← Caminos Cruzados · de
Caminos Cruzados — capítulo 16
Aquella mañana Rose despertó con un horrible dolor de cabeza. No sabía si era por haberse acostado tarde, o por no haber dormido bien por los sollozos de Kate, o el ruido de la música aún retumbando en sus oídos o simplemente por lo que había leído en ese maldito artículo de El Profeta. Es que aún no salía de su asombro, su madre siendo torturada en la mansión Malfoy.
Durante todo este tiempo había tratado de convencer al resto que Scorpius no tenía nada que ver con las cosas que su padre o su abuelo habían hecho durante la segunda guerra, pero una cosa era decirlo y otra muy distinta creerlo al 100 %.
Scorpius le había dicho en varias oportunidades que la relación que tenía con su padre era fría y lejana, era improbable que Draco Malfoy le hubiese contado las cosas de las que fue testigo durante la segunda guerra. Si Scorpius no sabía cuál era su comida favorita, menos sabría quién era el responsable de la tortura sufrida por su madre... su madre.
Tenía que hablar con su madre, escribirle al menos, Hermione tenía que decirle la verdad, quién había sido el responsable de aquel acto cruel y despiadado. En el artículo el nombre del torturador no había sido revelado, pero según Magnus, era seguro que era un integrante de la familia Malfoy. Rose no sabía qué diablos pensar. Necesitaba hablar con su madre, ayer la había visto y no quería hablar con ella por medio de cartas o a través de la chimenea, Rose quería hablar cara a cara con su madre. Pero no podía esperar hasta las vacaciones de navidad, para eso faltaba más de un mes y medio. Tendría que ser por medio de una carta, no le quedaba más remedio. Se levantó y sacó un pergamino, un bote de tinta y una pluma. Aún eran las nueve de la mañana pero todos dormían, el cumpleaños de Alex y Will había terminado cerca de las dos de la mañana y había sido fabulosa, excepto por la pelea de Kate y Leonard y por su charla con Magnus. Comenzó a escribir y cuando daban las nueve y media, había terminado. Se enderezó en la cama y repasó la carta:
Querida mamá:
Te escribo para contarte que aquí todos estamos bien. Lo que pasó ayer en el pueblo fue muy desagrabable, sobre todo para
Hugo y Lily, ya que nunca los periodistas se habían abalanzado sobre ellos de esa forma. De todas maneras están bien, pero
con muchas dudas sobre el asunto, igual que Albus y yo, sobre todo yo. Mamá, ayer leí El Profeta de la tarde y vi el
artículo que hablaba sobre cómo fuiste torturada en la mansión Malfoy, ¿por qué nunca me lo contaste? sé que hay cosas que
son entre tú y papá y el tío Harry, pero enterarme de algo así por el periódico me dolió. Sé que tal vez para ti es duro
volver a recordar todas aquellas cosas, pero creo que tal vez te sirva hablar de ellas conmigo. Yo jamás le contaría a
nadie, ni siquiera a Alexandra o a Alice, porque esas cosas quedarían entre tu y yo. Una vez me dijiste que, algunas cosas
es mejor olvidarlas, pero con esto del libro de esa vaca de Rita Sketter todo se ha complicado.
Espero que tu y papá se encuentren bien y sepan que Hugo y yo siempre los apoyaremos en todo y que los querremos siempre
sin importar lo que pase o lo que diga la gente.
Con amor
Rose.
Rose miró la carta, la metió en un sobre y la selló con cera. Luego se fue al cuarto de baño, se dio una ducha, se vistió y partió rumbo a la lechucería, en donde tendría que buscar a Frigg. Cuando llegó, se demoró un rato en encontrarla, pero al final dio con ella. La llamó por su nombre y de inmediato bajó volando hasta ella.
-Hola Frigg-Le dijo, haciéndole un cariño con el dedo mientras que sacaba un trozo de pan de su bolsillo. Frigg se lo comió feliz-Toma, llévale esto a mamá-Le susurró y se acercó a la gran ventana sin vidrio que había en el lugar.
Frigg emprendió el vuelo y Rose se quedó allí un momento, observando cómo se alejaba.
Cuando Rose llegó al Gran Hall, miró al gran comedor y vio que ya habían comenzado a servir el desayuno. No había mucha gente en la mesa de Gryffindor, mucho mejor así, aquel día no tenía ganas de hablar con nadie. Así que entró en el lugar pasando por la mesa de Slytherin, en donde Scorpius tomaba desayuno junto a su hermana y los chicos Waldorf. Apenas la vio, Scorpius se puso de pie y se dirigió a ella.
-Rose, ¿podemos hablar?
Ella se quedó inmóvil durante unos segundos.
-No creo que sea muy buena idea-Respondió en tono frío-Nos vemos después.
Y sin dedicarle ni un segundo más, se fue hacia la mesa de Gryffindor, en donde Magnus Longbottom miró a Malfoy y le dedicó una sonrisa arrogante. Scorpius se quedó allí parado, sin saber qué hacer.
-Me parece bien que no le hables a Malfoy, Rose, con lo que ahora sabemos sobre...
-Por favor Magnus, no tengo ganas de hablar sobre eso-Lo cortó ella de forma hosca mientras tomaba café con leche-Le he enviado una carta a mi madre y espero que ella me aclare ciertas cosas.
-¿Aclare ciertas cosas?-Preguntó Magnus de forma incrédula-Rose, tu madre no tiene nada que aclarar, está claro un Malfoy es el responsable de...
-Magnus, te lo estoy pidiendo con toda la cortesía del mundo-Lo espetó Rose con una mirada asesina-No quiero hablar sobre eso, ¿te queda claro?
Pero lo único que pasó cuando Magnus se quedó en silencio, fue que Rose se sintiera aún más confundida.
El libro de Rita Skeeter fue éxito de ventas y días después de su publicación, encabezaba la lista de los Best Seller de El Profeta y como era de esperarse, en Hogwarts todo el mundo encargó él suyo vía lechuza para enterarse de los detalles.
Rose no quería saber nada del asunto, pero en su interior se debatía entre leer el libro y enterarse de los detalles por ella misma que seguir escuchando a Paul Greengrass y su pandilla burlarse de ella y de Albus con sus bromas de mal gusto. Magnus estaba furioso por la publicación del libro, ya que conocía a Harry Potter y a los padre de Rose y sabía que era imposible que hubiesen usado magia oscura para acabar con Voldemort. En el libro, además, había salido el nombre de su padre y había sido señalado por Rita como "el jefe de la revuelta de los estudiantes de Hogwarts" acusándolo, entre otras cosas, de obligar a algunos estudiantes a revelarse contra los Carrows. Junto con todo esto, El Profeta había publicado otro artículo, pero esta vez con las fotografías que los periodistas les habían tomado a ellos en Hogsmeade: Hugo y los demás siendo protegidos por Rose, quien mostraba un gesto de furia cuando vio que los periodistas se abalanzaron sobre su hermano menor, fotografías de Albus y Alexandra a través del la ventana de La espada en la piedra. Albus las vio y enseguida arrugó el periódico y lo arrojó al fuego, temblando de rabia.
Sin embargo la publicación del libro tenía un lado bueno para una persona... y ese era Magnus, ya que Rose no había vuelto a hablar con Malfoy desde la mañana después de la fiesta de Alex y Will, y eso lo alegraba enormemente porque Rose por fin se había dado cuenta de que no podía seguir siendo amigo de un sujeto como Malfoy, cuyo padre seguramente había torturado a su madre.
Mientras tanto, la preparación para los exámenes de fin de semestre ya se acercaban y todos estaban muy atareados, además los Gryffindor estaban practicando duramente para ganar el próximo partido de Quiddicth, que era nada más y nada menos que contra los Slytherin. Magnus se había vuelto radical en los entrenamientos, haciendo que el equipo practicara cuatro horas los fines de semana y una hora el resto de los días. Estaba determinado a ganarle a los Slytherins, pero sobre todo, estaba ansioso de ver a Malfoy derrotado. Ese sábado se levantó a las nueve de mañana, igual que el resto del equipo. Se dio una ducha de agua fría, cosa que era su costumbre, se puso su traje y salió con su escoba al hombro. Al llegar a la sala común vio que el resto del equipo ya
estaban allí, todos con cara de sueño, excepto Rose.
-Hola Magnus-Saludó Lily.
-Hola chicos-Respondió él-Espero que estén preparados porque hoy practicaremos duro.
-¿Te encuentras bien, Rose?-Le preguntó Albus cuando salían por el agujero del retrato-Parece como si no hubieses dormido nada.
-Estoy bien-Respondió ella de forma tajante.
-Pues no lo parece-Replicó mientras daban la vuelta por un pasillo-¿Tía Hermione aun no responde tu carta?
-No, aun no-Respondió Rose de forma seca. Hace tres días que le había escrito y su madre aun no le había respondido y eso era algo sumamente inusual, ya que siempre que ella le escribía Hermione respondía al otro día y eso la tenía muy inquieta... además de algo enojada.
-Despreocúpate Rose-Le dijo su primo mientras llegaban al hall de la entrada-Tía Hermione seguramente debe tener mucho que hacer... igual que mi padre.
Albus también le había escrito a su padre, pero tampoco había tenido respuestas. Suponía que todo el lío por el libro los tenía ocupados.
-Es que no puedo dejar de pensar en lo que leía en El Profeta-Murmuró Rose caminando un poco más atrás que los demás-No sé que pensar. Además, no me he atrevido a leer ese libro.
-A mí me pasa lo mismo. Por lado me gustaría leerlo para ver si lo que Paul Greengrass anda diciendo es cierto, pero por otro lado-Agregó mientras el campo de Quiddicth se hacía visible-No estoy seguro si voy a encontrar lo que espero.
-¿Qué quieres decir?-Inquirió Rose, mirándolo de forma intensa-¿Crees que lo que dice Rita es cierto?, lo de la magia negra...
-¡Por supuesto que no!-Negó el de forma tajante-Sé quién es mi padre y las cosas que anda diciendo el idiota de Greengrass me tienen sin cuidado. Lo que de verdad me intriga son las otras cosas que dice la gente...-Bajó al voz hasta convertirla en un susurro-Ya sabes, lo de tía Hermione y todo eso. Rose, ellos nos contaron cómo acabaron con Voldemort, pero nunca nos dieron detalles. Mi papá mencionó-La voz de Albus era un leve murmullo-él mencionó los horcruxes, pero nunca nos dijo cómo funcionaban. Solo dijo que eran cuestiones de magia oscura, muy secreta y que nadie más debía saber cómo funcionaban. Tío Ron dijo que si esa información cayese en manos equivocadas, podría aparecer otra persona con las aspiraciones como las de Voldemort y ya sabes lo que eso significaría.
Rose se quedó mirando a su primo mientras llegaban al campo de Quidditch. Albus tenía razón, aquel asunto de los horcruxes nunca había quedado del todo claro, ni siquiera para ella. Había registrado la biblioteca de arriba a abajo y nada, nada, ni una sola palabra sobre lo que era o cómo se hacía un horcrux. Rose se había roto la cabeza tratando de averiguar sobre el asunto y sabía que si la respuesta no estaba en la biblioteca, era inútil buscarla en otro lado, ya que sabía que la biblioteca de Hogwarts era la más completa de Inglaterra.
-Ok chicos, el partido de mañana es sumamente importante para poder llegar a ganar la copa-Dijo Magnus cuando ya estaban en el campo-Así que confío en que pongan todo de ustedes para lograrlo, ya sabes la formación que vamos a tener, así que es solo cuestión de practicarla. Ya verán, aplastaremos a los Slytherins como las cucarachas que son.
Caminaron hacia el centro del campo mientras que Augusto Trimble sacaba las pelotas de su lugar y éstas, salían disparadas hacia arriba. Así que Albus, aún con todas aquellas preguntas sin respuestas, pasó una pierna por su escoba, dio una patada en el suelo y se elevó en al aire. Volar siempre conseguía hacerlo olvidar sus pensamientos y esta vez no era la excepción. Augusto había soltado la snitch y no había tardado en volar hacia el lado más alejado del campo, así que se dirigió hacia ella para atraparla, mientras Rose, Roxanne y Lily se arrojaban la Quaffle a gran velocidad.
-Bueno equipo, si seguimos así la copa será nuestra, ¡buen trabajo!-Dijo Magnus cuando ya todos habían descendido y estaban agotados.
-Si Magnus sigue tan obsesivo con esto, seguramente terminará demente-Murmuró Roxanne mientras estaban el los vestidores.
-Yo no puedo practicar tan seguido, tengo un montón de otras cosas que hacer-Dijo Rose mientras sacaba la cabeza por el cuello de su suéter negro.
Los chicos salieron del lugar para dirigirse al castillo: a esta hora todo el mundo estaría tomando desayuno.
-Hola.
Alexandra estaba en el Hall. Aquel día vestía un blazer a rayas color ladrillo, corbata, una blusa a cuadros negra, shorts negros hasta la cintura, medias acanaladas grises y zapatos tipo Oxford grises. Se veía fantástica, aunque si otra persona hubiese intentado llevar lo mismo, probablemente hubiese parecido un payaso. Pero, desde luego ella no lo parecía.
-Hola-La saludó Albus con una sonrisa-¿Ya desayunaste?
-No. Estaba esperándote, esperándolos quiero decir para desayunar.
-Vamos Alex, no finjas-Le dijo Rose en voz baja-Sabemos que no estás aquí por todos nosotros.
-¿Tan evidente es?-Preguntó ella con algo de vergüenza.
-Si, pero que no te de pena conmigo-Le susurró Rose con una sonrisa-Hey Albus, vamos a tomar desayuno.
-Claro.
Se encaminaron hacia la mesa de Gryffindor, pasando por los Slytherins, que los miraron con sus usuales miraditas arrogantes. Albus se dio cuenta de que Scorpius los miraba con tristeza y luego volvía a sus tostadas con mermelada. sin alzar la vista otra vez.
