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Sombras Del Pasado... 19 Años Después — capítulo 26
Todas las sospechas que Rose pudo tener alguna vez, se habían desvanecido. ¿León Dixon siniestro? ¿Extraño? ¡Vaya que mala impresión había tenido de él!
Inesperado cambio, considerando lo segura que había estado de su impresión sobre León. Pero es que su personalidad era irresistible, no existía absolutamente nadie que no hubiese caído rendido ante sus encantos. El era todo lo que una chica podía desear. Inteligente, amable, amistoso, preocupado, generoso. Y además muy guapo.
Habían pasado unos meses desde la desaparición de Albus , James y Emily… Y de la muerte de Scorpius. La herida que él había dejado en Rose jamás sanaría, de esoestaba segura. Pero estaba aprendiendo a vivir con ella. Y sabía que lo lograría, pues tenía a su lado a su familia… y también a León.
Rose repreguntaba Cómo no se había dado cuenta antes de la hermosa persona que era él. Luego de haberla salvado del suicidio, no se movió del hospital ni un minuto. En un
principio aquello la irritó, pero poco a poco León fue convenciéndola. Se convirtió en su amigo, la escuchaba, la comprendía, y sin que Rose se diese cuenta, él ya era parte de su vida.
¿Acaso sentía algo más por él? No… no aún, le decían todos.
Y es que todos ya sentían a León Dixon como uno más de su bando. El joven se había vuelto una pieza importante en al búsqueda de lo hermanos Potter. Los acompañó en cada expedición de búsqueda, muchas veces arriesgando su propia integridad.
Pero la búsqueda no avanzaba demasiado.
Mientras tanto, el mundo mágico estaba ahora hecho un caos. De pronto la situación política se complicó de forma inesperada, con la aparición de un tal Fedor Robb, un extranjero que consiguió un alto cargo en el Ministerio de Magia, y que en pocos meses alcanzó una increíble popularidad, al punto que cuando sucedió el desastre en Hogwarts, la comunidad mágica consideró que aquello había sido una incompetencia del ministro de magia, exigiendo que dejase su cargo, y proclamando a Fedor como su lógico sucesor. Al principio, el ministro ignoró las quejas, pero pronto la presión se volvió intolerable. Fedor Robb era ahora el nuevo ministro de magia.
Todo aquello resultaba demasiado sospechoso, y cualquier persona con un mínimo de entendimiento podía darse cuenta. Pero la mayoría parecían estar conformes con el cambio. Si bien el nuevo gobierno tuvo en un principio una fuerte oposición, ésta fue volviéndose cada vez más minoritaria. El gobierno de Fedor era tiránico. Su gobierno volvía a marcar las diferencias entre los Sangre Pura y los Sangre Sucia, algo que el mundo mágico había logrado superar hace tiempo. Las medidas represivas se hacían cada vez más notorias, y nadie hacía nada por detener este nuevo régimen. Quizás el pueblo estaba asustado…
Harry Potter, en su posición de jefe de la oficina de Aurors, hacía todo lo posible por luchar contra Fedor, y convencer a la gente del error que estaban cometiendo al adular a aquel odioso personaje. Pero la prioridad era ahora encontrar a sus hijos por lo cual no era mucho lo que podía hacer.
El mundo estaba siendo devorado lentamente por las tinieblas, pero solo unos pocos se daban cuenta…
Ya has conseguido todo lo que el Ministerio puede dar, Padre. Ya es hora de continuar con el plan- dijo León a su padre, seriamente.
Tienes razón, ya es momento de completar nuestros planes- respondió Fedor, con una sonrisa malévola- Las cosas han resultado mejor de lo que yo esperaba… y todo gracias a ti, Hijo.
Nada era más cierto que aquello. Resultó que el encaprichamiento de León con aquella chica fue más productivo de lo que nunca hubiese imaginado. Simultáneamente con ganarse el amor de Rose, León se había ganado al confianza de todos los demás. Todos confiaban en él, y él los llevaba por el lado equivocado. Por eso nada de lo que emprendían daba resultados. León los manipulaba imperceptiblemente. Los únicos reales rivales del nuevo imperio, estaban bajo control.
También Ámbar había sido eficiente en su trabajo. La razón por la cual la comunidad mágica no se alzaba contra Fedor, era porque muchos estaban bajo el efecto de aquel raro hechizo, hipnotizados, en palabras muggle. Y el número de hechizados aumentaba cada día. El ejército personal de los Dixon aumentaba cada día.
-Solo nos falta la última pieza, León… Quiero a la menor de los Potter