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Primos Black — capítulo 1
Desperté una mañana con un fuerte dolor de cabeza por la noche anterior, después que Bellatrix me hubiera dado una fuerte paliza tras haberme deslizado a su cuarto a tomar prestados unos bellos zapatos verdes que mi padre le había obsequiado para su cumpleaños número 16. Ella me llevaba unos escasos 2 años, y unos 2 y medio más o menos, le llevaba yo a la menor de mis hermanas, la frívola de Cissy o Narcissa. Me levanté con cuidado porque todavía me dolía terriblemente una pierna luego de que un hechizo “accidental” de Bella me hubiese arrojado una horrenda escultura que le había obsequiado la madre de mi primo favorito, Walburga, a la mía. Cissy había comenzado a golpear enérgicamente la puerta de mi habitación.
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¡Andy hay que desayunar!, ANDY- gritó al ver que yo no le respondía.
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Ya voy, ya voy.- le dije bien molesta. Pese a los golpazos que había recibido, a mi hermana mayor también le tocó lo suyo, y no estuvo con la familia cuando yo hube bajado al comedor, por lo que allí se encontraba mi padre en la cabeza de la larga mesa, mi madre a un lado y la pequeña Cissy al otro. Al tomar asiento mi padre comenzó con las palabras con las que siempre acostumbraba despertarme.
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Andy me encantaría que conocieras a un joven de alta sociedad, es muy conveniente, se llama, Kingston Rowen…
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AJJJ- espeté yo ante la mirada atónita de mi padre mientras colocaba un poco más de dulce a mi tostada.- Ese viejo…
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Ese viejo, tiene solo 20 años, y es miembro de una de las familias con más prestigio en el mundo mágico, después de la nuestra claro- exclamó él algo irritado mientras le dirigía una solemne mirada al cuadro de mi abuelo colgado tras de sí.
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Cygnus por favor, solo tiene 14 años, déjala vivir, ya tendrá tiempo para eso…- exclamó pacientemente mi madre con su tierna voz que podía ablandar hasta el más duro corazón y que contrastaba bastante con la actitud que solía tomar la mayoría de las veces. Es más, me llevaba mucho mejor con mi padre que con mi madre, pero debo admitir que esta vez, le agradecí mucho su intervención.
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Yo no veo la hora de casarme Andy- me susurró mi hermanita una vez que hubimos terminado de desayunar.
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¿Casarte?- le dije yo con una sonrisa irónica, mientras arreglaba mi desastroso armario- Solo tienes ¿Cuánto, 8?…
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11 casi 12 para tu información- exclamó enfatizando cada palabra.
-Ay… lo siento-le dije con sorna.
-Ahh… adoro a Lucius Malfoy.- dijo con aire soñador.
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No puedes tener tan mal gusto hermanita.
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Es hermoso Andy y me casaré con él cuando crezca… unos años más... ya verás.
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Yo no, espero casarme con quien yo quiera, y no con quien mejor posición ocupe para nuestra familia, si es posible me casaría con un muggle…
Esa palabra pareció provocar en Cissy puro horror y saltó de mi cama como si hubiera circulado una corriente eléctrica por su cuerpo.
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¡¿Estás loca?! Se lo diré a mamá, puede ser que estés enferma…- No pude detenerla, y no quería hacerlo, me senté en una silla a esperar la llegada de mis padres para que me sermonearán lo que quedaba del día. De repente Bellatrix irrumpió en mi habitación con esos aires de autosuficiencia que la caracterizaban, además tenía un brazo vendado, y un ojo morado.
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¿Qué haces?- me preguntó a la vez que me dirigía una mirada venenosa.
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Que te importa- le respondí yo mientras le devolvía la misma mirada (hay que aclarar que ambas éramos muy parecidas, a mi pesar…)
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¿ESA ES MANERA DE CONTESTARME CHIQUILLA IMPERTINENTE?
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¿Qué, TE HACES LA GRANDE? IMPERTINENTE SOS VOS Y TONTA ADEMÁS- Le dije mientras me ponía de pie de un salto, Bellatrix había llegado a buscar más problemas y sumarme un castigo más al que seguro ya tenía.
