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Cásate conmigo — capítulo 12
Ron había comprendido el significado de la palabra "sombra" desde muy temprana edad. Él había pasado toda su infancia y adolescencia siendo una sombra, la sobra de alguien más. Pero mientras estuvo con Brahim esa palabra adquirió un nuevo significado para él, uno que ahora le permitía realizar lo que estaba haciendo.
"Competencia" era otro significado que él había comprendido con dolorosa rapidez y con ello el de "derrota".
Bill era guapo e intrépido, él no era nada del otro mundo y tenía dos pies izquierdos.
Charlie era aventurero y sociable, Ron le tenía miedo a las arañas y le costaba mucho hablar con desconocidos, vamos, con sus mismos hermanos.
Percy era el inteligente y responsable, él era más bien tonto y no se podía hacer cargo ni de él mismo.
Los gemelos eran divertidos, traviesos, adorables, bromistas y un largo listado de etcéteras; Ron sólo sabía jugar al ajedrez mágico y no era bueno contando chistes.
Ginny era niña, él no.
Ron supo desde niño que no era especial, que no era como sus hermanos, que nunca sería como ellos sin importar cuanto se esforzara por lograrlo. Pero él tenía algo que ninguno de ellos tenía: era el pequeño, el menor de todos sus hermanos y por tanto Molly le ponía un poco más de atención que al resto, a pesar de que toda su atención la acaparara Ginny; él le ganaba en eso a sus hermanos. Era poco, lo sabía, pero se aferraba a ello con desesperación.
Bill era demasiado mayor como para sentir celos de él, Charlie se enfadaba cuando mamá le dedicaba más tiempo a Ron durante la hora de dormir; Percy hacía berrinches cuando Ron se llevaba el dulce extra que mamá tenía y los gemelos pasaban horas torturándolo cuando era a él que le daban un juguete nuevo.
Pero eso era todo, no había nada más. Después de eso, él regresaba a ser la sombra de sus seis hermanos.
Para Molly todos sus hijos eran especiales pero Ron era un poquito más especial. No sabía como explicarlo o siquiera cómo ponerlo en palabras porque de hacerlo sabría que se desataría una guerra a su alrededor y de entre todos los perdedores, ella perdería mucho más.
Conocía a sus hijos a la perfección y los amaba a todos en la misma cantidad. Nadie, nunca, podría acusarla de tener preferencias porque siempre encontraba un momento especial, una actividad en la cual participar con todos sus hijos; los regañaba y los premiaba por igual pero había algo con Ron que…
Ron era el único que recogía su plato y su vaso al terminar de comer por eso le toca elegir el cuento para antes de dormir un día sí, un día no.
Él era el único que siempre le daba un beso y un abrazo por las mañanas o cuando iba con su padre a la oficina por eso le preparaba su comida favorita una vez al mes.
De todos sus hermanos, Ron era el único que limpiaba su cuarto; sí, a regañadientes y después de muchas discusiones pero lo hacía por eso le tocaba el postre extra después de la cena.
Ron era el único que no se quejaba de las canciones de Celestina Warbeck todas las navidades por eso invertía un poco más en sus regalos, sólo un poco más porque no había mucho pero ella se esforzaba en darle un poquito más.
Por esas y muchas más razones, Ron era un poquito más especial para Molly que el resto de sus hijos. Aunque a veces sentía que él no se daba cuenta de nada de eso y se sentía menospreciado.
La casa estaba en silencio, los elfos domésticos estaban descansando, los aurores se habían retirado, y él y su esposa estaban durmiendo en su habitación.
Recorrió los pasillos, los conocía a la perfección, no por nada había pasado horas enteras en ese lugar; los recuerdos estaban guardados en cada habitación, en cada pasillo, en cada fotografía colgada en las paredes, algunos buenos, otro… no tanto.
Todo había cambiando desde la última vez que estuviera ahí pero la esencia era la misma: maldad y oscuridad impregnando cada rincón.
Se detuvo, sabía que ese era el lugar. La habitación principal, la más grande y ostentosa; tenía la varita preparada, sólo era cuestión de entrar y terminar con todo, tal vez ni siquiera le diera tiempo de reaccionar, moriría dormido.
Su mano estaba en el picaporte, lo que tenía que hacer era girarlo y entrar; conocía la maldición, la había escuchado gritar, la había visto pasar rosando a su lado, le había quitado la vida a su hermano. Entonces ¿Por qué no entraba y acababa con todo?
---Por fin te comportas como lo que siempre has sido: una sombra.
Reconoció la voz inmediatamente, la había escuchado durante más de siete años; había sido amigo del dueño de esa voz, había reído y llorado con él, había peleado a su lado…
---Nunca fuiste más que una sombra. La sombra de tus hermanos, de tu familia, de tus amigos pero sobre todo, siempre fuiste mi sombra. ¡La sombra del gran Harry Potter!