-Rose, ¿va todo bien con Scorpius?-Preguntó Albus cuando ya estaban sentados sirviéndose desayuno.
-Claro-Rose tenía aquel tono seco que usaba cuando no quería hablar sobre algo.
-Vamos Rose, quizá Magnus no insista en el tema, pero sabes que yo si-Le dijo en voz baja.
-No pasa nada, Albus.
Aquello de mentir no se le daba muy bien, pero siempre conseguía engañar a los demás.
-¿Me vas a decir que no hablas con el porque has estado muy ocupada?
-¡Qué bien me conoces!
-Pues no me lo creo-Albus miró hacia la mesa de Slytherin-Siempre has encontrado tiempo para tus amigos Rose, a pesar de
todas las cosas que haces.
-He estado bastante ocupada, Al.
-Pero no lo bastante para dejar de hablar con Lysander.
Rose dejó su taza en el platillo.
-¿Qué tiene que ver Lysander en todo esto?
-Lysander es de Ravenclaw, es de otra casa pero así y todo tienes tiempo para charlar con él-Arremetió Albus-Scorpius también es de otra casa. Hablas con Lysander pero no con Scorpius.
-¿Y?
-Vamos Rose, no pretendas hacerte la loca-Le dijo él, perdiendo la paciencia-Tu eras la que siempre decía que no había que culpar a Scorpius de las cosas que su padre o su abuelo hicieron en la segunda guerra, ¿qué te pasa ahora? desde que apareció ese artículo en El Profeta no has vuelto a cruzar palabra con él. Rose miró a su primo, dudando. Albus tenía razón. Ella había sido la primera persona en decir que Scorpius no tenía nada que ver con las culpas de su padre y su abuelo, él ni siquiera había nacido, él no tenía la culpa de todo aquello. Pero eso fue antes de leer aquel horrible artículo sobre la tortura de su propia madre cuando solo tenía 17 años.
-¿Crees que esto es fácil para mi?-Preguntó Rose con el ceño fruncido-Al, después de leer ese artículo, de enterarme de aquello... no sé qué pensar.
-Estas siendo prejuiciosa Rose, tal como Magnus y Alex y yo sé que tu no eres así-Albus hablaba seriamente-Scorpius no tiene la culpa en todo aquello y tu lo sabes.
Rose miró a su primo durante unos segundos y se dio cuenta de que tenía razón. Su actitud era totalmente prejuiciosa e insensata. Se puso de pie, dispuesta a ir hasta donde estaba Scorpius y pedirle que hablaran. Pero antes de que se pusiera en camino, la voz de la directora McGonagall se escuchó amplificada en todo el gran comedor.
-Por favor, la alumna Rosalie Weasley, dirigirse al despacho de la directora de inmediato.
Rose se quedó helada al escuchar la voz de la directora. En todos los años que llevaba en Hogwarts, solo había ido al despacho de McGonagall solo para recibir felicitaciones por sus excelentes calificaciones. Sus ojos recorrieron el gran comedor y de pronto, se encontraron con los de Scorpius, quien la miraba desde la mesa de Slytherin. Además de mirarla, Scorpius esbozó una sonrisa cálida y llena de... Rose no supo interpretarla pero algo le decía que no tenía de qué preocuparse. Ya arreglaría las cosas con Scorpius. Caminó hasta la puerta del gran comedor y se fue en dirección al despacho de McGonagall lo más rápido que le dieron sus pies ¿para qué la hacía llamar a ella y no también a Albus? En el camino se encontró con mucha gente que la miraba con
curiosidad mal disimulada. Cuando finalmente llegó al lugar, escupió la contraseña a la gárgola y se abrió paso hacia la escalera. Contuvo el aliento cuando llegó a la puerta y la golpeó tres veces.
-Adelante-Se escuchó la voz de McGonagall.
Rose abrió la puerta y vio que la directora estaba sentada en su escritorio... pero no estaba sola.
-Buenos días señorita Weasley-saludó la directora.
-Buenos días profesora McGonagall, ¿ocurre algo?-Preguntó Rose.
-Tiene usted visita.
La figura que le había estado dando la espalda se dio media vuelta y sonrió.
-Hola Rosie.
-¡Mamá!
En la mesa de Ravenclaw, Lorcan estaba comiendo sin ánimos, como siempre. Desde que lo suyo con Mia había terminado, su aspecto era siempre alicaído y triste. La chica estaba radiante, como siempre, charlando con sus amigas de Hufflepuff y dándole miraditas a Patrick Holmes a la distancia. Seguramente sería su próxima víctima, como lo había sido él. Es que aún no entendía cómo había terminado enamorándose de ella, él que era un amante de la libertad y de las relaciones abiertas, había caído sin remedio en su propio juego. Ahora se lamentaba el haber cambiado a Alexandra por Mia y el hecho que la veía todos los días en compañía de Albus Potter, le hacía lamentarse aún más, si aquello era posible. Mia era conciente de que Lorcan la observaba desde la mesa de Ravenclaw, pero la tenía sin cuidado. Mia era de la opinión que Lorcan por sus propios medios se lo había buscado y ahora tenía lo que se merecía, ella no era culpable de nada, al fin había logrado ver a Alexandra Flemming muerta de rabia y de celos.
Sin embargo, desde un tiempo a esta parte, aquella estúpida estaba otra vez con una sonrisa de oreja a oreja y esa razón tenía nombre y apellido: Albus Potter. Mia siempre había sospechado que Albus sentía algo por Alexandra pero después de verlos tan cariñositos y atentos el uno con el otro no le cabía duda, al parecer aquella idiota se reponía de las decepciones muy rápidamente y si había algo que la ponía como fiera, era ver cómo aquella zorra era feliz. Rain había estado parloteando algo acerca del libro de Rita Skeeter, pero enseguida se marchó para ir mandar una carta
y la dejó sola. Y en ese preciso momento vio cómo Albus Potter y Alexandra Flemming se miraban de una forma bastante íntima. Pero en lugar de enojarse, una sonrisa se extendió por el rostro de Mia... una sonrisa de alguien que trama algo.
-¿Por qué McGonagall habrá llamado a Rose a su despacho?
Ya estaban terminando de desayunar y el gran comedor se iba vaciando de a poco y todos iban comentando lo que había pasado con Rose.
-No lo sé Alice-Dijo Albus-Pero tengo la leve sospecha que se trata del libro de Rita Skeeter.
-¿Qué te hace pensar eso?-Inquirió Alice.
-No lo sé, pero tengo un presentimiento.
Albus terminó su café con leche y miro hacia la mesa de Slytherin, en dirección a Scorpius. Y mientras dejaba la taza sobre la mesa, se preguntaba lo mismo que Rose, ¿quién había torturado a Hermione cuando solo tenía 17 años?, ¿habría sido Lucius o Draco Malfoy o alguna otra persona? y lo más misterioso de todo este asunto, ¿quién había sido la persona que Rita Skeeter había entrevistado? en ningún lado se mencionaba su nombre, solamente se decía que había sido partidario de Voldemort... ¿quién, de todos los mortífagos que aún estaban vivos, había hablado con Rita? preguntas, preguntas y más preguntas que aún no tenían respuestas... y su padre aún no contestaba su carta. Hace tres días que le había escrito y aún no había respuesta. Albus sabía que su padre era un hombre muy ocupado, pero Harry nunca había dejado de lado a su familia por el trabajo y el creyó que esta ocasión no sería la excepción, pero a cada momento se preguntaba su padre respondería a sus preguntas.
Mientras Albus y los demás se ponían de pie y abandonaban el gran comedor, Scorpius terminaba su tostada con mantequilla, lo único que había logrado tragar durante el desayuno. Tenía un nudo en la garganta tan grande, que se sorprendía que aún pudiese tragar. Ver a Rose al otro lado del comedor le producía un desasosiego enorme. Porque desde que aquel reportaje de El Profeta Scorpius estaba shockeado. No tenía idea, no podía concebir la monstruosa idea de que en su casa se habíatortura, incluso matado. Que las mismas habitaciones, los mismos pasillos, el mismo salón por donde él se paseaba habían sido testigos mudos de un horror que nunca creyó que lo tocaría directamente, jamás creyó que la casa en la que habitaba se hubiesen cometido semejantes horrores. Muchos, como Magnus Longbottom, creían que Scorpius conocía la identidad de la persona que había torturado a Hermione Weasley y que sabía todo lo que su abuelo y padre habían hecho durante el reinado de Voldemort. Pero se equivocaban. Scorpius no tenía idea de las cosas que habían hecho su padre y abuelo y lo que había llegado a saber, lo había oído de terceras personas. pero nunca, jamás su padre, su madre o su abuelo habían mencionado el asunto. De hecho, Scorpius era uno de laspocas personas que se impresionaban cuando alguien decía el nombre de Voldemort. Al escuchar el nombre de Voldemort, Scorpius se quedaba un momento pensando. Es que rara vez escuchaba el nombre de Voldemort, y menos de alguien de su misma edad. En su casa nadie lo mencionaba, Voldemort era una palabra prohibida, quien la decía soltaba a los demonios. Desde pequeño Scorpius y su hermana aprendieron a no mencionar aquel nombre, ni tampoco la palabra mortífago. Aquellas cosas no se mencionaban jamás y menos en presencia de su padre. Todo el asunto de la tortura era igual de horrible que para el resto, incluso más, porque todo había ocurrido en su propia casa. Desde que la gente leyó el reportaje, comenzaron a hostigarlo en los pasillo y a dejarle notas anónimas en su mochila. Todos decían que ojala su padre y abuelo hubiesen terminado muerto o encarcelados para pagar sus culpas. Cuando tenía 14 años, supo que su padre y abuelo habían estado a punto de ir a Azkaban, pero que Harry Potter había declarado a su favor, diciendo que los Malfoy se arrepintieron en el último momento y que Narcisa, la abuela de Scorpius, lo había ayudado ¿de qué forma? Scorpius no tenía idea, pero la cuestión era que todo el mundo decía que los Malfoys habían logrado eludir la cárcel gracias a Harry Potter. Eso, y el antecedente de que Lucius Malfoy había hecho lo mismo durante la primera guerra, bastó para que la gente dijese que los Malfoy eran unos cobardes, que carecían de honor y el apellido quedó manchado desde ahí en adelante.
Los rumores, los constantes hostigamientos de los que era víctima y su apellido, sin embargo, tenían a Scorpius sin cuidado. Había soportado todo aquello desde que tenía 11 años y no le importaba. Lo que realmente le preocupaba era lo que sus amigos pensaran al respecto. Charles había quedado impresionado cuando leyó el artículo, pero enseguida comprendió que su amigo no tenía la culpa de aquello. Nathan también, aunque los Weasley no eran santos de su devoción. En cuanto a Albus, el chico era el mismo de siempre, lo había saludado como siempre pero aún no había tocado el tema.
Rose, sin embargo, le había retirado la palabra y solo lo saludaba con un frío gesto con la cabeza. Aquello era lo que más aborrecía de todo esto, porque Rose se había vuelto su mejor amiga. Él no congeniaba mucho con las chicas... bueno, la verdad es que no congeniaba bien con la gente en general. Pero Rose era distinta. Con ella podía hablar de cualquier tema. Lamentablemente esta no era la ocasión no había sido así. Desde que conoció a Rose ella le había dicho que las cosas que su padre o abuelo habían hecho no tenían nada que ver con él. Pero esto era diferente porque la afectada era su propia madre y lo peor de todo esto era que él la comprendía totalmente. Si algo así le hubiese ocurrido, probablemente hubiese reaccionado de la misma forma que ella, porque Scorpius sabía que aunque dos personas fuesen amigas, si uno de ellos tuviese la sospecha que el padre de su amigo había torturado a su madre, pasaría un tiempo antes de volver a ver a su amigo de la misma forma. Él comprendía a Rose totalmente y no la culpaba por reaccionar de esa forma, simplemente esperaba que las cosas se aclarar y ellos volviesen a ser amigos. Pero sabía que no sería fácil. Para nada fácil.
-¡Mamá!-Dijo Rose con un gesto de sorpresa al ver a su madre-¿Qué haces aquí?
-Bueno, creo que ya lo sabes cariño-Dijo Hermione sonriendo y saludando a su hija.
-Es por lo de esa vaca de Rita Skeeter, ¿verdad?-Preguntó Rose.
-Así es-Respondió Hermione.
-Su madre está aquí, señorita Weasley, para hablar justamente sobre ese delicado asunto-Dijo McGonagall tomando asiento detrás del escritorio-Como podrá adivinar ese libro les traerá algunas consecuencias a usted y sus primos.
-Si lo sé-Rose sonrió de forma amarga-Lo comprobé en Hogsmeade hace unos días atrás.
-En cuanto a eso no tienes de qué preocuparte-Le dijo su madre con rictus severo-Tu padre, yo y Harry hemos emitido en comunicado para la prensa, pidiéndoles que los dejen a ustedes en paz o nos veremos obligados a emprender acciones como las que emprendimos contra Robert Murdoch hace dos años.
Rose miro a su madre durante unos segundos. Los que conocieron a Hermione Weasley durante su época de adolescencia siempre coincidían en que había cambiado muy poco. Salvo por algunas arrugas en la cara y un par de canas bien escondidas, Hermione seguía siendo aquella chiquilla de 11 años que llegó a Hogwarts sabiendo mucho más que la mayoría y que años después, junto
con Ron Weasley y Harry Potter, libraron la batalla más épica que el mundo mágico moderno recuerde. Rose siempre se había sentido orgullosa de ella y de su padre, los veía como un modelo a seguir en todos los sentidos. Pero ahora las dudas y las preguntan llenaban su cabeza.
-Mamá, ¿por qué no me escribiste de vuelta?-Preguntó al fin.
McGonagall miró a Rose por un segundo. La directora la conocía muy bien y a veces, creía estar viendo a la misma Hermione Granger en aquella chiquilla pelirroja de 16 años. Los mismos gestos, las mismas palabras, la misma genialidad de su madre. Por eso se puso de pie y le dio una mirada benevolente.
