuló en el vehículo y aún con un nudo en la garganta, Grace decidió iniciar una conversación. -Cariño- comenzó, temiendo romper a llorar- Sé que estás enfadada, pero quiero que comprendas que esto lo hago por tu bien. Cuanto antes te pongas mejor, antes podrás volver a casa y estaremos juntas otra vez.- Pero Cassie no decía nada, parecía no estar escuchando. Su expresión era impasible, triste, agotada.- No hace falta que me contestes, cielo, pero por favor, entiéndeme.

-¿Entender qué?- preguntó la chica al cabo de un rato- ¿Qué me metes en un psiquiátrico porque no me quieres? -No digas eso, Cassidy. Yo te quiero, eres mi hija- que la niña lo insinuara le hacía mucho daño. -No, no mietas, seguro que preferirías que yo me hubiera ahogado en vez de Hope- Grace apretó el volante, enfadada, no quería gritarle a su hija. Era consciente de que esa ya no era su dulce niña, todo era producto de la depresión, la inseguridad y el miedo.

-No sé como puedes decirme eso...- obvio a Grace le había dolido perder a Hope, su hija pequeña, pero no quería perder también a Cassie. Una lágrima resvaló por su mejilla y el resto del viaje transcurrió en silencio.

Tras veinte minutos más de coche ambas llegaron al Hospital Psiquiátrico de North Danvers. La lluvia había cesado pero el día seguía frío y nublado. Grace sacó la maleta de su hija del coche y ambas se dirigieron a la puerta con desgana. Allí de pie las esperaban la ppsicóloga de Cassie y una de las enfermeras del lugar. La doctora (Starla) Farrel había tratado a Cassie desde el falelcimiento de su padre y su hermana año y medio atrás y la había visto empeorar por la poca disposición a mejorar de la chica.

-Bienvenida Cassie- dijo sonriendo- esta es Gabrielle, ella será tu enfermera- Cassie no dijo nada, se limitó a entrar en el edificio. -¿Cuándo podré volver a por ella?- preguntó Grace ansiosa. -Tómatelo con tranquilidad Grace, esto puede llevarnos tiempo. Te llamaré la semana que viene para hablarte de los progresos de Casidy- pero eso no parecía ser suficiente para la mujer.

-¿No puedo venir a verla mañana? -No, déjala adaptarse- dijo con tono pesado, posando su mano sobre el hombro de la mujer.

Tras unos minutos más de conversación Grace se fue en coche, y en el viaje de vuelta se desahogó, ahora que su hija no estaba delante podía llorar, podía gritar y podía detestar toda aquella situación sin miedo a hacerle más daño. Mientras, Cassie lo veía todo de otra manera.

-Hola, Cassidy, me llamo Gabby y soy la enfermera que te han asignado. Sígueme, te llevaré a tu cuarto- Gabrielle llevaba la maleta de la chica, terrible error. Cassie no se movió del sitio y observó con ira a la chica.- ¿Qué ocurre?- Cassie se limitó a mirar su maleta, con furia. Gabby la dejó en el suelo y comenzó a caminar. Fue entonces, sólo entonces, cuando la joven cargó su equipaje y la siguió. Subieron en silencio hasta la segunda planta del edificio y llegaron hasta una puerta blanca con una pequeña ventanita. Era la habitación 62.- Estamos en el ala sur de la segunda planta, este será tu cuarto.

North Danvers era el hospital psiquiátrico más prestigioso y caro del estado. Había alrededor de setenta pacientes. ND se había especializado en enfermedades como la depresión y la esquizofrenia por lo cual las instalaciones eran tranquilas, cómodas y espaciosas...aunque aquella sólo era la cara buena de aquel lugar. -Dentro de una hora la doctora Farrel vendrá a hablar contigo y te asignaremos a un programa- explicó Gabrielle, que hablaba casi para las paredes. Cassie había entrado en el cuarto y había dejado su maleta sobre la cama. Miraba por la ventana, abrazándose. No había frío, pero mirar hacia el exterior del edificio le producá escalofríos.- Esto no está tan mal Cassidy.

Y dicho eso la enfermera se fue. Cassie se quedó sola y estuvo toda la hora de pie, en la ventana, escuchando atentamente cada ruido, por mínimo que fuera, a su alrededor. Se sobresaltó cuando llamaron a su puerta pero no dijo nada. La doctora Farrel entró, con una libreta y un boli en la mano, y cerró la puerta tras de sí. -Hola, Cassidy ¿cómo estás?- preguntó, amable.

