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Historia 28483 — capítulo 3

Malfoy despertó muy temprano, saliendo de la sala común para darse un baño. Pensaba bañarse en el baño de prefectos, pues a estas horas Myrtle estaría desahogándose en su baño.

  • Esencia de margarita.- Susurró, al llegar a la puerta del baño.

Ésta se abrió y le dejó entrar al mejor baño de Hogwarts, sin contar, probablemente, la sala de los Menesteres. Se metió en la tina, y dejo salir muchas burbujas de un grifo. Pensaba que era bastante infantil, pero eso lo relajaba; desde que su padre estaba en prisión y todos lo creían asesino o criminal, necesitaba mucha relajación.

La mayoría de los de su casa solo le seguían hablando por miedo. Pero los demás, en especial los Griffindors, lo despreciaban y eludían, pensando que era un peligroso mortífago.

“Pero no lo soy,” pensó, “Nunca quise asesinar a Dumbledore, ni siquiera quería unirme a ellos. Es injusto que me juzguen sin conocerme. Solo lo hice por que tenía mucho miedo por las amenazas de Voldemort sobre mi familia, pero ellos no entienden… nunca van a entender lo que es vivir así. Dumbledore lo sabía. Por eso convenció a McGonagall de que me dejara regresar al colegio. Sabía que yo solo era el títere amenazado. Y le pidió a Snape que lo matara, para protegerme. Bueno, en parte para protegerme, pero lo hizo. Nunca lo habría esperado.” Y pensando esto, abrió el grifo de la esencia que más le gustaba: era una mezcla de lirio y un poco de menta. Le recordaba mucho a su casa.

Solo ahí podía ser como en realidad era, sin la mascara que su padre le había enseñado a tener. Él era un chico mucho más sensible y normal de lo que cualquiera pudiera pensar… solo que nunca había tenido la oportunidad de demostrarlo.

Siempre había estado con la mascara de su padre tras él. Se sentía como… como una marioneta. Una marioneta a la que manejaban su padre y Voldemort. Ni siquiera le importaba el apellido, ni el dinero, ni la pureza de sangre… Solo aparentaba. Él sabía, muy profundo en su mente, que eso no hacía ninguna diferencia.

Pero no había hecho nada. Nunca. Solo se dejaba manejar e influenciar. Y había seguido esas estúpidas tradiciones. Narcisa, su madre, había querido alejarlo de ese medio, del medio de los mortífagos, pero su padre, Lucius, hacía todo lo posible para que se acercara cada vez más. Hasta que entró totalmente, y una vez adentro, ya no había salida.

Se terminó de bañar y se vistió. “Deja de pensar en eso y fíjate en tu meta de hoy: Atrapar a la Sangre Sucia”

Salió vestido con su túnica de Hogwarts y se dirigió hacia el Gran Comedor.

La primera clase era a las 9:00. Tenía media hora para desarrollar el plan.

Ahí estaba ella. Sentada entre la comadreja y Pipote. Reía, mientras Weasley le decía algo. Muy poco se le borraría la sonrisa de la cara. Muy pronto…

Hermione se reía mientras Ginny abrazaba a Harry, haciendo que Ron solo tratara de evitar voltear hacia ahí.

  • Y que vas a hacer con Malfoy?- Preguntó, para cambiar de tema.

  • Pues, no ha hecho nada, seguro que ya se echo para atrás.

  • Eso espero, por que si llega a hacerte algo…- Dijo Ron, mientras evitaba ver hacia donde Harry y Ginny se daban un apasionado beso.

  • Bueno, vámonos a la clase de Snape, por que por ser la última, nos la va a hacer imposible.- Dijo Harry, entre los pliegues del beso.

  • Esta bien, pero ya sepárense, no?- Dijo Ron, disgustado.

  • No estoy para tus tonterías, Ron, Harry y yo somos novios, podemos hacer lo que se nos antoje.- Replicó Ginny.- Bueno, nos vemos.

Y salió corriendo del Gran Comedor, detrás de Luna, tratando de alcanzarla. Hermione se levantó y empezó a caminar, apresurando a los dos chicos, pues ya iban retrazados.

Todavía les faltaba recorrer un pasadizo para llegar al aula, cuando la mochila de Hermione se descosió y todos sus libros, plumas y tinteros se desparramaron. Los chicos se arrodillaron a ayudarla, pero ella les urgió.

  • No, chicos, vamos, ustedes tienen más problemas si llegan tarde.

  • Pero…

  • Yo los alcanzo en seguida. Vayan.

Cuando los dos chicos se fueron, Hermione dijo:

  • Vamos, Malfoy, no crees que con estoy voy a caer, o si?

“Vaya, vaya, pensé que era más tonta” pensó Malfoy, desde su escondite, detrás de la puerta de un armario. “Pero ya tenía previsto esto.”

  • Petrificus Totalus.- Susurró. Hermione se quedó como una tabla y calló al piso.

Se acercó a ella, la levantó y la llevó hasta el armario en el que había esperado. Le quitó la varita que llevaba en el bolsillo y le quitó el hechizo.

  • Que pretendes?- Le preguntó ella.

  • Nada. Solo que te pierdas la clase de Pociones.

  • Y eso que? Es cualquier cosa!- Dijo ella, en un susurro.

  • Mmmm… supuse que dirías eso. Pero tu sabes perfectamente que no es cualquier clase de pociones.- Aclaró Malfoy, con un brillo diabólico en la mirada.- En esta clase se dan…

  • Los premios y los bonos al mejor preparador de pociones! Tienes que dejarme ir!- Gritó ella, con desesperación, recordándolo.

  • No, Granger, no lo haré. Y tu sabes que solo se da un premio. Al mejor. Supongo que a ti.- Dijo, con desprecio.- Pero sabes quien es el mejor después de ti, verdad?- Agregó con un susurro.

  • No…- Dijo Hermione, comprendiendo todo. Malfoy era el mejor en pociones después de ella. Sin ella, él recibiría el premio.- No serás tan miserable…

  • Oh, se nota que no me conoces, Granger.

  • Ni siquiera lo deseo…- Contestó Hermione, aplicando el más profundo odio en cada palabra.

  • Bueno, tú te quedas aquí.- Dijo, haciendo aparecer unas cuerdas, que ataron a Hermione a la pared.- Bien… espera. Silencius.- Dijo, quitándole la voz a Hermione.- Adiós, Granger, a ver si así aprendes a no ponerme el pie.