← Historia 28060 · de
Historia 28060 — capítulo 2
A pesar de las pastillas Cassie tardó bastante tiempo en quedarse dormida y la noche no fue agradable. Las imágenes de la noche en que Hope y su padre habían muerto invadían sus
sueños como una película de terror.
Hacia las seis de la mañana se despertó empapada en sudor, asustada y muy nerviosa y no logró volver a conciliar el sueño. Le ocurría muy a menudo, pero siempre se despertaba antes de que el sueño se completara, justo cuando trataba de darle la mano a Hope para sacarla del agua... pero nunca podía, era incapaz de ayudarla hasta en sus sueños.
Gabrielle, la enfermera de Cassie, llegó a las nueve de la mañana a su cuarto. Creía que la encontraría durmiendo pero cuando entró en la habitación la cama estaba hecha y Cassie estaba sentada en un rincón, abrazándose las rodillas, totalmente encogida y mirando hacia el vacío.
-Cassidy ¿Estás bien?- preguntó la mujer preocupada, acercándose rápidamente a la paciente y agachándose al llegar a su lado.- Cassidy contesta- pero no contestaba, ni siquiera se movía. Gabby la zarandeó un poco para sacarla de su ensimismamiento sin éxito al principio, aunque al cabo de un par de minutos la chica reaccionó.
-¿Qué quieres?- dijo desagradable, apartándose bruscamente de Gabrielle, como si esta quiesiera hacerle daño.
-¿Qué haces aquí tirada?
-No podía dormir...- Cassie volvió a abrazarse las piernas, apoyando la cabeza sobre sus rodillas.
-¿Cuánto llevas aquí?- la preocupación creía, esa conducta no era frecuente en la paciente, o al menos eso decían sus informes de psiquiatría. Cassie se encogión de hombros.
-No sé... dos o tres horas.
-¡Dios! Tenía turno de noche, tenías que haberme avisado. Vamos arriba- Ahora Gabby se sentía culpable, ella podía haberla ayudado a conciliar el sueño. La joven ya era pálida y las ojeras, la mirada perdida y la tristeza que cargaba hacían imposible que pasara desapercibida, incluso allí. La enfermera le ayudó a levantarse despacio, tras tres horas Cassidy tenía las piernas dormidas y estaba muy cansada.- Vamos, cielo, colabora un poco. Tienes que bajar a desayunar.
-No tengo hambre- contestó la chica, que miraba fijamente al suelo mientras se sostenía sobre la enfermera.
-Pero tienes que comer ¿recuerdas lo que te pasó?- desdela muerte de Hope, la cual había sido incapaz de aceptar, elapetito de Cassie había ido mermando. Podía pasarse días sin comer, sin tener hambre, siempre cansada y deprimida. La habían bajado al hospital varias veces y, aunque había recuperado peso, seguía estando demasiado delgada.
-¿Cómo sabes tú que...?
-Lo pone en tu informe médico. Soy tu enfermera, estoy aquí para lo que necesites... - era su trabajo saberlo todo, al menos médicamente hablando, sobre Cassidy, y Gabby era muy concienzuda en su trabajo.- Será mejor que te pongas una chaqueta, hoy hace frío, y bajamos a desayunar.
Cassie se puso una chaqueta de lana gruesa de color azul sobre su pijama de rayas, se calzó las zapatillas y bajó acompañada de Gabrielle hasta el comedor. Al llegar el panorama era desolador. Ante ella se extendía un amplio comedor fantasma. Decenas de personas, la mayoría gente joven con problemas mentales que se manifestaron muy tempranamente, comían en silencio, cabizbajos, con la mirada enterrada en sus platos de comida recalentada.
-Preferiría sentarme sola- pidió Cassidy.
-Tendrías que sentarte con más gente, conocer a los demás. No deberías seguir aislándote- le aconsejó su enfermera.
-No estoy aquí para hacer amigos- al final iba a ganar ella, sobre todo teniendo en cuenta que no era bueno forzarla los pirmeros días.
Cassie se sentó sola en una mesa cerca de la puerta y no le fue indiferente a nadie. Mientras trataba de volverse invisible Gabrielle fue a por su desayuno. Pronto regresó con una bandeja con una taza de leche, un vaso de zumo, dos tostadas y una pieza de fruta. Demasiado para el estómago de la chica que observó escéptica la bandeja.
-¿No hay café?- preguntó mirando por primera vez los ojos de Gabby. Dios... eran iguales que los de Hope.
