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Historia 28483 — capítulo 38

Entrenamientos

Kevin corría hacia la dirección del colegio. Llevaba la varita fuertemente agarrada en su mano izquierda. Eran las siete cincuenta y ocho. Nunca llegaba tarde, pero Albert lo había entretenido platicándole sobre las pruebas de Quidditch de Gryffindor para guardián.

Cuando llegó frente a la gárgola, ésta ni siquiera le dejó hablar. Simplemente se hizo a un lado, dejando ver las escaleras que llevaban al despacho de la directora.

Subió lentamente, respirando hondo y tratando de tranquilizarse. “Bien, tranquilo... tranquilo…” se repetía una y otra vez.

Entró al despacho después de tocar. Ahí, sentada en una silla, estaba su hermana, jugando con un mechón de su cabello. Aunque a cualquiera le hubiera parecido que estaba aburrida, Kevin sabía que ese gesto solo lo hacía cuando estaba sumamente nerviosa y expectante…

Detrás del escritorio, estaba la directora McGonagall, mirándolos con fijeza. A su lado derecho, estaba Harry Potter, con una capa azul marino y sonriéndoles tranquilizante. Y al lado izquierdo, estaba un rubio casi igual a él, con sus orbes grises brillando por la expectación y su capa negra al igual que su pantalón y su camisa.

  • Eh… buenas noches…- Susurró, apenado por el retrazo y nervioso.

  • Buenas noches, señor Malfoy.- Contestó la profesora McGonagall.- Tome asiento, por favor.

  • Gracias.- Contestó él, sentándose rápidamente junto a Marine, que le sonrió nerviosa.

Harry adelantó un paso y se puso detrás de ellos.

  • Hola, Kevin.- Lo saludó. Después carraspeó un poco y su mirada se volvió más seria.- Bueno… estamos aquí por que, como saben… ustedes poseen un tipo de magia muy especial. No es que sea mala. Simplemente es diferente.

Los mellizos asintieron. Ésta vez, Harry miró a su padre, que se acercó a ellos y los saludó también.

  • Bueno… cuando alguien que posee esta magia no la sabe controlar, ésta se desarrolla sola y puede traer consecuencias graves. Pero con el debido entrenamiento, ustedes podrán controlarla y seguir con su vida normal.- Explicó el rubio, mirando a sus asustados hijos.

  • Exacto. Cuando un mago o bruja esta en un problema grave y no ha aprendido a controlar la magia, ésta se activa sola, por decirlo de alguna manera, como ustedes comprobaron en el Expreso de Hogwarts.- Corroboró Harry. La profesora McGonagall solo estaba mirándolos en silencio. No había rastros de Hermione por ninguna parte.

Marine y Kevin suspiraron lentamente y asintieron. Tenían miedo. Para que negarlo? Tenían mucho miedo y esas explicaciones solo los ponían más nerviosos. Tal vez Harry y Draco se dieron cuenta, por que se miraron con un poco de nerviosismo y les invitaron a pararse.

McGonagall al ver eso, movió su varita y desapareció los muebles que había en la habitación, dejándola completamente despejada.

  • Miren… ahora vamos a ver un poco de lo más básico.- Explicó Harry.- Cierren sus ojos y respiren profundamente.

Cuando los niños lo hicieron, Harry les dijo

  • Ahora, concéntrense en quitar todas las distracciones de sus mentes. Déjenla en blanco, totalmente. Concéntrense.

Marine tenía los ojos fuertemente cerrados, y Kevin solo respiraba, tratando de tranquilizar su respiración. Ambos sentían un suave cosquilleo en las puntas de los dedos, que cada vez iba recorriendo más partes de sus cuerpos.

Marine estaba muy concentrada, pero no conseguía dejar su mente en blanco. Kevin, por el contrario, se sentía más tranquilo y su mente estaba totalmente despejada.

Durante alrededor de veinte minutos, todos estuvieron así, en silencio y expectantes, hasta que Kevin comenzó a tener una aura tenuemente rojiza a su alrededor. Por el contrario, su hermana no lograba concentrarse al máximo.

  • Vamos, Mar… tranquilízate y despeja tu mente.- Le susurró Draco a su pequeña.

Marine abrió los ojos, desesperada. No podía. Cada vez que intentaba despejar su mente, la voz de hacía tres días, volvía a ella, recordándole el trato y sin poder hacer nada, su mente se desconectaba y dejaba la concentración a un lado.

Cayó al suelo, enojada consigo misma, cansada y sobre todo, frustrada. Lágrimas de impotencia rodaban por sus mejillas, hasta que un brazo protector rodeó sus hombros.

Kevin había dejado su entrenamiento a un lado al notar que su hermana estaba llorando, y ahora la abrazaba con cariño, secando sus lágrimas con tranquilidad. Marine se aferró a él fuertemente, sin importarle que su padrino y su padre estuvieran frente a ella, sin importarle que la directora estuviera mirándola con una sonrisa triste.