-Voy a dejarlas solas unos momentos, tengo que enviar un par de lechuzas al Ministerio-Dijo, dirigiéndose hacia la puerta.
-Gracias Minerva-Dijo Hermione con una sonrisa-Ron y Harry le envían saludos-Añadió con una sonrisa.
MGonagall le sonrió de la forma más amistosa que Rose había visto jamás y salió del despacho de forma silenciosa. Hermionese dio media vuelta y le dedicó una sonrisa algo melancólica a su hija.
-Bueno, aquí estoy-Dijo con un suspiro-Supongo que tendrás miles de preguntas que hacerme, hija.
Rose miró a su madre durante unos segundos y se sentó en la silla que tenía detrás. No sabía por dónde comenzar, quería preguntarle tantas cosas, preguntarle cómo estaba su padre, sus tíos y sus abuelos, preguntarle cómo habían enfrentado lo del libro, preguntarle si el tío Harry le daría una entrevista a El Profeta, dando su versión de los hechos, preguntarle
sobre el artículo que había aparecido en el periódico. Quería preguntarle tantas cosas a su madre, pero las palabras no
salían de su boca y solo atinó a preguntar lo que había estado pensando por días.
-Mamá...-Murmuró con voz lenta-¿es cierto?... ¿es verdad lo que salió en ese artículo de El Profeta?-Rose tragó saliva
dolorosamente-¿es cierto que fuiste torturada en... en la mansión Malfoy?
Hermione la miró con una mirada triste y llena de sentimientos.
-Creo que ha llegado la hora de contarte algunas cosas que no sabes de mi, cariño.
Hermione se paseó por el despacho de la directora, profiriendo un suspiro de nostalgia.
-Este despacho... tantos recuerdos, tantas cosas que pasaron aquí-Miraba los retratos de los antiguos directores de Hogwarts
y se detuvo cuando llegó al de Albus Dumbledore, sonriéndole cuando el retrato de guiño un ojo-Hubiese querido contarte
todo Rose-Añadió, dándole la cara a la joven-Me gustaría haberte contado todo lo que ocurrió durante 1997, de verdad que si.
Pero... hay algunas cosas que están tan enterradas en mi memoria, hay tantas cosas que me gustaría poder olvidar y hay otras
cosas que, creo, nunca superaré del todo.
-Mamá... tú sabes que puedes confiar en mi-Murmuró Rose con voz suave-Yo nunca... jamás le contaría nada a nadie, ni siquiera
a Alexandra o Magnus.
-¿Ni siquiera a Albus?-Preguntó Hermione.
-No mamá-Respondió Rose con firmeza-Al es como un hermano para mi, pero si tu me pidieses que no lo contara a nadie...
no se contaría a nadie, ni siquiera a él.
Hermione sonrió.
-Eres recta de corazón hija, igual que tu padre-Le dijo ella sonriéndole-Lo sé. Sé que si te pidiese que no le dijeses a nadie algo, estoy segura de que lo harías. Pero lo te tengo que decirte no afecta a nadie porque la persona involucrada ya no puede hacer nada.
Rose contuvo el aliento durante unos segundos.
-Como ya sabes, durante la mitad de 1996 y hasta mayo de 1997, tu padre, el tío Harry y yo viajamos por toda Inglaterra para encontrar los horcruxes. Fueron tiempos difíciles, peligrosos y muy oscuros. El año pasado yo y tu padre tomamos la decisión de contarte algunas cosas que no te habíamos contado antes, como el asunto de los horrocruxes y otras cosas, pero pensamos que sería mejor... omitir ciertas cosas que en nada te ayudarían a saber en ese momento. No queríamos que pensaras en ello Rose, por eso no te lo contamos. Esperábamos hacerlo dentro de poco hija, porque has demostrado ser una niña muy madura.
-Ya no soy una niña, mamá-Dijo Rose con una sonrisa torcida.
-Lo sé Rose-Hermione se acercó a ella y le acarició el rostro con ternura-Sé que ya no eres una niña. Me di cuenta de eso al ver tu fotografía en El Profeta. La manera en la que intentaste proteger a Hugo y los demás me convenció de ello. No tienes idea de lo furioso que se puso tu padre cuando se enteró de todo aquello. Él y Harry se entrevistaron personalmente con Janis Harper-la directora de El Profeta-Y le dijeron que si sus periodistas seguían siguiéndolos, pondrían personalmente una queja en el Ministerio y debo decir que surtió efecto.
-Fue horrible-Dijo Rose-Ya sabes cómo odio a esos buitres.
-Si, debo aceptar que los periodistas tampoco son santos de mi devoción. Verte allí, parada, con esa expresión de furia mientras defendías a tu hermano me hizo ver que ya era hora de que supieras algunas cosas que había preferido no contarte. Créeme hija, pensaba hacerlo dentro de poco, pero todo este asunto del libro de Rita Skeeter apresuró las cosas-Hermione se sentó frente a ella y la miro-A pesar de que Rita Skeeter ha mentido en más de una oportunidad... me temo que lo que leíste en el periódico es cierto-Agregó de forma triste-Fui torturada... en la mansión Malfoy, cuando tenía 17 años... Afortunadamente, esta cicatriz es la única marca física que me quedó-Agregó, echándose hacia el lado el cuello de su elegante blusa azul y revelando una pequeña marca no más grande que un dedo meñique-Tengo que estar agradecida, ya que algunos, como el padre de Magnus, lo pasaron aún peor que yo.
-En el artículo decía que todo aquello pasó en la mansión Malfoy-Murmuró Rose-Pero ¿qué paso en realidad?, ¿cómo fuiste a parar ahí?
-Estábamos acampando y fuimos capturados por unos tipos que cobraban dinero por atrapar a gente que huía del control del Ministerio. Nos atraparon y nos llevaron a la mansión de los Malfoy-Hermione se puso de pie y su mente retrocedió veinte años en el pasado. Recorrió un alto librero y vio que en la parte alta estaba la espada de Gryffindor-Nosotros teníamos algo que, supuestamente, estaba en Gringotts, vigilado por un dragón y por cientos de diligentes gnomos.
-¿Y qué era?-Preguntó Rose de forma impaciente.
Su madre sonrió y señaló la espada que reposaba en lo alto.
-¿La espada... tenían la espada de Gryffindor?, ¿y qué hacía la espada de Gryffindor en sus manos?
-Se suponía que estaba escondida en el banco, pero era una copia y nosotros teníamos la verdadera. Llegó a nosotros por un misterioso conducto-Hermione soltó una risita-Y se quedó con nosotros, pero ese día fuimos atrapados por aquellos sujetos y terminamos en la mansión.
Ahora la señora Weasley se apoyó en la librera, dándole la espalada a la espada.
-Ron y Harry fueron llevados al sótano de la mansión mientras que a mí me dejaron arriba... para interrogarme-Hermione tomó aire ruidosamente-Se suponía que la espada de Gryffindor estaba en Gringotts pero ¡ahí estaba, en poder de nosotros tres! me mantuvieron ahí para interrogarme acerca de cómo había llegado la espada a nuestras manos... y fue entonces cuando me torturaron, usando la maldición Criciatus.
Rose se estremeció. Sabía muy bien el tema de las maldiciones imperdonables y estaba al tanto que eran tan horribles que su uso estaba prohibido, tanto, que quien las utilizara terminaría en Azkabán de por vida. Había leído testimonios de personas que las habían sufrido, la maldición cruciatus e imperio claro está, porque nadie había sobrevivido a la maldición asesina y la única persona en el mundo que lo había hecho no podía recordarlo, porque el tío Harry tenía a penas un año cuando Voldemort lo intentó.
-Aquella sensación...-Hermione suspiró-No puedes imaginarte el dolor que produce la maldición cruciatus, Rose... es como si cada célula de tu cuerpo fuese conectada a un enchufe de alta tensión.
Rose sabía a lo que su madre se refería. Cuando tenía unos cuatro años, Rose estaba de visita en casa de los abuelos Granger y curioseando por el lugar, vio algo que no había visto nunca: un enchufe eléctrico. Rose siempre había sido curiosa, igual que todos los niños y como todos los niños, quiso saber qué era ese curioso objeto pegado a la pared de la casa de sus abuelos. Así que se agachó, sacó un clavo que había sacado de la caja de herramientas del abuelo, lo metió al enchufe y sintió un dolor horrible en todo el cuerpo. Aquella experiencia había quedado grabada en su memoria y también el dolor. Y si su madre decía que el cruciatus era como eso pero mil veces peor, entonces a Rose le dolió de solo pensarlo.
-Quería saber porqué teníamos la espada y cómo la habíamos sacado del banco. Dentro de todo aquel dolor, pude mentir de forma convincente, diciendo que la espada que teníamos era falsa y que no sabía dónde estaba la verdadera. Entonces, llamaron a un gnomo para que corroborara la historia y, convencido por tu padre y Harry, así lo hizo-Ahora Hermione miraba por la
ventana con la vista perdida-Tu padre y Harry lograron salir del sótano y rescatarme justo antes de que fuera a dar a las manos o mejor dicho, a las fauces de un hombre lobo que se encontraba allí. Como ya sabes, Dobby, el elfo doméstico, nos rescató y nos llevó hasta la casa de tus tíos Bill y Fleur.
Rose estaba con la respiración entrecortada. Su madre jamás le había contado aquella historia con lujo de detalles. Es cierto, ella sabía que en algún momento del viaje, sus padres y el tío Harry habían ido a parar hasta la mansión Malfoy, y su madre a veces murmuraba en sueños, pero nunca se había imaginado que su madre había sido torturada.
-Sé que escuchar todo esto te debe turbar, hija-Hermione ahora la miraba de forma amable-Y me siento mejor ahora que sabes todo la historia.
-Si, mamá, pero me queda aún una pregunta...-Rose tomó aire para darse valor-¿quién fue, mamá?, ¿quién fue la persona que te torturo en aquella casa?... ¿fue un Malfoy?
Su madre la miro una vez más.
-¿Crees que fue un Malfoy?-Preguntó. Rose asintió-Pues no hija, no fue un Malfoy.
Rose suspiró aliviada.
-No fue un Malfoy, pero fue una persona muy cercana a esa familia-Murmuró su madre-La persona que me torturó en la mansión Malfoy fue Bellatrix Lestrange.
-¿Bellatrix Lestrange?-Dijo Rose con el ceño fruncido-¿No fue aquella la mortífaga que también torturó a los abuelos de
Magnus?
-La misma-Afirmó Hermione-Bellatrix Lestrage siempre fue conocida por su extrema crueldad y desprecio por quienes creía inferior a ellos. Por eso no dudó en torturar a una chica sangre sucia de 17 años.
Rose se sorprendió al escuchar la palabra "sangre sucia". Solo había escuchado esa palabra una vez, cuando tenía 12 años. Estaba de compras en el callejón Diagon, comprando sus útiles escolares. Se fue a comprar pergamino y tinta mientrasque sus padres estaban comprando ingredientes para pociones. Estaba por salir del lugar cuando se le acercó un hombre y le susurró: "El señor Tenebroso murió por la culpa de tus padres, maldita mocosa, tu padre es un bastardo traidor y tu madre es una asquerosa sangre sucia". Aquel hombre se alejó y ella, muy turbada, fue corriendo hasta donde estaban sus padres y les contó. Ron, por supuesto, montó en cólera y se propuso averiguar el nombre de aquel hijo de perra, como él mismo lo llamó. Interrogó a la mujer que atendía la tienda de pergaminos y ella le dijo que había visto a un hombre de que usaba un bastón que en la base tenía una garra de hipogrifo. Aquel bastón era famoso y no podía pertenecer a nadie más
que a Boris Lestrage, un sobrino de Rodolphus Lestrage, esposo de Bellatrix. Ron se dirigió hasta su casa y le dijo que si volvía a acercarse otra vez a su hija, no volvería a ver la luz de otro día. Todo esto dicho con otras palabras, claro esta, pero que no pueden reproducirse. Por eso Rose se sorprendió cuando escuchó a su madre decir aquel epíteto. Había leído bastantes libros sobre historia muggle y sospechaba que lo más parecido a aquella expresión, sería decirle a alguien que era "un asqueroso judío".
-Entonces fue Bellatrix quien te torturo-Murmuró Rose-Todo el mundo está convencido de que había sido Lucius Malfoy... o incluso, Draco.
-No Rose, no fue ninguno de ellos dos, aunque ambos estaban presentes.
-¿Draco Malfoy estaba presente?-Preguntó Rose sorprendida-¿Y no hizo nada?
-Rose, estaba atrapado entre sus padres y Voldemort. Era un chico de 17 años, asustado y algo débil que siempre quiso agradar a sus padres.
-¡Tu también tenías 17 años y sin embargo arriesgaste tu vida para luchar contra Voldemort!-Exclamó Rose de forma furiosa-Ustedes arriesgaron sus vidas, mientras él seguía siendo el niño mimado que sé que siempre fue.
-Puede que tengas razón, hija, pero Draco estaba aún más atrapado que nosotros en todo aquello. Han pasado más de veinte años pero estoy segura que hizo las cosas que Voldemort le pidió porque estaba atrapado: si no lo hacía, Voldemort mataría a sus padres. Harry sabía que Draco estaba siendo presionado por Voldemort y que sus padres también.
-¡Pero ellos eran mortífagos!-Dijo Rose-Voldemort no tenía razones para presionarlos.
-Te equivocas Rose, el hecho que los Malfoy fueran partidarios de Voldemort, no significaba que estuviesen a salvo. Creo, incluso, que estaban en mayor peligro que nosotros. Voldemort no tenía amigos, no confiaba en nadie, no sentía aprecio por nadie y los Malfoy no eran la excepción. Lucius Malfoy cometió muchos errores y Voldemort encontró la forma de hacerlo pagar: utilizó a su hijo, Draco, para infundirle miedo y desesperación... Pienso que Lucius estaba aterrorizado, incluso másque el resto-Hermione chasqueó la lengua-Quizá su lealtad y admiración por Voldemort fuese verdadera, pero ésta se acabó cuando comprendió que su familia tan vez moriría a manos de su señor... Voldemort era admirado por algunos, odiado por otros pero temido por todos.
