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Historia 28110 — capítulo 5
Una fiesta … llena de sorpresas
Es algo que nos suele pasar a todos. Cuando no queremos ver a alguien lo tenemos hasta en la sopa. Pero si lo estamos buscando parece que se lo ha tragado la tierra. Alexander se pasó todo el resto del día buscando a Alexa, pero esta no dio señales de vida. Hasta la hora de la cena. Alexander vio a la rubia rodeada de sus amiguitas pijas y demás perritas falderas. No le apetecía montar una escenita delante de todo el colegio la primera semana del curso, porque sabía de sobras que Alexa estaría algo más que molesta por como se había portado con ella al perder los nervios. Al final se decidió y fue hacía ella, le quitó la bandeja de las manos y, ante la mirada incrédula de las amigas de la chica, la cogió de la mano y la arrastró fuera del comedor. En cuanto estuvieron fuera, Alexander notó que la cara le picaba bastante. Alexa le acababa de dar un bofetón de película.
-¿Por qué has hecho eso? - preguntó el chico, enfadado, con la mano sobre su rostro dolorido.
-Umm… Veamos… Casi me estrangulas y me sacas a rastras del comedor, ¿te parece poco?
Él no contestó.
-Necesito un favor - dijo al rato.
-¿Qué quieres, Alexander?
-Que no dejes que Daniel se acerque a Sara en la fiesta. Que la vigiles en todo momento.
-Alexander, querido, lo del sábado será una fiesta, no se puede estar pendiente de alguien en todo momento. Es … imposible.
-Pues dime que lo intentarás.
-Lo intentaré - resopló Alexa -. ¿Pero por qué no quieres que Daniel se acerque a ella? Solo es una chica simplona. Además le prometí a Daniel …
-¡¿¡Qué!?!¿Qué le prometiste?
Alexa que el chico estaba perdiendo otra vez el control así que decidió contarle la verdad.
-Le dije que yo me encargaría de servírsela en bandeja de plata. Pero … tranquilo. Tú me caes mejor así que … te haré caso a ti. Solo tienes que contestarme a una pregunta.
-Dispara - dijo él, tenso pero más relajado.
-¿Mataste a Ann Van Der Hole?
-¿Acaso me crees capaz de eso? - preguntó Alexander, impresionado.
-Contesta a mi pregunta, Alexander. ¿La mataste?
-¡No! Estoy harto, harto, de que haya gente que crea que yo maté a Ann solo porque ella me dejó. Respeté su opinión, y punto. Sé que ella tenía razón porque por mucho que la apreciaba yo no puedo evitar acercarme a las chicas guapas y, como tú ya sabes, esta mi "competición" con Daniel.
A Alexa le pareció que todo lo que el chico había dicho tenía sentido, y lo comprendía. Sin embargo, otra parte de ella no podía evitar pensar que aquello podía ser un discurso muy bien ensayado, así que no supo que pensar.
-Bueno … me has contestado. Vigilaré a Sara.
-Gracias, Alexa, eres un cielo.
Para Sara, sus compañeras de cuarto y el resto de alumnos. Las clases se fueron sucediendo hasta llegar al primer viernes por la tarde. Sara ya había conocido a todos sus profesores y había encontrado amigos entre sus compañeros de clase. Algunos eran unos mimados orgullosos, pero otros eran tan amables y simpáticos con ella como Lena, con la que su amistad era cada día más fuerte. También había descubierto que el paso de cuarto de la E.S.O. a primero de Bachiller era duro, pero no tanto como había imaginado. Se pasaba la tarde en su cuarto, estudiando y haciendo deberes, pero sus compañeras casi ni aparecían. A Shio-Lin la veía de vez en cuando en su grupo de amigos, pero tan apenas hablaban. Rara vez aparecía por la habitación, solo para cuidar su perfecto cutis de asiática, y además volvía casi siempre pasadas las doce. Eva era otro caso. Ella sí que aparecía por la habitación, pero para tumbarse en la cama a escuchar rock a tope o para tocar la guitarra, lo cual molestaba bastante a Sara. Con ella si que hablaba, pero muy poco. Solo eran un par de frases y se producían incómodos silencios. Una vez, tras haber visto la montaña de deberes de Eva, Sara le había preguntado:
-¿No haces los deberes?
