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Historia 28483 — capítulo 17
Draco bajó las escaleras de su dormitorio y se disponía a salir de su sala común cuando una mano fría la hizo detenerse.
-
A donde vas, mi serpiente?- Le susurró una seductora voz en su oído.
-
No te interesa, Pansy.- Respondió Draco.- Pero ya que estamos en eso… no vayas a ir de nuevo corriendo con tu padrino (N/A Lucius Malfoy era padrino de Pansy) a contarle sobre mis relaciones con Hermione, entendido?
-
Pero si yo no…- Empezó Pansy, con una sonrisa inocente.
-
No mientas, Pansy! Te dejas dominar por los celos! Eres igual que ese Weasley.
-
Con quien me comparaste?- Preguntó la chica, sin rastro de su anterior sensualidad y sacando su varita.
-
Olvídalo, mejor.- Draco se impacientó. No podía seguir ahí, perdía mucho tiempo.- Y si te interesa, estaré en las cocinas y después daré una vuelta por el lago.
-
Y que te parece si vamos tu y yo…
-
No.- Respondió Draco, cortante.- Por que voy a tomar un baño.
-
A estas horas? En el lago?
-
No seas estúpida… el agua estará helada. Después del paseo voy a tomar un baño.
-
Y por que no llevas tus cosas?- Preguntó la chica, perspicazmente.
-
Por que no quiero ir cargando, y además… desde cuando lo necesito, si tengo mi varita?
-
Oh… ya veo.
-
Disculpa, Pansy, me voy.- Dijo el rubio, saliendo por la puerta.
Lo que le había dicho a Pansy era verdad a medias. Si iba a ir a las cocinas, hacia ahí se dirigía; si iba a ir al lago, pero no iba a estar solo; y si iba a darse un baño.
Cuando llegó a las cocinas e hizo cosquillas a la pera del cuadro, los elfos empezaron a arremolinarse alrededor de él.
Pidió un poco de helado napolitano, fresas cubiertas de chocolate, galletas y chocolate derretido. Los elfos se lo trajeron en un dos por tres. Salió de ahí con una sonrisa, no sin antes darles las gracias, recordando que Hermione estaba en contra de la esclavitud élfica.
Todo lo llevaba en una canasta, y lo llevó a los jardines. Todavía quedaba media hora para que la castaña llegara, y él tenía que acomodar todo.
Estaban en un punto de la orilla del lago donde nadie del castillo los podría ver si se asomaban por las ventanas, ni por las puertas de éste.
“Bien, Draco, a trabajar… ¡Lo que haces por una mujer!”, se dijo a si mismo y sonrió.
Con un movimiento de su varita hizo aparecer una manta, sobre la que acomodó el helado, el chocolate, las fresas y las galletas. Todo estaba en fuentes doradas. Aparecieron también dos copas llenas de hidromiel envejecido en roble, y el Slytherin empezó con la decoración.
Con un complicado hechizo, empezó a decorar el árbol bajo lo que estaba todo con luces rojas, verdes, plata y doradas. Conjuró un farol con una luz dorada, que hizo levitar hasta una rama encima de donde estaría ella.
“Falta algo…”, pensó, después de haber hecho un circulo con velas rojas y blancas; haber elaborado, mediante un conjuro, con la arena una estatua de un corazón, sacar el regalo que había traído y volver a congelar el helado, que estaba derritiéndose.
“Claro…” recordó el chico. Movió su varita y aparecieron pétalos de rosa, esparcidos por el piso, haciendo una senda desde un punto un poco alejado del árbol, hasta rodear la manta donde se sentarían. También apareció un ramo de azafranes (las flores preferidas del rubio), dejándolo junto a la comida. Las flores que había alrededor fueron hechizadas (N/A Más tarde sabrán para que), y el joven prefecto se sentó a esperar, pero no por mucho tiempo.
Hermione se dio un baño, se arregló el cabello suelto, evitando con un hechizo que se esponjara y se dispuso a escoger su ropa.
Eligió una playera blanca de tirantes, una falda corta negra, con pequeños diamantes de imitación, y unos zapatos negros que hacía juego.
Habían acordado verse en el “manzano del secreto”, dado que nadie podía verlos desde ahí, ni por el lado del bosque ni por el lado del castillo.
