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Historia 28483 — capítulo 16
Draco entró al edificio y se recargó en la pared del vestíbulo. Tenía sudor frío en toda la cara. No podía evitar sufrir un escalofrío al recodar la daga que tenía su padre.
Entonces una mano suave tomó la suya. Draco levantó la cara y observó unos ojos color miel que lo miraban con cariño. Volteó a ambos lados del vestíbulo y llevó a Hermione a un armario.
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No puede seguir esto, Herm…- Empezó Draco, pero Hermione lo interrumpió.
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No digas nada. Podremos superar lo que sea, no importa. Lo único que tenemos que hacer es evitar pregonar lo que pasa.
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Hermione… se van a enterar y te matarán!- Exclamó Draco.
La chica le acarició la mejilla.
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Entonces quiero que mis últimos días sean junto a ti.- Susurró la castaña.
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Pero si te matan yo nunca voy a vivir en paz, Herm… eres mi vida.
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No van a matarme, Draco… estamos seguros aquí.- Contradijo ella.
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Mi padre estaba ahí, en el campo de Quidditch! No me digas que aquí estamos seguros! Y nos vamos en tres días!
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Mira, ese no puede ser tu padre…- Intentó convencerlo la chica.
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Claro que era mi padre! Yo lo vi! Creo que conozco lo suficiente al monstruo que se hace llamar mi padre como para…
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No dije eso. Ya no lees El Profeta, verdad?- Comentó Hermione, serena.
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No, no vale la pena.- Respondió el rubio, con una mirada de fastidio.- Salió algo interesante?
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Pues la verdad salió algo que quería platicar contigo en la mañana…- Respondió Hermione, poniéndose un poco nerviosa y sacando un pedazo de periódico.- Mira… No creo que yo sea la más indicada para decírtelo, pero…
INTENTO DE HOMICIDIO EN MALFOY MANOR
Los aurores llegaron a tiempo para evitar la tragedia. A las 8:45 de la noche del día de ayer, en la Mansión Malfoy, el señor Lucius Malfoy intentó asesinar a una mujer (cuya identidad no ha sido revelada), inflingiéndole severas heridas. Los aurores del Ministerio acudieron la Mansión después de recibir una lechuza urgente en la cual la víctima rogaba protección pues temía por su vida (Por confirmar).
Los aurores llegaron para encontrar a la víctima tirada en el suelo, mientras el señor Malfoy le intentaba atizar golpes fatales. El señor Lucius Malfoy fue llevado a Azkaban, donde (aunque los dementotes han renunciado a su puesto) ha sido puesto en una celda de máxima seguridad, custodiado por unos de los mejores aurores del Ministerio.
El próximo martes el señor Lucius Abraxas Malfoy, será juzgado ante el Winzengamont, bajo las acusaciones de intento de homicidio con premeditación y por relaciones con El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado.
A medida que había leído el artículo, Draco se había puesto pálido. A quien había tratado de asesinar Lucius? No lo podía creer. Estaba seguro que había sido a su madre. Tenía que verla, hablar con ella. Tenía que asegurarse de que no le había hecho nada con lo que peligrara su vida. Ella y la castaña que tenía al frente, con semblante preocupado, eran las dos únicas personas en el mundo que le importaban.
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Perdóname, Hermione.- Dijo el chico, saliendo del armario y alejándose de ella.
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Draco! A donde vas?- Preguntó ella, siguiéndolo.- Por favor, no vayas a hacer algo…
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Voy a hablar con McGonagall, no te preocupes.- Contestó Draco, reanudando su marcha.
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Voy contigo. Por favor, déjame acompañarte.
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Apresúrate, entonces.- Dijo el rubio, subiendo las escaleras de dos en dos.
Ella lo siguió y llegaron corriendo al despacho de la directora. Tocaron tres veces y una voz desde adentro les dijo “Pasen”. Draco entró bruscamente, con Hermione siguiéndolo.
La profesora vio quienes eran y se olvidó de sus notas, esbozando una sonrisa triste.
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Buenas tardes, señor Malfoy, señorita Granger. Me parece que ya se a lo que vienen.
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Buenas tardes, profesora.- Respondió secamente el Slytherin, por pura formalidad.- Directora… necesito saber que paso ayer…
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Si, lo se, señor Malfoy, pero lamentablemente no puedo dejarlo salir del colegio.