Y Eva le había dicho tranquilamente desde la cama:
-¿Para qué?
-Porque nos lo mandan.
-Lo que valoran es lo que demuestras en un examen, no si haces tus tareas. Eso es una excusa para amargarnos la existencia.
Sara se había quedado sin palabras. No sabía como lo hacía, pero cada vez que hablaba con Eva no podía evitar quedar y sentirse como una idiota.
Ese viernes no les mandaron casi deberes por expreso deseo de Alexa Pinkstone, que no quería que los invitados a su fiesta tuviesen algo que hacer que no fuera prepararse para la primera de sus fiestas. Justo cuando estaba terminando sus deberes de filosofía, alguien comenzó a trucar insistentemente a su puerta.
-Pasa, está abierto.
La puerta se abrió y entró Lena dando brinquitos como una bailarina.
-Deja eso y vámonos, rápido.
-¿Vámonos?¿A dónde?
-A la ciudad. De compras. Vamos, nos lo vamos a pasar genial.
Sara se dejó arrastrar hasta la calle por Lena, que no dejó de dar saltitos de lo contenta que estaba. Llegaron al aparcamiento y Sara casi se desmaya al ver que Lena la llevaba hasta la limusina en la que Alexander, Richard y Mario esperaban.
-Por fin llegáis, chicas - dijo Mario, jovial.
-¿Y esta limusina? - preguntó Sara.
-No me digas que no te gusta nuestro taxi - exclamó Richard.
-¿Pero quién ha pagado esto? - siguió preguntando Sara, que aun no se creía que iba a montar en limusina.
-Yo - dijo Alexander -. Me apetecía un caprichito para compartir con mis colegas. Todos a dentro.
Pese a las protestas de Sara, los cinco se montaron en la limusina y durante veinte de los, más o menos, treinta minutos de viaje charlaron de la fiesta de Alexa. Hasta que …
-¡Oh, Dios mío!¡No tengo dinero para comprar!
El grito de Sara los cogió a todos desprevenidos, pero se rieron.
-Ey, no tiene ninguna gracia - dijo Sara, poniendo pucheros.
-Sara, tranquila. Yo te pagare la ropa, siempre y cuando no me pidas algo de Chanel, o Dior, o unos zapatos super-mega exclusivos de Miu Miu. Bueno, unos de Mustang es posible.
Todos se rieron a carcajadas, incluso Sara.
-¿Estás segura? - le preguntó Sara a su amiga, tras recuperarse de la risa.
-Que sí, chica. Yo pongo el dinero. Llevo años sin gastar tan apenas - se acercó más a Sara para decirle al oído -. Esta noche la tarjeta de crédito echará humo.
El resto del viaje pasó rápido y entre risas y chistes. Mario estaba especialmente alegre aquella tarde. Sara ya se había dado cuenta de que si Shio-Lin estaba delante tan apenas hablaba, era cerrado y algo frío. Se notaba la tensión perfectamente, hasta el más tonto se daría cuenta. Sin embargo, cuando no estaba la japonesa aparecía otro Mario, el chico simpático y alegre que tanto les gustaba a ella y a Lena. Sobre todo a Lena. Desde el primer día, Sara había notado que Lena estaba totalmente coladita por Mario.
Si en vez de haber estado charlando despreocupadamente con sus amigos, Sara hubiera mirado por las ventanillas, habría visto las maravillas que la esperaban fuera de la limusina. Cuando ésta se detuvo y Alexander le abrió la puerta, Sara casi se cayó de la impresión. No podía creérselo.
-¡Madre mía! Es… es… ¡Es precioso! Como las pelis. ¡Es como Nueva York!
