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Historia 28483 — capítulo 37

Una noche lúgubre

Marine y Kevin estaban sentados juntos en la biblioteca. Kimberly y Albert estaban junto a sus respectivos amigos, pero sin mirarse el uno al otro. Estaban haciendo una redacción de cuarenta centímetros sobre las propiedades del asfódelo para el profesor Snape. Bueno, Marine y Kevin la estaban haciendo, pues los otros dos solo se limitaban a copiar.

  • Bueno… que dices, Kevin?- Preguntó Marine, al enseñarle la información que había sacado.

Kevin la examinó cuidadosamente. Ambos tenían un intelecto muy elevado (Combinación Malfoy-Granger, imagínense!), y aunque tenían temperamentos muy diferentes, se complementaban.

  • Perfecto, si la ponemos con lo que yo he investigado, estará excelente. Snape nos tendrá que poner una E.

  • Eso espero.- Dijo Marine.

Ambos comenzaron a copiar la información en limpio. Kevin acabó primero y le prestó su pergamino a Albert, que tenía bastantes problemas con pociones.

Entonces, una chica de su grado, chaparrita, de cabello negro y ojos celestes, llegó para hablar con ellos.

  • Marine y Kevin Malfoy?- Preguntó.- Soy Arleth Hamilton, voy en Ravenclaw… la directora McGonagall quiere que vayan a su despacho en seguida.

  • Si, gracias, Arleth.- Contestó Kevin, dedicándole una hermosa sonrisa.

  • De nada.- Le contestó la niña, un poco sonrojada.

Se fue caminando y dejó solos a los cuatro compañeros de curso.

  • Ya acabaste, Mar? Ya vámonos.- La apresuró su hermano.

  • Ya voy, solo tengo que…- Dijo Marine, mientras que amarraba su tarea con una cinta verde y plateada.- Listo, vámonos.

Se despidieron de sus amigos y salieron corriendo de la biblioteca, hacia el despacho de McGonagall.

Tocaron la puerta, nerviosos por lo que les dirían. Oyeron un seco: “Pasen” y obedecieron.

Tras la puerta, estaban Harry, Hermione, Draco y la profesora McGonagall.

Ellos se sentaron frente a sus padres, mientras observaban a la directora, y al cuadro detrás de ella.

  • Pasa algo?- Preguntó Kevin.

  • Hicimos algo?- Preguntó Marine.

  • No, niños.- Respondió Harry.- Miren. Les vamos a explicar algo.

  • Jessica nos contó del altercado en el tren y sobre la magia demoníaca.- Dijo McGonagall.- Y les vamos a explicar algo que necesitan saber…



Una pequeña niña rubia estaba sollozando debajo de un árbol junto al Lago Negro. Era muy noche. Con sus manos rodeaba sus rodillas, mientras que gotas salinas corrían por sus mejillas.

“Por que a mi?” pensó Marine Malfoy.

Entonces, una voz apareció en su cabeza.

“No es tu culpa, pequeña…” Decía.

Marine se asustó. La voz que le hablaba era seca y un poco ronca, por lo que sonaba maquiavélica.

  • Quien anda ahí?- Preguntó en voz alta, sacando su varita. Aunque no sabía hacer hechizos de defensa, confiaba en que podría lanzar chispas rojas al castillo para ser rescatada en caso necesario.

  • No estoy en ningún lugar ahí.- Dijo la voz de nuevo. Marine sintió una punzada en su cabeza y cayó al suelo de rodillas.

  • Que haces? Quien eres? Por que me hablas?- Preguntó al niña.

  • Deberías estar durmiendo, pequeña Marine. Creo que la serpiente es un poco desobediente…- Susurró la tétrica voz.

  • Quien eres?

  • Más bien… Quien quiero ser? Quiero ser un amigo, Marine.

  • Muéstrate, entonces…- Le dijo ella al aire.

  • No, pequeñita. Pero te vengo a hacer una propuesta.

Marine comenzó a desconfiar.

  • Pero… no se quien eres.

  • Llámame Tom. Bien?

  • Que quieres de mi, Tom?

  • Ayudarte, Mar.- Marine frunció el entrecejo. Solo su hermano y su padre le decían así.- Se que tienes un problemita con tu magia. Y yo podría ayudarte con eso.

