← Historia 28060 · de
Historia 28060 — capítulo 22
-¿Damien? Soy Starla- la doctora Farrel salía de Carter Beach tras examinar a Bastien y Regina y no había querido perder ni un segundo antes de llamar a Damien.
-Hola, Starla, ¿qué ocurre?- preguntó alterado.
-Estoy saliendo de Carter Beach y descuida- quiso tranquilizarle- lo de estos últimos días no ha sido más que un numerito de Regina para llamar la atención de tu hermano.
-¿Y los moratones?
-Tranquilo, no ha sido Bastien… resulta que uno de los enfermeros vio a Regina dándose se puñetazos con una paciente, él las separó, pero antes de que pudiera explicar a los médicos el origen de los moratones, Sebastien le dio una buena tunda… por eso estábamos en blanco.
-Me quitas un peso de encima, llegué a pensar que podía haber sido él- y ahora se odiaba por ello.
-Pues no, de hecho, ayer se presentó en el despacho del director del hospital haber si había posibilidades de que les dieran a él y Reggie un cuarto doble- ambos rieron.
-No me lo puedo creer, se está pasando- dijo divertido.
-Obviamente no se lo concedieron, pero digamos que si les están permitiendo pasar más tiempo juntos… y parecen estar mejorando.- Lo que era un gran alivia, el mayor miedo de Damien era que su hermano empeorase con el cambio.
Esa era la llamada que Damien había estado esperando desde hacía días como alma en pena, la que confirmara que su hermano estaba bien, que no había hecho nada malo (excepto arrearle a un enfermero, claro). Ahora estaba tranquilo y tenía la mente despejada para ocuparse de otro importante asunto...
Ya habían pasado casi dos semanas y aquel era un día especial. Cassidy cumplía dieciocho años y daba gracias por no haber tenido que pasar su cumpleaños en un hospital. Su madre insistía en prepararle una gran fiesta, pero no creía estar lista para algo así. Prefería algo discreto, quizás salir una noche con un par de amigas, aún no lo tenía decidido, pero igual su madre no iba a descancelar la dichosa fiesta.
Como era miércoles, y la fiesta estaba prevista para viernes, en su casa no había mucho revuelo. Mensajes de móvil, llamadas de felicitación e. incluso Heather se pasó a media mañana con un gran paquete de regalo.
-Dios, no tenías que hacerlo- le regañó Cassie.
-No es sólo mío, es de parte de los tres…
-¿De verdad?- Heather asintió, Kevin y Nathan también habían participado, a pesar de lo frágil que era su amistad con la chica en ese momento.
-De verdad ¿No lo vas a abrir?
-Quiero esperar al viernes… ya sabes, la fiesta de mi madre, le he dicho que preferiría salir a tomar algo contigo pero no me hace ni caso.
-¿Y qué clase de dieciocho cumpleaños sería ese? Hay un montón de gente deseando verte, celebraremos una gran fiesta y ¡ah! Tendremos que ir de compras y elegir un vestido súper sexy para ti- dijo la chica animada.
-¡No! No tengo el cuerpo para vestido sexys…- aún estaba demasiado delgada y a penas tenía pecho.
-No seas idiota, estás muy guapa, aunque aún necesitas subir al menos cinco kilitos, pero te quedará genial.
Heather se quedó un rato más, charlando, le encantaba ver a Cassie tan animada. Se pasaron caso media hora en el garaje, donde Cassidy había estado preparando el lienzo que quería presentar a concurso… pero tenía demasiadas ideas y no sabía con cual quedarse.
Cerca de las doce Heather tuvo que irse, para aquel momento, Cassie aún no había abierto su regalo.
-¿Seguro que no quieres saber qué es?
-No, prefiero pasar toda la vergüenza junta este viernes- le aseguró a su amiga. En ese instante llamaron a la puerta de la casa- ¡Mamá, abre tú!
Grace fue a abrir, era un mensajero que llevaba un paquete y un ramo de flores a la casa, ambos dirigidos a Cassidy. Grace firmó el recibo y junto con el mensajero se marchó Heather.
