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Sombras Del Pasado... 19 Años Después — capítulo 27

Allí, en medio de una montaña, en un territorio olvidado, donde nadie esperaba encontrarla, se encontraba una desvencijada casita, de cuya chimenea salía tímidamente un humo gris. Justo frente a ella un hombre grande, ya entrado en años, tomaba el té junto a un chico de unos 15 años, rubio y pálido, con heridas mal curadas en el rostro y los brazos, de aspecto demacrado y triste.

¿No será hora de actuar ya?- preguntó el hombre con voz gastada - Ya han pasado varios meses, mientras nosotros perdemos el tiempo, ellos adquieren cada vez más poder.

Tienes razón- contestó el joven con aire pensativo- es solo que… no se si estamos lo suficientemente preparados.

¡Por supuesto que lo estamos! ¡No podríamos estar más preparados que ahora!-

¿Será…? - preguntó con inseguridad.

No lo sabremos hasta que luchemos… pero, confía en mí, tenemos una buena oportunidad de vencer.

Scorpius no dijo nada. Recordó entonces en todo lo que había tenido que pasar durante estos meses. Jamás se había creído capaz de soportar tanto dolor. Sin embargo, seguía vivo y luchando. Había logrado escapar, por cosa de milagro, de las garras de los secuaces de su odiado primo León. Resultó que aquella maldición asesina no dio en el blanco. Pero él tuvo que fingir que si lo había hecho. Desde el momento mismo en que aquellos zombies de ojos rojos lo habían atrapado, se dio cuenta que habían sido mandados específicamente para matarlo. Así que se dejó cargar por su supuesto asesino, que era lo bastante estúpido como para no percibir que su víctima respiraba aún. Ambos aparecieron en un lugar que Scorpius no supo reconocer. Su captorcaminó unas horas luego de eso, y de pronto lo tiró sin mucha delicadeza al suelo. Scorpius escuchó entonces, como el hombre conversaba con otro, contándole que ya había logrado matar al chico, "tal y como el amo León lo había solicitado". En un momento, tanto el secuestrador como su amigo sacaron unos tragos, y bebieron hasta quedar desmayados. Scorpius entonces aprovechó la oportunidad de escapar, antes que alguno de ellos despertara y decidiera enterrar al cuerpo.

¿Qué hacer? recordaba haberse preguntado entonces. Su primer instinto era volver inmediatamente con su familia y amigos, con Rose, averiguar si estaban bien y contar todo. Pero de pronto algo lo detuvo. No, eso no era un plan inteligente. Ahora era conciente del poder que León tenía. No es que tuviese miedo de él, pero lo peor que podía hacer ahora era subestimar a su enemigo. No, debía ser cuidadoso, averiguar lo que más pudiese sobre León, para así, al momento de volver, estar preparado. Estaba desesperado por volver con Rose, saber que estaba bien… pero no podía, no aún al menos.

Vagó completamente solo por aquel lugar desconocido por algunas semanas. Hasta que se encontró con el viejo Rob, el hombre que ahora lo acompañaba. Lo encontró un día muy parecido al de hoy, tomando el té tranquilamente fuera de su cabaña en medio de las montañas. Rob había sido la salvación de Scorpius. Gracias a él había logrado toda la información que manejaba ahora sobre León. Juntos habían atrapado a algunos de los miembros del ejército de León, y se habían dado cuenta que estaban hechizados. León y su padre habían sido lo suficientemente inteligentes para no revelar a nadie de su ejército sus verdaderos planes. Pero ya el mero hecho de tener a la gente hechizada no era presagio de nada bueno. También gracias a Rob, ahora ambos habían logrado reunir a un gran ejército de resistencia, que funcionaba en la clandestinidad,sin que nadie del bando enemigo se enterara.

Scorpius había encontrado también a sus padres. Más bien ellos lo encontraron a él. Cuando se enteraron de la muerte del hijo, no se resignaron. El cuerpo jamás había sido encontrado, así que aferrados a la esperanza que aún estuviese con vida, se lanzaron en su búsqueda. Y tuvieron éxito. Scorpius no recordaba haberse alegrado tanto de ver a su padre como cuando se reencontraron, y se abrazaron con desesperación, con alegría infinita.

