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Historia 30010 — capítulo 11
Heridas
…Emmett ya me estaba esperando jugando con una roca, la balanceaba entre sus manos. Cuando llegue me miro con una sonrisa.
-Eres rápida-. Se levanto y deja la roca en el suelo.
-Dije que vendría-. Mire alrededor.-¿Qué es lo que quieres demostrar?
-Quiero ver si puedes cazar antes que yo este oso-. Estaba pensando en la imagen del oso. Negro, grande y enojado. Sonreí.
-¿Y qué pasa si yo lo atrapo antes que tú?-.Se encogió de hombros.
-No te volveré a fastidiar, y reconoceré mi derrota-. Ni siquiera el se creyó sus palabras
-Mmm…-. Asentí con la cabeza y comencé a caminar.
-Espera, ¿no quieres saber qué pasa si yo lo encuentro primero?-.Ya sabía que pasaría, pero me daba igual. Aparte estaba muy contento con la perspectiva. Sonrió-. Bien, pues tú tendrás que salir del lugar, y jamás volver.
-¿Esperas ganar Emmett?-. Seguía de espaldas.
-Claro, yo nunca pierdo-. Estaba orgulloso de sí mismo.
-Bien…-. Me fui corriendo. Pronto igualo mi paso. Veía lo que se aproximaba a mí, pero no lo captaba bien, la vista comenzó a distorsionárseme, y poco a poco una extraña visión entro a mi mente. Algo grande, peludo y negro chocaba contra mí y…
Demasiado tarde fue mi reacción. Cuando el oso choco contra mí, pude ver todo con una claridad impresionante. Emmett había atrapado al oso entre sus brazos y lo había matado al instante. Pero yo Salí disparada hasta un peñasco.
Aquellos fueron los instantes más largos de toda mi vida. Mi cuerpo choco, como el de una muñeca de trapo. Escuche un crack. La caída fue la cosa más lenta de mi existencia.
Al momento en el que mi cabeza iba a chocar contra el suelo. Unos brazos delgados me atraparon, sin nada de delicadeza. Me alzaron y me sujetaron del cuello. Ahora estaba acorralada, adolorida y…sangrando. Me lleve una mano, la mano sana, hasta la cabeza. Había una cortada del tamaño de mi dedo índice, largo y fino. La sangre caía lentamente. Y escuche con precisión ambas mentes.
La mente de Rosalie colisiono contra la mía, como un remolque. Pero la de Emmett fue la más dolorosa. Emití un grito y comencé a gimotear. Los brazos me soltaron y caí al suelo. No me movía, porque sabía que si lo hacía, el dolor me atacaría. Había fracasado, ¿Por qué era tan delicada, y a la vez tan poderosa? Emmett se acerco a mí, al principio con esa sonrisa de “te gane, jajá”. Pero la sonrisa se desvaneció cuando vio mi cortada, y creo que la muñeca rota. No es posible….parece como una muñeca de porcelana, rota. El comentario me hiso hacer una mueca de disgusto.
-No me llames delicada-. Fue lo único que pude decir.
-Vaya que eres terca-. Me agarro de los hombros y me levanto.
-Tampoco soy…agh… terca-. Lleve de nuevo la mano a la herida.
-Es raro, tu sangre no me da hambre-. Se empezó a reír de mi, lamentablemente me contagio la risa y sonreí.
-Emmett, ¿Qué significa esto?-. ¿Era mi imaginación o Rosalie sonaba “celosa”?
-Ah, fue mi revancha, Rose. Es que necesitaba demostrarle a la niña quien mandaba en el bosque pero…-.se encogió de hombros.- Ahora que esta herida, ¿no crees que Carlisle se divierta, reparando a la muñequita?
-Te eh dicho que no soy una muñeca-. Maldito orgullo, le propine una patada en la espinilla, pero solo se empezó a reír.
-Emmett, ¿Dónde tienes el cerebro?-. “En una licuadora”. Pensé y me reí de mi comentario mental. Rosalie me lanzo una mirada venenosa y yo le regrese una cargada de risas. Ella me dejo de mirar
-Oh, vamos Rose. Déjame llevarla y ya, esta herida. Anda, ¿sí?-. Creo que Emmett podía ser lindo y cariñoso cuando se lo proponía. Es como un osito, ¿Quién no se niega a esos ojos?...Oh Rosalie solo dile que sí. Suspiro y asintió, sin darle un beso a Emmett, el cual sonrió lleno de satisfacción.
-Ayúdame a ponerla en mis hombros.-. Rosalie hiso un gesto negativo.-Bueno entonces lleva tu.
-Oh, rayos-. Me sujeto de los hombros, pero sin hacer muecas, y vomitar tonterías mentalmente.
-No es necesario, yo puedo sola-. Muy tarde ya estaba siendo sujetada por Emmett, de las piernas. De verdad que esto no era necesario. No necesitaba que todos los Cullen me vieran en estas condiciones. No era necesario, era completamente innecesario.
-Sujétate bien, muñeca-. Gruñí por dentro y el solo se comenzó a reír. Pronto ya estábamos corriendo.
