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Historia 28245 — capítulo 9

-Eeehh… estooo… ¿podríamos hablar?

-Sí, claro.

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Jack decidió que lo mejor sería dar un paseo por los jardines del Colegio, para disfrutar del poco sol que había por esas fechas. El chico se encontraba totalmente nervioso y extraño. Nunca había estado así por nadie. Pero la miraba de reojo… y el mundo se paraba. Esos ojazos azules que hacían empequeñecer el resplandor del sol, ese brillante pelo rojo fuego, tan inusual, tan hermoso… Estaba completamente enamorado de ella. Y necesitaba decírselo con urgencia.

Ingrid, mientras tanto, miraba al frente sin saber exactamente qué hacer o decir. ¿Qué querría Jack?

Siguieron andando hasta sentarse en un banco cerca del estanque de cisnes. Había una vista espectacular.

-Verás… no… no se como decirte esto.

-¿Decirme qué?

-Nunca… nunca me había pasado esto con nadie, no tengo experiencia en decir estas cosas, pues siempre he estado con la persona que he querido. Ellas venían a mí. Pero tú eres diferente. No eres una cabeza hueca como el resto. Eres inteligente, guapa, buena persona, amigos de sus amigos, ayudas a todo el que puedes y a mí…

Jack paró un momento para tomar aire. Veía que aquello se le venía grande, pero ya había empezado. Ahora no podía parar. Los ojos de ella mostraban sorpresa, imaginando qué vendría a continuación.

-A mí –continuó –me has hechizado. Me tienes embrujado. No puedo vivir sin verte cada día, aunque sea a distancia, sin respirar el mismo aire que tu respiras. Necesito estar a tu lado constantemente, asegurarme que estás bien. Yo… te quiero.

Ya está. Ya lo había soltado. Le había costado su tiempo decidirse, practicamente desde que la vió el primer día de colegio. Pero ya estaba hecho. Ahora solo quedaba la peor parte. Su respuesta.

-Yo… -Ingrid no sabía cómo continuar- vaya. Me has pillado de sorpresa, nunca me habían dicho algo así.

Jack sonrío, al menos le había gustado.

-Pero… creo que lo nuestro no funcionaría.

Aquello fue como un blade de agua fría para Jack. ¿Cómo que no funcionaría? ¿Qué significaba aquello?

-¿Qué…? –preguntó el chico un poco aturdido por aquella respuesta. No es que se esperara el “sí”, pero tampoco había recibido nunca el “no”.

-Déjame terminar, por favor. –Pidió Ingrid mirándole fijamente a los ojos. –Tú eres Jack Blake. El gran Jack Blake –continuó la chica con sorna, quizás algo de sarcasmo e ironía- ¿Crees que no sé cómo me estás tomando el pelo? Nadie se fijaría en mí. ¿No me ves? Soy yo… Ingrid Corrigan. Hablé con Daniela y me dijo que querías hablar conmigo. Es parte de una apuesta, ¿no? Me lo estoy imaginando. Seguro con alguien a que nadie se te iba a resistir. Y yo era tu próxima victima. Pues te has equivocado. No me interesa para nada salir con Jack ligón Blake, hacerme ilusiones mientras él juega conmigo.

Dicho esto, se levantó del banco y dirigió sus pasos hacia el castillo. Jack se había quedado estupefacto. Nunca habría esperado una respuesta así. ¿Qué quería jugar con ella? Pero si la amaba…

-Esto no puede estar ocurriéndome a mí –susurró, pasmado. La quería. Daría lo que fuese por ella. ¿Cómo podía pensar siquiera eso?

FLASH BACK*****

Jack, Ed y Daniela daban un paseo por los terrenos del Colegio un sábado por la tarde. Cursaban su segundo año como magos y los hermanos Cooper le daba la tabarra a Jack con Ingrid.

-Vamos, tío, pero si estás coladito por ella. Reconócelo.

-Es verdad, se te van los ojos cada vez que ves una cabellera pelirroja.

-Mira, mira, pero si se ha puesto rojo.

Jack estaba ya harto de la situación. Odiaba que supieran la verdad, que adoraba a Corrigan desde que la había visto.

-¡Yo solo saldría con Corrigan para ganar alguna apuesta! –gritó.

Aquellas palabras fueron las más desafortunadas que nadie podría haber dicho. La pelirroja pasaba en ese momento por allí junto a sus amigas y había escuchado la última frase dicha por Jack. Miles de lágrimas amenazaban con salir de los azules ojos de Ingrid, dolida por ese comentario, sintiéndose estúpida. Amaba el chico. Lo había amado desde su primer año y saber que no saldría con ella si no es por una apuesta la había dañado mucho.

-¡ERES UN ESTÚPIDO ARROGANTE! ¡OJALÁ NO TENGA QUE VERTE MÁS! –le gritó ella furiosa. Justo después salió corriendo y se juró que no saldría nunca con el chico de sus sueños.