Sus padres también habían contribuido a aumentar el número de miembros de la resistencia, y eran además la pieza clave del plan para vencer los Dixon. Fue muy difícil convencer a Draco de no asesinar a León. ¿Cómo convencer a un padre que matando al hombre que quiso eliminar a su hijo, no ayudaba a nadie? Por suerte, lograron detenerlo. Ahora, tanto él como Astoria, habían hecho un enorme esfuerzo interpretativo para actuar como aliados cercanos de Fedor. así era como habían logrado enterarse que, lamentablemente, León tenía una privilegiada posición entre los más fervientes detractores del gobierno de Fedor: Los Potter y los Weasley. Aún peor, se había ganado el cariño y la confianza de Rose.

Si, Rob tenía razón.

Lamentablemente, Los Dixon tampoco habían revelado nada sobre sus planes específicos a los Malfoy.

Ya era hora de actuar. Aquello no podía seguir así. Mientras más tiempo pasara Rose al lado del siniestro León, más peligro corría.

Rob… es verdad: ya es la hora… - Scorpius se levantó con decisión de su silla - Avisa a los demás que se preparen… en unos días más todo esto se habrá acabado.

Ya es la hora…- la voz profunda de Fedor - ahora que ya tengo a la pequeña… solo falta que traigas a Potter aquí, León.

Esta bien…- comentó este con voz aburrida- ¿para cuando los quieres?

Mañana…-

De acuerdo…- León tuvo que reprimir una sonrisa. Pobre Fedor… se veía tan relajado, pensando que, una vez que lograra su cometido con los Potter, podría asentar su poder con tranquilidad. No adivinaba el gran golpe que su hijo le tenía preparado.

¡Harry! ¡Harry! - León se presentó agitado, en la sala de la casa de los Potter- ¡Creo… creo que se dónde están tus hijos! ¡Debemos ir! ¡Debemos ir ahora!

En la sala hubo diferentes reacciones: Harry y Ginny se levantaron inmediatamente, ambos con ojos marcados por el dolor, pero decididos a luchar por sus hijos. Ron, Hermione, Rose, permanecieron sentados, atónitos. Luego de unos momentos se levantaron los tres, listos para partir.

¡Llévanos al lugar! ¡Pero Ya! - exclamó Harry con desesperación.

Si…- León caminó directo hacia Rose y, tomando su rostro entre las manos, mirándola directo a los ojos, le dijo: No vayas… por favor…

¡Debo ir!- dijo ella, sosteniéndole la mirada firmemente- ¡Son mis primos! ¡Debo salvarlos!

¡Tranquila! ¡Nosotros nos encargaremos de eso! ¡Juro que los traeré sanos y salvos! Pero… ¡Por favor, quédate aquí! - León realmente no quería que Rose presenciara el espectáculo que estaba a punto de suceder. No sería nada lindo para ella, y probablemente, tampoco fuera conveniente para él tenerla como testigo.

Rosie… León tiene razón… no es necesario que vayas-interrumpió entonces Ron - Va a ser peligroso.

¡Papá! ¡No puedes hacerme esto! ¡No puedes dejarme aquí!-

Hija…entiende… es por tu bien…- Hermione se acercó a su hija, para abrazarla - quédate aquí con los demás. Es lo mejor.

Pero…-

No Rose, no irás- sentenció la madre, ahora con dureza - Nos encargaremos de esto… - y dulcificando la voz, terminó - tranquila, todo saldrá bien.

Rose suspiró resignada. Se despidió de cada uno con un fuerte abrazo, deseándoles suerte. Cuando le tocó el turno a León, esté la besó en la frente y luego la estrechó entre sus brazos:

-Pronto todo estará bien, y podremos estar felices… juntos.

Rose asintió con tristeza, bajando la mirada.

Un segundo después, todos habían desaparecido.