-Estoy- se limitó a contestar la chica, con voz amarga. -¿Podemos hablar un rato?- continuó preguntando, por mera formalidad.

-¿Tengo otra opción?- Starla se sentó en una butaca cercana a la puerta y dejó a la chica de pie, Cassie siempre quería estar de pie durante las sesiones, jamás había querido sentarse o a tumbarse en su diván.

-Hablemos de como te sientes.

-Bien- respuestas simples, secas, cortas y directas... ¿para qué complicarlo? -¿Echas de menos a tu hermana, Cassie? -¿Qué clase de pregunta es esa? Claro que la echo de menos, me han encerrado aquí... ella no va a poder venir a verme- contestó molesta, aunque no se movió ni un ápice.

-He hablado con tu madre. En el coche le dijiste algo sobre Hope ¿te acuerdas?- Cassie negó, cruzándose de brazos.- Hope murió hace un año y medio, igual que tu padre.

-Eso no es verdad... papá murió y las dos lo pasamos mal, pero Hope está bien- Cassie alternaba periodos de sorprendente lucidez con periodos de locura en los que manifestaba comportamientos pasivo-agresivos, alucionaciones, problemas en la percepción de la realidad y delirios parenoides. Sólo un punto era común a ambos estados... su tristeza, suspocas ganas de vivir.

-Cassie- la doctora suspiró, en momentos como ese era inútil intentar razonar con la chica- te asignaré la terapia del grupo de mañana, hay un par de chicos de tu edad. Por las tardes continuaremos con sesiones privadas de una hora hasta llegar al fondo del problema.

-El problema es que estoy aquí cuando debería estar en mi casa, mañana tengo clase- dijo enfadada. -No, Cassie...- no, era inútil, mejor irse. Hacía ya cinco meses que la joven no pisaba el insitituto. Tras el accidente de su hermana y su padre se pasara dos meses encerrada y el intento de volver a su rutina había sido un fracaso.

La doctora salió, resiganda, y Cassie se quedó de pie, en la ventana, hasta que Gabby le llevó la cena. La enfermera golpeó suavemente la puerta y entró con un carrito. En la cuarta estantería estaba su cena. -Hola, Cassidy. Es hora de cenar- agarró la bandeja lentamente y la dejó encima del escritorio del cuarto. Gabby se movía con elegancia, como si flotara en vez de caminar.- ¿Quieres ver qué es?- no obtuvo respuesta, pero no perdió la sonrisa. Destapó el prime plato con curiosidad- Vaya, esto tiene muy buena pinta. Son espaguetis con atún y de postre natillas- la joven Cassie se dio la vuelta y reparó en un vasito de plástico. -¿Qué es eso?- preguntó señalando el vasito.

-Es la medicación, Cassie- había tres pastillas, una rosa, otra verde y un roja y blanca- La roja y blanca en para los nervios, la rosa es un relajante muscular y la verde para dormir.

-No las necesito- dijo mirándolas con repugnancia.

-No conseuges conciliar el sueño si no te tomas la verde, la rosa te destensa y la roja y blanca evita ataques de ira y...

-Sé para que sirven, pero no las necesito.

-Aún así tendrás que tomarlas. Sólo hoy cenarás en tu cuarto, a partir de hoy todas las comidas serán en el comedor, con el resto de los pacientes. Siéntate, mientras yo te prepararé la cama- del alteral del carrito colgaba una cesta y de dentro, Gabby sacó un juego de sábanas. Cassie se sentó en la silla del escritorio y comenzó a comer mientras la enfermera hacía la cama de a penas noventa centímetro de ancho.

-Te pareces a mi hermana ¿Sabes?- dijo de repente Cassie- Ella también era rubia y delgada... y muy guapa- Gabby sonrió, halagada, aunque dubitativa.- Pero murió hace tiempo.

-Lo sé- era Cassie quien no solía saberlo. Sin decir nada más la cena terminó, con desgana.- No has comido casi nada.

-No tengo hambre... -¿Y el postre? Las natillas están muy buenas- la animó la enfermera, acercándose a ella y poniéndose en cuclillas a su lado.

-A Hope no le gustan... y a mi tampoco- y sin decir nada más se tomó de golpe las tres pastillas y las bajó con el vaso de agua.

-Mañana a las nueve vendré a despertarte y a las nueve y media podrás bajar a desayunar. La terapia de grupo empieza a las once- y con la bandeja en una mano y llevando el carrito con la otra, Gabby se fue.

A Cassie no le gustaba ese lugar, ella sólo quería irse a casa.