Jack miró confuso a Daniela y Ed, quienes le devolvían una mirada de pena, pues sabían que él no lo había dicho de verdad, solo para que dejaran de molestarlo y ahora posiblemente lo había fastidiado todo para siempre.

FIN FLASH BACK**

-Vaya… -pensó Jack. De repente se le había venido a la mente ese recuerdo que tenía aproximádamente cuatro años. –Nunca creí que se acordaría de eso.

El moreno se dirigió directamente a su primera clase del día: Encantamientos. Se había demorado demasiado y no le había dado tiempo de desayunar. Nada más llegar a la puerta del aula, Daniela se le acercó corriendo.

-¿Qué has hecho? Ingrid ha llegado con las lágrimas saltadas y no le ha dirigido la mirada a nadie. Ni siquiera ha esperado a sus amigas para entrar y ya está incluso sentada en su sitio de siempre. –Le dijo con carrerilla.

-No he hecho nada malo. –Repuso el otro con cansancio. –Me he declarado, le he dicho que la quiero y ella me ha contestado que no quiere que yo juegue con ella. Que no quiere formar parte de ninguna apuesta. Me ha mandado a la mierda indirectamente.

Daniela sabía que el chico decía la verdad, se notaba en sus ojos. Un recuerdo vino también a su mente, respondiendo a la pregunta que se le había formado: ¿por qué?

-No…

-¿No qué? –preguntó Jack mientras entraban al aula. Antes de sentarse dirigió su mirada hacia donde se encontraba Ingrid, quien le dirigió una mirada furiosa. Aquello fue suficiente para que bajara la cabeza.

-¿Aún recuerda lo de segundo año?

-Creo que sí.

La clase comenzó, interrumpiendo la conversación de Daniela y Jack. Al rato, alguien llamó a la puerta del aula parando la explicación.

-¿Podría salir el señor… Jack Blake? –preguntó el conserje mientras rebuscaba el nombre del chico entre los bolsillos de su pantalón.

Jack le dirigió una mirada significativa a Daniela, quien le deseó “suerte” sin apena mover los labios.

Recogió todas sus cosas y se dirigó hacia el lugar indicado: el despacho de la directora.

Éste se encontraba en la planta baja, por lo que fue bajando los peldaños de dos en dos, sabiendo el motivo de la llamada. Al llegar delante de la puerte, llamó discretamente y una voz conocida le dio paso.

-Buenos días, Señor Blake –saludó la profesora Stewart.

-Buenos días.

-Bien, como usted bien sabrá, el profesor Dumbledore, director del Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería, se puso en contacto hace pocos días conmigo para tratar un tema de suma importancia para usted. Dada la magnitud de la información, según sus propias palabras, hemos solicitado la presencia de sus padres en esta reunión.

“Toc, toc”. Alguien llamaba a la puerta.

-Mire, esos deben de ser ellos. Adelante.

Susan y Hugo Blake pasaron al interior del despacho de la directora.

-Bienvenidos –dijo Stewart con una sonrisa pintada en sus labios.

-Hijo mío –fue lo único que dijo Susan antes de abalanzarse hasta Jack y darle un fuerte abrazo y un sonoro beso. -¡Cómo te hemos echado de menos!

-Venga Susan, no avergüences a nuestro hijo. –Repuso Hugo al tiempo que le daba un abrazo al moreno con efusividad.

Tras la llegada, los tres se sentaron en unas sillas convocadas por la directora y empezaron a hablar de banalidades.

-Bueno, creo que Dumbledore no tardará mucho en llegar y por fin sabremos el por qué de esta reunión.

Susan y Hugo se miraron entre sí en una mirada cómplice. Ambos sabían parte de la historia desde hacía quince años, pero el resto les había sido contado por el director de Hogwarts días atrás, en una comunicación a través de la Red Flu.

Llamaradas verdes indicaron que por fin había llegado el momento.

Un hombre de edad avanzada, barba blanca bastante crecida y unos ojos azules ocultos tras unas gafas de media luna hacía su aparición en el Colegio de Magia y Hechicería Español.

-Buenos días –saludó tras limpiarse el hollín de su túnica morada –o mejor decir buenas tardes.

La directora Stewart fue haciendo las presentaciones. A Jack le pareció que aquel hombre era sumamente extraño, pero le daba confianza.

-Bien, después de las presentaciones oportunas, el profesor Dumbledore pasará a explicarles el contenido de esta reunión.

-Estupendo –respuso el director a la vez que se ponía serio. –Antes que nada me gustaría decirte Jack que todo cuanto te cuente es totalmente cierto y de suma importancia. Será muy chocante para ti, pero es absolutamente necesario que sepas la verdad.

-La verdad ¿de qué? Señor –repuso Jack. El miedo empezaba a calarle hondo.

-Será mejor que usemos estos pensamientos para aclararlo.

Dumbledore vertió una botellita en el pensadero de la profesora Stewart y sus pensamientos empezaron a arremolinarse hasta hacerse claros del todo.