Ron no se dio la vuelta, no bajo la varita, no quito la mano la mano del picaporte, simplemente se quedo quieto escuchando. Tiempo atrás, antes de su estancia con Brahim, esas palabras lo hubieran enfurecido, hubiera atacado sin piedad, en definitiva, hubiera actuado como el antiguo Ronald Weasley pero en esa ocasión analizó fríamente las cosas y le dio la cara a sus problemas.
--- ¿Desde cuándo te consideras tan grandioso?--- preguntó. El tono burlón en su voz enfureció a Harry--- ¿Desde qué pusiste todos esos pensamientos en mi cabeza? ¿O desde qué lograste que me alejara por completo, dejándote de esa forma el camino libre hacia Hermione? Porque sí, te casaste con ella pero su corazón y su alma aún me pertenecen.
---Ella ya no te ama--- la seguridad en su voz lastimó profundamente a Ron--- Hermione va a tener un hijo… mío.
Dejo caer la varita, las fuerzas lo abandonaron y se derrumbó. Hermione iba a tener un hijo, un hijo de Harry, con Harry, no con él. Esa era la confirmación que no esperaba escuchar.
--- ¿Por qué lo hiciste?--- fue lo único que fue capaz de pronunciar.
Del rostro de Harry se borró la sonrisa burlona que se había formado en su rostro con el aspecto derrotado que ofrecía Ron.
---Se suponía que éramos amigos, que lo más importante para ambos era la felicidad del otro. Luchamos juntos, derrotamos a Voldemort juntos, vimos morir gente que amábamos juntos.
Harry no respondió. Su rostro era una máscara inescrutable.
--- ¿Es por qué la única persona que nunca te falló se enamoró de mi? ¿Por qué ella me eligió a mí… aún a pesar de ti?
--- ¡Tu no la mereces! No eres más que un cobarde que la abandonó cuando más te necesitaba, le rompiste el corazón. ¡Eres un maldito cobarde y no voy a permitir que la arranques de mi lado!--- el grito de Harry fue desesperado y lleno de histeria, estaba fuera de sí y de su varita salían chispas de un venenoso color verde.
--- ¡Ella me ama a mí!--- gritó Ron, también fuera de sí.
--- ¡Sectusempra!
--- ¡Expulso!
Gritaron al mismo tiempo. Los hechizos pronto se convirtieron en maldiciones. Harry estaba dispuesto a matar, Ron no estaba seguro de lo que quería. Estaba peleando con el que alguna vez fue su mejor amigo, su hermano pero también con el hombre que convirtió su vida en un infierno.
Pero tampoco lo podía culpar del todo; él fue el que creyó lo que la voz en su cabeza le decía, el que los abandonó cuando más lo necesitaban, él, él y nadie más que él. No merecía nada de lo que tenía, más le valía morir.
--- ¡MALDITO!--- gritó enfurecido Ron. Harry lo estaba haciendo de nuevo.
--- ¡Desmaius!--- el hechizo de Harry lo arrojó contra la pared destruida, lo había derrotado de nuevo, como siempre--- Lo ves, nunca podrás superarme.
--- ¡Petrificus Totalus!
El hechizo de Ron dio en el blanco y Harry quedo petrificado.
---Nunca bajes la guardia, aún cuando el hombre este caído.
Gruesas sogas salieron de su varita y se enroscaron alrededor del petrificado cuerpo de Harry.
Se dirigió de nuevo hacia la puerta y en esta ocasión si giró el picaporte. Ahí estaba ella, dormía tranquilamente, como sí la pelea a muerte no se hubiera escuchado en esa habitación.
---Hermione…
Estaba tan hermosa, con su cabello acomodado dulcemente sobre la almohada…
---No fue a Hermione a la única que abandonaste ese día.
Esas palabras traspasaron a Ron de una forma que ningún hechizo o maldición había hecho antes.
---Se suponía que éramos amigos y aún así nos abandonaste. Te mereces todo lo que te sucedió--- le gritó Harry.
Ron se volvió enfurecido, esta ocasión estaba dispuesto a matar.
--- ¡Desmaius!
Cinco hechizos de los aurores golpearon con fuerza a Ron, haciendo que se estrellara con fuerza en la pared; otros tres corrieron a desatar al ministro. Harry se puso en pie rápidamente y se acercó a su caído amigo.
---Y siempre es bueno tener a los aurores a tu servicio, ya sabes, cuando has caído--- le dijo al oído, Ron no había perdido la conciencia a pesar del golpe--- ¡Llévenselo!--- le ordenó a sus hombres.
Ron siempre había sido un sombra, ahora sólo era cuestión de tiempo para aprovechar esa prodigiosa habilidad.
Fuertes sogas aprisionaron su cuerpo mientras era trasportado por tres aurores y vigilado por dos más. Azkaban era su destino.
---Ron…
Harry fue el único que logró escuchar el suave lamento que salió de los labios de Hermione, ella había reaccionado ante su presencia.