Rose estaba sin habla. Todo aquello era lo más horrible que había escuchado jamás y, sin embargo, su madre estaba allí parada, como siempre la había visto, entera.
-Mamá... no sé cómo pudiste sobreponerte a todo aquello-Dijo cuando las palabras salieron de su boca.
-He tenido más de 20 años para procesarlo todo-Dijo ella con una sonrisa triste-Al principio fue horrible, no podía dormir, la cara de Bellatrix se me aparecía en mis pesadillas... y no voy a decir que no me costó perdonar, fue duro, horriblemente agotador y sumamente doloroso. Cuando uno pasa por cosas así, las marcas físicas se borran en cuestión de semanas... pero lo realmente difícil es luchar contra los recuerdos, te asaltan cuando menos te lo esperas.
-Entonces el padre de Scorpius no tuvo nada que ver-Murmuró Rose, más para si misma que para su madre.
-¿Scorpius?-Inquirió su madre-¿por qué nombras a esa chico?
Rose miró a su madre.
-Por nada, es solo que...-Rose no hallaba las palabras adecuadas-Scorpius y yo... él y yo somos amigos.
-¿Amigos?-Preguntó su madre con voz de sorpresa-¿eres amiga del chico Malfoy?
-Si, si... somos amigos desde hace muy poco tiempo.
-Nunca antes habías hablado de él.
-Si, ni yo sé porqué, solo... solo hablé con él un día y no lo sé, me cayó bien.
-Supongo que todo esto también lo ha afectado-Sugirió Hermione.
-No lo sé... no he hablado con él desde que salió el artículo en el periódico-Admitió Rose.
-¿Y por qué no?
-No lo sé-Rose se mordió el labio, dudando-Supongo que también fui víctima de los prejuicios que la mayoría de la gente tiene con él. La ha pasado muy mal, ¿sabes mamá? la gente le dice cosas muy desagradables, lo culpan por las cosas que su padre hizo y siempre ha estado solo... la gente es muy cruel con él.
-Vaya, no tenía idea-Reconoció Hermione-Pero ¿por qué no hablaste con él sobre esto? pensé que no eras prejuiciosa, hija.
-¡No lo soy!-Exclamó Rose, pero su madre la miro-Lo juro, no lo soy, es solo que... bueno, me dolió mucho leer aquello el le periódico y supongo que caí en el mismo prejuicio que el resto de la gente ¡yo no soy así, mamá! pero todo esto fue... no lo sé, me superó.
-Te comprendo hija-Le dijo su madre acercándose a ella-Es válido enojarse, patalear, llorar, gritar, tener rabia... pero cuando todo eso pasa, debe venir la comprensión y cuando uno comprende, puede tomar decisiones-le levantó la barbilla con el dedo- No seas igual que el resto hija, no juzgues a ese chico por lo que su padre o su abuelo hicieron, no le quites tu amistad por cosas que pasaron entre adultos y más encima, cosas que pasaron hace tanto tiempo. Está bien enojarse por un tiempo, pero eso no debe ser para siempre. El odio jamás nos da cosas buenas, hija, el corazón no debe estar lleno de odios ni rencores, porque si es así, no hay espacio para el amor y nadie puede vivir así. Vuelve a hablar con ese chico y sigue siendo su amiga-Ahora su madre reía divertida.
-¿De qué te ríes, mamá?-Preguntó Rose, incrédula.
-Un Weasley y un Malfoy ¡amigos! ¿quién iba a pensarlo?
-¿Crees que papá se enojaría conmigo si lo sabe?-Preguntó Rose, algo preocupada.
-Creo que si, pero solo al comienzo-Admitió Hermione-Aunque, por el momento, es mejor que no lo sepa.
Rose esbozó una sonrisa torcida.
-Veo que te inquieta algo más.
-¿Fue difícil superarlo?
-Un poco-Recoció Hermione con una sonrisa-Pero tenía mil razones más por las cuales estar feliz: todos aquellos a los que amaba estaban a salvo, al fin Voldemort había sido derrotado para siempre y...-Aquí los ojos de su madre brillaron como nunca antes Rose los había visto-Ese mismo día tu padre se me declaró y me dijo que me amaba-Ahora su sonrisa era enorme- Me siento agradecida, Rose.
-¿Agradecida?-Preguntó Rose con un gesto de asombro-Mamá, fuiste torturada de una forma horrible, quedaste herida después de la batalla de Hogwarts, estuviste a punto de morir... ¿y dices que estás agradecida?
-Si Rose, lo estoy aunque no lo creas-Dijo su madre con los ojos húmedos-Sobreviví a todo aquel horror, trabajé por la igualdad de los derechos de los nacidos de muggle... me casé con el hombre que he amado desde que era una niña-Hermione se pasó un dedo por la mejilla para secar una solitaria lágrima-Y lo más importante de todo... tengo dos maravillosos hijos que son mi orgullo y mi razón de vivir, ¿podría sentirme menos agradecida de la vida?
Rose miro a su madre con profunda tristeza.
-Sentí mucha pena por ti cuando leí El Profeta, mamá-Admitió Rose con los ojos acuosos.
-Lo sé hija, sé que es duro pero estoy aquí, tengo a tu padre, tengo a Hugo... y te tengo a ti, el resto no importa, las cosas que pasaron hace tanto tiempo ya no importan.
Rose sonrió y miro a su madre. Cuando hablaba con la gente y sabían que ella era la hija de Hermione Weasley, quedaban asombrados y de inmediato le hacían comentarios sobre lo maravillosa que su madre era. Y ella sabía que así era, siempre había sabido que era alguien digno de admiración, pero ahora estaba segura que su madre era una persona con corazón de oro, una mujer de extraordinario valor y arrojo, alguien de la cual se sentiría orgullosa de llamar madre.
-Lamento no haberte dicho todo esto antes, Rosie, de verdad...-Pero sus explicaciones quedaron ahogadas cuando Rose se levantó de su silla y la abrazó. Aquel abrazo hizo que a Hermione se le derramaran algunas lágrimas de emoción.
-Te quiero mucho mamá-Fue lo único que fue capaz de articular.
-Yo también hija... yo también...-Dijo Hermione, estrechando a su hija muy fuerte.
-Ya mamá, me vas a asfixiar-Le dijo Rose riéndose.
-Lo siento Rosie-Se disculpo mientras se limpiaba las lágrimas-Ahora, con respecto al dichoso libro de Rita Skeeter...-
-Ah, ni lo menciones-Dijo Rose, recuperando su usual tono de desdén-Sé que Rita es una conocida embustera.
-Si, bueno, supongo que no has leído el libro.
-No, ni yo ni Albus quisimos leerlo, pero parece que todo el mundo si lo hizo.
-En cuanto a eso, si, Rita Skeeter es una mentirosa y ha dejado el nombre de Harry en el suelo-Admitió Hermione-Sin embargo,
ese libro dice un par de cosas que son ciertas.
-¿De verdad?-Preguntó Rose, sin creerlo-¿Como qué?
-Esa es poción de otro caldero Rosie y me temo que se acabó el tiempo-Le dijo su madre-Cuando vengas a casa para Navidad, te contaré todo lo que quieras saber, pero por ahora, mantengámoslo así, ya habrá tiempo de hablar sobre todo aquello...
Justo en ese instante, golpearon la puerta y la directora apareció en el umbral.
-Espero no haber interrumpido nada-Musitó, cerrando la puerta-Hermione, el carruaje que te llevará al pueblo ya está abajo.
-Está bien, gracias Minerva-Dijo Hermione-Bueno, será mejor que bajemos Rose, Minerva, un millón de gracias-Agregó, adelantándose hacia la profesora y estrechando su mano.
-Siempre es un honor que vengas a Hogwarts, Hermione-Respondió la directora-Debo decirte que Rose es una alumna brillante, creo que incluso, más inteligente que tu y eso ya es decir mucho.
-Lo sé Minerva-Dijo Hermione mientras miraba a su hija-Ron y yo estamos muy orgullosos de ella. Adiós gracias otra vez.
-Te acompaño a la entrada-Le dijo la profesora.
Así que las tres bajaron las escaleras y aparecieron cuando la gárgola se hizo a un lado.
-¡Scorpius!-Exclamó Rose sorprendida.
Scorpius venía a paso veloz y se paró en seco cuando se encontró con Rose.
-Me dijeron que... tu madre estaba en el colegio-Respondió Scorpius con algo de temo cuando miro a la madre de Rose.
-Ah, mamá, te presento a Scorpius Malfoy-Dijo Rose sonriendo-Mamá, el es Scorpius Malfoy, uno de mis amigos.
Scorpius se quedó helado al escuchar esto último.
-Hola Scorpius-Saludó Hermione con amabilidad y estiró su mano, estrechando la del chico-Es un placer conocerte, Rosie me ha hablado de ti.
-¿Ah si?-Preguntó Scorpius algo receloso-Espero que cosas buenas.
-Las mejores-Le dijo ella con una sonrisa-Bueno, tengo que irme, que tengas un buen día Scorpius... adiós cariño-añadió, dándole un abrazo a Rose-Cuídate mucho, ¿si? y nada de estarse peleando con periodistas, ¿está bien?
-Esté bien mamá-Respondió Rose a regañadientes-Mándale un beso a papá de mi parte.
-Claro cariño, adiós Scorpius.
-Adiós señora Weaseley-Respondió Scorpius con sorpresa-Que tenga un buen viaje.
-Gracias-Dijo antes de alejarse e irse con McGonagall. Cuando desaparecieron por el pasillo, Scorpius se giró hacia Rose.
-Vaya, tu madre fue muy amable. Pensé que reaccionaría de otra forma... bueno, ya sabes, después de lo del artículo de...
-Scorpius, ¿podemos hablar?
El la miro, sin poder creerlo.
-Claro.
-Ven, vamos afuera.
Así que bajaron hasta el hall de la entrada y salieron a los terrenos. El carruaje en donde Hermione se dirigía a Hogsmeade se divisaba a lo lejos. El chico miraba a Rose a hurtadillas. No sabía qué pensar sobre lo que Rose le diría. Sabía que había hablado con su madre y seguramente fue sobre el libro de Rita Skeeter y el reportaje del periódico, hablando sobre la tortura de Hermione Weasley en la mansión Malfoy.
-Tu madre... me cayó bien-Dijo Scorpius para romper el silencio.
Rose lo miro durante unos segundos, pensado en lo que su madre había dicho sobre Scorpius y sobre las cosas que habían pasado hace tanto tiempo.
-Scorpius, mi madre vino a hablar conmigo sobre lo que apareció en El Profeta...-Comenzó Rose, pero Scorpius la interrumpió.
-Rose, te juro que no tenía idea de todo aquello, nunca... mi padre jamás mencionó el asunto y yo jamás me imaginé que en mi propia casa, en la casa donde paso mis vacaciones, el lugar en donde nací hubiese sido el lugar donde torturaron a tu madre...
-Lo sé.
-... y que había sido ocupado por Voldemort para...
-Scorpius...
-... no sabes lo avergonzado que estoy por...
-¡Scorpius!
El chico se quedó callado.
-Lo sé-Dijo Rose con una sonrisa-Sé que tu no sabías nada sobre eso... y que ni tu abuelo ni tu padre fueron los responsables de lo que le sucedió a mi madre-Scorpius miró a Rose-Fue... bueno, otra persona.
Scorpius no podía creer lo que escuchaba.
-¿De verdad?, ¿es cierto o lo dices para que no sienta aún más miserable que antes?
-¿De qué hablas? ¡tu no tienes porqué sentirte miserable!-Rose lo miraba con aquellos ojos azules que parecían brillar más que nunca-Y es justamente lo que quería decirte. Yo... lo siento, siento no haberte hablado en estos últimos días ¡estaba tan confundida por las cosas queleí! se trata de mi madre y yo reaccioné de forma prejuiciosa, como todo el resto ¡yo, la que criticaba a Magnus por ser prejuicioso contigo y sin pensarlo, caí en el mismo juego!-Rose sonreía con tristeza-Te debo una disculpa por haber dudado de ti, pensé que tal vez tu sabías lo que había pasado en tu casa y que sabías quién había torturado a mi madre, pensé que... Dios, ¡qué avergonzada me siento! pensé que tal vez tu padre o tu abuelo habían... y que tu callabas intentando protegerlos, pero ahora sé que no es así.
-Rose, yo jamás habría encubierto algo así-Musitó Scorpius.
-Lo sé, fui una idiota, me cegué... es mi madre la que fue torturada, ¿entiendes?
-Claro que si... si yo estuviese en tu lugar también hubiese tenido dudas-Scorpius sonrió de forma amable-Por supuesto que te entiendo Rose y ¿disculparte? no tengo nada que disculparte, el agradecido soy yo...-Y aquí Scorpius admitió algo que llevaba tiempo atorado en su garganta-No merezco tu amistad Rose, pero ahora que la tengo no dejaré que nada la destruya.
Rose sonrió y sintió algo que jamás había sentido por ninguno de sus amigos, ni siquiera por Magnus. No sabía qué era, pero era una sensación agradable y la hacía sentirse llena de alegría.
-Yo tampoco dejaré que nada ni nadie arruine nuestra amistad, te lo juro... ahora, después de estas melodramáticas disculpas mutuas-Dijo Rose arrugando la nariz y haciendo que Scorpius soltara una carcajada. Eso era lo que le gustaba de Rose, su forma de ser-Vamos devuelta al castillo, a las cocinas. No he probado bocado en toda la mañana y los Weasleys no podemos estar mucho tiempo sin comer.
-Nunca he estado en las cocinas-Admitió Scorpius.
