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Historia 29408 — capítulo 5

El lunes me desperté mucho más nerviosa de lo que la situación precisaba. Comenzaba el curso preuniversitario y tenía una buena corazonada, no sabía por qué, pero me daba la sensación de que pasaría algo bueno... y no me equivocaba.

Cuando bajé a desayunar, tras darme una buena ducha, mi madre estaba abajo, pero mi padre ya se había ido a trabajar, entraba a las ocho. Mi madre sonreía y había hecho tortitas, ese era el desayuno de las celebraciones.

-¿Tortitas?¿Qué celebramos?- pregunté, desconfiada.

-Buenas noticias- canturreó, sirviéndome una taza de café- Ha llamado Charlie ¿te acuerdas de él?-asentí, sonriendo- él y su hijo van a venir al pueblo a pasar las vacaciones de verano, se han comprado una casa aquí.

-¿De verdad?- Charlie era, junto con Mike, un policía del pueblo, el mejor amigo de mi padre.

-¿Hace cuanto que no ves a Alex?¿O que no hablas con él, eh?

-Desde que nos mudamos, creo- recordé, él se había desentendido de mi y había pasado de responder mis cartas y mails.-¿Y cómo vienen preparas tortitas?

-Te noto algo escéptica...- bueno, que me hubiera ignorado todo este tiempo igual tenía algo que ver ¿no?- Anda, desayuna y vete a tus clases de futura universitaria- sonreí y me puse a devorar tortitas hasta que me quedé a gusto.

-Hace calor hoy ¿verdad?- pregunté. Mi madre asintió.

-Sí, está cambiando el tiempo y menos mal, porque tenía que ir notándose ya el verano...

Quizás la venida de Alex y Charlie era ese buen presentimiento con el que me había levantado, o quizás no tenía nada que ver. El caso era que me sentía a salvo de Basil, Drusilla y los otros, porque vigilaban a mi familia y porque compartiría aula con dos vampiros. Me estaba autoconvenciendo poco a poco de que no pasaría nada.

A las nueve cogí el coche y conduje hasta el instituto. Las clases comenzaban a las nueve y media y quería llegar unos minutos antes para localizar a Vanessa e impedir que faltara ya el primer día. Aparqué lo más cerca que pude de la puerta y pude ver dos cosas por el retrovisor. La primera fue el flamante coche de Bastien, vacía, pero rodeado de gente que lo admiraba, la seguna fue Nessa, que venía corriendo hacia mi coche.

-¡Maddie!- gritó, sonriendo, y se colgó de la vetanilla del coche- He hablado con Dylan, quiere una explicación- fruncí el cejo, no entendía lo que quería decir.- Si le dices por qué le estás usando de excusa, te ayudará.- suspiré.

-Hola a ti también- bufé-¡Arg! Ya lo arreglaré yo ¿va a venir a las clases, no?

-Sí y tiene el mismo motivo que yo para estar aquí...tú, señorita- ¡Hey! No tenía derecho a echarme bronca, ella era peor que yo y sobre todo con los chicos. Abrí la puerta del coche, empujando suavemente a Nessa para apartarla del mi coche. Salí, cerré la puerta y me encaminé con mi compañera a las clases.

Ya nos habían explicado el funcinamiento de los cursos, así que no me hice mucho lío con las aulas en las que se impartirían las asignaturas que había escogido. Sin embargo, Nessa lo tuvo más difícil, ya que no compartíamos todas las clases.

Matemáticas, física y química para comenzar, clases de cuarenta y cinco minutos luego media hora de descanso y dos clases más, historia y francés. Por supuesto, la peor de todas sería francés, pero estaba segura de que se me haría fácil con Bastien cerca. Sin embargo, algo malo pasó, porque Bastien no estaba, sólo había venido Betsy. Compartíamos las clases de letras y la primera hora de matemáticas.

-Buenos días- me saludó, cuando me pilló un instante sola. Todo el mundo nos miraba, Betsy levantaba expectación porque ser nueva y por ser tan bonita.-¿Qué tal estás?