-No, Cassidy. No servimos café, la cafeína altera mucho a los pacientes.
-A mi no, yo siempre desayuno café- se quejó, apartando la bandeja.
-A partir de ahora ya no, lo siento. Tendrás que conformarte con esto- no quería sonar dura, el trabajo de Gabby no ear echarle la bronca, eso era cosa de la doctora Farrel- Mira, te he traído mermelada de todos los sabores que tenemos, no sabía cual te gustaba así que...
-Fresa... me gusta la de fresa- aquello era el contacto más humano que había tenido Cassidy desde el día anterior, y era bueno, porque al fin contaba algo sobre ella misma, aunque fuera tan tonto como eso. Gabrielle sonrió.
-Te iré a por más mermelada de fresa, entonces- y se levantó para ir a por eso y a por las pastillas de la chica, sabía que sería difícil hacérselas tragar.
Cassie comenzó a desayunar, con movimientos lentos y pesados, muy desganada. Le sobraban más de la mitad de las cosas de la badeja, la fruta, el zumo... no sabia si llegaría a terminarse la primera tostada y ¿cómo iba a funcionar sin café? Estaba muy concentrada cuando alguien se le acercó por detrás, no se sobresaltó porque creyó que era su enfermera, pero al voltaerse a mirar a comprobarlo dio un respingo en su silla. Un hombre alto, desgarbado y con los ojos desorbitados la miraba sonriendo. Vestía pijama, como ella, y una bata gris hasta por debajo de las rodillas, sin duda era otro paciente. La saludó tímidamente con la mano, pero antes de que Cassie pudiera reaccionar Gabrielle le apartó de ella.
-Disculpa, Cassidy. Ese es Jeffrey, pero descuida, es inofensivo- afirmó, sentándose al lado de la joven y dejando en su bandeja dos raciones más de mermelada de fresa y un pequeño vasito de plástico con dos píldoras dentro.
-¿Qué le pasa?- quiso saber Cassie. Mientras inspeccionaba de reojo el vaso, sólo una de las píldoras coincidía con las que se tomara la noche anterior.
-Sufre esquizofrenia además de un leve autismo que lo empeora, pero de verdad que no supone ningún peligro. - Allí no recibían pacientes nuevos de manera muy seguida y la llegada de Cassidy llamaba la atención de algunos pacientes.
Tras una tostada y medio vaso de leche, Cassie dio por finalizado su desayuno, para disgusto de Gabby.
-¿No comes nada más?
-No tengo hambre- contestó apartando su bandeja- ¿Para que son?- la enfermera miró el vasito y se lo acercó a su paciente, deslizándolo por la mesa.
-La roja y blanca la tomaste ayer por la noche, la blanca son antibióticos. No duermes y apenas comes... no vamos a dejar que enfermes- no más de lo que ya podía estar.
Tras el breve desayuno Gabrille acompañó a Cassie a si cuarto. Tenía que darse una ducha y terminar de instalar el poco equipaje que traía. Por seguridad, Gabby debía inspeccionar todo lo que la chica llevara en su maleta.
-¡Eh! ¿Qué haces?- preguntó Cassie ofendida cuando vio que la enfermera usmeaba en sus cosas.
-Lo siento, Cassidy, debo de vigilar que no tengas nada con lo que hacerte daño- nunca se sabía con gente que sufría de depresión. En la maleta sólo había ropa , un libro un estuche con colores, lápices y demás y fotos. Gabrielle tnedría que llevarse las medias, un par de cinturones y la afila de los lápices -Cassie, dame tu neceser.
-No- la chica se negaba- Eso es mío...
-Por favor, dame tu neceser- si no se lo daba por las buenas tendría que llamar a alguien de seguridad o a alguno de los enfermeros para que la sujetara mientras ella lo buscaba. Pero finalmente, Cassidy se lo entregó, aunque a desgana.
-...- tras una breve inspección Gabby se quedó con unas tijeras y una lima.- Lo siento,pero tengo que llevarme esto- informó enseñándole lo que había sustraído del neceser y la maleta.
-No ¿por qué? No es para lo que piensas... no me voy a hacer daño- unas tijeras pequeñas y una lima eran ideales para una manicura, pero donde estaba, Cassie no necesitaría unas uñas bonitas.
-Es por seguridad, lo siento- se disculpó Gabrielle mientras le entregaba sus cosas- Iré a por toallas limpias y podrás darte esa ducha.
Aquel lugar era odioso, la trataban como una niña pequeña y encima pensaban que iba a intentar hacerse daño a sí misma... en poco no podría ni comer con tenedor.