-¿No? bueno, déjame decirte que te has perdido la mitad de tu vida-Dijo Rose mientras regresaban adentro-Te voy a presentar a Timbly y Fannir.
-¿Quienes son?
-Los elfos domésticos más encantadores que hayas conocido jamás, siempre que los voy a visitar, me tienen una bandeja con empanadas de queso y jamón.
-Eso suena bien.
-Jajaja, claro que si, vamos.
Y emprendieron el camino de vuelta al castillo, muertos de la risa.
Albus estaba en la biblioteca terminado un deber para Pociones. Había dado una vuelta alrededor del lago con Alexandra y había sucedido algo que llevaba mucho tiempo deseando, él y Alex se habían besado. Fue algo que no esperaba, pero las cosas se dieron y terminaron besándose en la orilla del lago. Sin embargo y a pesar de estar feliz por haber besado a Alex al fin, otra cosa ocupaba sus pensamientos... y era el libro que habían escrito sobre su padre, el cual había comprado vía lechuza. Albus simplemente no había podido ignorar lo que su mente le gritaba que hiciese, así que tomó la decisión de comprar el libro, pero no se lo dijo a nadie, ni siquiera a Alexandra. Lo leía de noche, cuando nadie más podía verlo. No sabía muy bien porqué lo leía a escondidas, era como si estuviese cometiendo un grave crimen, un crimen que debía cometerlo de noche y sin testigos. Le parecía que lo que estaba haciendo no estaba bien, pero era algo que simplemente no podía evitar. Después de todo, era su padre y Albus creía que merecía saber algunas cosas. Rose siempre le había dicho que Rita Skeeter era una embustera, pero a medida que leía el libro y se adentraba en los capítulos que tocaban su lucha contra Voldemort, se dio cuenta que Rita había hecho una muy buena investigación, ya que lo que Rita describía, coincidía con la mayoría de las cosas que su padre le había contado sobre aquel tema, salvo en el tema se su viaje por el país en busca de los horrocruxes. En este punto las cosas tomaban un cariz francamente estúpido e inverosímil. Rita sostenía, en base a entrevistas a personas que él nunca antes había oído hablar, como Pansy Zabini, que su padre había pasado todo aquel tiempo en Gracia, en donde había ido en busca de magia oscura para acabar con Voldemort y así, volver a ser chico popular que siempre había sido. Porque con eso estaban todos de acuerdo, Harry Potter había sido uno de los chicos más populares el Hogwarts cuando estuvo ahí: llegó a la escuela con 11 años y el increíble antecedente de haber sobrevivido al ataque que acabó con la vida de sus padres cuando tenía apenas un año, participó en el Torneo de los Tres Magos, peleó con un basilisco cuerpo a cuerpo, ayudó al colegio de librarse de Dolores Umbridge, fue el líder el antiguo grupo llamado El ejército de Dumbledore y por si fuera
poco, lucho contra Voldemort y sus mortífagos varias veces y al final, lo derrotó en la batalla de Hogwarts, la que hasta el día de hoy era recordada como la más épica de la historia de la magia moderna.
La imagen de su padre era la de un gigante, su leyenda conocida por todos, sus hazañas comentadas por los adultos, su sola presencia en un lugar hacía que la gente volteara la cabeza y susurrara a sus espaldas. Albus creció oyendo a la gente decir que su padre era el salvador de la nación, que toda Inglaterra le debía la paz de la que ahora gozaban, habían estatuas con su imagen, cuadros pintados por Anne Prewett que rememoraban la batalla de Hogwarts, su nombre aparecía en docenas de libros, era el jefe de la oficina de Aurores, miembro del Wizengamont, miembro de la Confederación internacional de magos, miembro del concejo escolar de Hogwarts, caballero de la Orden de Merlín, primera clase y caballero de la Orden de los Altos Druidas, primera clase.
Ante todos estos datos, Albus a veces se sentía abrumado, la imagen que tenía de su padre no calzaba con aquel hombre con pasta de guerrero que la gente pintaba. Su padre era un hombre común y corriente, de cabello negro con algunas canas, ojos verdes y algo de sobrepeso, de lo cual se quejaba constantemente en el último tiempo. A Albus le costaba imaginar a su padre con 17 años, la idea era divertida. Había visto fotografías de su padre con es edad, pero una cosa eran las fotografías y otra cosa era haberlo visto con 17 años. De todos sus hijos, Albus era el que más se le parecía, ya que el único en heredar sus ojos era él: James los tenía azules, del mismo color que el tío Ron y de Rose y Lily los tenía marrones, igual que los de Ginny. Solo Albus tenía el cabello negro y solo el tenía la misma forma de cara. Albus siempre se sintió algo distinto de sus hermanos, pero no superior ni nada por el estilo. Es que al ser el que más se parecía a Harry, la gente siempre le decía que era la copia de su padre y Albus nunca supo cómo manejar eso, ¿era bueno?, ¿era malo? siempre que la gente sabía de quién era hijo, le decían que su padre era un gran hombre y Albus no lo dudaba, pero a veces, quería ser solo Albus... y ahí venía su segundo problema. Albus sabía que llevaba ese nombre por el gran Albus Dumbledore, al antiguo director de Hogwarts y el principal mentor de su padre. Albus Dunbledore había sido aún más grande que su padre, había derrotado a otro mago tenebroso en 1945, había sido jefe del Wizengamont y de otras múltiples organizaciones mágicas. Albus se cuestionaba sobre lo que sus padres estaban pensando cuando le dieron ese nombre. Y estaba el asunto de Severus Snape. Sabía que había sido el antiguo profesor de Pociones de su padre y que había estado enamorado en secreto de su abuela Lily Potter y según las palabras de su padre, era el hombre más valiente que hubiese conocido jamás. Albus sabía que aquel hombre había ayudado a su padre y a Dumbledore, pero no sabía toda la historia y eso lo intrigaba profundamente, tanto, como para comprar el libro de Rita Skeeter.
Sabía que la mayor parte del libro era basura, pero había logrado saber cosas que su padre jamás mencionó. Sin embargo, lo que más intrigaba a Albus era la completa omisión de Rita sobre el tema de los horrocruxes. Albus sabía que aquellos objetos era materia de magia muy oscura y que su creación le daba al dueño el poder de ser inmortal, pero ignoraba cómo se fabricaban, cómo funcionaban y qué eran. Su padre jamás se lo había dicho y eso lo le molestaba un poco. Esta bien, antes hubiese sido un acto irresponsable porque aún era un niño, pero pronto cumpliría 17 años y sería mayor de edad, ya había dejado de ser un mocoso. Su padre le había contado a James cuando éste cumplió los 17 y aunque Albus insistió y lo llevó al borde de la locura, James no soltó una palabra sobre el asunto. Según su padre, mientras menos personas supiesen sobre los horrocruxes, tanto mejor. Aquella información era sumamente peligrosa en las manos equivocadas.
Albus quería saber más, pero su padre seguía sin responder su carta y ahora que sabía que su tía Hermione había estado en Hogwarts y que había hablado con Rose, el resentimiento con su padre se acrecentó. No es que estuviese enojado con él, pero le molestaba que no respondiera su carta. Con todos los chismes y rumores que corrían sobre el libro que Rita había escrito sobre él, la prensa estaba esperando el comunicado de prensa que pronto saldría publicado en El Profeta, en el Heraldo Mágico y en el Hogsmeade Observer.
-Hola Albus.
Albus dio un respingo que hizo que se le cayera la pluma al suelo.
-Ah, hola Mia, ¿qué haces aquí?
Mia sonrió.
-Oh, nada, solo paseaba.
Albus alzó una ceja.
-¿Acostumbras a pasar por la biblioteca?
-No mucho, la verdad, solo cuando tengo que hacer mis deberes.
-No sabía que hacías tus deberes...
-Búrlate si quieres Albus-Dijo Mia, echándose un mechón de su rubio cabello hacia atrás-Pero de vez en cuando también hago
deberes.
-Lo que tú digas-Le dijo Albus sonriendo.
-Te vi. hace rato con Alexandra-Mencionó la chica como quien dice el estado del tiempo.
-¿Ah si?
-Si y creo que Alex no te conviene, Albus, en serio.
Albus miró a la chica de forma dura.
-¿Por qué dices eso?
-Ah, pobre Al que nunca se da cuenta de nada...-Dijo Mia riéndose mientras se ponía de pie-A Alexandra le encanta llamar la atención, rodearse de gente famosa, como Poppy Brighton por ejemplo-Poppy Brighton era amiga de Alexandra, había salido de Hogwarts hace dos años y era la socialité más conocida en el mundo mágico desde hace un tiempo.
-¿Qué demonios tiene que ver Poppy Brighton en todo esto?
-¿Acaso no te das cuenta, Albus?-Ahora Mia sonreía abiertamente-A Alexandra le encanta aparecer en los periódicos, en las revistas de moda y de sociedad, es modelo de la ropa de Luxus...
-¿A donde quieres llegar con todo eso?-Preguntó Albus, perdiendo la paciencia.
-A Alexandra le gustaría tener un novio famoso Albus, un novio cuyo padre es el "salvador de la nación" como lo dice todo el mundo. A Alex le gustas solo porque eres famoso... que tengas un lindo día, Al-Y dicho esto, la chica giró sobre sus pies y se dirigió hacia la sección de cuidado de criaturas mágicas.
Albus sacudió la cabeza, recogió sus cosas y salio del lugar sin rumbo fijo. Eran casi las 12 del día y ya comenzaba a tener hambre. Alexandra le había dicho que tenía trabajo que hacer en El Profeta Escolar así que estaría ocupada hasta la hora de almuerzo. Albus se dirigió a la torre de Gryffindor para dejar su mochila. Cuando salió de allí, recorrió los pasillos por un rato, sin saber qué hacer. El tema del libro lo tenía harto y necesitaba despejarse. Cuando Albus tenía su mente muy ocupada, solía vagar por los pasillos sin rumbo fijo. Llegó al tercer piso y escuchó risas que venían desde el otro pasillo. Había doblado en la esquina izquierda cuando se topó cara a cara con Rose y Scorpius.
-¡Al!-Exclamó ella al verlo.
-Rose, ¿donde te habías metido?-Preguntó Albus con una sonrisa-No volviste al gran comedor después de hablar con tía
Hermione.
-¿Cómo sabes que mi madre estuvo aquí?-Preguntó Rose con un tono incrédulo.
-Todo el colegio lo supo, Rose-Ahora Albus usaba el tono incrédulo.
-¡Arrgg, estoy HARTA de los chismes en esta escuela!, ¿es que uno no puede hacer nada sin que sea publicado? si no es la idiota esa de Lengua Afilada, es en grupito de Caroline-Rose estaba furiosa-Si, mamá vino a verme y habló conmigo sobre la mugre esa de libro que Rita escribió-Aquí miró a Scorpius-La persona que torturó a mi madre no fue ni el padre ni el abuelo de Scorpius.
-¿Y quién fue?-Preguntó Albus.
-Lo siento Al, no te lo puedo decir-Le dijo Rose chasqueando la lengua-Pero eso no tiene importancia porque esa persona murió hace mucho tiempo.
-Entonces... ¿está todo bien entre ustedes dos?
Rose y Scorpius se miraron y rieron.
-Todo bien, amigo-Le dijo Scorpius.
-¿Y tu? ¿de donde venías?-Preguntó Rose cuando se pusieron en marcha.
-Ah, terminar un deber de Pociones en la biblioteca... hasta que Mia apareció.
-¿Mia?, ¿en la biblioteca?-Y aquí Rose acercó a su primo y lo olisqueo-¿estás ebrio?
-No sé qué fue a hacer allí Rose-Respondió Albus mientras que Scorpius se reía de buena gana-Se me acercó y comenzó a atacar a Alexandra, como siempre.
-Al, no preocupes por lo que dice. Pobre. Mia es la prueba viviente de que el ser humano puede vivir sin cerebro-Dijo Rose cuando llegaron a los terrenos mientras que Albus y Scorpius se reían de la broma de Rose-Y hablando de gente sin cerebro...
Scorpius miro y vio a sus primos y su usual grupito de lacayos, a los cuales ellos llamaban "amigos". Los tres pasaron por el lado sin mirarlos, pero Caroline miro a Rose con odio. No sabía por qué su primo insistía en juntarse con aquella chica. Tenía que reconocer que Charles Waldorf no le caía nada de bien, pero al menos era un Slytherin, en cambio Rose Weasley y Albus Potter...
Aquellos chicos eran enormemente populares entre la gente y tenía que reconocer que Rose Weasley no se vestía nada de mal, pero ellos eran amigos de Alexandra Flemming y aquella chica se había interpuesto en su camino desde que llegó a Hogwarts. Alexandra no solo era rica, sino que era una de las personas con mejores conexiones en todo el maldito colegio: había aparecido en revistas, en la sección de moda, tendencias y sociedad de El Profeta. Nadie se veía como ella, nadie se vestía como ella, nadie era como ella y eso era lo que enfurecía a Caroline. Ella quería ser igual de popular y lo estaba logrando, porque Caroline quería ser la abeja reina de la colmena, ella y nadie más que ella podía serlo.
-Ah, ahí el idiota de Potter-Musitó Paul con desdén-Aquel idiota se cree el rey de este lugar.
-Supongo que no le queda mucho después de la publicación del libro de Rita skeeter-Opinó Basil Zabini con una sonrisa-Digo, aquello ha sido un escándalo, ¿han leído lo que dice?
-¿Sobre el asunto de las artes oscuras?-Preguntó Bridget-Papá siempre dice que Harry Potter no puede haber vencido a Voldemort sin usar artes oscuras aún más poderosas.
-Y pensar que todo este tiempo la gente ha puesto a ese tipo en un pedestal-Paul derrochaba arrogancia-¡menudo mentiroso! les apuesto lo que quieran a que Harry Potter no es más que un embustero, que ha engañado a todo el mundo y que es igual o más experto en artes oscuras que el mismo Voldemort.
-¿Pero será cierto lo que Rita dice?-Samantha arrugó la nariz-Digo, después de todas las cosas que ha publicado...
