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Historia 30010 — capítulo 20
Citas
...Abrí la carta, con suma precaución. ¿Qué tal si era una de esas cartas con ántrax? Me bufe de la simple idea y abrí la carta.
Scarlet.
Me entre de lo del chico, me gustaría verte esta noche en el bosque.
Edward
¿Me estaba acechando? ¿Ponía en riesgo su relación por mi? y la pregunta más importante ¿estaba loco? Definitivamente quería verme entrar a la boca del lobo, y seguramente planeaba mi destrucción a manos de los miembros de su familia. Irlo a ver, o no. Podía no irlo a ver, pero significaría que no acepto su ayuda. Pero si voy, significa que si necesito su ayuda, y que lo considero un "amigo". No estaba realmente segura, Bella me asesinaría si se enteraba que nos habíamos visto pero...
La parte malvada de mi ser sonrió, ante la simple tentativa de crearle una molestia. Sacudí mi cabeza en busca de una idea sensata. Iría a verlo, en fin ¿que podría pasar?
Me levante de la cama y guarde la carta donde estaban el resto. Mis ropas estaban aun, manchadas en sangre, al igual que todo mi apartamento. Tendría que hacer limpieza, una muy buena limpieza.
Dentro de mi armario, descansaba mi ropa, era hora de cambiarme, y también, darme un buena ducha.
Salí de la regadera y me cambie a velocidad relámpago. Necesitaba salir de mi apartamento antes de que el olor me volviera loca, y regresara al hospital a concluir lo que, por fortuna, no había terminado.
El viento era incesante en las calles, y significaba que se avecinaba una tormenta. Me acomode la bufanda color violeta que cubría mi garganta y corrí hacia el bosque. Seria sencillo encontrar a Edward, su olor era inconfundible, como el de Emmett, Carlisle, Jasper... Cada Cullen tenia un olor en especial, un olor que los distinguía. Como todos los vampiros...
El recuerdo de Félix llego a mi mente, recordé sus ojos, su cabello... su aroma. Hacia mucho tiempo que no me enviaba un mensaje, ni una carta. Nada. Como si hubiera muerto. Me burle de la sola idea, Félix no podía morir, era algo ridículo. Llegue a la parte cercana al risco. Edward estaba ahí, parecía dudar respecto a algo. Me daba mucha risa verlo en ese estado, a solo 4 semanas de su boda, creo que cualquiera estaría nervioso.
-¿Para que me llamaste, Edward?-.Mi voz lo sorprendió y me miro algo nervioso.-¿Qué te pasa?-. Se acerco a mi, cada vez más, y yo me aleje, más y más hasta que me queda atrapada entre dos árboles-.Edward, ¿qué demoni...?-.No termine la pregunta, por que sus fríos labios se posaron sobre los míos.
Mis ojos estaban abiertos, todo mi cuerpo entro en estado de shock, no podía moverme, estaba ahí estática. Confundida.
Puse mis manos sobre su pecho en un intento de alejarlo de mi. No sabia que pasaba por su cabeza, y no quería saberlo. Si Bella se enteraba... Podía ir preparando mi funeral.
Pero dentro de mi, algo se burlo, se reía, sonreía de puro regocijo, disfrutaba el momento. Estaba encantada con la idea de ver a Bella destrozada. Destrozada por mi causa.
Mi cuerpo recupero el movimiento y lo aleje de un golpe. Lejos de mi, recupere el aire. Mis ojos seguían abiertos, y yo estaba asustada. No entendía nada. ¿Qué que le pasa? ¡Bella me asesinaría!
-¿¡Qué demonios te pasa!?-.Estaba junto al árbol y él me miraba confundido.
-¿Scarlet?-.Parecía no entender, que hacia yo ahí, no entender nada.
-¡Claro que si, imbecil!-.Mi voz sonaba loca, supuse que mis ojos tenían ese destello de rabia, que tantas veces había tenido.
-Pe...pero, tu no deberías estar aquí-.La quijada se me callo 3 cm.
-¿Bromeas, pedazo de neardenthall? ¡Tú me llamaste, me enviaste un mensaje! o, ¿que tienes tan poca memoria como un pedazo de carbón?-.Pronto recupero su tono seguro, y me miro.
-Deja de compararme con objetos inanimados, Scarlet.
-Pues te comportas como uno...-.Respire profundamente.-¿Por qué me besaste? ¿Planeas destrozar tú noviazgo con Bella? ¿O, te arrepentiste de casarte con ella?
-Ninguna de ellas, es solo que... Juraba que tú eras ella-.Solté una carcajada.
-¿Desde cuando Bella tiene el pelo negro y cortado de esta manera?¿Y tiene ojos violetas? Haber, habla Einstein-.Se llevo una mano a la cabeza y dijo con voz ronca.