Tras la ducha Cassie tuvo que soportar otra humillación más.
-No, eso sí que no- se negaba, apartándose nerviosa de su enfermera.
-Cassidy, ya está bien. Tengo que secarte el pelo- no permitían que tuviera objetos eléctricos porque ¡claro! igual tiraba el secador en la ducha para freírse.
-Puedo hacerlo sola!- replicaba ella.
-Lo sé, pero es mi trabajo, será como estar en la peluquería.
-Odio las peluquerías, odio que me toquen el pelo, sólo Hope podía hacerlo- su hermana y solo su hermana, y desde que no estaba Cassidy no permitía que nadie le peinara, porque era algo exclusivo entre hermanas.
-Pero Cassie, cogerás frío y te pondrás mal...
-Déjala, Gabrielle- la doctora Farrel había esperado fuera, escuchando la conversación tras la puerta, pero vio que no llevaba a ninguna parte.- Cassidy, aquí hay unas normas y no puedes comportarte como una cría si no te gustan. Si no quieres que Gabrielle te seque el pelo lo llevarás mojado- eso sí, si se ponía mal por llevar la cabeza empapada en pleno invierno, que no se le ocurriera quejarse.
-Me tratáis como una cría, ¿cómo esperas que me comporte? Ni siqueira puedo ducharme sin tener una vigía en la puerta del baño, no puedo ni tener un sacapuntas- era ridículo.
-El sacapuntas tiene una cuchilla, Cassie, sólo prevenimos accidentes- como con las tijeras o las medias.
-¡¡No voy a intentar suicidarme!!- gritó la chica histérica.
-Gabrielle, llama al enfermero, tendremos que sedarla.
-No, no ¡NO! No quiero que me seden- Cassie odiaba las agujas, como Hope, y el olor de la sangre, aunque sólo fuera de una gota, le producía arcadas.
-No nos dejas otra opción.
-¡Pero no quiero!- suplicó con ojos llorosos. Mientras Gabrielle había ido a buscar a algún enfermero, alguien fuerte que pudiera sujetar a Cassie si se revolvía. Llegó al cabo de un par de minutos yl a situación que se encontró era muy diferente a la que dejara al irse. Cassie estaba en un rincón del cuarto, agazapada y no permitía que Starla se le acercara para ayudarla.
-Doctora Farrel, traigo el calmante, Damien estaba por aquí y...- Damien no era exactamente un enfermero, era un auxiliar y estaba en North Danvers como voluntario.
-Está bien, Damien, trata de sujetar a Cassidy, por favor.- Ya llevaba casi año y medio trabajando con pacientes como Cassie, así que se acercó a ella con seguridad, dispuesto a sujetarla con cuidado para que pudieran sedarla, pero la chica no quería participar en los planes de su médico.
-No te acerques a mi- le advirtió al chico a medida que lo veía acercarse. Sin embargo él continuó hasta llegar hasta ella pero cuando quiso sujetarla ella le empujó.- ¡No me toques!- gritó nerviosa, temblando, convencida de que querían hacerle daño.
-Doctora Farrel...- susurró Damie, al ver que no podía ni acercarse a Cassidy.
-Cassie- dijo la mujer- Tienes que dejar que te ayudemos, por favor.
-No vais a ayudarme ¡MIENTES! Siempre estás mintiendo- como cuando le decía que Hope había muerto... o eso pensaba.
-Ya está bien- había llegado al límite de la paciencia de Starla- Damien, sujétala con fuerza, si le haces daño que se aguante.
-Pero doctora, no puedo...- estaba totalmente indefensa, tenía miedo de dañarla.
-¡Hazlo! - ordenó de nuevo la doctora y, finalmente, el chico fue a pos Cassie, agarrándola, con cierta dificultad porque no dejaba de revolverse. Era consciente de que estaba haciendo bastante fuerzam y no le gustaba, pero no había otra forma de mantenerla de pie y quieta.- Gabrielle, ponle un sedante suave.
A Gabby se le rompió el corazón escuchando a Cassie rogarle que no lo hiciera, llorando y revolviéndose para evitarlo, pero era su trabajo y era por el bien de la chica. Finalmente Cassidy dejó de moverse y Damien la agarró entre sus brazos y la posó en la cama. Eran poco más de las diez de la mañana y en una hora tenía terapia... tendría que perderse la primera sesión.