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BELLA, ANDROMEDA, POR FAVOR BAJEN QUE LLEGARON SUS PRIMOS- dijo con su voz más potente mi padre desde abajo para calmar la batahola que se estaba dando arriba.
Cada una nos miramos con más rabia que nunca y nos prometimos que terminaríamos esto una vez que se hubieran ido las visitas. Al bajar, nos encontramos con los cuatro miembros de la familia Black que vivían en Grimmauld Place bastante lejos de donde nosotros nos hallábamos. Mi tío Orion, con su bello rostro de barba negra y larga pero pulcramente cortada, y con su gran porte tan maravillosamente imitado por el mayor de sus hijos, el joven Sirius. A su lado se hallaba Walburga, (¡puff! hasta su nombre parecía ser de perro rabioso), se había vestido con sus mejores telas y sus más finas joyas y de la mano de ella, terminando la estampa familiar más peculiar que hubiera visto en mi vida, el pequeño Regulus de 10 años. Mis padres saludaron a los recién llegados con la mayor cortesía. Sirius al verme, se apartó corriendo de los señores y damas, y se me arrimó con rostro fatigado.
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Hola Andy- exclamó ignorando a Bellatrix.
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Hola Sirius.
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Hola estúpido Gryffindor- le dijo mi hermana, evitando pasar desapercibida.
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UHH parece que algo huele mal aquí, ¿o no primita?
-Debes ser tú, perrito Gryffindor.
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¡Oh! ¿Eras tu Bellatrix? no te había visto.
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Ya cállate estúpido. ..
Walburga se aproximó a nosotras con paso raudo, Sirius puso cara de circunstancia al oírla hablar.
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YA, CORRETE MUCHACHO- le dijo de mala manera por lo que él ocupó un lugar a mi lado.- ¿Qué te ha ocurrido querida Bella?- preguntó observando el rostro magullado e ignorando el mío.
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Nada, tía- espetó con suavidad- me caí de las escaleras y… el gato me rasguñó la cara.
Sirius comenzó a reírse por lo bajo al igual que yo. Ambas nos miraron malévolamente, y decidimos alejarnos de allí con rapidez mientras no nos vieran. Ya en el inmenso parque de mi hogar, comenzamos a charlar animadamente.
-… y bueno… después se le cayó la repisa de su habitación en la cabeza y lastimé su ojo con mi puño…- exclamaba entre risas mientras Sirius me miraba asombrado y divertido.- ¿Con que has entrado a Gryffindor? Genial, ¿quién lo diría?- exclamé con seriedad mientras nos deleitábamos con las galletas que nuestra doncella había cocinado; “especialmente para ustedes mis niños” nos dijo. Además no nos habíamos puesto a charlar desde hacia un tiempo por lo que nunca había tenido la posibilidad de felicitarlo por la elección del Sombrero.
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Si, no podría estar mejor… es un lugar genial, mis padres no están muy felices pero no me importa, me gusta verlos así…
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Es que… piénsalo Sirius, tú el único de esta familia que eres un Gryffindor, por ese solo hecho podrían borrarte del árbol familiar…
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No me importa- exclamó con su más bella sonrisa- me gustaría romper con la tradición, además allí conocí a unos chicos, de los que si vale la pena ser amigos.
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¡Qué bueno!
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Si… James, James Potter es el mejor, nos divertimos mucho juntos, es como un hermano.- dijo animadamente.
Me alegré mucho por Sirius, él se merecía ser más feliz que muchos que yo conocía, además su familia no lo tenía en cuenta, y era especial que él se sintiera parte de un hogar alguna vez en su vida.
Esa noche dormí tranquila, ya el dolor de mi pierna y de mi cabeza estaba pasando, y pensaba, soñaba mi paso por Hogwarts, dentro de unos días regresaría, pero primero tendría que pasar la navidad con los Black, la familia al completo, y sinceramente aquello no me seducía demasiado.