-Bien ¿y tú?- se encogió de hombros y negó con la cabeza, sin embargo su gesto no varió ni una pizca.

-Tenemos un problema- susurró.

-¿Basil?- negó con la cabeza.

-¿Has notado el cambio de clima?¿La luna llena?¿Los ruidos en el bosque?- negué con la cabeza, era normal que hiciera un poco más de calor, aunque no era para tanto.- Creemos que alguien se acerca...

-¿Más vampiros?- volvió a negar.

-No es el momento para hablar, además, nos miran todos y la verdad, no piensan en cosas muy puritanas- sonrió y negó y después tomó asiento. Yo me senté detrás y Nessa a mi lado y fue entonces cuando noté que Bastien no estaba ¿era tan grave que viniera... alguien?

El profesor de matemáticas fue el mismo de todo el curso.Por supuesto hizo salir a Betsy delante de toda la clase a presentarse, pero ella no pareció molesta. Se levantó y caminó con suma elegancia hasta en frente del encerado y se dirigó a nosotros. Dijo su nombre y contó un cuento muy creíble sobre la paz en los pueblos pequeños, lo horrible que era la vida en la gran ciudad y demás tonterías. En verdad dejó muy complacido a todo el mundo y muy sorprendido al profesor con su historia de que la habían adelantado un curso por sus buenas notas. En verdad, los Randall lo tenían todo muy bien planeado.

Para ser el primer día de clase nos metieron bastante presión, ya tenía que hacer durante toda la tarde sólo con la tarea de las tres primeras clases. Nessa trató de arrastrarme a la cafetería para tomar algo en el descanso, pero tenía que hablar con Dylan, era de suma importancia. Le llamé a la salida de la clase de química y pude notar lo tenso que se puso a escuchar su nombre.

-Dylan, espera- llamé.

-Madison, hola- me saludó, mirando a todos lados menos para mi.

-Oye, creo que Nessa te dijo que el viernes salí y que necesitaba que me hicieras un favor...

-Cubrirte ¿no? Mira, Madison, no sé que es lo que te pasa pero no me va que jueguen conmigo- abrí los ojos sorprendida y comencé a sentirme muy culpable.

-Lo siento, no pretendo jugar contigo... somos amigos, creí que podía pedirte este favor.

-Ya, como el favor de llevarte al baile y luego soportar que pasaras de mi toda la noche ¿por qué no fuiste con ese novio tuyo?

-¿Qué novio?

-Nessa me lo ha contado...- maldita Vanessa y su manía de halar de lo que no sabía.

-No es mi novio, es un conocido que acaba de llegar al pueblo, es el hermano de Betsy, la chica nueva... Dylan, no me odies-tendría que hacer uso de mis escasos encantos para que no se enfadara.

-No podría odiarte... mira, esta vez te cubriré, pero la próxima vez que tenga que decir que salimos juntos espero que sea porque lo hicimos de verdad- me sonrió y, antes de irse, me dio un beso en la mejilla. Le devolví una sonrisa un tanto falsa y me encaminé a la cafetería, pero Betsy me abordó por el pasillo.

Me agarró del brazo y me guió hasta la salida, sin darme ninguna explicación.

-Betsy ¿qué haces?

-Nos vamos- dijo muy seria.

-No podemos irnos, yo aún tengo dos clases- me quejé.

-Nigel es el profesor de historia, ya sabe que no vamos a ir, te traeré antes de que comience tu clase de francés- casi que también prefería saltármela, pero mejor no. Seguro que después de eso, Nessa dejaba de hablarme y tenía que aguantar su tontería, pero en fin, me podía la curiosidad.

Subimos al coche de Betsy, es decir, de Bastien,y pude comprobar que a ella también le gustaba la velocidad, eso y no mirar a la carretera mientras conducía. No sé cuanto tiempo tardamos exactamente en llegar a su mansión, pero no fue mucho tiempo. Betsy no decía nada, parecía nerviosa, pero no era nerviosismo humano, era ese destello en sus ojos, de incomodidad. Bajamos del coche y entramos en la casa, donde estaban Jack y Bastien, arreglando los desperfectos. Ya estaba todo prácticamente perfecto.