-Vaya, cariño, alguien te manda más flores- la semana anterior se habían quedado sin jarrones en casa de todos los ramos de felicitaciones y ánimos que le habían enviado a la chica.
-Tulipanes azules y rojos… mis favoritos- musitó la chica, sorprendida. Poca gente sabía eso.
-Tienes unos gustos muy extraños ¿sabías?- dijo su madre, sonriendo y mirando la tarjeta- Cariño ¿quién es Damien?
-¡¿Qué?!- exclamó Cassie, arrebatándole la tarjeta de las manos a su madre, decía: Feliz cumpleaños, Cassie. Te quiero. Damien”
Cassie sintió que se derretía en ese mismo instante, aunque estuviera en Florida se había acordado de ella, de su cumpleaños y eso la hacía muy feliz.
-Cielo- repitió Grace- ¿Quién es ese chico?
-¡Ay, mamá!- dijo sonriendo- Es el chico más lindo del mundo… ¿yo he dicho eso… y en ese tono?- ambas rieron, Cassie se sorprendió de hasta qué punto estaba colada por él- Era auxiliar en el hospital, trabajaba allí para poder estar cerca de su hermano enfermo, pero ahora está en Florida.
-¿Y es muy mayor?- preguntó su madre alarmada.
-¡No! Sólo unos años ¡pero tranquila! Es un chico genial, pero sé que no le gusto…
-Bueno, te ha mandado flores y este paquete- dijo enseñándole el paquete azul. Tenía más o menos el tamaño de un libro ¿no sería un libro?
-¿Sabes qué, mamá?- dijo Cassie cogiendo las flores y el regalo- Creo que voy a subir a mi cuarto a… hacer… cosas- o sea, a abrir su regalo sola y disfrutar de sus flores.
Utilizó un jarrón de cristal para colocar las flores, las tendría en la mesa de su cuarto, para poder verlas en todo momento. Cuando se dispuso a abrir el paquete, sonó su móvil, no conocía el número.
-¿Sí?- preguntó, mientras deshacía el lazo plateado del paquete.
-Hola, Cassie…
-¿Damien?- la chica sintió cómo se le desbocaba el corazón. Flores, regalo y una llamada de teléfono ¿qué más podía pedir?
-Veo que no te has olvidado de mí.
-¿Cómo olvidarme?- el chico rió, parecía contento.
-¿Has recibido las flores?
-Sí, son preciosas ¿cómo sabías que eran mis favoritas?- el lazo se resistía, no quería romperlo.
-¿Recuerdas cuándo comenzaste las sesiones con Farrel?- Cassie asintió, la muy tonta no se daba cuenta de que por el teléfono Damien no podía verla- Le contabas de todo menos lo que quería saber. He leído un par de informes y hay un resumen de tu película favorita, otro de tu viaje al Gran Cañón e incluso una receta de bizcocho… que de hecho he probado, por cierto.-¿Farrel había documentado todas sus estupideces? No se lo podía creer.
-¿Y no se supone que esos informes son secretos? Ya sabes, algo entre médico y paciente.
-La receta es buena, pero no tanto como para ser secreta- Cassie se rió- Además, si no los hubiera leído no sabría ciertas cosas que ahora sé de ti… ¿Tienes el paquete?
-Sí, lo estoy abriendo- al fin se había deshecho del lazo y estaba quitando el papel azul- ¿Pero qué? ¡Damien!- bajo la primera capa de papel había otra, y luego otra, otra más y otra…-¿Pero cuánto te has pasado envolviendo esto?
-Nada, lo hizo Gabby- Cassie paró de desenvolver, enfadada.
-¿Cómo que lo hizo ella?- preguntó.
-Vale, no quiero que te enfades ¿me lo prometes?
-No.
-Bueno, pues me arriesgaré. La semana pasada volví de Florida y me pasé a saludar a Gabrielle.
-¿Y no viniste por mi casa? ¿Y por qué ella no me dijo nada?