A la mañana siguiente me desperté bien temprano, mi familia no estaba, me pareció extraño, pero sin embargo debo admitir, que no los echaba mucho de menos. Bajé hacia la sala, y allí la doncella de nombre Elvira, me sirvió un suculento desayuno solo para mí. ¡Cómo disfrute de aquel desayuno, si supieran…! Una vez hube terminado quise recorrer un poco la casa, estaba algo aburrida, subí a la sala de Slytherin,( si, teníamos una sala dedicada especialmente aquella casa de Hogwarts) allí había colgadas una gran cantidad de fotografías de parientes míos que habían pasado por allí, estatuas, trofeos, banderas, bufandas… parecía un sitio de aquellos en donde se suelen vender souvenir. Continué caminando y me encontré con la sala que papá solía utilizar para practicar Quidditch, (si, teníamos también un campo de Quidditch interno para los días de lluvia) en aquel lugar solíamos divertirnos mucho cuando éramos más niñas, hasta la misma Bellatrix lo disfrutaba pero después algo pareció cambiar en ella. Mi curiosidad me llevó a la habitación de mis padres, en un sitio ubicado en el quinto piso de mi mansión pero estaba protegida con magia muy poderosa y solo la pude contemplar por fuera. Cuando estaba regresando hacia mi cuarto, y recorrí de paso, la piscina, el jardín secreto, la habitación de animales extraños, el laboratorio, la biblioteca, me encontré con una figura que se encaminaba hacia mi hogar con la torpeza propia de su edad pero que le otorgaba un atractivo especial, lo veía por una ventana, tan rápido caminaba que llegó a la puerta, y comenzó a tocar el timbre con algo de violencia. Yo me arrojé por las escaleras, (“arrojé” es una manera de decir, obviamente), quería ver quien era, pero Elvira llegó antes que yo y al encontrar se con él sus ojos se abrieron de par en par.
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Hola señora.- exclamó él con una dulce voz.
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Hola… ¿Tonks supongo?- le respondió ella con brusquedad.- ¿Qué necesitas?
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Ehh… yo vendo ehh…- espetaba con temor pues la cara de Elvira lo intimidaba.
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Discúlpame querido, no necesitamos nada, así que… déjanos en paz ¿si?
Al decir esto la anciana le dirigió una mirada de profundo desagrado y le cerró la puerta en la cara mientras él me miraba a mi apenado, yo me encontraba al pie de las escaleras observando la situación con profundo interés.
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Ya lo sospechaba…Tonks, hijo de muggles, un muggle supongo- exclamó la mujer encaminándose nuevamente hacia la cocina a la vez que se le dibujaba una sonrisa irónica en su regordete rostro- ¿Qué le ocurre señorita?- me preguntó al verme tan inmóvil y yo por esas cosas de la vida, salí corriendo hacía fuera sin decir palabra alguna. Quería ver su rostro una vez más y saber su nombre siquiera. El ya estaba a unos cuantos pasos de mi hogar, su cabello rubio todavía parecía flotar dejando una bella estela tras él, y encantándome a mí con cada paso que daba.
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¡Oye!, ¡Oye!- le gritaba, él se dio vuelta y continuó caminando- ¡Espera!- le grité. Pero él parecía bastante dolido por la manera en que lo habían tratado y continuó la carrera cada vez más veloz. Al instante llegaron mis padres con mis hermanas, Bellatrix vestida con sus mejores telas y con abundante maquillaje en su rostro para ocultarse su ojo todavía morado y Cissy con un vestidito verde esmeralda similar al de mi madre.
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¿Qué haces aquí afuera?- preguntó mi padre a la vez que se aproximaba a mí con su peor rostro.
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Nada- le respondí, y le dirigí una mirada de soslayo a Elvira- Vine a esperarlos.
Pese a que mi respuesta no me pareció convencerles, decidieron creerme, a excepción de Bella que me miraba con el ceño fruncido.
Una vez dentro mi madre me relató con lujo de detalles su visita a los Lestrange. Rodolphus, el hijo mayor de los ya ancianos Lestranges, y hermano del estúpido de Rabastan, se casaría con Bellatrix una vez que tuviera la edad suficiente y que ambos concluyeran sus estudios. “La pareja perfecta”, exclamé a la vez que le dirigía una sonrisa burlona a mi hermana mayor. Ella me devolvió la sonrisa, buscando conservar la calma.