-Menos mal que no estamos en Nueva York porque si no… montas un escándalo - se rió Alexander.
Pasaron toda la tarde de compras, de tienda en tienda. Todos se compraron algo para la fiesta de Alexa, especialmente en una tienda Low Cost que encontraron. Lena y Richard eran los que menos ganas le echaban a lo de las marcas, pero acabaron contagiados por sus amigos. Sara se asombró de lo pijos que eran Alexander y Mario.
-Es que tú solo nos ves con el uniforme y poco más, Sara - se explicaron ellos.
Tras comprar y comprar, fueron a cenar a un restaurante italiano muy elegante. También por eso protestó Sara, ni con la paga de tres semanas le habría llegado para pagar el menú que eligió. Alexander y Mario consiguieron calmarla y hacer que cenara, y entonces la velada fue fantástica. En el mismo restaurante coincidieron con otro grupo de estudiantes de C.W.S. Con los cuales se tomaron algo en un bar cercano después de cenar.
En el mismo bar, solo que en la terraza vip que había en lo alto del edificio estaban Alexa y Mirela charlando y ultimando los detalles de la fiesta. Las fiestas de los Stone eran un acontecimiento casi único en la escuela. Antes de que llegara Alexa a C.W.S. era su hermano Erik quien organizaba las maravillosas fiestas, que hacían de los Stone la familia más popular entre todas las familias del resto de alumnos.
Alexa preparaba todas sus fiestas meticulosamente y poniendo atención hasta en los más mínimos detalles.
-De acuerdo, repasemos el planning - le dijo a Mirela muy seria. La chica asintió - A las seis y media vienes a mi cuarto. Ensayamos un poco y hacemos el ensayo general hasta las siete. Nos duchamos, vestimos, peinamos y maquillamos hasta las ocho y media como máximo. Vamos a la sala por la parte de atrás, porque los invitados ya estarán llegando. Nati, Alyson y Tara los estarán recibiendo. Hacemos nuestro súper número y, mientras sirven los canapés y las demás tontadetas de la cena, nos cambiamos para la fiesta y …¡a divertirnos!
-Vale, me parece perfecto. Por cierto, aún no me has enseñado tu vestido.
-Es uno de mis secretos mejor guardados pero… por ser tú te lo enseño.
Alexa se agachó para subir una bolsa a la mesa y sacó un top azul palabra de honor, que llevaba unos cristales Swarovsky en el escote, y unos pantalones pitillos plateados.
-¡Oh, my God! - exclamó Mirela -. Es una preciosidad. Te debe de haber costado una pasta.
-No mucho. A papá le gustó y me lo compró.
-Con una anfitriona con ese modelazo… la fiesta pasará a los anales de la historia.
A la mañana siguiente, el ala este del internado rebosaba de actividad. Alexa, algunas de sus amigas y unos cuantos trabajadores contratados por el señor Stone preparaban al detalle la fiesta. Alexa no dejaba de pasearse de un lado a otro gritando órdenes a todo aquel que se cruzaba por delante de ella. Mirela se encargaba de supervisar a las demás chicas que andaban por allí ayudando. Sus ojos castaños se detuvieron en la chica con la que estaba charlando Naty. Alyson. Era su compañera de cuarto. Una chica guapa, simpática, inteligente, rica … Vamos, lo típico de C.W.S. Pero había una pequeña diferencia con las demás chicas del internado: ninguna compañera de cuarto le robaría a Mirela una gargantilla de diamantes que costaba más que la casa de cualquiera de los becados que había en Center World School.
Desde el primer día, Mirela había notado que algunas de sus cosas iban desapareciendo. Primero fue un simple pañuelo de unos sesenta euros, después unos Pepe Jeans exclusivos de algo más de doscientos euros, días después unos botines cercanos a los mil euros y el viernes, su gargantilla. La italiana no tuvo otro remedio que discutir con su compañera de cuarto, pero consiguieron arreglar las cosas. Alyson le había confesado a Mirela su "pequeño" problema: era cleptómana. En cuanto veía algo de valor algo le impulsaba a quedárselo.
