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Historia 30010 — capítulo 9
Orgullo
…Mire a Emmett con incredulidad. La burbuja de falsa felicidad que había crecido en mi pecho, se pincho, como el globo de un niño. Alce una ceja y me cruce de brazos frente a Emmett, ¿Qué acaso no se rendía? ¿Podía ser tan…tonto?
-¿De qué te sirve retarme, Emmett, que ganas?-.Emmett alzo una ceja también y sonrió.
-La satisfacción de saber que fue cosa de suerte que me quitaras una presa-. Hombres, siempre tiene que ser tan competitivos, y ridículos.- Aparte, el oso no era mi única presa-. Refunfuño-.
-¿De qué hablas?-. Lo mire a los ojos.
-Jacob Black, o un licántropo siquiera, desde hace tiempo tengo ganas de atacar uno-. Me miro con incredulidad-. Tu estuviste apunto de asesinarlo. Pude ver como se asfixiaba entre tus manos y, después lo soltaste, algo en tus ojos había cambiado. ¿Qué te paso en ese instante?
-Na…nada-.si había visto eso, significaba que había oído mis gritos. Temblé, sintiendo que pronto vendría el dolor de nuevo.
Asesinar. Abrí los ojos hasta el punto de sentir que en cualquier momento se saldrían, de sus orbitas. Mis labios estaban resecos, sentí como si hubiera perdido la respiración. Como si me hubieran golpeado el estomago. La habitación me dio vueltas, y sentí que en cualquier momento me desmayaría.
Le di la espalda pero algo me detuvo. Dentro de mí, mientras ambos hablábamos, algo se estaba haciendo presente dentro de mí. La razón por la cual me había metido en problemas desde el primer día en que llegue. La razón por la que me había ganado enemigos tan rápido. El motivo de que atacara a los chicos Quilites, el por qué había intentado asesinar a Jacob Black. Hice una mueca al pensar esa palabra. Mi mano estaba en el tomo de la puerta. Justo cuando tomo empezaba a cuadrar y a tener significado. Yo era diferente pero, ¿hasta qué punto me estaba gustando ser diferente? Yo era un experimento fallido. Un error de mis creadores. La diferencia, la razón. El por qué…
-eh! ¿Qué te pasa?-. Emmett seguía atrás de mí y me tocaba el hombro con cierto desagrado.
-Te adoro Emmett-. Me lance sobre él y le di miles de besos en la mejilla.- ¡Gracias, gracias, gracias, gracias!
-Ey, ey ¿qué te pasa?-. Se alejo de mi algo sobresaltado.
-No te preocupes, me veras mañana a las ocho de la noche en el bosque, no lo dudes-. Le di la espalda y entre con aquella sonrisa de tonta, al baño. Entre a la regadera y encendí el agua caliente, y la fría al mismo tiempo. Comencé a quitarme la ropa llena de lodo y vi mi reflejo en el espejo. Tome una navaja que había en donde la cosmetiquera y con aquella navaja comencé a cortar mis mechones, hasta que quedaron a la altura de mi barbilla, definiendo mi rostro. Aquel rostro que era mío. Ovalado, pero con la barbilla en punta. Entre a la regadera. El agua me relajo los músculos, que sentí agarrotados.
Los Vulturi debían de prever mis problemas de orgullo. Yo jamás podría actuar como una humana normal, jamás. Solo viví entre humanos tres años de mi vida, el resto fue con vampiros. Aprendiendo a comportarme como uno. Con el mismo instinto de supervivencia. Yo había visto con anterioridad a Edward y a Bella, a Alice también. Pero oculta desde un rincón. Yo misma esperaba ser algún día parte de ello, y ahora. Ahora me había dado cuenta lo que implicaba llevar el apellido, por merito propio, Vulturi. Una serie de eventos desafortunados. Yo estaba cometiendo acumulando errores, y pronto, la paciencia de los Cullen y los Licántropos, se agotaría. Pase una mano por mi cabello, húmedo. Esa noche vería a Emmett, pero ¿saldría de ahí ilesa? No estaba segura de nada.
Salí del baño cubierta en una toalla. Emmett seguía ahí, no podía creer que estuviera tan aturdido como para ni siquiera respirar. Le pase una mano por la cara y lo salpique de agua. Reacciono y se esfumo. Vaya, era rápido. Me puse ropa limpia. Y mire por la ventana, hundiéndome en mis pensamientos. Estaba lloviendo, a cantaros. El cielo era completamente negro, y de vez en cuando un rayo iluminaba la calle, donde dos licántropos patrullaban sin descanso, haciéndose bromas de vez en cuando. Parecían perros gigantescos, me sorprendía que a la gente no le diera miedo. Mire el reloj que había en mi masita de noche. Marcaba las 6:30, todavía faltaba un largo rato, pero podía apostar que Emmett estaba preparándose, o más bien, ya estaba en el bosque.