Un breve tiempo después, todos nos reunimos en mi casa para festejar la Navidad y de paso el compromiso de Bella y Rodolphus, allí estaban todos hasta el perro de mi adorable tío Alphard. Era una multitud de gente, había personas que nunca había llegado a conocer en mi corta existencia pero que resultaban ser bastante antipáticas, como era de esperar. Mi madre nos había hecho usar nuestros mejores vestidos, yo vestía uno color café y llevaba una diadema en mi cabello suelto, Cissy estaba muy elegante con un vestidito blanco con puntillas y moños y sus dorados cabellos recogidos hacia atrás bien tirante como acostumbraba llevarlo mi madre, era una pequeña copia de ella. Bellatrix conversaba de la mano de Rodolphus en un circulo de parientes y amigos que se había formado a su alrededor.
- Ja, a los muggles habría que desaparecerlos de la tierra, uno por uno, yo me uniría a cualquier causa noble que apoye la pureza de la sangre…- decía mi hermana con su tonito engreído.
A unos cuantos pasos míos estaba Regulus y Cissy, ambos codeándose con niños de familias respetables, como los Macmillan, los Crabbe, los Goyle, los Bulstrode, que de una manera u otra terminaban por ser parientes nuestros. Sirius se me acercó corriendo, tenía un pequeño moño colocado en el cuello de su camisa lleno de puntillas y encajes, un saco negro a rayas y unos pantalones negros. No pude evitar reírme.
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Ya basta Andy, parezco un payaso.- exclamó intentando quitar el moño de su cuello- Parece que le colocó un hechizo, “mi querida madre”- espetó con ironía.
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Te queda bien- dije luego de que la risa se me hubiese pasado.- ¿La viste a Bella?- le pregunté con interés buscando algún tema del cual hablar.
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Sí.
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¿No tienes nada que decir?- le interrogué algo decepcionada.
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Sí, no veo la hora de abandonar esta familia.- exclamó bastante malhumorado.
Una vez que la fiesta había terminado y que se hubiera hecho el brindis por la "feliz" pareja, me encaminé hacia mi habitación cabizbaja y con mucho sueño.
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Seré la esposa de Lestrange, Bellatrix Lestrange, ¿no suena lindo?- al oír la voz de mi hermana me giré y la miré fijo a los ojos.- ¿Qué? ¿Estás envidiosa hermanita?- decía mientras agitaba la mano que llevaba el anillo con una estúpida sonrisa en su rostro.
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No, que te sea leve o a él, porque aguantarte...
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¡Oye! ¡Qué vulgar eres!- exclamó divertida.- Digna esposa de sangre sucia serás.
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Eso espero.
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¡Ah! se rebeló la niña…
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Sí, y espero casarme con Ted Tonks, si te interesa.- exclamé enfurecida y sin pensar en mis palabras.
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¿Tonks?- y comenzó a las risotadas- A qué poco aspiras.
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Lo mismo digo.- y cerré la puerta frente a las narices de Bellatrix, todavía me temblaba las manos de la rabia contenida.
Al fin había llegado el tiempo de partir hacia Hogwarts, tan feliz estaba que no cabía de la emoción. Mis padres nos despidieron desde lejos y las tres subimos al vagón que le correspondía a Slytherin, Cissy rápidamente encontró a sus amigas, las de cara larga y nariz parada, Bella, siendo prefecta, caminaba de un lado hacía otro, haciendo imposible la vida de aquellos que habían viajado a pasar la Navidad con su familia. Sirius se hallaba solo en un rincón de un compartimiento de Gryffindor, al verlo me acerqué con cuidado. Más allá había una niña pelirroja que conversaba con otra rubiecita y que al ver a Sirius le arrojaban miradas de profundo enojo. “Algo les habrá hecho”, me dije alegre.
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¿Cómo estás?- le pregunté mientras ocupaba un lugar junto a él.
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Bien, bien, ahora voy a estar mejor, gracias por preguntar- me respondió algo ausente.- la próxima navidad si es posible la paso en el castillo con mis amigos.- me dijo decidido mientras miraba por la ventana.
