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Historia 28483 — capítulo 21
Pequeña rubia
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Jessica, ven, no corras por allá!- Gritaba una desesperada castaña, a una niña con un vestido azul, que corría junto a un barranco.
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No me voy a caer!- Gritó Jessica, riendo.
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Ven acá, linda, por favor.- Suplicó Hermione, viendo como la niña daba vueltas junto a la orilla.
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Pero voy a poder comer helado?- Preguntó la pequeña niña, deteniéndose.
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Solo si vienes ahora.- Contestó la castaña, adelantándose un paso, para traer a la niña.
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Esta bien.- Contestó la niña, muy feliz por haber cumplido su cometido.
Caminó despacio hasta la castaña, que respiraba con dificultad por la carrera cuesta arriba que había hecho. Le brindó una gran sonrisa y corrió hacia la casa.
Hermione la vio regresar, agitando sus rubios cabellos. Se dio cuenta de que la niña traía el cabello suelto. “Se deshizo las coletas”, pensó, divertida. Ella sabía que las detestaba, pero aún así la peinaba todos los días así.
Regresó a su casa, y vio a Jessica tratando de alcanzar el bote de helado, que estaba en la nevera. A sus tres años era muy alta para su edad, pero no lo suficiente. Pero también era muy inteligente. Agarró una silla y puso una caja sobre ella, quedando perfecto para que la pudiera alcanzar.
Hermione la miraba, recargada en el marco de la puerta. La niña subió a la silla y consiguió bajar el helado. Hermione se acercó sigilosamente y la atrapó por detrás en un abrazo, haciéndole cosquillas. La niña empezó a reír y a patalear, soltando el bote de helado, derramándolo todo.
Hermione se detuvo, y con un movimiento de su varita, limpió el desastre. Volteó a ver a la pequeñita, pero observó que ésta tenía los ojos llenos de lágrimas, asustada por el desastre causado. Salió de la cocina corriendo, hacia la planta alta de la casa.
Hermione dejó que se desahogara, pues sabía que si la trataba de consolar, se sentiría peor. Se sentó en una silla del pequeño desayunador y miró el reloj. Eran las doce del día. Tenía que empezar a hacer la comida, pues llegarían a las tres.
Caminó hasta el refrigerador y sacó la lechuga y el jitomate, que dejó picando, encantando a un cuchillo. Sacó varias ollas, y un sartén. Suspiró. Ahora odiaba haber tomado esas clases de cocina, pues se había convertido en la chef de la Orden.
Harry tomó de la mano a Ginny, caminando hasta la linda casita de campo de Hermione. Se habían aparecido a unos cincuenta metros, donde los hechizos protectores terminaban. Pasaron la verja y llegaron a la puerta, que abrieron tranquilamente. La castaña estaba en la cocina, dando los últimos toques al platillo principal.
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Hola, Hermi! Como estas?- Preguntó la pelirroja, abrazando a su amiga.
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Bien, Ginny, muy ocupada, cuidar a Jessica es agotador!- Dijo la castaña, sarcásticamente, pues normalmente la niña era muy tranquila y normalmente solo se sentaba a ver la televisión o a leer un libro. Se parecía mucho a su madre.- y ustedes?
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Bien, acabamos de regresar de Paris.- Contestó el ojiverde, abrazando también a la chica.
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Oh! Y cuéntenme, como es?- Preguntó Hermione, emocionada, recordando que la pareja había estado de luna de miel.
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Hermoso!- Contestó Ginny.- Por las noches, sobre todo, pues todo es luz y tiendas y teatro y Glamour…
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Padrino!- Gritó Jessica, desde las escaleras, corriendo para abrazar a Harry.
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Hola, hermosa, como has estado?- Preguntó Harry, cargando a la pequeña rubia.
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Muy bien, y tu, padrino?- Preguntó Jessica, contenta, pues Harry la mimaba demasiado.- Que me trajiste?
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Oh, te traje una…- Contestó Harry, sacando un pequeño paquetito de la bolsa de su túnica.- Pulsera.
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A ver?- Preguntó la niña, ansiosa.
Se la puso. Era una pulsera de plata, con su nombre grabado. Era muy bonita.
