Tituladas 16.2% · 32,381 de 199,415 descubiertas
Rescatado 63.6% · 59,982 de 94,296 páginas identificadas · 59,972/60,586 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 29296 · de

Historia 29296 — capítulo 1

CAPITULO 1: SE LLAMARA TOM.

La nieve cruje bajo sus pies, la humedad se introduce por uno de los múltiples agujeros que tiene en los zapatos, solo da dos pequeños pasos antes de sentir otra punzada de dolor que le traspasa la cadera, provocando que su abultado vientre se endurezca, tiene que detenerse de una reja que cubre una ventana, para no caer al pavimento, aprieta tanto el barrote de la reja que se hace daño en la palma de la mano, el dolor poco a poco va remitiendo, al igual que su agarre de ese barrote, ahora que esta mas tranquila ve alrededor, esta parada en una calle casi vacía, los dos transeúntes que comparten la acera con ella, le echan una mirada de semi desprecio, al ver su ropas desgastadas y su semblante pálido y enfermizo, pero lo que de plano los ahuyenta es su embarazo que esta muy avanzado.

La mujer vuelve a sentir una fuerte punzada en su baja espalda, esta vez el dolor es mas fuerte, y siente que algo se rompe dentro de ella, ya no falta mucho para que su hijo nazca, se vuelve a sostener de ese barrote de ventana, pero sabe que tiene que llegar a un lugar seguro lo mas rápido posible, el dolor esta pasando, y da pequeños pasos, se sostiene de la pared, y trata de caminar lo mas rápido que su condición le permite. Un nuevo año se acerca, falta unas pocas horas para la media noche, y ella esta sola, hambrienta y a punto de tener al hijo del hombre que la abandono, aun le duele la ultima mirada que ese hombre le dedico, era una mirada lleno de horror, de desprecio, pero tal vez lo que la hirió mas, fueron sus palabras. “maldito fenómeno, no me toques”, esas palabras le taladraron el corazón, esas palabras que fueron gritadas cuando ella trato de impedir que su marido hiciera las maletas y se largara, y también fueron esas palabras las que hicieron que se avergonzara de lo que la naturaleza le había obsequiado, desprecio a su magia.

Ha comenzado a nevar de nuevo, ráfagas de viento cada vez mas violentas, y esa mujer con cada paso siente que las fuerzas la están abandonando, pero al parecer un rayito de esperanza se le presenta, al final de la calle, esta un edificio de color blanco, que casi se pierde entre la nieve que esta cayendo, y si tan solo pudiera llegar ahí, tal vez ahí le pueden ayudar. Pero cuando ya esta a punto de llegar a la puerta, de nueva cuenta se presenta una nueva contracción, que hace que la mujer, caiga de rodillas sobre el asfalto frío y resbaladizo, su ropa cada vez esta más mojada.

Después de un minuto de esa larga agonía, trabajosamente se pone de pie, se aferra a los barrotes fríos de la alta verja que antecede a un amplio y descuidado jardín, hay un cordón atado a una campanilla, la mujer lo tomo y el tañido desesperado de la campana rompe el silencio de esa última noche del año. Dos, tres, hasta cuatro tañidos se oyen antes de que de la puerta de ese gran edificio se abra, por ella sale una mujer en extremo delgada, cubierta por un grueso y algo raído abrigo de color café, la mujer lleva una lampara de aceite en la mano, la luz de la lampara ilumina una cara huesuda y los cristales de unos lentes deslumbran por un momento a la mujer que esta en la entrada.

-Buenas noches, ¿Qué desea?- pregunta la mujer de la lámpara.

-Ayúdeme- es lo único que puede decir Mérope Riddle antes de que otra contracción se deje sentir.

Se oye le rechinido de la verja de metal al ser abierta, Mérope estuvo a punto de caer al suelo, pero esa mujer la toma de un brazo, evitando así que Mérope de nueva cuenta caiga al suelo, a pesar de que su envergadura no es de una mujer fuerte, la encargada de ese edificio, logra soportar el peso de Mérope, la ayuda a entrar al recinto. Se detienen a mitad de camino por un nuevo dolor, pero este es diferente, por que Mérope siente que algo líquido baja por sus muslos, su hijo ya no esperara más.

La mujer se da cuenta del nuevo dolor, así que trata de aligerar la situación.

-Soy una mal educada, no me he presentado, soy Bárbara Cole- pero su interlocutora no le hace caso, no mientras sienta que su cóccix se abre más allá de lo normal.

El cambio de ambiente se hace de pronto evidente, entrar a una habitación calida, donde hay muy poco mobiliario, apenas si hay un sofá de color negro, una mesa cerca de la ventana, pero también esta una enorme chimenea en la cual esta chisporroteando un abundante fuego.

Bárbara Cole ayuda a Mérope a recostarse en el sofá, por causa del sudor sus ropas harapientas se le pegan a su débil cuerpo. Sabe que las fuerzas la están abandonando poco a poco y también sabe que no resistirá mucho tiempo mas, solo espera poder soportar hasta que su hijo nazca.

Todo lo ve borroso y la voz de la mujer que la ayudo se le oye lejana, le esta diciendo algo de que va a traer sabanas limpias y agua caliente, ¿para que? Mérope no lo sabe, trata de serenarse pero no puede por que de nuevo el dolor se presenta, y siente que algo mas caliente y viscoso resbala desde el centro de su cuerpo, es sangre.

Solo han pasado tres minutos, y Bárbara Cole ya ha regresado a la habitación, acompañada por otra mujer mucho mas joven, tanto que aun conserva unos rasgos infantiles, el tic tac de un reloj de pared es lo acompaña a los gritos ensordecedores de Mérope Riddle.

Son casi las doce de la noche, el año se esta muriendo, pero antes de que la ultima campanada llegue y los habitantes de la ciudad se desean un feliz año nuevo, una joven mujer exhala un grito final, mientras un bebe sale de su cuerpo.

El pequeño se mueve con insistencia, como un pequeño reptil, es rosado y a pesar de que su madre no se alimento como era debido tiene un buen tamaña y un buen peso. La señorita Cole, y envuelve en una vieja sabana, y se le hace raro que el bebé no llore, y por increíble que parezca ya tiene los ojos completamente abiertos, unos ojos oscuros, adornados por pestañas rizadas, son unos ojos enigmáticos.

Las pocas fuerzas que Mérope aun conserva, solo sirven para exclamar su último deseo y su última petición.

-Espero que se parezca a su padre-

Bárbara Cole, al escucharla la voltea a ver, pero se sorprende por que la mujer ya es casi un cadáver, se le acerca con cuidado, y le coloca cerca suyo al bebe, pero Mérope lo único que puede hacer es rozarle una de sus pequeñas manos.

Y mira a lo lejos y a nadie en particular.

-Por favor llámenlo, Tom Marvolo Riddle, Tom por su padre y Marvolo por su abuelo-

La mano que apenas si tocaba la suave piel del recién nacido cayo sin fuerza, aun costado de la mujer, Mérope Riddle ha muerto.

Y es en ese momento cuando el bebé da su primer chillido, pareciera como si el pequeño no soportara estar cerca de una persona muerta. Bárbara lo toma en brazos, el niño cesa su llanto, la joven mujer no puede evitar pensar que el deseo de esa pobre que acaba de morir, si se cumplió, por que el pequeño en verdad que no se parece en nada a su madre.

A lo lejos se oye la campana de la iglesia más cercana, y en el salón de ese gran edificio se oye la algarabía de sus residentes, así como unas cuantas risas infantiles.

-Bueno- Bárbara mira al pequeño- Tom este será tu hogar-