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Esta bien- exclamé sin saber que decir.
Llegamos rápidamente a Hogwarts, al pisar los terrenos ya era de noche. Cuando entramos pude ver con el cariño que los amigos de mi primo lo recibieron. Sirius parecía otro allí, más desenvuelto, más querido. Los cuatro se golpeaban entre ellos cariñosamente mientras se hacía bromas, y coqueteaban con las chicas, subieron las escaleras a los saltos. Yo, por mi parte, no sabía que hacer. No sabía con quien hablar, pero me gustaba pasar el tiempo a solas y sin aquellas falsas amistades, que se me acercaban por ser “hermana de” o porque pertenecía a la “familia de”, y no por lo que realmente valía. Además me costaba mucho aproximarme a las chicas de otras casas porque me juzgaban por el solo hecho de ser "una Slytherin".
El tiempo paso, y los años venideros no se hicieron ni mucho más fáciles ni llevaderos, estaba asqueada de todo. Había cumplido 17 años, cursaba mi último año en Hogwarts y no sabía que hacer con mi vida después. Bellatrix finalmente y gracias al cielo se había casado, ahora era, Bellatrix Lestrange, y habitaba la mansión de los fallecidos Lestrange con el hermano de su marido también, el inútil de Rabastan. Cissy, como era de esperar y cumpliendo con sus predicciones, estaba comprometida con Lucius Malfoy. La familia, agradecida obviamente con estos favorables compromisos, yo también, porque ya no tendría que soportarlas mucho más, sin embargo veía una vida de soltera para mí y aquello me preocupaba demasiado. Bellatrix cada día estaba más extraña (si eso era posible), cada día estaba más obsesionada con la supremacía de los “sangre pura” (como mi familia solía llamarnos), y la eliminación de los “sangre sucia”. Se decía que se había unido al Innombrable, y unas tantas cosas más que hacían temer a quienes lo oyeran. Por su parte mi primo Sirius había huido de su hogar con lo que llevaba puesto y unas pocas cosas en su maleta, incluidas sus pertenencias de Hogwarts. Ya se veía venir el gran portazo, por eso no nos sorprendimos mucho, Walburga, sin embargo, le gritó desde el umbral de su mansión que esperaba no volverlo a ver jamás, que era una vergüenza para la familia, y que ni se le ocurriera pisar nuevamente aquel lugar, a lo que Sirius respondió con una reverencia y con un “por supuesto querida madre, con mucho gusto”, y así fue, luego supe por boca suya que había ido a vivir con los Potter.
Yo tenía muchos pretendientes, pero ninguno era de mi interés, siempre buscaba cualquier excusa para ignorarlos, y dejarlos plantados. Mis padres muy apenados también inventaban cualquier excusa para quedar ellos bien parados. El tiempo pasó y cuando hube acabado mi séptimo curso, entré en una gran depresión. Mis progenitores comenzaron a preocuparse sobremanera por mí, incluida Cissy, (quien ya estaba elaborando los preparativos con mucho tiempo de antelación para su boda) me veía triste y melancólica. Lloraba por las noches y durante el día me sentaba horas en el jardín. Ellos suponían que se debía a que no encontraba un marido adecuado para mí, y en parte era por eso, debo admitirlo, pero lo que más me tenía preocupada era como reaccionarían al enterarse que su segunda hija estaba profundamente enamorada de un brujo, que había sido criado como muggle por sus padres también muggles, Ted Tonks, ¿Qué dirían?
Una tarde me hallaba meditando en el jardín de mi mansión mientras el poderoso Rox, el abraxan de mi padre, pastaba alegremente, sin preocupación alguna.
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¡Oye, Andy!- gritaba en un susurro una voz familiar desde el otro lado del muro que circundaba el jardín.
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¿Ted?- pregunté yo casi inconcientemente.
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Sí…- me respondió en el mismo tono de voz.
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¿Dónde estás?- pregunté yo algo desesperada.
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Me estoy trepando al árbol de tu casa.
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¡¿Qué?!- exclamé alarmada corriendo hacia el inmenso árbol de mi jardín.- Es venenoso, mi madre le colocó un hechizo para que los intrusos no caigan bien.