Además, al final, y a pesar del susto, Mirela había acabado ganando. Tenía a Alyson sujeta de pies y manos, como a una marioneta. Ya que si Mirela quería podía contárselo todo a Alexa, y si Alexa se enteraba, Alyson estaría acabada. Como todas las chicas que habían decepcionado a Alexa. El "encanto" de Alexa Pinkstone también afectaba a los profesores. Pero lo que Alexa no sabía era que en su propio bando había otra chica con encanto. Y esa chica ya estaba un poquito cansada de Alexa, aunque intentaba que no se notara mucho. Mirela Rossuic, su mejor amiga.
El resto del día siguió muy activo, casi hasta la hora en la que los invitados tenían que empezar a llegar. Tal y como dictaba el plan de Alexa, Naty, Alyson y Tara estaban en la puerta recibiendo a los invitados. Entre ellos, estaban Lena y Sara, las dos nerviosísimas, pues era la primera vez que iba a una "super fiesta" de Alexa. Alexander también estaba nervioso, pero no precisamente por la fiesta, a las que ya estaba más que acostumbrado, sino por lo que podía pasar esa noche. Confiaba en la ayuda de Alexa, pero no tenía ni idea de la clase de retorcido plan que Daniel tendría en mente para conseguir llevarse a Sara a la cama.
-Alex, deja ya de frotarte las manos el pantalón, o va a pasar de blanco a marrón - le susurró Mario al oído.
-¡Ups! Tienes razón, tío.
-¿Qué te pasa?¿Estás nervioso?
-Sí, bastante.
-Pues relájate un poco, ¿quieres? Dios, es una pena que Richard no haya querido venir. Él te relajaría enseguida. Vamos a dentro, no nos vamos a quedar aquí en el recibidor.
-¡Eh!¿Te crees que no me he dado cuenta? - Mario se volvió confuso hacia su amigo. No tenía ni idea de a qué venía eso -. Tú quieres ver a Shio-Lin.
-No es cierto - replicó Mario, con la mirada gacha.
-Sí lo es. ¡Aún te gusta!
-Claro que me gusta. Muchísimo. Me porté tan mal con ella …
-Tio, hiciste lo que debías. No olvides que ella es …
-¡No lo digas! - le cortó Mario a Alexander.
-Vale, vale, no lo digo. Pero sabes que es cierto. Y sé que si la ves esta noche con uno te vas a hacer pedazos. Lo mejor es que la olvides.
-Por favor, no me des consejos de amor, don Juan Tenorio.
-Ejem… te rogaría que no me llamaras así.
-¿Por qué?¿Te molesta? Pues es la verdad - gritó Mario entre el algarabío. Después se perdió entre la gente.
-¡Mierda!¿Quién me mandará a mi abrir la bocaza para dar consejos? - se reprendió Alexander, enfadado consigo mismo -. Bueno, puedo ir a buscar a las chicas - se dijo a si mismo mientras empezaba a buscar a Sara y Lena.
Tras llevar un rato buscando entre la gente y saludando a unos colegas, las luces se apagaron y un tenue foco iluminó el escenario del fondo del salón. Alexa y Mirela subieron al escenario una por cada lado. La gente se movía y se ponía de puntillas para intentar ver a las dos chicas. El foco tan apenas las iluminaba y no se veía lo que la mayoría de los presentes quería ver: su ropa.
-¡Hola a todo el mundo! - saludó Alexa, totalmente deslumbrante -. Bienvenidos a mi primera fiesta de este curso. Solo deseo que os lo paséis de miedo y que disfrutéis de lo lindo porque Mirela y yo hemos trabajado mucho para que esta noche sea inolvidable. Así que no os aburro más y one, two, three, go!