-¿Faltas a clase para jugar a bricolaje?- Le pregunté a Bastien al pasar a su lado, sonriendo. Me dirigía.

-Acabo de llegar, supongo que a estas alturas ya sabrás lo de los hombres lobo porque Betsy no puede tener la boca cerrada- abrí los ojos como platos y Betsy ¿gruñó? Sí, pareció un gruñido, un sonido ronco desde lo más profundo de su garganta, furioso.- ¡Vaya, pues no lo sabías!- se retractó Bastien, incomodado por su error. Jack rió por lo bajo, mientras terminaba de colocar el solo el gran cristal sobre la mesa de centro del hall.

-¿Has dicho hombres... lobo?- no reaccionaba, ya era demasiado saber que había vampiros como para encima enterarme de que también había hombres lobo.

-Sí, por eso las visiones de Kambria son tan borrosas. Llevan días merodeando por aquí- dijo Jack, molesto, parecía el más enfadado de todos.

-Necesito una silla- sí, porque sentarme era lo único que impediría que me desmayara de la impreión- ¿Y qué quieren?¿También soy dulce para ellos? Porque puestos a elegir prefiero que me muerda un vampiro...

-¿Segura?- preguntó Jack, riendo burlón.

-No- se apresuró a decir Bastien- hombres lobos y vampiros son enemigos naturales, vienen para aniquilarnos.

-¡No!- dije, asustada, no quería que nadie muriera por mi culpa, humano o no... a excepción de Basil y los suyos, esos me daban igual.

-Tranquila, quizá podamos hacer un trato con ellos, los únicos vampiros que suponen un problema son Basil, Drusilla y Harmony- porque Caleb se había ido.- Nos siguen desde Ontario, se habían establecido allí.

-¿Y cómo son? ¿Se transforman con lal una llena y se acaba con ellos con balas de plata?¿Si te muerden o arañan te conviertes en uno de ellos?- tenía mil preguntas.

-Me parece que esta chica ha leído mucho- dijo Jack- No tienen nada que ver con lo que tú crees saber... como nosotros- vampiros y hombres lobos eran muy diferentes a como los describían en la ciencia ficción.

-Te llevaré al instituto, tienes una clase de francés en quince minutos- dijo Betsy.

-¿Tú no vienes?

-Maddie, he vivido en Francia...no hay nada que puedan enseñarme que no sepa ya- quizás ella podría ser mejor profesora de francés que la sustituta cutre de los cursos.

-Yo la llevaré- dijo Bastien- Así no tendrás que conducir.

Salimos de la casa, ante la atenta mirada de Betsy, que lucía una sonrisa pícara. Bastien me cogió en brazos y echó a correr conmigo en brazos. Yo me aferré a él, tenía miedo a caerme ¿los vampiros podían tropezar? Porque a esa velocidad era como un accidente de fórmula uno.

En un par de minutos llegamos al instituto. Bastien fue cauteloso y me bajó en un lugar donde nadie podía vernos.

-Pásalo bien en tus clases de francés...

-Será difícil... se me da fatal, siempre lo apruebo por los pelos- me quejé.

-Pero lo apruebas, que es lo importante- me animó- Si ves que realmente te cuesta Betsy y yo podemos darte unas clases particulares.

-¿Tú también viviste en Francia?

-Digamos que Betsy y yo... nos conocimos allí, más o menos- le miré extrañada, pero prefería no preguntar. Dejaría la duda pendiente para cuando no tuviera una clase inminente.

-He de irme...

-¿Quieres que quedemos esta tarde?- me preguntó Bastien.

-No puedo. Unos amigos de la familia llegan hoy, pasarán aquí el verano- expliqué, sonriendo. Aunque llevara años sin ver a Alex o sin hablar con él, me hacía ilusión verle.