Bajó las escaleras, con la capa de invisibilidad de Harry, que le había pedido prestada. Se detuvo a unos cuantos metros de la puerta. Escondió la capa en un armario y se acomodó el cabello. Cuando se acercó, Draco se paró ágilmente y la tomó de la mano. Le pidió que cerrara los ojos, a lo que la chica accedió.
- Ábrelos…- Le susurró Draco, cuando llegaron al inicio de los pétalos de rosa.
Hermione no pudo contener un gritito de emoción. Caminó a través de los pétalos, hasta que llegó a la manta, que era blanca, y se sentó. Draco le entregó los azafranes.
-
Draco! Azafranes! Como supiste?- Preguntó la chica, emocionada.
-
Saber que?- Preguntó el rubio, confundido.
-
Son mis flores favoritas!- Contestó ella, oliéndolas, por lo que el chico ensanchó su sonrisa.
La observó. Realmente se veía hermosa. Pero era una clase diferente de hermosura. No era voluptuosa, como la de Pansy, sino que era más dulce e inocente.
-
Que miras, Draco?- Preguntó Hermione.
-
A la chica de mis sueños. La conoces?- Preguntó él.
-
Pues… no! Descríbemela!
-
Es castaña, con el cabello rizado, ojos miel que me hacen sentir morir, cuerpo perfecto, mente brillante, inocente dulzura… en fin, endemoniadamente perfecta.
-
La conozco, Draco?- Le preguntó ella, con una sonrisa.
-
Claro, se parece mucho a ti… y ahora que lo pienso, esta sentada frente a mi.
De repente, las flores empezaron a entonar una canción muggle que a Hermione le encantaba.
“Tienes que saber
Que es lo último que pido
Que estoy desesperado y según mis latidos
No me queda mucho
Tiempo a mi favor
Y antes de perder de vista mi camino
Quiero mirarte un poco y soñar que el destino
Es junto a ti mi amor…”
- Si es el destino, mi príncipe…- le susurró, mientras se acercaba a él.
“…Quédate un segundo aquí
A hacerme compañía
Y quédate tantito más
Quiero sentirte mía
Y abrázame…
Y abrázame…
Y abrázame…
Y abrázame…”
Y lo hizo, lo abrazó y le dedicó una mirada tierna.
“…Hoy me he dado cuenta
Que no había sentido
Tanto miedo antes
Que yo no decido
Que Dios lo hace mejor
Y antes de perder de vista mi camino
Quiero mirarte un poco y soñar que el destino
Es junto a ti mi amor…
Quédate un segundo aquí
A hacerme compañía
Y quédate tantito más
Quiero sentirte mía…”
- Nunca te separes de mi lado. Nunca.- Volvió a susurrar Hermione. Ante esto, Draco se estremeció, sin que la castaña lo notara.
“…Y abrázame…
Y abrázame…
Y abrázame…
Y abrázame
Y abrázame!
Hoy una razón para quedarme
Yo no quiero tu compasión
Quiero que estés conmigo
Hasta que me haya ido…
Y abrázame…
Y abrázame…
Y abrázame…
Y abrázame…
Y abrázame…
Dame una razón para quedarme
Solo dame una razón
Y abrázame…
Dame una razón
Yo no quiero tu compasión
Y abrázame…
Dame una razón para quedarme
Solo dame una razón
Y abrázame
Solo dame una razón
Solo dame una razón
Tienes que saber
Que es lo último que pido
Que estoy desesperado
Y según mis latidos
No me queda mucho…
Tiempo a mi… favor.”
[Camila/Abrázame]
-
Lo que dice la canción es cierto.- Dijo Draco, apartando a la castaña.- No me queda mucho tiempo a mi favor. A nuestro favor.
-
No importa, Draco. Para el amor no hay imposibles, y nunca los habrá. No te puedo dejar ir…- Contestó la Gryffindor.- Te amo.
-
Yo también te amo, pero por eso…- Empezó Draco de nuevo.
-
Shhh…- Lo cayo Hermione, poniendo sus labios en los del chico, rozándolos suavemente.- No empieces… No empecemos con cosas que ahora no van al caso.