Pero ya era tarde, Ted cayó y su bello rostro estaba cubierto de unas ampollas que parecían ser de pus. Estaba boca arriba y me miraba sorprendido y yo temo decir, por mi parte, asqueada.
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Hola princesa- me dijo al verme.
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Hola príncipe- pero más parecía un sapo ahora el pobre, porque había comenzado a hincharse.
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Te quiero princesa, siempre te quise.- me dijo con su más dulce voz, que me hizo olvidar su apariencia.
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Y yo te amo.
Precisamente al concluir mis palabras apareció mi padre corriendo, totalmente colorado, seguido de mi madre que al ver a Ted en el piso exhaló un grito de horror.
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¿Qué…es… eso?- preguntó refugiándose detrás de la ancha espalda de mi progenitor. Este me miraba totalmente fuera de si, parecía un demonio. Yo solo atiné a sonreírle.
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Soy Ted Tonks señor- exclamó buscando todo el valor que tenía.
El rostro de mi madre se contorsionó en una expresión que jamás había visto en ella, y que se parecía más a un retrato mal pintado que a la bella mujer que yo conocía. De repente apareció Cissy y al ver a Ted comenzó a reírse a carcajadas.
- Señor, quiero pedirle la mano de su hija en matrimonio- exclamó mi amado tendiéndole una mano cubierta de ampollas.
Mi padre lo observó con profundo asco.
- JAMAS- gritó casi sin abrir la boca- NI EN TUS SUEñOS, MOCOSO SANGRE SUCIA.
Yo no pude soportarlo más, ya bastante me había contenido al oír esas horrendas palabras “sangre sucia” toda mi vida y estallé.
- YA BASTA PADRE- grité con una voz muy parecida a la de Bellatrix- DEJANOS VIVIR EN PAZ, COMO QUEREMOS, SI, ME VOY A CASAR CON TED, TE GUSTE O NO Y NADIE ME LO VA A IMPEDIR.
Ante la mirada atónita de mi familia, tomé mis pertenencias y me marché de allí con Ted siguiéndome algo avergonzado. De camino a mi habitación tuve que soportar los regaños de mi madre y de mi padre, que por fin habían despertado de su momento de estupor. Amenazaron con encerrarme en el sótano de la casa, hasta que se “te quiten esas ideas estúpidas de la cabeza” según mi madre, pero yo ya estaba decidida y además ellos no tendrían el valor suficiente, pero estaban desesperados. Una vez fuera de mi hogar no los volví a ver, me marché con paso firme hacia el hogar de mi futuro marido sin antes hacerle una visita al Hospital San Mungo, porque Ted parecía que iba a explotar, se quedó una noche allí, mientras yo hacía guardia.
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No se si tendrías que haberte ido de tu casa Dromeda, es que… yo no lo valgo…- comentaba mientras esquivaba mi mirada.
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Sí que vales eso y mucho más, por eso me enamoré de ti desde el primer momento en que te vi…no deje de pensar en ti. Los voy a extrañar, muy poquito, tengo que admitirlo. Pero no me importa si tu estas a mi lado Teddy, contigo aquí puedo pasar hasta lo imposible.
Unos meses después me casé con él en una sencilla ceremonia. Inmediatamente tuve a mi primera y única hija. Adoré el nombre Nymphadora, y se lo puse ¿es bello no?, ya lo creía.
Cissy se terminó por casar con Lucius Malfoy y unos años después que yo tuve a mi pequeña, ella tuvo un niño, Draco, un horroroso nombre, pero que se le va a hacer… Parece que Nymphadora es metamorfaga, siempre que la veo cambia su cabello a azul, violeta y precisamente ahora es rosa chicle, a veces cuando la llevo al parque temo llevarme otra niña, pero ya me acostumbre, ahora lleva un brazalete en una mano, bien luminoso, no me gustaría pasar de vuelta por lo mismo… ¡Oh! justamente ahora está cambiando su nariz…, le dije a Ted que lleve la filmadora, pero parece que tendré que ir yo, muchas gracias por oír mi historia, tendré que dejarlos, adiós.