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Pero es que necesito saber…- Empezó a desesperarse el chico.
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Lo se, pero yo le puedo dar toda la información que necesita. Pero no puede salir del colegio. Por petición de su madre.
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Mi madre? Esta bien? Que pasó?- Preguntó Draco, desesperado por información.
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Narcisa esta bien. Me parece que su padre no le causó daño demaciado grave. Algunas heridas profundas, pero esta totalmente restablecida.
Draco suspiró, tratándose de tranquilizar. Hermione le agarró la mano, y ese contacto le ayudó. Cuando lo hubo logrado, o lo más tranquilo que pudo haber estado, preguntó.
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Que paso? Profesora…- Añadió.
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Pues bien. El día anterior al ataque, su madre había venido a hablar con nosotros. Parecía dispuesta a traicionar a Voldemort, y con la información que nos dio, pudimos comprobarlo. Me parece que regresó a su casa por sus objetos personales, pero Lucius la interceptó. Por lo que nos pudo decir, ella lo pudo desarmar y romper su varita, pero perdió también su varita, y Lucius agarró un abrecartas que había en el estudio para tratar de asesinarle. Le infligió varias heridas serias, pero aurores del Ministerio y parte de la Orden del Fénix llegaron y reducieron a Lucius. Llevaron a San Mungo a Narcisa, pero en cuanto estuvo lo suficientemente estable, la llevamos a una casa de seguridad de la Orden, donde sigue hasta el momento.- Contó la directora, ante la mirada de horror de Hermione y la de alivio de Draco.
Éste último se sintió más calmado, y miró a Hermione, que seguía apretando su mano. La chica lo miraba con pesadumbre, y él la abrazó. Olió su perfume a naranja y se tranquilizó. La profesora McGonagall esbozó una sonrisa ante la tierna imagen de los dos jóvenes abrazándose.
Cuando se separaron, Hermione se puso roja, pero observó que el cuadro del profesor Dumbledore la miraba con una sonrisa inquisitiva. Ella bajo la mirada y sonrió, apenada. Cuando volvió a levantar la cabeza, el profesor tenía una sonrisa de satisfacción y asentía con la cabeza (Recuerden que lo que él siempre había querido había sido unidad entre las casas).
Nadie había hablado hasta entonces. Draco colocó su brazo alrededor de los hombros de la Griffindor y le pidió a la directora:
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Por favor, profesora… me podría avisar de cualquier noticia o lo que sea?
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Por supuesto, señor Malfoy.- Asintió la profesora.
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Muchas gracias.- Susurró el rubio, aliviado.
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Gracias, profesora.- Dijo Hermione, ante lo cual, la profesora sonrió y asintió.
Cuando ambos iban saliendo, se detuvieron cuando oyeron que el profesor Dumbledore le decía a su sucesora “Espero que sigan juntos por mucho tiempo… se ven tan bien juntos, y se aman tanto.” La profesora contestó “Si, eso espero; y yo que pensaba que un Slytherin y una Griffindor era casi imposible que estuvieran juntos… y mucho menos unos tan diferentes como Draco y Hermione.”
Ante esto, los chicos sonrieron, y se besaron, y lo siguieron haciendo mientras Draco cargaba a Hermione, bajando las escaleras. No le importaba la amenaza de su padre. Al menos no en ese momento, pero cuando llegaron al final de las escaleras, la separó de él y le dijo:
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Herm… te amo, pero ya viste de lo que es capaz mi padre… y no creo que Azkaban lo retenga mucho tiempo. No te quiero arriesgar.
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Lo se, pero no puedo renunciar a ti, simplemente no puedo.- Susurró Hermione, abrazándolo.- Y no quiero.
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Pero, no podemos…
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Hay, Draco… cuando aprenderás que nada es imposible?- Le susurró la castaña, acariciando su cabello.- No somos el ejemplo viviente? Sigámoslo siendo.
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Aquí nos podemos esconder, pero… faltan tres días para que termine el curso… y afuera no vas a estar segura, ni mucho menos.
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No me importa. Ya nos las arreglaremos. Pero mientras…- Y lo besó.
Salieron del despacho de la profesora McGonagall y partieron en diferentes direcciones. Ella a la biblioteca y él a su sala común. No se verían hasta esa noche. Pero Draco iba a hacer esa noche tan especial que nunca la olvidaría. Ni aunque pasaran mil años.