En ese instante, el escenario quedó completamente iluminado, la música comenzó a sonar y los invitados pudieron ver el aspecto de la anfitriona y Mirela. Las dos iban vestidas al más puro estilo años veinte. Las dos con el pelo por encima de los hombros, con perfectos tirabuzones, collares extra largos, labios rojos y vestidos espectaculares. El de Alexa era de lentejuelas negras, con un toque plateado, y el de Mirela, rojo; los dos de sin mangas y por encima de la rodilla.
I feel oh, so glamorous Lookin' super fabulous Sometimes I'm insecure Something I can't ignore All the flashy cameras Try my best to handle it I'm just the girl next door I can hear the rumors take off...
All the girls in the club got their eyes on me I can tell by the look that they want to be Be hot, hot, hot like that But it's not, not, not like that All the girls in the club got their eyes on me They put me down because of jealousy But I'm not, not I'm not that girl And it's not, not, no, it's not my world
So many girls be checkin' my style Checkin' my style, checkin' my style So many girls be checkin' my style But I don't even care, no I move in mysterious ways, ways that got them curious They're looking at what I'm wearing Standing on the sidelines staring Taking every chance I get To find who I'm going with I just wish they'd see, what I'm like in real life
So many girls be checkin' my style Checkin' my style, checkin' my style So many girls be checkin' my sytle But I don't even care, no What's good I'm weak no longer In life it's making me stronger What I like I'm a get that Like a quick cat, no i won't quit that, you heard me You'll find that I'm just like you And I do the same things you do The type of chick that hits spots, in my flip-flops Listening to Hip-Hop, you feel me
So many girls be checkin' my style Checkin' my style, checkin' my style So many girls be checkin' my style But I don't even care, no.
Tras la canción, todos los asistentes estallaron en aplausos y ovaciones y la luz volvió al salón. Las dos chicas se despidieron de todos y se fueron a cambiar. Los invitados comenzaron a desplazarse hacia el ventanal del norte, donde estaban preparadas las mesas de la comida y la bebida. Allí fue donde Alexander encontró a Lena y Sara. Sus dos amigas estaban guapísimas, pero él solo tenía ojos para Sara. Su pelo ondulado caía suavemente sobre sus hombros el aire. Llevaba un top azul celeste de palabra de honor bastante largo. A la cintura, un ancho cinturón blanco con hilos plateados, igual que la minifalda. Los zapatos de tacón la hacían más alta. Alexander no podía dejar de mirarla. Simplemente estaba perfecta. Hasta su sonrisa parecía más brillante.
De pronto, Alexander vio por detrás de Sara y Lena a Daniel. Éste alzó una copa de champán como si brindará con él y le dirigió una sonrisilla torcida. El mundo se le cayó a Alexander encima. Se había olvidado por completo de sus "asuntos" con Daniel y lo peor de todo era que era Sara quien estaba en medio. Al menos mientras Sara estuviera con Lena o con quien fuera, Daniel no se acercaría a ella. Solo tenía que asegurarse de que Sara no estuviera sola.
Mientras pensaba en un plan para tener siempre a Sara acompañada sintió unos toquecitos en el hombro.
-¡Yuju! - lo saludó Alexa.
-Alexa, ¿qué haces aquí? - preguntó, sorprendido.
-Asegurarme de que todos y cada uno de mis invitados lo pasan bien, y tú estás estropeando mi porcentaje de invitados contentos. Hazme el favor de divertirte.
-No sé si te acordarás que tengo un problemita que empieza por "d" y acaba por "aniel".
-Tranquilo. Te prometí que me encargaría y voy a encargarme de eso. Ve a divertirte.
Alexander miró a Alexa no muy convencido. Después dirigió una última mirada a Sara.
-Está bien. Pero cuídala.
-Descuida, Alex.
No estaba muy convencido de dejar a Sara, pero en el fondo Alexa tenía razón. Tenía que fiarse de ella y divertirse, como había hecho siempre. No debía pasarse toda la noche pendiente de una chica. Él nunca, jamás, había hecho tal cosa.