-Samantha, puede que Rita Skeeter se haya equivocado en muchas cosas-Intervino Ian-Pero estoy seguro de que ahora dice la verdad.
-¿Y por qué estás tan seguro?-Inquirió Basil.
-Tengo mis fuentes, eso es todo-Respondió Ian con sencillez-Acuérdense de mi cuando les digo que los mentirosos caen por su propio peso.
Al escuchar esto último Basil apartó la mirada y sonrió para si mismo. Era bastante curioso, por no decir cínico, que Ian dijese aquello cuando hace solo unas semanas atrás lo había encontrado besándose y algo más con Samantha, la mejor amiga de su novia. Sin embargo, desde hace tiempo que Basil sabía que Ian Valmont era el rey del cinismo, y tampoco él se quedaba atrás. Aún no sabía lo que haría con esa información, pero ya llegaría la oportunidad de usarla en su beneficio.
-Hola chicos.
Rain Conrad había llegado hasta donde los Slytherins estaban sentados.
-Hola-Saludó Paul con una sonrisa mientras le hacía un espacio-¿cómo estas, Rain?
-Bien, gracias-Le contestó ella sonriendo-¿qué hacen?
-Hablar del libro de Rita Skeeter-Dijo Josephine, poniendo los ojos en blanco.
-Ah, si, reconozco que el tema me tiene algo harta-Reconoció Rain, mirándose las uñas-No me interesa en lo más mínimo todo
eso.
-¿Y Mia qué opina?-Preguntó Caroline-Digo, su padre también es nombrado, sin mencionar que es amigo de Harry Potter.
-Dice que todo aquello es mentira-Ahora Rain sonreía con malicia-Que el libro es una completa mierda. Intenté preguntarle si su padre le había dicho algo sobre el asunto, pero no dijo ni una sola palabra del asunto.
-Vaya, pensaba que con lo tonta que Mia es podrías lograr sacarle algo-Dijo Basil.
-Puede que Mia Longbottom sea una perdida pero no es ninguna tonta-Dijo Rain-Digo, después de todo, es su padre y no diría nada que puédase perjudicarlo.
-Seguramente Mia no sabe nada del asunto-Dijo Paul riéndose-Le preguntaste a la persona equivocada, Rain. A las chicas como Mia solo de les busca para algo y todos aquí sabemos que no es precisamente para preguntarle cosas sobre su padre.
-Mia es una perdida-Dijo Rain.
-Si, pero las chicas "perdidas"... son las más buscadas-Dijo Samantha-Y a propósito de eso, Rain, Will Flemming y Jake Harper te estaban buscando hace un rato.
Cuando Samantha terminó todo el mundo estalló en una carcajada, pero Rain solo se limitó a sonreírle a Samantah de forma cínica. No era la primera vez que aquella idiota le decía una cosa así enfrente de todos y Rain estaba esperando el momento para poder vengarse, porque aunque Rain se juntaba con Caroline y su grupo, siempre había odiado a Samantha Donelly y la razón de aquello era que, cuando estaban en cuarto año, Paul le pidió a Samantha y no a ella, que fueran juntos al baile de Halloween. Rain había estado terriblemente enamorada de Paul cuando ella estaba en quinto y él en cuarto y ¿qué fue lo que Samantha hizo? ¡ir con Paul al baile! y Rain, en venganza le había lanzado un hechizo que hizo que le salieran un feo acné que le duró cerca de un mes. Y ahora, Samantha la había llamado "perdida" en frente de todo el mundo, ah, pero se las pagaría algún día, de eso estaba segura.
-Creo que ya es hora del almuerzo-Dijo Caroline luego de mirar su reloj.
Así que todos se pusieron de pie y se encaminaron hacia el interior del castillo. Rain se había quedado un poco más atrás, cuando sintió una mano en su codo.
-¿Te puedo ayudar en algo, Zabini?
-Al contrario Rain, soy yo el que quiere ayudarte-Susurró Basil con voz aterciopelada.
-¿Ayudarme tú?, ¿en qué?
-Vi cómo mirabas a Samantha cuando te hizo esa bromita-Rain se limitó a arrugar la boca-Nadie debería decir esas cosas y menos en frente de todo el mundo, es algo muy poco delicado.
-¿Qué es lo que quieres decir, Basil?-Preguntó Rain.
-Sé que odias a Samantha, siempre lo he sabido, desde aquella vez en que fue con Paul al baile de otoño y tú le lanzaste el hechizo del acné.
-Si, la odio, siempre hace ese tipo de comentarios sobre mí enfrente de todo el mundo-Reconoció Rain-... ¿pero porqué me dices todo esto?
-Quiero ayudarte Rain, eso es todo-Susurró Basil-Tu sabes que siempre me has gustado...
Ella sonrió. Aquello era cierto y Rain lo sabía desde hace mucho, pero nunca lo había mirado con otros ojos y no era porque no fuese guapo ¡qué va! Basil se parecía a aquellos actores muggles del cine clásico, como George Peppard cuando joven, Rain simplemente nunca se lo había planteado.
-¿A dónde quieres llegar, Basil?
-Muy sencillo Rain, yo te ayudo a vengarte de Samantha y tú ...-añadió, pasándole un dedo por los labios-No sé si me entiendes.
-Perfectamente-Rain sonrió de forma seductora-¿y cómo, exactamente, planeas ayudarme a vengarme de la idiota de Samantha Donelly?
Basil sonrió.
-Porque sé cuál es su mayor secreto y, créeme, te encantará oírlo.
A Basil Zabini siempre le ha gustado jugar y siempre ha sentido debilidad por saber los secretos de los demás: verlo con un secreto entre manos es como ver a un gato jugar con ratoncito: sumamente divertido. Y el ratón de esta ocasión es nada menos que Samantha Donnelly. Sin embargo, cuando se aburra de jugar con ella buscará a otro inofensivo ratón con el cual divertirse, así que es mejor cuidarnos las espaldas. Después de todo, cuando el gato no está, los ratones salen a jugar... diviértanse mientras puedan, mis pequeños ratoncitos.
Magnus estaba sentado en la mesa de Gryffindor, comiendo, solo y sin mirar a nadie.
-Magnus, ¿que te ocurre?
Alexandra había llegado hasta su lado y lo miraba con confusión.
-Nada.
-Si, claro-Dijo con tono sarcástico. Se sentó a su lado-Es por lo de Malfoy, ¿cierto?
Silencio.
-Mira Magnus, aquello es una batalla perdida-Le dijo mientras se sentaba a su lado-Rose están empeñada en ser amiga de aquel
sujeto.
-Fue su padre, estoy seguro-Murmuró Magnus, apretando tanto el tenedor que hubiese sido raro que comenzara a gotear-Estoy seguro de que fue Draco Malfoy el que torturo a la señora Weasley.
-Ella dijo que no-Murmuró Alexandra-Rose me aseguró que ningún Malfoy había sido responsable.
-¿Y tú lo creíste?
-¿Y qué razón tendría Rose para mentirme?
-¡Porque quiere protegerlo!-Exclamó él en voz alta, haciendo que varias personas se quedaran mirándolo.
-¿Proteger a quién, a Scorpius?
Magnus abrió la boca pero no dijo nada.
No había logrado dormir en toda la noche. Al ver que Rose volvía a hablar con Malfoy, la furia estalló dentro de él sin remedio. Hace solo unos días había creído que Rose no volvería a ser amiga de aquel sujeto, pero ¡sorpresa! Rose lo había sorprendido una vez más y volví a pasearse con él por los terrenos del colegio y los pasillos. Aun no había hablado con ella sobre el asunto, pero tenía que hacerlo aunque terminaran discutiendo, como siempre. Es que desde que había empezado el curso, no hacían otra cosa que discutir y pelear. Magnus había creído que podría soportar la presencia de Malfoy pero se había convencido de que jamás podría sentirse a gusto al lado de Malfoy, sabiendo quién era su padre.
-Podrías acercarte...-Le dijo Alice a Rose, quien estaba mirando a Magnus mientras comía solo, alejado de ellos.
-Magnus no va a cambiar de parecer-Espetó ella mientras tomaba zumo de calabaza-Ni el padre de Scorpius ni su abuelo fueron los que torturaron a mi madre, se lo dije a tu hermano y no me creyó, ¿qué puedo hacer?
-Magnus es tu amigo-Le recordó Alice-Y desde mucho antes que Scorpius debo agregar.
-¿Qué es lo que quieres decir?
-No me malinterpretes Rose, de verdad, Scorpius me cae fenomenal y no tengo nada en contra de él, pero desde que eres su amiga...
-¿Qué?
-No lo sé, has dejado a Magnus un poco de lado.
Rose se mordió el labio.
-Alice, he intentado mil veces hacer las paces con Magnus pero el no quiere, me hace elegir entre él y Scorpius y no quiero ni debo hacerlo, puedo ser amiga de ambos.
-Sabes que con Magnus o es todo o es nada.
-¿Crees que no lo sé?-Rose frunció el ceño-No sé porqué Magnus me hace esto.
Alice miro a su amiga y luego a su hermano. Desde hace algún tiempo tenía una sospecha, pero no quería decirle nada a Rose por miedo a complicar aun más las cosas.
El almuerzo terminó y los Gryffindor partieron a la torre a cambiarse para entrenar. El partido de Quiddicth contra Slytherin era mañana y Magnus nunca había deseado tanto ganar.
-Seremos más rápidos, fuertes y mejores que aquellos imbéciles-Insultar a los Slyhterins era la nueva estrategia de Magnus para animar al equipo-Solo tienen que hacer lo que hemos estado practicando y tendremos el partido en el bolsillo.
Así que partieron con las escobas al hombro en dirección al campo de Quiddicth, mientras el resto del colegio ya estaban en las graderías, gritando a viva voz. Tanto a Ravenclaw como a Hufflepuff le convenía que Gryffindor ganara este encuentro, así que ellos también apoyaban a los leones.
-Se están demorando mucho en salir.
-No, siempre de demoran un rato, Alex, ten paciencia.
-Al ha entrenado tanto que se merece que el equipo gane.
Emily, Kate y Alexandra estaban con el resto de los Gryffindor en la gradería, agitando banderas y carteles para apoyar al equipo.
-¿Has vuelto a hablar con Leonard?-Le preguntó Alexandra con suavidad a Kate.
-No-Respondió ella mirando a su compañera-Y no pienso volver a hacerlo.
Por su tono de voz, Alexandra entendió que no quería volver a hablar del asunto, a pesar de que la había escuchado llorar por la noche cuando creía que nadie más la oía.
Alexandra volvió a mirar al campo y, de pronto, vio que Alice y las demás porristas de Gryffindor salieron a hacer su acostumbrada coreografía, aunque esta vez incorporaron nuevos movimientos. Al terminar fueron aplaudidas por todo el estadio. Luego, salieron las chicas de Slytherin e hicieron lo suyo, aunque de forma no muy bien preparada. Los Slytherins aplaudieron a rabiar y el resto lo hizo solo por cortesía. Al terminar las chicas, Gita Goldstein se aclaró la garganta y comenzó la presentación de los equipos:
-¡CON USTEDES EL EQUIPO DE SLYTHERIN! MALFOY, WALDORF, VALMONT, CROOKES, VAN DER MEER, ARTOIS, BRESSON Y SU CAPITÁN NATHAN OWEN.
Las siete ráfagas de color verde salieron hacia el campo, siendo ovacionadas por Slytherin y aplaudidos de forma leve por el resto. Los Slytherin se formaron en el centro del campo y esperaron.
-¡Y AHORA DEJO CON USTEDES AL EQUIPO DE GRYFFINDOR! POTTER AL CUADRADO, WEASLEY AL CUADRADO, TRIMBLE, WHITE Y SU CAPITÁN, MAGNUS LONGBOTTOM!
Albus, Lily, Rose, Roxanne, Augusto, Jake y Magnus salieron disparados hacia el campo y fueron recibidos por los gritos y vítores de todos, excepto los Slytherins. Madame Fitipaldi, la instructora de vuelo y la árbrito de todos los juegos de Quiddicth salio al campo con la caja que contenía las pelotas, salio y se puso en medio de los dos equipos, mirándolos a todos.
-Quiero un juego lindo y limpio, chicos-Les dijo en un tono de advertencia. Acto seguido, puso la caja en el césped y la abrió con un toque de su varita. Sacó la Quaffle y la dejó a un lado, mientras que con la varita soltó las Bludgers, las cuales salieron disparadas hacia arriba al mismo tiempo que ella tocó su pito de plata y la Quaffle se elevó en el aire igual que la Snitch.
-¡Y COMIENZA EL PARTIDO!-Gritó Gita mientras que todo el mundo gritó de emoción-Rose Weasley lleva la Quaffle, se la entrega a Lily Potter, quien se la entrega a Roxanne Weasley... ¡aquello fue arriesgado, pero dio resultado! ahora es Rose Weaseley quien tiene la Quaffle en sus brazos, pero... ¡Van der Meer logra arrebatáserla! Van der Meer se la entrega a Artois... ¡Y no eso no ha sido suficiente porque Rose Weasley vuelve a tener la Quaffle en sus manos!, se la lanza a Roxanne Weasley, Lily Potter se dirige hacia la portería de Slytherin... se la entrega a Rose ¡cuidado con esa Bludger! Rose Weaseley adelanta a Owen y... ¡PRIMER TANTO PARA GRYFFINDOR!
Rose sonreía de alegría mientras surcaba el aire a gran velocidad y abajo, la gente chillaba y aplaudía de emoción.
-¡Y el capitán de Slytherin le entrega la Quaffle a Frances Artois, quien vuela en dirección a la portería de Gryffindor... Lily Potter le sale al encuentro y trata de quitársela pero escapa por un pelo! Artois se la pasa a Van der Meer, quien desciende rápidamente y se la pasa a Waldorf... ¡buena Bludger lanzada por Trimble! logra que la Quaffle vuelva a las manos de los Gryffindor. Roxanne Weasley ahora tiene la quaffle, se la pasa a Rose, cuidado que Bresson está muy cerca... ¡HEY, ESO ES UNA FALTA!