  • Hay una posibilidad de que… se vaya?- Preguntó ella, ilusionada. La punzada se hizo más fuerte, así que cerró los ojos.

  • Todo es posible, querida niña.

  • Y como? Y por que me ofreces eso?

  • El “como?”, solo es relevante cuando aceptes, no te lo diré ahora. Y por que hago esto, supongo que es por que no me gusta que una niña tan bella e inteligente como tu sufra por algo que no es su culpa.

Marine sintió que la inseguridad iba cediendo poco a poco. Abrió sus grises ojos.

  • Esta bien… pero y mi hermano?

  • A él lo ayudaré a su debido tiempo. Pero no puedes decirle de esto a nadie, pequeña… o podría negar mi oferta.

  • NO!- Pensó Marine. Recordó la conversación con sus padres y su padrino. Ellos solo le habían ofrecido enseñarle a controlar su magia y a darle una vía de escape… pero este extraño personaje le estaba ofreciendo poder ser totalmente normal. Como cualquier otra niña de once años que comienza sus estudios en Hogwarts.

  • Marine… piénsalo bien. Y recuerda! Nada de esto a nadie, entendido?

Marine sintió una punzada muy dolorosa y se desmayó sobre en húmedo pasto de los jardines de Hogwarts.



Voldemort estaba sentado en una silla mullida color verde. Blaise Zabini estaba frente a él.

  • Bien, Iblis… creo que has visto que tengo a esa mocosa en mi mano.

  • Perfecto, Tom…- Susurró el yin.- Puedo… digamos, prestarte… a un par de mis súbditos para tu causa. Pero quiero a esos niños.

  • Y los tendrás, Iblis. Los tendrás.

  • Sabes, Voldemort? Todavía no me explico como todos fueron tan ingenuos como para pensar que Potter con un simple Avada Kedavra te vencería.- Comentó Iblis, mientras ambos se levantaban de las sillas y caminaban hacia el cuarto del espejo.

  • Simplemente una desaparición rápida y un poco de humo para despistar. Nunca creí que Potter fuera tan estúpido y se lo creyera. Subestimé su idiotez. Lo único que no estaba en mis planes era que Potter descubriera lo de los Horrocruxes.

  • Y hay algo que me pregunto, Tom…- Habló el yin.- Por que no creas más horrocruxes?

  • Por que mi alma estaba dividida en siete partes, Iblis. Sería un suicidio dividirla en más partes. Ya esta lo suficientemente mutilada. Y además, este plan, no tiene fallas.

  • Tiene una muy grande, Tom. El hermano.

  • No. Es demaciado pequeño como para controlar su magia. Y además, no vamos a matar a la niña frente a él. No se va a enterar de nada.

  • Eso espero. Senel y Ablax te acompañarán y te obedecerán. Será la única aportación que tendrás de mí hasta que tenga a los Malfoy.

  • Bien. Es lo que necesito ahora.- Susurró Voldemort, mientras que sus ojos rojos brillaban con maldad.- La próxima vez que nos veamos, Iblis, tendrás que preparar a tu ejército. La comunidad mágica y muggle será puesta bajo mis ordenes…

  • Y yo tendré mi recompensa.- Dijo Iblis, dibujando en la figura de Blaise Zabini, una sonrisa maquiavélica; mientras veía a Voldemort atravesar el portal hacia el mundo de la materia.



Marine y Kevin estaban sentados en sus respectivas mesas del Gran Comedor. Cuando el correo llegó, a ambos, les llegó una lechuza café, que sostenía una carta con el emblema de Hogwarts.

Marine tragó en seco. Estaba segura que era la fecha para las clases particulares que sus padres, Harry y la directora les habían anunciado. Recordó la tétrica voz que había escuchado antes de desmayarse. Ya no le parecía tan buena idea hacerle caso. Pero deseaba tanto ser una chica común…

Tres días antes, había despertado en los jardines, con un fuerte dolor de cabeza. Ese desmayo era la parte principal de su repentina renuencia a aceptar el trato.

Por otro lado, Kevin estaba nervioso, pero a la vez, sereno. No tenía que temer. La impulsiva era su hermana, él siempre hacía todo después de haberlo razonado y haber sopesado los pros y los contras.

“Señor Malfoy, hoy a las 8:30 de la noche. En la dirección. Att.- Minerva McGonagall.”

Esa noche, a las 8:30, comenzaría lo inevitable.