Su hermano era su compañero y su ancla al mundo real. Era su mejor amigo, aunque a veces se comportara como si lo odiara. Tenían una conexión muy especial. Eran mellizos y aunque hubieran sido separados en las casas, aunque fueran dos polos completamente opuestos en sus temperamentos, siempre lo serían, y siempre estarían conectados, para ofrecer su ayuda y apoyo mutuo.

Kevin conocía a su hermana como a la palma de su mano. Estaba desesperada, lo sabía. Estaba frustrada, pero él sabía que no era de las que se daban por vencidas fácilmente. Marine siempre se avergonzaba de sus momentos de debilidad y continuaba con los retos, más fuerte que antes. Por ello, siempre había admirado a su hermana “mayor”.

Draco los miraba con fijeza. Marine sintió la mirada de su padre en su espalda y se puso rígida. Sonrió un poco a Kevin y se separó de él. Limpió sus lágrimas y se puso de pie, junto con su hermano. Miró con orgullo a Draco y a Harry y respiró hondo, cerrando sus ojos.

Kevin hizo lo mismo que ella, volviendo a la dura noche que tenían por delante.



Marine caminaba por el campo de Quidditch. Eran las ocho de la noche. Todos estarían en la cena, incluyendo a su hermano. Con su nueva escoba Nimbus 3000 en la mano, recorría el campo, hasta pararse frente a los aros de gol de uno de los extremos. Estaba oscuro, pero no le importaba.

Sacó una pequeña cajita del bolsillo interior de su capa. Dentro de ella, estaba un tesoro para ella. Una snitch dorada. Un regalo por su onceavo cumpleaños. Acarició con suavidad el frío metal y la snitch se revolvió, inquieta, en su estuche.

Agarró la pelotita dorada con cariño y la soltó. La miró desaparecer y después pasó la pierna por encima de su escoba. Dio una patada en el suelo y ascendió en el aire. Agradeció en silencio a su padrino, pues gracias a él, desde primer año podían llevar escoba propia y jugar en el equipo de su casa. Lamentablemente, el equipo de Slytherin ya tenía buscador. Bufó un poco cuando recordó que Adam Nott tenía el puesto que ella anhelaba. Pero… que mas daba. Ahora solo existían ella, su escoba y su snitch dorada.

Voló lentamente un rato, disminuyendo la tensión que se había apoderado de ella desde hacía mes y medio, cuando se había enterado de que poseía magia demoniaca. Suspiró al recordar los ocho entrenamientos a los que habían asistido ella y su hermano. Después de dos entrenamientos, ya podía dejar su mente en blanco, y en el último, había podido reducir a polvo una pequeña roca que habían llevado al despacho de McGonagall.

En el primer entrenamiento, habían estado su padre y su padrino, pero después se turnaban con su madre. A veces eran Hermione y Draco, a veces Harry y Hermione, pero siempre eran solo dos.

Alejó los entrenamientos de su mente y fijó su concentración en el campo de Quidditch. Un destello dorado a su izquierda, la hizo volar en picado para alcanzar a la escurridiza snitch que estaba a solo un par de metros del suelo. La tomó con una mano y se elevó rápidamente. Harry le había enseñado esa jugada, cuando era un poco más pequeña, y la había perfeccionado, junto con el Amago de Wronski. Sonrió al recordar que fue lo único que su padre había dejado que Harry le enseñara sobre Quidditch.

Unos aplausos, la distrajeron de sus pensamientos, haciendo que volteara bruscamente en el aire.

Ahí, sentado en una grada, estaba Albert Káiser, mirándola y aplaudiendo con entusiasmo y admiración.

Ella se balanceó suavemente y se llevó las manos al pecho, en una de las cuales, la snitch se revolvía.

  • Albert!- Gritó, acercándosele con su escoba y la pequeña pelotita dorada en su mano.- Me diste un susto horrible!

  • Perdón.- Se disculpó él.- Pero es que vuelas espectacular.

  • Gracias.- Contestó ella, sacando la arrogancia Malfoy.- Que haces aquí?

  • Mmmm… me creerías si te digo que Kevin te está buscando como un histérico por que no te ha visto desde la comida?- Preguntó, con un poco de mofa.- Me mandó a buscarte aquí.

Marine rodó los ojos. Su hermano era un sobre protector.

  • Hay, Kevin.- Susurró.- Bueno, creo que tengo que ir. Me esperas o prefieres irte al castillo?

  • Espero a que te cambies, o si no, Kevin me mata por dejarte sola.

  • Cierto. Y no quiero una muerte en mi conciencia. Te veo en diez minutos.- Contestó ella, dando la vuelta hacia los vestidores de Slytherin, mientras Albert bajaba de la grada y caminaba hasta la salida del campo, esperándola en silencio.