Jessica "rompe huesos" Bresson se había acercado a Rose y la había golpeado con el bate. El golpe le dio de lleno en el estómago y quedó, por algunos segundos, sin aire.
-¿Rose, estás bien?-Le preguntó Roxanne acercando su escoba a la de ella.
-Si, si... estoy bien, no fue nada-Murmuró Rose, recuperando el aliento.
Las chicas volvieron a sus posiciones y Rose se dispuso a lanzar un penal hacia Nathan Owen, quien la miraba con profundo odio. A Rose, claro, esto la tenía sin cuidado. Sabía que en el Quidditch uno no debía odiar al contrincante, eso nublaba el juicio y a menudo, se cometían errores. Había que mantener la cabeza fría y vencer al oponente sin odiarlo. Eso lo había leído en un libro que le regaló el abuelo Granger y se llamaba "El arte de la guerra".
Así que Rose mantuvo la cabeza fría, se puso delante de los arcos de Quidditch, respiró con tranquilidad y tomó la quaffle entre sus manos, miró a Nathan Owen y enseguida sus ojos se dirigieron al arco de la derecha y, sin dejar de mirarlo, lanzó la pelota pero a la izquierda y de forma sorprendentemente rápida. Aquel truco dio resultado y Owen, creyendo que Rose lanzaría hacia la derecha, cubrió ese arco, dejando desprotegidos los otros dos y Rose pudo anotar sin problemas. Abajo, la gente chilló y gritó aún más fuerte que antes.
El juego volvió a ponerse en marcha y, esta vez, los Slytherins comenzaron a jugar rudo. La quaffle estaba en manos de Charles Waldorf, quien se la pasó a Phillip Van der Meer, quien voló tan rápido que Rose, Lily y Roxanne tuvieron problemas en tratar se seguirlos, pero lo lograron y se pusieron abajo, arriba y atrás de él, Lily se lanzó en picada para tratar de quitarle la pelota pero no lo logró, pero se desconcentró por unos segundos y eso fue suficiente para que Rose alargara el brazo y le quitara la pelota del brazo. Había hecho eso cuando vio que Charles Waldorf venía directamente hacia ella, entonces ella subió sus pies a la escoba y con un gran impulso saltó en el aire, separándose de su escoba y Charles pasó de largo, sin poder quitarle la pelota. Rose descendió en caía libre y cuando todo el mundo contenía la respiración, aterrizó en su escoba, ilesa. Vio que Roxanne estaba a unos metros y le lanzó la pelota, sin que ninguno de los slytheins pudiese quitársela. Roxanne agarró la quaffle con sus dos manos por debajo de su escoba y la dejó caer... justo para que Lily la cogiera y marcara el tercer tanto para Gryffindor.
-¡CHARLES, ¿QUÉ DIABLOS HACES? ¡CUBRE EL LADO DERECHO!-Le gritó Nathan a Charles, rojo de rabia. No podía ser que aquellas tres chicas le estuviesen ganando a su equipo.
Mientras tanto, Albus volaba buscando la Snitch dorada. La había vista en la otra parte del campo, pero solo había sido el reflejo del sol en un cartel que Alice había pintado con letras doradas. Haciendo una nota mental para decirle a Alice que la próxima vez no pintara el cartel con pintura dorada, Albus se fue volando hacia abajo para seguir buscándola, mientras Scorpius los seguía de cerca. Jugar contra él era un reto, porque era un estupendo buscador y los retos siempre eran interesantes.
Abajo, las cosas había subido de tono cuando Crookes le había quitado el bate a Jessica Bresson y le había lanzado las dos bludgers a Rose, quien las esquivó a tiempo. Lanzándole una mirada de indiferencia, Rose se alejó y trató de seguir a Charles, quien en ese momento tenía la quaffle. Volaba detrás de él y logró ponerse bajo él y quitarle la pelota. La muchacha descendió en picada hasta casi rozar el suelo. Volaba por la orilla del campo, la cual estaba recubierta de arena, seguida esta vez por Phillip Van der Meer, quien se le adelantó. Rose lo miró y vio que tenía el puño cerrado y lo siguiente que supo fue que la había abierto y le había lanzado algo a los ojos, haciendo que soltara la pelota y se llevara las manosa los ojos. Aquel idiota le había arrojado arena a los ojos.
Los Gryffindor gritaban de rabia, pero madame Fitipaldi no vio nada porque estaba preocupada Jessica Bresson, quien había vuelto a golpear a alguien en vez de a la blodger. Lily había recibido un batazo en la espalda.
-¡Falta cometida por la golpeadora de Slytherin!-Gritó Gita y los Slytherins la abuchearon-Al parecer Bresson no ha entendido que la labor de los golpeadores el golpear la bludger y NO a los jugadores.
Y así pasó una hora en la que los Slytheris, excepto Charles Waldorf y Scorpius Malfoy, fueron jugando más y más sucio. Roxanne recibió una blodgers en todo la cara y tuvieron que detener el juego durante unos segundos porque de su nariz había comenzado a salir sangre a borbotones. Los Slytherins lo pagaron unos minutos más tarde cuando Jake White lanzó una blodger a Phillip Van der Meer, que le dio en todo el estómago y estuvo a punto de botarlo de su escoba. Lily marcó otro tanto en una jugada brillante, mientras que cinco minutos después, Charles Waldorf pudo burlar a Magnus y marcar el primer tanto para Slyhtherin. Rose comenzó a enojarse por el juego sucio de los Slytherins, pero aún así no perdía la sangre fría. Volaba de arriba a abajo, tratando de marcar un tanto y en diez minutos logró marcar tres tantos más, el más espectacular de todos fue cuando recibió la quaffle de parte de Roxanne y se aproximó al arco izquierdo, pero Nathan Owen le tapaba el paso. Entonces Rose volvió a poner sus pies sobre la escoba, dio un gran salto, se colgó del arco del centro con una mano y metió la pelota por el arco con la otra, mientras que su escoba volvía a ella y se montó otra vez. Aquel se estaba trasformando en el mejor partido de Quidditch visto en Hogwarts en mucho tiempo. En venganza, Phillip Van der Meer empujó a Lily por un costado y logró quitarle la pelota. Rose se fue hacia él pero por arriba y giró sobre si misma hasta quedar completamente cabeza abajo y agarrada de la escoba solamente por las piernas. Se acercó a Phillip y le quitó la pelota. Lily pasó volando a su lado y Rose se la pasó, Lily logro burlar a Nathan Owen y marcó otro tanto para su equipo.
Charles Waldorf tenía la quaffle, se la lanzó a Frances Artois, pero Roxanne logró interceptarla antes de que la chica de Slytherin lograra agarrarla. Roxanne voló a toda velocidad por el campo y se la entregó a Rose. Se puso enfrente de Owen y estaba prepara para lanzar, pero de pronto una mancha de color plomo voló hacia ella y le dio en todo el brazo. Rose oyó el sonido de huesos rompiéndose y gruñó de dolor. Todo el mundo escuchó el sonido e hicieron gestos de repulsión. Sintió que su brazo caía hacia un lado, inmóvil. Aquella Blodger le había roto el brazo. Tomó al pelota con la otra mano y la lanzó con todas sus fuerzas, pero Owen logro atraparla.
-¡Rose! ¿estás bien?-Le preguntó Lily preocupada.
-No, estoy bien.
-Rose, tu brazo está roto, todos lo escuchamos-Le dijo Lily.
-No importa, sigamos.
Rose era siempre igual. Ya había jugado lesionada muchas veces y una vez más qué más daba.
Roxanne tenía la quaffle y estaba por marcar otro tanto, Van der Meer salió disparado hacia ella para quitarle la pelota, pero su escoba chocó contra la de Roxanne, quien por puro milagro se mantuvo sobre la suya pero Phillip no tuvo la misma suerte. Al ir tan rápido y chocar violentamente, se desvió y perdió el control de su escoba, haciendo que descendiera en picada hacia el suelo y terminó estrellándose en el pasto del campo. El juego se detuvo unos segundos mientras madame Fitipaldi comprobaba que Phillip estuviese bien. El chico estaba algo desorientado, pero volvió a elevarse. Tenía sangre en la nariz y una fea contusión en el ojo derecho.
El pito sonó otra vez y Roxanne, quien tenía la quaffle, se fue volando hacia la portería de Slytherin junto con Lily y Rose. Augusto Trimble logró desviar una blodger que venía directamente hacia Roxanne. Charles Waldorf venía hacia ellas y trató de quitarla la pelota a Roxanne, pero ella la lanzó hacia atrás por sobre su cabeza y la recibió Lily. Veinte metros más arriba, Albus volaba en círculos, tratando de divisar la escurridiza snitch. La había visto una vez en el lado izquierdo del campo y se aproximó a ella, seguido por Scorpius, pero la pelota había vuelto a desaparecer. Ya había perdido las esperanzas cuando vio un brillo unos quince metros más abajo, cerca de donde estaban los Slytherins. Albus miró a Scorpius y vio que él también la había visto. Solo era cuestión de quién era el primero en llegar para que el partido acabara y ganara Slytherin o Gryffindor. Así que Albus no lo dudó y se lanzó en picada hacia la pequeña pelota
que brillaba intensamente. Scorpius también se lanzó hacia la snitch y alargó la mano para tomarla. Estaban a escasos dos metros de las gradas en donde los Slytherins gritaban y toda la pandilla de Caroline estaba allí, incluida Josephine Nott. Josephine había visto todo el partido con gran emoción, si había algo que le encantaba, era ver a Scorpius jugar Quiddicth, el chico jugaba muy bien y eso le gustaba. Y en ese momento, al ver que Scorpius venía hacia ellos seguido por Albus Potter, Josephine se puso en el borde de la granda y le gritó a Scorpius.
-¡Scorpius, vamos, tu puedes!
Y eso fue todo lo que Albus necesito para atrapar la snitch. Al escuchar su nombre, Scorpius se desconcentró un segundo... solo un segundo, pero eso fue suficiente para que Albus de adelantara treinta centímetros y atrapara la pelota.
-¡FIN DEL PARTIDO, GRYFFINDOR GANA!-Exclamó Gita en voz alta, haciendo que los Gryffindor gritaran de alegría y júbilo, mientras que en las gradas todo el mundo se fue encima de Josephine, pues se dieron que ella había sido la responsable de desconcentrar a Scorpius y por eso Albus Potter atrapó la pelota antes.
Rose y los demás descendieron y llegaron al suelo, seguidos por los Slytherins quienes venían furiosos y se fueron directamente a las duchas.
-Rose, vamos, debemos ir a la enfermería para que madame Pomfrey te cure el brazo-Dijo Magnus con tono preocupado cuando todos llegaron al suelo.
-¡ROSE, MAGNUS!
Alexandra venía corriendo por el campo y tras ella, el resto de la casa, gritando y celebrando la victoria.
-De verdad, estuvieron geniales-Dijo ella cuando llegó hasta ellos-No recuerdo haber visto un partido así en mucho tiempo... ¡AL!-Exclamó al ver a Albus y le echó los brazos al cuello-Estuviste genial, de verdad.
-Ya Alex, vas a estrangular a mi primo-Dijo Rose sonriendo pero un segundo después soltó un gruñido de dolor.
-Rose debe ir a la enfermería-Dijo Magnus-Si nos disculpan...
-Claro, cuando lleguen a la sala común ya tendremos todo listo para la fiesta-Dijo Hugo, guiñándole un ojo a su hermana.
-Está bien enano, iremos a la fiesta luego de ir a la enfermería-Dijo Rose, dándose por vencida.
El resto del equipo de Gryffindor y los demás se fueron a la sala común, mientras que Rose y Magnus se fueron a la enfermería. Ninguno de los dos dijo nada, el silencio entre ellos era como una muralla. Desde que Rose había vuelto a hablar con Scorpius, Magnus le había quitado la palabra y eso le molestaba. Magnus era su amigo y le había dicho hasta el cansancio que scorpius no tenía nada de malo, pero no importaba cuántas veces Rose lo dijese, Magnus simplemente no le creía. Llegaron a la enfermería y la enfermera le soltó el hueso roto en un segundo y luego le dio a beber una poción con sabor a lodo, pero era para fortalecer el hueso. Con un gracias Rose y Magnus salieron del lugar.
-Bueno, ¿vas a decirme algo o no?-Dijo Rose, harta.
-No tengo nada que decirte.
-¿Ah no? bueno, pues el hecho de estar en silencio después de un partido como el que acabamos de jugar, me demuestra que
no quieres hablarme.
-¿Por qué?-Preguntó Magnus cuando bajaron una escalera.
-¿Por qué?
-¿Por qué volviste a hablar con Malfoy?
-Magnus, ya hemos hablado de esto hasta el cansancio, no tengo ganas de discutir contigo.
Magnus se paró en secó y la miro a los ojos.
-Dime por qué volviste a hablar con ese sujeto, Rose. Pensé que después de leer aquel artículo...
-Así que era tu intención-Exclamó ella, cayendo en cuenta-¡Me mostraste aquel artículo con la única intención de hacer que odiara a Scorpius! de verdad Magnus, te estás convirtiendo en una persona que no reconozco...
-¡Te mostré ese artículo para que te dieses cuenta de que el padre o el abuelo del bastardo de Malfoy torturaron a tu madre, Rose!
¡A tu propia madre!
-Oh no, a mi madre la dejas fuera de esto-Dijo ella con ferocidad-¡Tu lo único que quieres es que la gente culpe a Scorpius por las cosas que su padre y su abuelo hicieron pero no vas a lograrlo por yo confío en él!
-¿Por qué?, ¿cómo sabes que no fue su padre o su abuelo quien torturó a tu madre?
-¡Porque mi madre me dijo la verdad!-Explotó Rose sin poder evitarlo-¡No fue ni el padre ni el abuelo de Scorpius quien
torturó a mi madre!