-En ese caso nos veremos mañana, si todo sale bien podré venir a clase y nos veremos...

-¿Y aparecerás en mi casa en plena noche o esta vez puedo dormir tranquila?- Bastien sonrió.

-Vigilaremos, pero trataremos de no molestar- quise decirle que no era molestia pero, sinceramente, lo era- Anda, ve a clase o llegarás tarde.

Sonreí y me marché. Por supuesto, cuando llegué, tuve que soportar las preguntas de Nessa. Que si por qué no fui a historia, que si dónde estaba, que si por qué no la avisé... inventarse excusas que la complacieran era más complicado que los exámenes de frances, con diferencia.

Al entrar en clase de crucé con Nigel, que salía y él me sonrió. Todo el mundo pensaba que me había metido en un lío por cruzarme con el profesor tras saltarme su clase, pero sabía que no habría ningún problema. Por supuesto la clase fui insoportable. Erres por aquí y por allá, y pronunciaciones imposibles, pero fueron tan sólo cuarenta y cinco minutos. Pude soportarlo. Al terminar las clases corrí a mi coche, tras despedirme de mis compañeron, y me fui a casa. Hoy comeríamos en familia porque Charlie y Alex vendrían a tomar un café sobre las tres y media o cuatro. Estaba nerviosa, pero contenta.

Al llegar el coche de papá ya estaba en la puerta, había vuelto un poco antes. Entré y, tras saludar y dejar mis cosas, puse la mesa y ayudé a mi madre con la comida.

-Pareces nerviosa ¿estás mejor que por la mañana?- asentí con fervor, había olvidado por completo todo el rollo de los hombres lodo y demás, sólo quería hacer algo normal... para variar.- Llegarán a las tres y media. Charlie llamó a tu padre, Alex está deseando verte...

-Yo también tengo ganas de verle. Desde que nos mudamos he crecido- ¡al fin! El siempre se burlaba de mi porque era bajita, pues ahora ¡había crecido! Era más alta, casi 1'70m.de estatura.

-Sí- dijo mi madre sonriendo- no creo que pueda volver a llamarte gnomo.

-¡Mamá!- exclamé, enfadada. Odiaba ese apodo.

Comí más rápido que deprisa, ante la atenta mirada de mis padres.

-Cariños, que engullas sin masticar no hará que Charlie y Alex lleguen antes- dijo mi padre, sonriendo. Él estaba aún más nervioso que yo.

-Cierto- reconocí- pero tengo hambre.

En cuanto terminé, recogí mi plato y subí a mi cuarto. Estaba hecho un desastre, hasta el punto, de que aún no había ni mirado la caja de trastos que había bajado el sábado del desván. Estiré la cama, guardé la ropa echa una bola en el armario y lo cerré, a presión. Ordené un poco el cuarto, para que pareciera limpio, y tiré bajo la cama todo lo que sobraba (es decir, lo que no cabía en la mesa o los estantes). Pasé un poco el polvo y “barrí”, todo a velocidad del rayo, no había tiempo. Dejé la caja en una esquina del cuarto, la miraría por la noche, cuando tuviera un rato libre. Justo antes de que nuestros invitados llegaran, me refresqué un poco y me... arreglé un poquito ¿qué? Quería dar buena impresión tras tantos años, no era nada malo.

A las tres y media en punto bajé al salón y tuve que esperar unos minutos. Una de las mayores cualidades de Charlie no era la puntualidad, nunca lo había sido. Cuando papá estaba viendo el telediario y mamá fregando los platos, llamaron a la puerta.

-Maddie, abre tú- me pidió mamá. Nerviosa fui hacia la puerta, respiré hondo y preparé una de mis sonrisas enlatadas para darles la bienvenida. Al abrir no había nadie. No me lo había imaginado, imposible. Había llamado al timbre seguro... entonces Charlie salió de uno de los laterales, era la misma broma de siempre, esconderse y asustarme ¿cómo lo había olvidado?

