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Historia 29296 — capítulo 2

CAPITULO 2: DIEZ AÑOS DESPUES…. CASI ONCE.

Si algo que le disgusta más allá de lo normal, son los chillidos de esos niños, es algo tan insoportable, taladrantes, que tiene que taparse la cara con la sabana descolorida que tiene olor a naftalina, para tratar de disminuir un poco el ruido infernal, que producen esos chiquillos del demonio. Pero es inútil por que ese olor nauseabundo de la ropa de segunda mano se impregna en su respingada nariz, así que se destapa la cabeza y mira hacia la ventana abierta por donde entra la luz del sol, la luz cae sobre un reloj de sol que el pequeño niño ha construido, por que claro en esa cloaca no hay un reloj decente, la sombra que se proyecta en la pared blanca, marca que son las ocho de la mañana, sabe que pronto lo llamaran a desayunar, si es que a ese potaje de avena se le puede considerar desayuno.

Aun se escuchan llantos infernales de esos chiquillos, que no llegan ni a un metro de altura, eso hace que nuevas muecas de fastidio, se dibujan en la cara de ese niño, así que se vuelve acostar boca arriba y se tapa los ojos con el antebrazo, y trata de pensar en otras cosas, cosas que lo intrigan y a la vez lo fascinan. ¿Cómo era posible que lograra que el conejo de Billy se subiera a esa viga, con solo pensarlo?, pero eso no era todo, claro que no, había eso otro de que podía mover objetos sin tocarlos, y lo mejor de todo que podía comunicarse con las serpientes, había probado tratar de comunicarse con un perro callejero que siempre husmeaba la basura, pero no lo consiguió, también con los gatos, pero tuvo el mismo resultado, pero eso no le importo mucho, por que los gatos y los perros le parecían sucios y muy comunes, en cambio las serpientes, eran enigmáticas, temidas, peligrosas y sobre todo inspiraban respeto y miedo. Justo lo que él quiere inspirar.

Oye pasos que se aproximan, son pausados, es la vieja señora Cole, el niño hace otro gesto de disgusto, cuando distingue los pasos, se pone de pie, y justo en el momento en que abre su armario, la puerta de su habitación es abierta, y si efectivamente la que entra es la señora Cole, quien le dedica una mirada de desconfianza al niño pálido que esta de pie, sosteniendo la puerta del armario.

-Apúrate, si no te quedaras sin desayuno- esa es su clásica frase por las mañanas, ella no es así, tan ríspida y autoritaria, pero ese niño tiene algo que le eriza la piel, tal vez sea esa mirada fría que se esconde en esos hermosos ojos oscuros, o tal vez esa aura intimidante que siempre lo rodea, o quizás esa inteligencia llena de lógica, análisis, pero nada de empatia, nada de perspectiva humana.

  • Ya voy- contesta el pequeño, que toma un par de pantalones cortos algo raídos y una playera por lo menos el doble mas grande que él.

La señora Cole, le dedica una segunda y breve mirada al niño y se va sin decirle nada más. La mujer cierra la puerta y antes de caminar suelta un suspiro, que niño tan raro, esta cerca de cumplir los once años, y no sabe que hacer con él.

El pequeño Tom, antes de vestirse mira su ropa y no entiende como alguien como él tiene que vestirse así, ni tampoco entiende como es que llego a ese lugar, según la vieja señora Cole, él nació en ese lugar, se lo dijo hace dos años, y le contó que su madre murió poco después, el niño se pasa la playera por la cabeza, y ese olor a naftalina le llega mas fuerte, cuando saca la cabeza se acomoda su hermoso cabello negro, que tiene un poco largo, eso tampoco se lo explica, ¿Por qué le creció tan rápido el cabello?, si apenas hace un día que se lo contaron casi a raíz, pero su mente regresa a su madre, el pequeño Tom, piensa que tal vez su madre no era especial como él, por que él puede hacer muchas cosas, algunas con solo pensarlo, o mover una mano, si su madre era igual que él pudo haber evitado morir, se pone los pantalones cortos, y se sube los tirantes, se acerca a un pequeño espejo, este le muestra el reflejo de un niño pálido, de hermosas y afiladas facciones, el pequeño Tom, no sabe quien de sus padres tenia los ojos como él, o el cabello, o la nariz, él no lo sabe y la verdad tampoco lo puede imaginar, pero a lo mejor su padre era especial y a lo mejor se parece a él, si eso es lo mas seguro, se parece a su padre y cuando salga de ese asqueroso lugar lo buscara y puede que a lo mejor él le enseñe hacer mas cosas especiales. Por ultimo el pequeño se pone unos calcetines agujerados y unos zapatos que le quedan algo pequeños, toma un libro de la mesita de noche y se dispone a ir a desayunar.