Alexa vio satisfecha como Alexander se marchaba y se perdía entre la multitud. La joven rubia fue a por una copa de champán y se deshizo en sonrisas y halagos con las personas con las que se cruzó por el camino.
-¡Chin-chin! - le dijo un chico.
-Chin-chin, Daniel - dijo ella, brindando con él.
-¿No habrás olvidado nuestro acuerdo?
-Claro que no. ¿Cómo iba a olvidarme de eso?
-Te acabo de ver hablando con Alexander.
-Solo me aseguraba de que se lo pasaba bien, estate tranquilo, Daniel - prometió Alexa, acariciándole el rostro.
-¿No me das un besito? - le preguntó él, picarón.
-Aquí no. Hay demasiados ojos que nos podrían ver.
-Cierto. Pero a mi no me importa.
-A mi sí - replicó Alexa.
-Está bien. Llévate a Sara. De la pequeña Lena se ocupará un colega mío.
Alexa asintió y se fue a la búsqueda de Sara. Se deslizó entre la gente, que la saludaba y le felicitaba por la fiesta, con su radiante sonrisa.
Al cabo de un largo rato la encontró con Lena y dos chicos y una chica con los que estaban hablando animadamente. Aunque hablar no era fácil, pues la música estaba a tope. Alexa se coló dentro del círculo que habían formado.
-¿Cómo va eso, chicos?¿Os lo pasáis bien?
Todos le contestaron que sí. Se quedó un rato charlando con ellos y después se dirigió solo a Sara.
-¿Puedo hablar un momento contigo?
-Claro - las dos se separaron un poco del grupo -. ¿Pasa algo, Alexa?
-Lo cierto es que sí. Mira, yo nunca me he relacionado con "pobretones", no te lo tomes a mal, por favor - Sara no supo como sentirse -. Pero se te ve una chica maja. Desde el primer día has encajado muy bien con Alexander y Mario y son mis amigos desde pequeñita. Me han contado que eres una joya de chica - Sara no pudo evitar sonrojarse -. Y por eso quiero tener la oportunidad de conocerte bien, que tú tengas la oportunidad de salir de aquí siendo amiga mía y, créeme, eso da cierto prestigio.
-Vaya, Alexa, me alagas.
Alexa cogió a Sara del brazo y se la llevó a dar una vuelta.
-Ven. Vamos a por algo de beber y hablamos.
-Sí, claro pero … - se volvió hacia atrás, buscando a Lena con la mirada, preocupada por dejarla sola sin decirle nada, pero la vio hablando con un chico. Se encogió de hombros y se dejó arrastrar por Alexa entre la gente.
Se dio cuenta de que la gente le sonreía y saludaba, aunque ella no conocía a casi nadie. ¿Sería ese el efecto Alexa´s friends?
No supo cuánto tiempo estuvo hablando con Alexa. Al contrario de lo que había pensado en un principio, Alexa era simpática y era muy fácil hablar con ella de cualquier cosa. Sara tampoco supo cuántos vasos de qué cosas se había bebido, pero no le importó. Con Alexa se lo estaba pasando como nunca. Al cabo de un rato fueron al enorme balcón de la cara este de la sala. Sara se extrañó de no haberse percatado antes de aquel enorme balcón. Desde allí se veían los jardines de colegio iluminados. El aire fresco de la noche le hizo estremecerse, pero resultó agradable en comparación con el calor que había dentro. Había varias parejas hablando, abrazados o demostrándose con besos su cariño, pero también había grupos de amigos que habían salido a disfrutar del aire fresco.
-¿Tienes frío? - le preguntó Alexa.
-Solo un poco.
-Espérame aquí. Voy a por algo de abrigo a mi cuarto y vuelvo volando.
Alexa entró a la sala corriendo y salió fuera donde no había tanto ruido. Sacó su móvil y llamó a Daniel. No esperó a que dijera nada y le dijo:
-Está sola en el balcón.
Daniel salió al balcón y vio a Sara sola sentada en uno de los bancos que había. Se acercó a ella con sigilo y le puso su chaqueta sobre los hombros. Ella dio un brinquito en el sitio, asustada.