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Hola Jessi, como estas?- Le preguntó Ginny a la niña, sonriendo.
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Ah, casi me olvidaba!- Dijo Jessica, abrazando fuertemente a la pelirroja.
Se sentaron en el sillón y comenzaron a platicar.
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Y a que horas llegan los demás?- Preguntó Hermione, viendo el reloj.
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Pues estaba en una misión, ya sabes…- Contestó Harry, enojado. Hermione sonrió. Sabía que su amigo no soportaba la idea de no estar peleando contra mortífagos o investigando sobre el paradero del último horrocrux de Voldemort, mientras los demás lo hacían.
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Y ya llegamos!- Gritó una voz desde el vestíbulo.
Todos salieron a recibir a los recién llegados. Luna, que era la que había hablado, estaba muy linda, con su cabello lacio peinado en una coleta, mientras que Ron lucía
una túnica nueva, color azul marino, y llevaba hasta corbata. Detrás de ellos iban dos personas, a las que Hermione no pudo ver, pues un rayo rubio había corrido a su lado.
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Papi! Papi!- Gritó la pequeña niña, corriendo a los brazos del pelirrojo.
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Hola, amor, te extrañé!- La saludó Ron, agachándose para darle un beso en la mejilla a su hija.
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Y yo a ti, papi!- Dijo la chiquita.- Hola, mami!- Continuó, abrazando a Luna.
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Hola, como esta mi dulce niñita?- La saludó la rubia, abrazando a su niña.
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Bien, mami, mi madrina me cuidó.- Contestó Jessica, riendo.
La chica se separó de su hija y la agradeció a Hermione por haberla cuidado.
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No te preocupes, no es nada, es un angelito!- Contestó la castaña.
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Gracias, en serio.- Dijo ahora Ron.
Hermione se sonrojó, pero levantó la vista y observó a las personas que habían llegado detrás de ellos. Severus Snape miraba la escena sin inmutarse, y Draco Malfoy la miraba con una sonrisa tierna en la cara. Sus ojos plata se desviaron a los de la castaña.
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Hola, Granger.- La saludó Draco, con un apretón de manos. Hermione le llamaba por su apellido, así que él lo hacía también.
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Hola, Malfoy.- Contestó la castaña.- Señor Snape.- Continuó, con una inclinación de cabeza.
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Buenas tardes, señorita Granger.- Dijo el profesor de Pociones.- Me parece que deberíamos entrar a comer.
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Si, claro.- Respondió Hermione, saliendo de su trance, pues se había quedado viendo a Draco hacerle cosquillas a Jessica. Él siempre la había consentido mucho, a pesar de ser hija de Ron, y la niña lo apreciaba mucho. De repente, recordó por un momento una cama adoselada blanca…
Caminó hasta el comedor, como anfitriona, acomodándolos a todos. Después salió a la cocina, para traer la comida. Harry y Draco se ofrecieron a ayudarle.
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Harry, tu lleva la ensalada. Malfoy, me ayudarías con la carne? Yo llevaré la sopa.
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Claro.- Respondió Harry, llevando la ensalada a la mesa.
Malfoy no había reaccionado, pues Hermione había movido su cabello y su perfume a naranja lo había transportado a una remota época en Hogwarts. Pero salió de su ensimismamiento y llevó la carne hasta el comedor, donde se sentó.
No había día en que no recordara esa época, ni quisiera vivirla de nuevo. Hacía cinco meses que no se encontraba con la castaña, y verla así, con su vestido negro ceñido al cuerpo, hacía que deseara besarla y abrazarla, y no dejarla ir. Pero contuvo esos deseos y comenzó a comer.
La comida estaba conformada por lomo de res a la ciruela, crema de queso y ensalada cesar. Hermione terminó de comer y fue por el postre, compuesto por flan napolitano y helado de chocolate. Todos terminaron de comer, mientras Draco, Ron, Luna y Snape les contaban sobre la misión que habían tenido.
- Bueno, y después Bellatrix casi nos descubre, pues paso junto al armario donde nosotros estábamos.- Contó Ron.- Pero Luna la hizo un hechizo confundus y salió derechito al cuarto de Lucius.