El viento azotaba mi rostro, eh intente esconderlo entre mis brazos, pero cada movimiento tanto mío como del gigantón de Emmett, era una nueva dosis de dolor. Rosalie nos seguía, estaba muy cerca de mí, y eso no facilitaba mis distracciones. No dejaba de recordarme lo delicada que era. Pero algo saboteo sus pensamientos y los míos. Una reunión. Abrí los ojos y la observe con mayor detenimiento. La muy torpe creí que si yo estaba herida, no podía escuchar los pensamientos. Sonreí en mi fuero interno. ¿Una reunión de los Cullen y Quilites? Esto debía saberlo. Pero no continuo, por que se fijo en mí y vio que la estaba observando. Ojala mi rostro no fuera tan delatador cuando se trataba de descubrir algo. Siempre se reflejaba el deseo de conocimiento en mis ojos, y mi falta clara de ignorancia(N/A: Este comentario es una broma hacia la gente que dice esto. La falta de conocimiento es correcta, pero me gusto más emplear esta frase). La curiosidad mato al gato. Y seguramente ser tan curiosa sería peligroso, sobre todo si era curiosa frente a los Cullen. Se adelanto, y cuando intente recobrar las ideas que acababa de oír, ya habíamos llegado al porche de los Cullen. Me baje rápidamente de la espalda de Emmett y este se volvió a reír. Sin dejar de insinuar lo delicada que era. Le volví a propinar una patada en las espinillas.
-¿Qué?-. Me miro.
-¿Podrías dejar de insinuar que soy delicada?
-No eh dicho nada-. Se defendió.
-No, pero lo has estado pensando-. Se quedo callado ya sintió.
-Había olvidado que eras como Edward-. Le volví a dar una patada-. ¡¿Ahora que dije?!
-No me compares-. Puso los ojos en blanco y se comenzó a reír.
Abrió la puerta y me ofreció entrar primero. Y lo hice. Miraba el suelo blanco. Toque mi herida de la frente pero solo había suciedad. ¿Había sanado? Si había sanado significaba que…. ¡auch! No la muñeca si estaba rota. Escuchaba las voces de los Cullen, y como se callaban cuando notaron mi presencia. Alice me miraba con odio y escupía, a propósito veneno sobre mí. Levante una ceja y la mira. Con una sonrisa, mi mejor sonrisa de: “soy mejor que tu, por eso estas celosa”. Retiro la mirada y se levanto del lado e Jasper, paso junto a mí y me dejo ver claramente, que ella no se podía herir con facilidad. Gruñí. Ahora estaba en el sitio donde menos quería estar. El olor de Bella Sawn me llego rápidamente y la voltee a ver. No apartaba la vista de mí. Y tampoco de mi muñeca rota.
-¿Eso podría pasarme el primer año, Edward?-. Por más bajo que intentara hablar, yo seguiría oyendo su voz a la perfección. Edward negó con la cabeza y me miro. ¡Podría dejar de hacer eso! Era estresante que cada que me viera, intentara indagar dentro de mi cabeza. Le lance una mirada cargada de odio. No necesitaría escuchar mis pensamientos para saber lo que el dije. Por que inmediatamente la quito y sus dientes rechinaron.
-¿Qué ocurrió Emmett?-. Esme estaba junto al chico, yo me aleje de todos ellos y me recargue en la pared, en un rincón oscuro. Todas las ideas me llegaban a la cabeza, solo quería dejar de oírlas. Eso era todo. No paraban de lanzarme miradas despectivas, y sus pensamientos no aliviaban nada. Pero había un olor extraño. Era asqueroso, y me hacía pensar en el olor de los chicos Quilites. Tal vez hace unos momentos se habían ido. Gracias Rosalie, te debo una. Carlisle apareció de pronto y evite mirarlo. Evite siquiera escuchar lo que pensaba. Porque eso sería como un puntapié a mi orgullo. Un puntapié a mi incapacidad de sanar, y demostrarme que no era tan fuerte, como aparentaba ser.
Sentí su mano fría y como Esme me tomaba de los hombros. Sus pensamientos eran más gentiles. ¿Sería por qué no me había quedado viendo a Carlisle? Supuse que sí. Me sentaron en una silla, y ella comenzó a limpiar la suciedad de mi rostro. ¡No podía creer que ella fuera la única mujer en aquella casa que no pensara en la mejor manera de matarme! Agradecí lo que estaba haciendo. Tampoco sentía el dolor de la muñeca. Carlisle la había acomodado sobre la mesa, de manera que estuviera fija. Y lentamente se curaba. Mis ojos se iluminaron y cerré el puño, lo abría y lo cerraba. Esme dejo de limpiar mi rostro y me dejo a solas en la cocina con Carlisle. Que no dejaba de verme con asombro. La cocina estaba en silencio, ni siquiera llegaba la oleada de pensamientos.
-cuéntame, Scarlet, ¿Qué ocurrió?-. Lo mire y mis ojos temblaron. No sabía que decir…había que decir la verdad tarde o temprano. Para mí era mejor decirla muy tarde….