-¡¿Y QUIÉN DIABLOS FUE SINO FUERON ALGUNO DE ELLOS?!
-¡Fue Bellatrix Lestrange!-Respondió Rose con ira-¡Ella fue la que torturó a mi madre!
Rose se sintió liberada. Había prometido no revelar aquella información, pero la actitud de Magnus la superó.
-¿Bellatrix... Lestrange?
-Si, ella, Bellatrix Lestrange, Bellatrix Lestrange fue quien torturó a mi madre en la mansión Malfoy, Bellatrix Lestrange, quien por si se te olvida también fue la culpable de torturar a tus abuelos.
-¿Cómo crees que me olvidaría de su nombre?-Preguntó Magnus rojo de rabia y con los dientes apretados-Aquella infeliz fue la culpable de que mi padre creciera sin sus padres.
-Si y fue ella quien es la responsable de la tortura de mi madre y de otros múltiples crímenes horribles. Pero fue ella y está muerta, mi propia abuela acabó con ella... ¿no lo entiendes? aquella horrible mujer ya esta muerta-Murmuró Rose- Scorpius ni su pare ni su abuelo tuvieron nada que ver en el asunto y si, puede que hayan cometido otros crímenes-Agregó Rose al ver que Magnus abría la boca-Pero en lo que respecta a la tortura que sufrió mi madre, los Malfoy no tuvieron nada que ver con el asunto.
Magnus se había quedado sin armas en contra de Scorpius y lo sabía. sin embargo no podía darle la razón a Rose, no quería verla junto a Scorpius otra vez, ¿por qué? toda la lógica y la razón le decía que Scorpius no tenía nada que ver con aquella tortura, ni tampoco su padre o su abuelo. Pero no podía darle la razón a Rose, cada vez que la veía con Malfoy le hervía la sangre y se le nublaba el juicio, ¿por qué?
-Magnus, entiéndelo de una maldita vez-Dijo Rose mirándolo con aquellos penetrantes ojos azules-Scorpius no tiene nada que ver con el pasado así como ni tu ni yo. Es cierto que su familia se equivocó, cometieron errores y crímenes, pero esa no es razón para juzgarlos, es estúpido...-La muchacha se acercó a él-Siempre has sido una persona razonable, por eso eres mi amigo, eres el único que nunca se ha dejado llevar por prejuicios tontos, ¿por qué no puede ser así esta vez?, ¿por qué quieres dejar de ser mi amigo? te conozco desde hace años y no quiero que... no quiero que todo eso se vaya por el caño.
Magnus miró a Rose desde su 1.78 y su mente se nubló. Él tampoco lo sabía, no tenía explicación para su actuar, él nunca había actuado así, ¿que le estaba pasando?, ¿cómo había llegado a esto? la respuesta era Malfoy, Malfoy, siempre Malfoy. Y no le cupo duda: odiaba a Scorpius Malfoy con todo su ser pero no sabía porqué. Y eso era algo que nadie ni nada iba a cambiar. Se alejó de Rose.
-No Rose, no puedo, no me pidas eso...-aquello era definitivo-Rose, no me pidas que aprueba tu amistad con Malfoy porque no lo voy a hacer. No puedo ser tu amigo mientras tú seas amiga de un sujeto como ese.
Rose se quedó sin saber qué decir, qué hacer.
-Estas siendo muy cruel, Magnus.
-Así soy Rose, sabes que conmigo no existen los términos medios-Murmuró Magnus encogiéndose de hombros.
-¿Entonces ya está?-Rose tenía el ceño fruncido-¿Estás diciendo que esta amistad queda hasta aquí?
-Tómalo como quieras.
-¡MALDITA SEA MAGNUS, DIME QUE ME QUIERES DECIR CON ESO!
-Que ya no puedo seguir siendo tu amigo Rose... ya no.
Rose se quedó mirándolo, sin saber cómo reaccionar. Para ella, la amistad de Magnus era como el aire: algo que siempre había estado ahí, sin importar lo que pasara. Rose confiaba en él y tenía que reconocer que Lengua Afilada tenía algo de razón cuando decía que Magnus tenía algo de estatua porque infundía confianza en la gente y Rose no era la excepción. Pero ahora, todo esto la mataba de tristeza.
-No... no podemos dejar de ser amigos, Magnus-Murmuró ella-No después de tantos años.
-Pues yo no puedo ser tu amigo más tiempo Rose, ya no-Y sin decir otra palabra se fue por el pasillo, dejando a Rose sola y sin saber qué hacer.
-¿Y les ocurrió algo?
-¿Algo como qué?, ¿ser abducidos por una nave extraterrestre?
-Esto es muy extraño.
-Alexandra, Rose es la reina de las cosas extrañas.
-Emily, sírveme otra-Dijo Kate, alargando la copa que tenía en su mano.
-Kate, es la tercera que te tomas-Le dijo Emily.
-¿Qué más da? la vida apesta y la única relación que tengo ahora es con esta exquisita champaña-Murmuró Kate mirando la botella-Ah, Moêt de 12 años, mi único consuelo-Y se sirvió otra copa.
-¿Tan malo fue?-Le preguntó Alice mientras bebía de su copa.
-Ni te lo imaginas-Dijo Kate-Leonard me juró que lo de Mia era mentira y que a la que amaba es a mí, pero no le creí nada. Es igual de mentiroso que todos los chicos.
Las chicas de Gryffindor estaban en su habitación tres horas después de que la fiesta por el triunfo de Gryffindor terminara. además, luego del partido, Kate y Leonard habían charlado y ella le había puesto punto final a la relación, luego de no pocos ruegos por parte de Leonard. Kate, sin embargo, ni hizo caso a ninguno y lo cortó sin más. Alexandra sabía que Kate estaba mal y como la fiesta ya había terminado, le había dicho a Emily y a Alice que subieran a su habitación para abrir una botella de champaña suave que había quedado desde su cumpleaños. Además de despotricar en contra de los hombres y sus defectos, habían comentado lo mismo que todo el mundo. Ni Magnus ni Rose habían vuelto de la enfermería y eso los preocupó porque puede que Rose odiara las fiestas, pero si era para celebrar un triunfo de Quidditch, era la primera en participar.
-Tal vez ser fueron por ahí...-Sugirió Emily, riéndose.
-¿Qué insinúas, Em?-Preguntó Alice.
-Ah, no lo sé Alice, pero siempre he pensado que entre ellos dos podría haber algo más que una simple amistad-Dijo Emily mientras Kate afirmaba con la cabeza.
-No digas tonterías-Exclamó Alexandra riéndose-¿Magnus y Rose? eso es de locos. Esos dos no durarían un segundo juntos.
-¿Por qué dices eso?-Preguntó Alice.
-Porque son demasiado cabeza dura y nunca dan su brazo a torcer, sería una locura, nadie podría...
Pero Alexandra no terminó la frase porque la puerta se abrió y Rose entró a la habitación con una expresión de derrota en el rostro.
-Rose, ¿dónde estabas?-Preguntó Alice-Nos has tenido a todos muy preocupados.
-Por ahí-Respondió ella sin mirarla a los ojos.
-¿Sola o con mi hermano?-Inquirió Alice.
-Sola.
-Rose, ¿qué fue lo que pasó?-Alexandra se acercó a ella-Los estuvimos esperando para...
-Alex, de verdad, no tengo ganas de hablar... ¿qué te pasa, Kate?-Preguntó Rose-¿por qué están bebiendo?
-Kate terminó con Leonard-Informó Emily.
-Vaya, me gustaría decir que lo siento pero no puedo-Murmuró Rose con una sonrisa-Ya sabes que siempre pensé que Leonard era un idiota.
-Gracias Rose-Dijo Kate riéndose-Ahora eso me hace sentir mucho mejor.
-Lo siento, sabes que el tacto no es mi fuerte.
-¿Y tu dónde estabas?-Preguntó Emily-¿estabas con Magnus?
-Algo así-Respondió Rose en voz baja.
-Discutieron otra vez, ¿verdad?-Preguntó Alice con una sonrisa torcida.
-Tu hermano acaba de dar por terminada nuestra amistad-Dijo Rose con voz serena.
-¿Qué? eso no puede ser, ustedes son amigos desde siempre-Dijo Emily.
-Así son los hombres, Em-Dijo Kate mirando su copa-Siempre estropeando todo.
-¿Cómo es eso de que ya no son amigos?-Preguntó Alice-Ustedes discuten y pelean, pero siempre lograr arreglar las cosas.
-Esta vez no-Respondió Rose, sentándose en su cama y mirando a las chicas-Dijo que no podía ser mi amigo sin insistía en ser amiga de alguien como Malfoy.
-En eso tiene razón-Dijo Alexandra.
-¡Magnus no puede controlar mi vida!-Exclamó Rose enojada-Cree que el derecho de decidir de quién soy amiga y de quién no.
-¿Y de verdad crees que vale la pena perder tu amistad con Magnus por alguien como Scorpius, a quien recién vienes conociendo?
-Alex, de verdad, no quiero discutir contigo tampoco.
-¡Oh, Rose no quiere discutir!-Exclamó Alexandra con sarcasmo-Pues te diré algo Rose, estás cometiendo un grave error en cambiar la amistad de Magnus por la de un sujeto como Malfoy.
-Te lo estoy pidiendo con gentileza, Alex...
-¡Pues yo no! Eres una estúpida Rose, ya verás como Malfoy solo te trae problemas.
-¡ES MI PROBLEMA ALEXANDRA!-La gritó Rose, poniéndose de pie-¿quieres ponerte de parte de Magnus, quien insiste en comportarse como un tonto? pues bien, ¡hazlo! ya sé que tu también no soportas a Scorpius y estás de acuerdo con cada cosa de dicen sobre él, ¿quieres dejar de ser mi amiga también? ¡pues hazlo, me tiene sin cuidado! todos ustedes son una partida de idiotas que no saben lo que dicen, hablan de Scorpius como si fuera un criminal y una mala persona, son todos unos orgullosos y prejuicioso-Rose temblaba de rabia-¿quieres unirte a Magnus? ¡PUES HAZLO!
Alexandra se quedó mirando a Rose y luego salió de la habitación, dándo un fuerte portazo.
-Maldita sea, la vida apesta-Dijo Kate, mirando su vaso
-Eso fue horrible-Dijo Alice con voz alterada-Alexandra jamás te había dicho algo así.
-Ella y tu hermano insisten en comportarse como unos idiotas-Dijo Rose sentándose otra vez en su cama
-¿Saben lo que hago cuando estoy triste?-Preguntó Kate mirando a las chicas.
-¿Beber?-Preguntó Alice, arqueando las cejas.
-No, bailar-Contestó la chica mientras se ponía de pie de un salto y se dirigió al pequeño tocadiscos que tenían en la habitación. Sacó uno de los discos y lo puso a tocar.
Rollin' down the highway
Like a rocket
God, I'm headed to town now
You can't stop it
With the wheel in my hand
As I stand
On the floor
Of the board
Of this car
On the road
Mientras las chicas bailaban Rose las miraba y se reía.
-¡Oh, ven, vamos Rose baila con nosotras!-Le dijo Kate.
-No, de verdad, bailen ustedes.
-¡Vamos Rose, celebra mi rompimiento con el idiota de Leonard!-Le dijo la chica entre risas.
Rose sonrió. Kate era, en general, una chica bastante propia pero cuando bebía era la mar de graciosa.
-No, de verdad-Dijo Rose y se quedó sentada en su cama mientras Kate y Emily se reían, bailaban y seguían bebiendo.
-¿De verdad lo de ustedes no tiene vuelta?
Alice se sentó al lado de Rose.
-Alice, se que él es tu hermano pero Magnus no puede controlar mi vida.
-Lo sé.
-¿De verdad?-Preguntó Rose, esperanzada.
-Si, Magnus no puede controlar tu vida Rose, eso solo lo decides tu-Alice miraba a Kate y Emily-Solo espero que el tiempo se encargue se hacer a Magnus entrar en razón.
Well a son's gonna rise in a mile
In a mile you'll be feeling fine
In a mile you will see
After me
You'll be out of the dark, yeah
You'll get your shot, yeah
Rose sonrió. Al menos Alice la entendía. Se puso de pie y se acercó a la ventana abierta. Ya estaba oscureciendo y el sol iba descendiendo por detrás de las montañas. Parecía que habían pasado siglos desde que había comenzado el curso. Jamás pensó Magnus dejaría de ser su amigo y, en cambio, ahora era amiga de Scorpius Malfoy, aquel chico solitario y rechazado por todo el mundo, aquel chico cuya familia había sido siempre criticada por su padre. Jamás pensó que Alexandra reaccionaría igual que Magnus y que le diría que era una estúpida.
Al comenzar al curso Rose pensó que sería un año como cualquier otro, pero a medida que pasaba el tiempo se convencía aún más que este año sería un año distinto a todos los demás.
Well a son's gonna rise in a mile
In a mile you'll be feeling fine
In a mile you will see
After me
You'll be out of the dark, yeah
You'll get your shot, yeah
Pobre Rose, se está quedando sin amigos y todo por el hecho de hacerle dado su amistad a Scorpius Malfoy. Parece ser que el chico llegó a complicar si vida. siempre pensé que Rose podría salvar el mundo en cuatro minutos y hasta, le quedaría tiempo para tomarse un té. Pues viéndola ahora, creo que Rose es más vulnerable de lo que todos pensábamos. Sin duda este año a resultado ser un año duro para ella: quedarse sin la amistad de Magno el grande, enterarse de que su madre fue torturada, ver el nombre de sus padres y sus trapitos sucios ser publicados en un libro... bueno, viéndola ahora, mirar por la ventana con la vista perdida me convence aun más que el destino le tiene preparadas aún más sorpresas. No saltes por la ventana, cariño, porque tengo la sensación de que esto recién comienza a ponerse interesante.
Canción:
Son gonna rise-Citizen Cope