Todos rieron, menos Draco, Snape y Harry, pues éste último solo esbozó una sonrisa afligida, por habérselo perdido. Hermione recogió los platos y los desapareció para aparecer el café.
La pequeña Jessica había comido un poco de sopa de fideos y filete de pescado, pues no le gustaba la comida que había hecho. Salió a jugar al patio, mientras los adultos platicaban sobre los planes de la Orden y la luna de miel de Harry y Ginny. Los únicos que casi no participaban eran el rubio y Snape.
Habían pasado alrededor de quince minutos hablando, cuando un grito agudo interrumpió abruptamente la conversación.
- Jessi!- Gritaron Hermione, Ron, Luna y Harry.
Todos corrieron hacia el jardín de la casa y cuando no vieron a nadie, Hermione corrió hacia el barranco, mirando el candado de la puerta destrozado. Todos la siguieron, pero ella llegó primero para ver a una pequeña cabellera rubia que sobresalía por el filo del acantilado. Corrió hacia ella, cogiéndola por la pequeña mano, que estaba fuertemente agarrada al borde. La subió rápidamente, abrazándola para tranquilizarla.
Jessica lloraba amargamente, mientras los demás llegaban al lugar. Su madre la cargó, agradeciendo que no le hubiera pasado nada. Pero Jessica seguía llorando, pues su padre la había regañado por ser una irresponsable.
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Ya, déjala, Ron!- Gritó la castaña.- Ya suficiente tuvo con casi caer al precipicio, y además la regañas? Tiene tres años!
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Pues debe empezar a hacer caso a las indicaciones que se le dan!- Contestó el pelirrojo, agitado.- No es la primera vez que viene aquí, aunque se cierre la puerta con seguro o candado!
La pequeña rubia se había alejado de su madre y estaba sentada debajo de un árbol, con sus azules ojos anegados en lágrimas. Draco no había comentado nada. Pero cuando vio que Jessica alejarse y sentarse a llorar, se acercó a ella, y le preguntó.
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Estas bien? Te duele algo?
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No…- Respondió la niña, y siguió llorando.
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Vamos, no te preocupes, todo pasó ya.- La consoló Draco, abrazándola.- No pasó nada!
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Pero mi papá me odia, por que dice que soy una irras… ispon…- Tartamudeó la pequeña, mientras el ex Slytherin la soltaba.- Como se dice?
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Irresponsable. Pero no te preocupes, es que Weasley estaba preocupado y se enojó un poco. No te odia.- La tranquilizó el rubio.
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Señor Malfoy… le puedo preguntar algo?- Preguntó la niña, mas tranquila, tímidamente.
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Claro, pequeña.- Contestó el joven, divertido. La niña lo llamaba señor, pero él no se sentía tan viejo, solo tenía veintidós años.
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Por que usted y mi papi se llaman por el apellido?- Preguntó inocentemente Jessica.
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Pues… la verdad antes tu padre y yo no nos llevábamos bien, y creo que seguiremos así, por eso.
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Ah… yo pensé que usted se llevaba con mi papi igual que con mi padrino!
Draco sonrió. Si… con Harry se llevaba mucho mejor que con Weasley, tanto que hasta se llamaban por su nombre. Llegaron a ser amigos, después de tres años de trabajar juntos contra Voldemort, buscando y destruyendo horrocruxes, ayudados por lo sucedido con Hermione, y por el cambio de actitud del rubio.
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Ahora te puedo pedir un favor, Jessi?
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Claro, señor Malfoy!- Contestó la niña, sonriendo.
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No llores, si? Tus ojitos se ven muy tristes si lloras! Y son demasiado bonitos para verse tristes.
La pequeña rubia le dio una sonrisa tímida, limpió sus lágrimas y se levantó, sacudiéndose el vestido. Draco se levantó y también se sacudió la verde túnica. Hermione había oído la conversación y sonreía, por el logro de Malfoy. Fue a abrazar a la pequeña, mientras Ron, que había entrado en razón, pero miraba con desconfianza como Draco hablaba con su hija, corría hacia ella, con Luna detrás.