Me agarró de la cintura y me cargó en el aire, dándome un par de vueltas en el aire. Yo reí y Charlie también. Siempre había sido como un tío para mi. Me llevó hasta la sala, donde estaba mi padre y escuchó como se cerraba la puerta, debía de ser Alex, que le había seguido juego a su padre.

-¡Rogger!- exclamó Charlie, contento, sin soltarme.

-Charlie- dijo mi padre, sonriendo también. Se dieron un breve abrazo, un abrazo varonil (algo que habían inventado en sustitución de los abrazos de verdad), y al fin Charlie me soltó y me miró.

-Bueno, bueno... no me lo puedo creer. La pequeña Maddie Turner, estás guapísima- sonreí y bajé un poco la mirada, algo avergonzada.- Ves Alex, te dije que estaría preciosa- Me di la vuelta y me quedé pálida.

Me retracto, Alex iba a poder seguir llamándome enana por los siglos de los siglos. Fácilmete llegaba al 1'85m.de estatura, era sumamente fuerte, musculoso. Su piel era morena, algo extraño, porque en Ontario no era fácil mantener el bronceado, por algo yo era piel tan blanca. En cualquier otra situación me hubiera sentido violenta por quedarme mirando así a un chico, a Alex, pero él parecía estar mirándome de la misma manera. Mi madre salvó la situación¡Bien por Helen!

-¡Oh! Dios mío, Charlie. Cuanto tiempo- dijo feliz, sacándose el delantal mientras se acercaba para abrazar al invitado. Con su agudo timbre de voz pude salir de mi ensimismamiento.

-Helen, Helen... estás tan guapa como siempre ¿Cuándo te vas a divorciar de Rogger y a casarte conmigo?- bromeó. Mi madre prefirió ignorarle, pero mi padre tuvo que replicar.

-Muy gracioso, Charlie.

-Y ¡oh! ¿Alex? No me lo puedo creer, estás enorme, guapísimo- mamá se acercó y abrazó a Alex- Estás ardiendo, cielo ¿Estás bien?

-Sí, claro, es normal en mi, siempre tengo calor- tenía una sonrisa perfecta, con los dientes impecablemente blancos y alineados.

-Sí- afirmó Charlie- es cosa de familia,somos muy calurosos. Estaríamos mejor en Florida.

-¿Florida? Espera a jubilarte y entonces nos mudaremos todos...- bufó mi padre- Además ¿con quién iría de pesca o de caza?¿Y con quién vería los partidos?

-Nada de ponerse a hablar de fútbol- prohibió mi madre.- Charlie, siéntate, tomaremos un café- él asintió y se sentó.- Alex ¿tomarás café?- él negó.

-No, gracias, Helen... pero si tienes una...

-¡Hijo!- intervino Charlie.

-Iba a decir Coca Cola- se excusó Alex. Charlie le miró con suspicacia y sonrió.

Mis padres y Charlie se quedaron en la sala tomando café y Alex y yo pasamos a la cocina, a tomar unos refrescos. Ninguno sabía que decir y menos tras haber estado mirándonos como idiotas sin ni siquiera saludarnos.

-Cuanto tiempo ¿no?- dije yo, al fin, por romper el hielo.

-Maddie, lo siento- dijo Alex, enseguida- tenía que haber contestado tus cartas...

-No te preocupes, no importa.

-Sí importa, éramos muy amigos...- dijo él, apenado.

-Y aún lo somos ¿no? ¿O ya me has encontrado sustituta?- Alex sonrió y negó, mirando hacia la izquierda y abajo.

-Tu eres insustituible, gnomo- no me quejaría por ser nuestro reencuentro, pero más le valía no volver a llamarme así. Finalmente me acerqué y le di un abrazo, mamátenía razón, estaba ardiendo.