-Ni una palabra de esto, queda entre tu y yo. ¿Entiendes?
-Claro mi Coronel, tampoco tengo el deseo de gritárselo a los cuatro vientos.
Me dirigió una mirada furibunda, antes de irse corriendo. Cerré los ojos y me senté en el suelo. Acaba de pasar la cosa más ridícula de toda mi existencia. Edward Cullen, acaba de besarme a mi, creyendo que yo era su novia. ¿De cuando acá Bella y yo nos parecemos? ¿De cuando acá Bella tiene ojos violetas y cabello negro? Me confundió... ¡Al diablo con eso! ¿Qué se creía? ¿Se había arrepentido de su boda? No, eso era completamente ridículo.
Me levante, demasiado lento, y me fui directamente a mi casa, no quería saber nada más sobre el asunto.
Las semanas pasaron con una tranquilidad inimaginable. Edward había aparecido en mi casa al día de el “incidente”, y dio gracias a que dejara de llamarlos pedazo de carne pensante. Charlábamos bastante, sobre Milla, y yo me entere de muchas cosas sobre ella. Según Edward, el sueño de Milla era ser un exitosa modelo, y triunfar en su país. También, Edward pensaba que ella estaba enamorada de él, lo cual en cierta parte debió haber sido cierto. Me enseño las cartas que ella le había mandando, y varias fotografías. Una de sus dos hijos, ambos varones. Y de sus nietos. Cuando vi la foto de Milla de joven. Me quede asombrada, era una mujer hermosa, imponente, alta, de cabello largo y rubio, que caía en una cascada, muy bien arreglado y con algunos rizos traviesos. Tenia una mirada profunda, que te podía decir todo con solo mirarte. Su belleza recordaba a Rosalie, pero sin aquel orgullo y ese toque de creída. No, ella se mostraba simple sencilla, humilde, nadie se creería que una mujer tan bella fuera como yo, de gustar meterse en problemas. Arriesgar hasta su vida por lo que quería y amaba...
Era raro que me la pasara todo el tiempo en la casa, aun había Licántropos rondando por casa, pero aquello no me preocupaba. Disfrutaba todos los días, para convivir con la gente. Descubrir cosas, no se, matar el tiempo. Había dejado de recibir cartas de los Vulturi, eso me tenia algo preocupada, por que significaba que no estaban pendientes de mi. Aun no había olvidado la promesa que había hecho de ir a visitar a Pedro, el cual se recomponía en casa, a María y a Doña Meche. Aquella mujer me había dejado asombrada, parecía ser muy sabia, eso debía de verlo con mis propios ojos.
Pero un día, un muy mal día. Decidí ir al centro comercial, aquel día, jamás lo olvidare en toda mi existencia. Había decidido ir a comprar ropa nueva, la vieja estaba apunto de morir, y no podía salir denuda a la calle. Entre a una gran tienda llamada “ZARA”. Había encontrado la ropa que necesitaba bastante rápido. Y eso me dio tiempo de babosear en el probador. Había terminado de ponerme todo, cuando saliendo me tropecé con una mujer. Renée. Casi no era imposible distinguir aquellos pensamientos tan infantiles, seria casi imposible no hacerlo. Me reconoció enseguida y se levanto. Yo seguía de pie, y no dejaba de verla con algo de repugnancia y de risa. Pero una vocecita me alerto, de la segura presencia de Bella. Renée se había ido en la dirección a la que mi 6° sentido apuntaba. Bella Swan estaba ahí, y nuestras miradas se cruzaron. Tal vez no podía leer su pensamiento, pero lo que podía hacer, era leer su rostro. Estaba asustada, pero a la vez enojada. Tome todas las cosas que iba a comprar, y me fui. Me forme en la cola, que era gigantesca. Apenas se daban abasto con 3 o 4 personas empacando. Cuando al fin llego mi turno. Reconocí a la chica. Bajita, de cabello rizado, algo regordeta. La chica que había matado en sus pensamientos a Bella, la misma chica me escupía con odio, el por que traía tanta ropa, y mi corte de cabello. Yo solo me reía a cada pensamiento negativo. Al fin pude librarme de ella, solo debía llegar hasta mi moto y salir de ahí... Pero los ojos castaños de Bella me detuvieron. Estaba frita.
-Necesito hablar contigo, antes del crepúsculo, en el bosque-. Sus ojos y los míos estaban a la misma altura, así que no necesitaba, ni mirar hacia abajo, ni hacia arriba. Asentí. ¿Acaso todos debían verme en el bosque? ¿No podíamos vernos en otro sitio? ¿Una casa? ¿Un bar? ¿Un restaurante? Definitivamente no. Mire el reloj. Tan solo faltaba una hora para el crepúsculo. ¡Fantástico! Haría mi muerte más lenta y dolorosa...