La ventana del despacho de la señora Cole, muestra una buena parte de los jardines del orfanato, por la ventana se cuelan las risas y las voces agudas de los niños que están bajo su cuidado, la mujer, la señora Cole, deja su pluma fuente junto a los múltiples papeles que adornan su desvencijado escritorio, y se pone de pie para ver por la ventana, su mirada marrón se centra en un grupo de niños que están cerca de un gran árbol, donde hace un mes los niños mas grandes hicieron un columpio utilizando un viejo neumático, al parecer los niños se están organizando para utilizar el juguete por turnos, la mirada de la mujer se desvía un poco hacia un par de niñas, una de esas niñas es la pequeña Amy, la mujer se entristece de inmediato al ver el semblante ausente de Amy, aun no se explica que es lo que pudo haber pasado para que Amy este así, lo único que sabe que es la niña esta así desde aquel viaje a la playa, y la verdad extraña a la Amy parlanchina que aseguraba que cuando fuera grande seria una gran escritora, muchas veces, la señora Cole se sentaba junto a la cama de la pequeña y escuchaba una de sus fantasiosas historias.

La mujer suelta un ultimo suspiro y esta punto de volver al papeleo cuando se da cuenta que en el rincón mas apartado del jardín, esta el pequeño Tom, con un libro en las manos, ahora que lo recuerda, Amy fue de paseo con él en aquella playa, y después de eso la niña cambio, su intuición le indicó en ese momento que Tom le tuvo que hacer algo para que ella cambiara tanto, pero por mas que lo intento, la niña no dijo nada en contra de Tom, al contrario aseguraba que él que era una buena persona, pero ella que ha visto a varias generaciones de niños, no esta muy segura además que en todos sus años de experiencia jamás se había encontrado con alguien como él.

El niño levanta la cabeza y la gira en dirección a la ventana, y ahí esta otra vez, esa mirada penetrante y fría, y esa sonrisa burlona que lo hace parecer aun mas hermoso, la mujer mueve cabeza se siente algo confusa, a veces siente que Tom, puede leer la mente, se ríe de ella misma, cuando ese pensamiento cruza su cabeza, regresa a su escritorio, antes de seguir con el papeleo mensual, se sirve un vaso de ginebra. Después de beberse todo el contenido del vaso de un solo trago, la mujer toma un sobre blanco, su ceño se frunce un poco, la caligrafía elegante y estética se le hace totalmente desconocida, así como el nombre del remitente. ¿Quién será Albus Dumbledore?. La señora Cole no lo sabe, abre el sobre con desconfianza que se mezcla con la curiosidad, saca la carta y la desdobla, la lee con lentitud, mientras su ceño se va frunciendo un poco mas, al desconocido le pide una cita para hablar de Tom Riddle. Eso es mas extraño, por que nadie nunca ha visitado a ese chico, bueno en realidad casi nadie visita esos niños huérfanos, pero ¿Por qué después de tantos años? Alguien se interesa en Tom, acaso ese Albas, conoce a algún familiar del pequeño, o tal vez es que ese desconocido es tan raro como el pequeño. Bueno eso lo sabrá la semana próxima, cuando el personaje los visite. La señora Cole antes de guardar la carta, se sirve más ginebra.