-Tenía muy poco tiempo y no pude ir a verte, no quería que te disgustaras y le pedí a Gabby que no te dijera nada- pues ya estaba disgustada, a Damien le había salido mal la jugada- Ella me dio la idea para tú regalo… y se pasó un buen rato envolviéndolo.
Durante unos instantes Cassie se mantuvo en silencio, desenvolviendo ahora con más furia.
-¿Sigues ahí?
-¡Sí!- exclamó.
-No te enfades, por favor. Abre el regalo y cuando veas lo que es seguro que se te pasa.
-Eso será si llego hasta el regalo ¿cuántas capas de papel hay?
Tras casi otro minuto desenvolviendo, ya más calmada, el paquete azul con aspecto de libro se quedó en un simple sobre. Era para matarlos a los dos, además ¿era una broma?
-Ábrelo y léelo- pidió el chico. Cassie obedeció y abrió el sobrecito, dentro había una nota que decía:
¿Crees que lo que siento cabe en un paquete tan pequeño? Deja de jugar con papelitos y baja al jardín de una vez. Damien.
Cassie abrió los ojos, sorprendida, y soltó el teléfono. Se acercó a la ventana de su cuarto y miró al jardín… y allí estaba él, de pie, con el teléfono móvil aún encendido. La saludó, sonriente y, tras un instante en el que, probablemente, a Cassie dejó de latirle el corazón, salió corriendo escaleras abajo.
Como una bala cruzó el salón y el recibidor, abrió la puerta y se lanzó a los brazos de Damien, quien correspondió el abrazo con fuerza.
-Dios, como te he echado de menos- le susurró él al oído.
-Y yo a ti… - Cassie no se podía despegar, seguro que lo estaba dejando sin aire, pero él no se quejaba. Al fin tomó al de distancia, quiso dar un par atrás, pero él no le dejó, la tenía bien agarrada por la cintura.- ¿Tú eres mi regalo?
-Nah… no soy un regalo divertido.
-Pues eres lo único que quiero.
-¿De veras?- la chica asintió, feliz, Damien nunca la había visto tan contenta- Mi intención era saldar mi deuda y después secuestrarte… y pasar el día juntos, quizás varios días… eso sería un regalo mejor.
-¿Vienes desde Florida a darme mi beso?
-Sí… y a decirte que te quiero- no le dio di un segundo a Cassie para reaccionar, simplemente se acercó y juntó sus labios con los de la chica, despacio, dándole al fin tan esperado beso, dulce al principio y cada vez más profundo y más perfecto. Poco a poco Cassie aflojó y tomó distancia con Damien.
-Vaya- musitó- Creo que podría acostumbrarme a esto.
-No eres la única- dijo el sonriendo, buscando sus ojos- ¿Nos vamos?
-¿Ahora?
-¿Quieres hacerme esperar?
-Te lo mereces después de todo el tiempo que yo tuve que esperar por este beso- dijo fingiendo estar enfadada, al menos la espera había valido la pena.- Pero no, aviso a mi madre y nos vamos.
-¿Está tu madre? Me gustaría conocerla…
-¿En la primera cita? Me parece que vas muy rápido- ambos rieron y Cassie entró de nuevo en casa, sola.
-Esto… mamá, me voy- informó, alzando la voz, sólo había entrado a por la cartera y las llaves.
-¿Con quién?
-Damien…
-¿Pero no estaba en Florida?- preguntó Grace, desde la puerta de la cocina, extrañada.
-Fíjate que cosas que… ahora está en el jardín- Grace hizo el amago de protestar, pero vio a Cassie tan contenta que la dejó seguir hablando- Buenoadiósmamátequiero- lo dijo tan deprisa que a penas se le entendió.
-No vuelvas tarde!
-Tranquila, estaré bien, pero si quieres puedes llamar a Farrel para pedirle referencias.
Tras esa última frase se escuchó cerrarse la puerta de entrada de la casa. Grace estaba preocupada, obviamente, su hija se marchaba con un chico mayor y desconocido… ¿lado bueno? SE MARCHABA FELIZ.