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Historia 30010 — capítulo 12

¿Yo?

…..mire al hombre que estaba frente a mí. Sus ojos tan tranquilos, su mirada serena. No podía creer que él fuera así. Suspire. Pensé las palabras. Pero no podía decir nada, no me sentía con ganas. Mi orgullo, mi maldito orgullo no me permitía admitir mi error, no me permitía decir que había sido vencida. No me permitía aceptar ayuda….y por ese orgullo estaba sola. Mire de nuevo a Carlisle y luego a mi muñeca.

-Fui con Emmett al bosque-. Las palabras sonaban estranguladas, por el nudo que crecía en mi garganta-. Yo…yo no vi al oso venir contra mí y…me estrelle contra un peñasco-. Cerré el puño. Era débil, era una muñeca. La mano de Carlisle se puso sobre mi puño.

-¿Y por qué aceptaste el reto?-. Era una pregunta ridícula. Al menos lo era para mí.

-Lo acepte, porque pensé que el ganaría. Yo nunca pierdo -. Lo último no lo había planeado decir, esas palabras las dijo mi boca, pero yo no las había planeado.

-Pero acabas de perder.-. Me dio una palmada en la mejilla-. Debes aprender a perder. ¿Sabes? Me recuerdas a cuando Emmett llego. Aun sigue siendo así, pero es por su naturaleza-. Me sonio-. Pero tú la puedes cambiar. Ahora te diste cuenta de que no siempre se gana.

Pero yo no debía perder. El maldito oso se me atravesó y yo…-. Me voz se ahogo de nuevo y abrí el puño. Ya no podía más. No podía soportarlo. Me levante-. Gracias Carlisle. Por tu ayuda. Pero debo rime.

No le di tiempo a responderme siquiera y salí de la casa. Corrí, corrí hasta más no poder. No podía cansarme, y las lágrimas saboteaban mi visión, que sin darme cuenta había recorrido casi todo el Apis. Y había llegado hasta un sitio frio. Cuando me detuve estaba frente a una gran casa. Me tire de rodillas al suelo y comencé a gimotear. No sentía el frio. No sentía los pensamientos que llegaban de la casa. Pero cuando alce la vista vi que no estaba sola. Me volví a levantar y correr, corrí de nuevo hasta estar segura de mi completa soledad. Ya no quería oír pensamientos ya no quería seguir ahí. Ya no quería vivir en aquel lugar donde todos me miraban de aquella forma que me dolía, que me ardía. Que quemaba cada parte de mí. Volvía a estar de rodillas. Volví a sentirme como aquella niña que se perdió en Italia, como aquella niña que había perdido a sus padres. Como aquella niña solitaria que nadie entendía, porque hablaba y pensaba diferente. Aquella chiquilla que lloraba esperando que la muerte llegara rápido por ella…

Una mano me tomo el hombro. No quise voltear a ver, no quería que me vieran llorar, detestaba con todas mis fuerzas a llorar frente a la gente. Alguien me abrazaba, pero no veía a esa persona. Intente entrara su mente, pero solo conseguí dolor… Edward Cullen estaba abrazándome…. Definitivamente el mundo se había vuelto loco. Abrí los ojos, pero no dejaba de gimotear. ¿Qué hacia Edward Cullen aquí si Bella? ¿Era un ojo por ojo, ya que Bella había estado con Jacob? Me aleje un poco de él y mire sus ojos.

-¿Qué haces aquí?-. Mi voz no dejaba de estar impresionada, pero a la vez molesta.

-Te seguí, vi que llorabas y pensé que necesitabas compañía-. Si de compañía hablábamos, mejor hubiera traído a Jasper. Me puse colorada. Pero el malinterpreto mi enrojecimiento.- Que te que claro que no me gustas. Soy un alma caritativa-. No pude evitar levantar una ceja y echarme a reír. Estaba segura de que mis risas se escuchaban hasta Forks con perfecta claridad. Cuando deje de reírme, vi la molestia en el rostro de Edward.

-¿Tu? ¿Un alma caritativa? ¿Y conmigo?-. Recobre un poco la compostura-. Me imagino que Bella será la siguiente en ponerme en su lista negra. No lo puedo creer. Edward. Dime la verdad, ¿a qué viniste?

-¿Dudas de mi generosidad?

-No necesito que alguien me tenga lastima. Para eso esta Carlisle. No tú

-Eres bastante orgullosa de ti misma. ¿Qué no fue suficiente con que te rompieras la mano?

-No, no fue suficiente-. Me limpie las lágrimas que amenazaban con salir.

-No puedo creer que seas así-. Me dio la espalda y comenzó a caminar sin destino aparente. Dude en seguirlo o no. Al final de cuentas lo seguí sin intentar igualar su paso. Se detuvo frente a un barranco. Miraba hacia abajo con cierto remordimiento. Y me miro.- ¿sabes que estamos en el territorio de La Push y que no le caes nada bien a los Licántropos?-.me quede pálida, estática en mi lugar. No podía creerlo. Había llegado al territorio que tenía prohibido, pero ¿Qué hacia el aquí? Su familia estaría en un problema.

-Pe…pero, ¿tú qué haces aquí?-. Seguía en mi lugar, y sentí como en cualquier momento perdería el equilibrio y caería.

-Vine a buscarte, y cuando vi que habías cruzado el limite. Me meteré en un lio por tu culpa, y mi “buena disposición” y mi “alma caritativa”.-me quede sin habla. Definitivamente estaba soñando, no era posible, esto era tan bizarro. Tan ridículo. Que sin darme cuenta comencé a lanzar maldiciones en mi idioma natal, en mi lengua madre. Se quedo callado y mirándome, no entendía nada de lo que decía, pero yo si, escupía cada palabra con una facilidad increíble. Pronto comprendí de quien eran esos pensamientos. De Leah Clearwater y Jacob Black. No pare de lanzar maldiciones cuando Edward me miro raro-. ¿Hablas alemán?

-¡Soy alemana! Hablo alemán, claro que hablo alemán. ¿Quién conoces que no hable alemán en….?-.mi cabeza volvió donde estaba, sin darme cuenta me había sentido como si estuviera en Múnich, en mi casa, con mis padres.

Una sacudida en mi estomago me advirtió que había vuelto a meter la pata. Que acaba de hablar en la lengua que según yo, había olvidado. Volví a caer de rodillas. ¿Pasaría todo el tiempo cayéndome? ¿Destrozándome frente a la gente? Mire el suelo y me lleve una mano a la cintura. Levante la playera y observe mi marca de nacimiento. Una estrella. Edward también la observo y toco con sus fríos dedos. Me sujete la cabeza y comencé a darme de topes contras mi misma. ¿Había olvidado quien era?...