Historia de una vida — capítulo 23
La locomotora silbo y arranco en un coro de despedidas y promesas de regreso, un suspiro salió de los labios de la castaña.
-¿Que te pasa Herm? -Hermione volteo la vista hacia su esposo y sonrió.
-Nada Draco, es solo que estaba pensando en como pasa el tiempo, parece que apenas ayer Scorpius aprendiera a caminar, y míralo ahora, su primer año en Hogwarts.
Draco abrazo a su esposa- No te preocupes amor, el va a estar bien.
-¿Y cuando volvamos a casa?, será solitaria.
El rubio hizo un gesto de niño mimado y ofendido- O sea que yo no cuento.
Hermione rió y lo beso en los labios -claro que cuentas, sin embargo no puedo evitar recordar tantas cosas -al decir esto los ojos de la castaña se llenaron de lagrimas- la victoria contra Voldemort y su precio, la vida de mi mejor amigo.
-Herm, Herm no llores, por favor -Draco la estrecho vigorosamente contra si- no llores que me partes el corazón Herm, sabes que el sacrificio de Harry fue necesario para que nosotros estuviéramos aquí, fue su decisión, no de nadie mas.
Hermione correspondió al abrazo de su esposo y recostó la cabeza en su pecho.
-No te preocupes amor, todo saldrá bien.
Las palabras del rubio resonaron en la cabeza de Hermione, se soltó de los brazos de su esposo y le sonrió.
-Si, Vivian tenia razón, al final todo salió bien, mas que bien.
Y los dos adultos se sumieron en ensoñaciones al recordar el pasado, el sacrificio de Harry, la muerte de Voldemort, y finalmente Vivian con su mortífera y seductora belleza, que al final había terminado siendo una diosa.
Cerro su visión hacia la estación de King Cross y sonrió nostálgicamente, los recuerdos eran demasiado dolorosos, sin embargo el que no recuerda su pasado esta condenado a repetirlo.
La felicidad para la mas grande de las diosas estaba vedada, ella había nacido del caos, del vacío que imperaba antes del universo, era el principio y final de todo, y antes de ella no había nada, sin embargo había sucumbido ante un hombre, y ante el mas profundo amor.
Un abismo de dolor, un amor profundamente correspondido, profundamente traicionado, la historia mas triste de todas las historias contadas.
Escucho una respiración en su cuello y se volteo, a su lado estaba su hermano, el dios del caos, Yandros, con sus ojos también cambiantes y con su cabello rubio.
-No veas hacia allá hermana, te lastima.
-No hay algo que pueda lastimarme más Yandros, te lo aseguro -una sonrisa triste surco su rostro y su hermano se sintió culpable por haber inducido al tema, se sentía fuera de lugar, cada vez que veía a la mayor diosa de todas se le clavaba una daga en el pecho.
Sentía el dolor que la historia producía en su corazón, en el corazón de todas las cosas.
Vivian dejo de mirar a su hermano y se concentro en el paisaje del reino de los dioses, sin embargo sus pensamientos estaban en una época remota, en la que había conocido a su Némesis.
Vamos Hermana, traje a nuevos súbditos, ¿quieres verlos? -se sentía terriblemente culpable e inútil sentado ahí, sin poder consolar al ser que mas amaba en todos los mundos.
Nimue volteo su rostro para mirar a su hermano y le sonrió con los labios, pero sus ojos nunca sonreían.
-Me vendrá bien algo que hacer, vamos Yandros.
Los dos se levantaron de donde estaban sentados y salieron del castillo del territorio del Caos, sin embargo la diosa aun seguía recordando, y repitiéndose mil veces que había hecho lo correcto, por que el verdadero amor esta hecho de éxtasis y agonía, es un fuego que arde sin que podamos verlo.
Detrás de ella el murmullo de la seda de su vestido negro rozándose con el frío suelo le hizo traer recuerdos dolorosos, caminaba majestuosamente bajo el dolor, tan lentamente que parecía que cargaba con el peso del tiempo.
Salieron hacia el paraíso de los dioses, donde vivían todos, los seres mas hermosos y poderosos de todos los mundos, un paraíso que a los ojos de la mayor de las diosas no tenia nada de alegría.
Acuérdate, acuérdate acuérdate, Que fuimos uno y caminamos En la misma dirección, Ya no me dejes solo En este mundo por favor, Que el paraíso sabe amargo Sin tu amor.
Ella había poseído su vida, aun mas que eso, la vida de Liadon había sido suya hasta la muerte, aun después de ella.
Y empezó a recordar dolorosamente, sin embargo en sus recuerdos había amor, solo amor.
Recordaba una mano de arpista, Un corazón hecho con cuerdas de arpa, Una vida arrebatada Y un amor no realizado.