-Seguro que así estás mejor. Aquí hace frío y llevas… ejem, los hombros al aire - la mirada de deseo de Daniel pasó inadvertida por Sara, que estaba algo mareada. El joven había tenido que cambiar su frase a mitad para seguir guardando las apariencias por Sara.
-Sí, muchas gracias Daniel.
-Vamos, ven conmigo a bailar un rato - le propuso él, divertido.
-Lo haría, pero estoy muy mareada. Casi no me puedo levantar del sitio - dijo Sara, riéndose e intentando levantarse. Cosa que no consiguió y seguramente se habría caído al suelo si Daniel no la hubiera sujetado.
Ella se rió escandalosamente, mientras se agarraba al cuello de Daniel. Él tragó saliva. Sabía que la tenía justo donde él quería. Sus labios se fueron acercando poco a poco, pero en cuanto se rozaron, aquella ternura aparente de Daniel se convirtió en un torrente de pasión. Pero aquel apasionado beso pronto terminó cortado por Sara.
-Perdona… Estoy muy mareada.
-¡Ey! No pasa nada. Si quieres te acompaño a tu habitación -ocultando su frustración.
-Sí, gracias. Creo que no me sostengo yo sola.
-Estás fatal. ¿Es la primera vez que bebes en una fiesta?
-No. Nunca me había sentado tan mal - dijo Sara, cayéndose de nuevo -. Malditos tacones - masculló molesta con sus propios zapatos.
Daniel se rió mientras se aseguraba que tenía a Sara bien agarrada de la cintura. Aunque su mano tenía la intención de ir algo más abajo.
-Tss - lo reprendió Sara -. Cuidado donde pones las manitas, guapo.
Ni ella misma se reconoció hablando así. El alcohol le había nublado los sentidos y su forma de ser. De haber estado sobria le habría dado un buen bofetón a aquel chico.
-¿Quieres que te agarre o quieres ir cayéndote todo el rato?
-Quiero que me lleves a mi cuarto. Tengo que dormir.
-Tus deseos son órdenes para mí. Te lo habría dicho con una reverencia y todo, pero si te suelto volverás a caerte.
Con Daniel sujetándola firmemente de la cintura, Sara atravesó el salón donde un montón de jóvenes reían, bailaban y charlaban. Sin embargo ella no reconocía ningún rostro ya que no los podía ver. No vio a Lena gritando a un chico que ella no conocía. No vio a Alexander muy acaramelado con una chica de perfectos tirabuzones negros como el carbón. Ni a Mario en una esquina intentando contener sus lágrimas de enamorado por haber visto lo que él mismo quería negarse. Tampoco vio a Eva, su compañera de cuarto, escurriéndose entre la gente con una malvada sonrisa pintada en el rostro.
Se alejaron del bullicio de la fiesta y recorrieron los pasillos desiertos y silenciosos. Sara se encontraba en una especie de nube. No tenía ni idea de lo que ocurría a su alrededor. Daniel abrió una puerta y le hizo pasar dentro. Fue entonces cuando se dio cuenta de que aquella no era su habitación. No había tres camas como en la suya. En esta solo había una bastante grande, con un sofá y dos sillones dispuestos alrededor de una mesita. Parecía más una habitación de hotel que la habitación de un estudiante.
Sara se tambaleó un poco, quería hablar, pero las palabras no le salían de la boca. El chico la sentó en la cama y se agachó para quitarle los zapatos. Le acarició suavemente las piernas mientras le besaba las rodillas. Sintió un leve cosquilleo recorriéndola de arriba abajo y unas ganas tremendas de dormirse. Daniel pasó de besarle las rodillas a sus labios. Sara cerró los ojos y se quedó dormida. Al ver que la chica no colaboraba con el beso se separó de ella y vio como caía tendida sobre la cama, profundamente dormida.
-¡Mierda!¡Hay que joderse …! - exclamó muy molesto.