La doctora Farrel, la enfermera y Damien salieron del cuarto, dejando a la joven postrada en la cama, sin dormir, aunque sin poder tenerse en pie, mirando hacia la nada con ojos vacíos. Starla se fue, impasible, como si nada hubiera pasado, estaba acostumbrada a que pasaran esas cosas, pero Gabby y Damien lo llevaban peor.
-Dios, pobre chica- dijo Gabrielle cuando su jefa ya no podía escucharles- Esto no era necesario, siento haberte traído- se disculpó.
-Ahora ya está hecho- contestó él, preocupado.- Le he hecho daño... lo dijo mientras la sedabas pero es que no paraba de revolverse y no... no podía sujetarla.
-Tranquilo, estará bien- le tranquilozó enseguida- Si puedo agradecértelo de alguna manera...
-Sabes que hay una forma- insinuó el chico.
-No sé si puedo, Damien...
-Por favor, hace días que no le veo, sólo quiero saber si está bien.- Damien no pasaba los días trabajando como auxiliar en North Danvers porque sí, hacía ya tres años que su hermano estaba internado allí y ese trabajo era la única forma de estar con él, de verle y poder ayudarle y darle ánimos.
-Está bien, pero sólo cinco minutos. Si la doctora Farrel se entera me caerá una buena bronca.
-Dios, gracias Gabby, eres un ángel- dijo el chico sonriendo.
-Ya, ya...déjate de historias.
Gabby condujo a Damien a través de pasillos y pasillos hasta llegar al ala norte de la tercera planta, al fondo del todo. En esa parte del hospital estaban recluidos los enfermos que habían intentado hacerse daño de alguna manera y los que podían ser peligrosos para el resto de los pacientes.
-¿Por qué le han traído aquí?- preguntó Damien contrariado.
-Hace cinco días agredió a dos de los enfermeros y a un guardia en uno de sus ataques- explicó ella, sin atreverse a mirar al chico.
-Pero la medicación le controla los ataques, tú me lo dijiste- de hecho, se supone quee staba mejorando.
-Se las arregló para engañar a Paul, su enfermero, creíamos que la había tomado pero...- simplemente la había escondido.- Ten cuidado, puede que no te reconozca o...
-No me hará nada, soy su hermano- contestó serio, incluso ofendido.
-Lo sé, lo sé... igual ten cuidado- advirtió, por última vez, antes de abrirle la puerta del cuarto- Esperaré fuera- el chico asintió y entro- Damien!- llamó su atención de nuevo- Cinco minutos.
Gabby cerró la puerta y la luz que venía del pasillo desapareció. Todo quedó en penumbra y a Damien le costó mucho distinguir a su hermano entre las sombras.
-¡Hey! Hola, Bastien- intentó sonar jovial, aunque su tono era bajo, se le había formado un nudo en la garganta.
-¿Damien?- preguntó una voz masculina, grave y algo ronca.
-¿Cómo estás, hermano?
-¿Tú que crees? Mira donde estoy... aunque al menos ya no llevo la camisa de fuerza- estaba sentado sobre la cama, que estaba en el extremo del cuarto contrario a la puerta.
-Le hiciste daño a Paul y a otro enfermero y también a un guarda... me prometiste que te tomarías la medicación, que mejorarías.
-No es cierto, no hice nada... ellos te mienten ¿ a quién vas a creer, eh? A mi, que soy tu hermano o a esa panda de mentirosos- dijo Sebastian, mirando por primera vez a su hermano, quien no se atrevía a encender la luz.
-No mienten, Bastien... Paul está de baja, tiene un brazo roto... y fuiste tú- algo que no había razonado hasta el momento en que Gabby le contara lo ocurrido instantes antes.
-¡Quieres envenenarme, maldita sea!- gritó el chico furioso, poniéndose de pie. Fue entonces cuando Damien pudo apreciar que estaba atado a la cama, al menos una de sus muñecas se sostenía a la cama con una correa. El grito furibundo de Bastien fue suficiente para alarmar a Gabby, que abrió la puerta.
-Damie, vámonos- ordenó.
-Pero Gabrielle...
-Fuera, ahora- ordenó de nuevo, con voz firme y autoritaria. El chico tuvo que salir, dejando a su hermano encerrado allí.
-Está atado ¿por qué?- exigió saber enseguida.
-Da gracias a Dios, si no estuviera atado ahora estarías haciéndole compañía a Paul.- Y sin decir nada más Gabby se fue, aunque Damien se quedó un rato, escuchando los desvaríos de su hermano, dolido e impotente por no poder hacer nada por él.