Hablamos durante un tiempo, para ponernos al día el uno al otro. Él tenía mucho más que contar que yo, porque por supuesto los vampiros eran asunto extraoficial, nada que pudiera contar. Siempre me había gustado ahablar con Alex,a pesar de ser un año más jovenque yo, era maduro y muy inteligente, pero notaba lo mucho que había cambiado y eso me hacía sentir algo violenta.

-Y dime... ¿tienes novia?- pregunté, jocosa. Alex sonrió de nuevo, terminando su bote de Coca Cola de un sorbo.

-Nah...ahora mismo no.

-¿Pero alguna chica hay, no?

-Hubo- reconoció- pero no funcionó. Una chica tiene que llamarme mucho la atención para poder retenerme.- Alcé las cejas y abrí la boca, sorprendida.

-Vaya, vaya... pareces todo un rebelde. Con ese pelo largo y tu sonrisa perfecta y esos aires de macarra- él rio ampliamente.

-No te fíes de las primeras impresiones, Maddie- asentí y dudé.

-¿Y cuál es tu primera impresión sobre mi?- quise saber, curiosa. Me miró de arriba a abajo y pensó durante un instante.

-Bueno...-comenzó- no creo que tenga importancia- ¡para mi sí la tenía! Pero no iba a insistir.-Y tú ¿tienes novio?- negé, gracias a Dios Alex no conocía a Nessa.

-No, los chicos aquí son... buenos, pero no me gustan.- Estaba Dylan, pero era complicado, era guapo y simpático, pero no le atraía.

Seguimos hablando largo y tendido hasta que Charlie y mis padres entraron en la cocina, eran casi las cinco y media, pero el tiempo se había pasado volando.

-Debemos irnos- dijo Charlie, sonriendo- Ha sido un placer verte, Maddie... estás guapísima ¿a qué sí, Alex?- Alex no dijo nada, pensara o no como su padre, no lo admitiría. -¿Quieres venir a ver la casa?- sí quería, pero tuve que negarme.

-Hoy comencé las clases pre-universitarias y tengo un montón de tareas que hacer- sobretodo de matemáticas y física.

-¡Oh! A ver si este verano le pegas las ganas de estudiar a mi hijo, se creer que yo voy a hacerlo por él- sonreí y negué- Podrías darle unas clases particulares ¿cómo se te dan las mates?

-Muy bien- se apresuró a decir mi madre. Yo bajé la cabeza,a vergonzada- Podríamos arreglar unas clases, aunque tendremos que esperar un par de semanas a que Maddie termine sus cursos.

-Claro, que los chicos lo hablen.

-Sí, eso... nosotros lo hablaremos- dije, apresurada, sacando a Alex de la cocina.- Oye, podrías darme tu número y quedamos algún día...

-¿Qué tal mañana?- me pilló por sorpresa, pero no iba a negarme- Claro ¿cuándo te viene bien?

-¿Crees que podría ir a recogerte a tu instituto mañana?- no era mala idea ¡Ups, espera! ¡SI LO ERA! Ya me imaginaba a Nessa y al resto de las chicas babeando por él y a Dylan fulminándolo con la mirada.

-Claro, como quieras...- dije, sin mucho entusiasmo. Le di mi teléfono móvil, lo llevaba en el bolsillo, y él apuntó su número mientras me hablaba.

-Genial, mi padre no estará mañana al mediodía. Podemos comer juntos en mi casa y seguir hablando- esa idea ya me gustaba más.

-Genial, salgo a la una y cuarto- sólo los lunes tenía cubiertas todas las horas.-¿Sabes dónde está el instituto?

-Bueno, en este pueblucho sólo hay uno, créeme, lo encontraré- Sonreí, era agradable volver a simpatizar con un chico como Alex.

Estuve pensando en Charlie y Alex, sobre todo en Alex, durante un buen rato mientras trataba de hacer mis tareas, pero era difícil concentrarse. Por un lado estaba mi antiguo mejor amigo de vuelta y por otro un atractivo vampiro y toda su familia que me defendía de unos vampiros asesinos y sedientos de mi sangre.... vamos, lo normal.