Un rayo pasó muy cerca y pude ver por unos instantes mi rostro. Era muy afilado, para ser medio humana. Alrededor de mis ojos aprecian las ojeras. Era algo sorprendente, teniendo en cuenta que seguía durmiendo, como cualquier humano. ¿O era un efecto de la luz? Suspire cuando deje de ver mi reflejo y pase una mano por mi oreja izquierda. Sonreí al encontrar mi arete. Un arete redondo, en Volterra tenía prohibido perforarme. Pero yo estaba en una etapa de rebeldía, me regañaron, cual padres que ven a su hijo drogarse. Lo había hecho una tarde soleada, le había pedido a Félix…. ¡Félix! Santo cielo, me había olvidado por completo de él. Mi distracción con Jasper había hecho que olvidara por completo su existencia. Me sentí culpable y la boca se me seco. Me estaba encaprichando con Jasper, y había olvidado por completo que él…bueno, que ambos alguna vez fuimos algo. Me puse una mano en la frente.
De pronto recordé las cartas que había en la mesa. Salí corriendo de mi cuarto hasta la mesa y las tome. La mayoría eran cartas sin importancia y las tiraba atrás de mí. Pronto encontré una. Pero me dejo impactada. No tenía remitente. La caligrafía no la conocía, jamás la había visto. Abrí el sobre con delicadeza deliberada. Había dos hojas. La primera tenía una caligrafía algo torpe, pero entendible.
Scarlet:
Hace tiempo que no recibo noticia tuyas, ¿todo está bien? Aro dice que no hay nada de qué preocuparse, pero yo si lo estoy. Teniendo en cuenta que eres bastante delicada, y un poco cabeza dura. Espero este todo en orden con los Cullen, sabes que si hay algún problema puedes comunicarte conmigo. Encontré la otra hoja entre tus cosas, la leí. Jamás pensé que escribiera poemas tan buenos. Quise enviártelo de regreso, estaba en alemán cuando lo encontré, y quise traducirlo. Espero que con ese poema pienses en mi, que yo no puedo dejar de hacerlo.
Con cariño: Félix
Me lleve una mano a la boca y algunas lagrimas cayeron sobre al hoja. No podía creerlo, me había escrito y aparte había encontrado un poema mío. Tome la otra hoja y comencé a leerá en voz baja.
Las Doncellas De La Rosa.
Preciosa pantera de la Oscuridad
Que viste las pieles cenizas,
Y pisa los lirios del infierno
De la soledad
Traída de los recuerdos...
Dulces fruta de la perdición
Que clavo sus garras, en mí
Por favor ten piedad de mi ser...
¿Porque huyes? ¿Porque me sigues?
¿Es amor? ¿O odio? al final
Diré lo que siento
Diciéndote un hola
O matándote al final
Ya hay huesos rotos
Verdades dichas
Todo duele al final
Lo diré otra vez
Al renacer una vez
En tus brazos nuevamente
Necesitare que me digas
Que me quieres como antes,
Y abrázame una vez más,
En la perdición....
Me quede boquiabierta. Aquel poema lo había escrito cuando tenía once años. Me había ayudado Jane y Alec a escribirlo. Pero había sido mi idea. Lo había escrito la primera vez que Félix y yo habíamos salido. No podía dejar de releerlo. Cuando unos pasos detrás de mi me alertaron. En el rincón más oscuro de la sala, había alguien recargado. Al principio pensé en Emmett o Jasper. Pero me miraba muy concentrado.
-Edward…-.murmure al reconocer esos intentos de perturba la paz de mi mente.
-Escribes muy bien, para ser alguien de tu talla-. Salió de las sombras y pude distinguirlo con mayor facilidad. Me miraba con frialdad y tenía la cabeza ladeada.- ¿Quién es Félix?
-¿que te importa?-. Tome las cartas y las metí debajo de un frutero. Levanto una ceja.
-¿Es Félix Vulturi?
-Repito, ¿Qué te importa?-. Pareció darse por vencido y miro el frutero.- ¿Qué quieres?
-Vengo a, pedirte un favor-. Decir las palabras le costaba bastante trabajo.- escuche tu poema, y me gusto mucho….Quiero… agh… están difícil-. Levante una ceja y me cruce de brazos.
-Quieres que le haga un poema a Bella-. No necesitaba leer su mente, nada por el estilo. Sus ojos lo decían todo
-Si…
-Edward Cullen, le pide un favor a Scarlet Lindermann, vaya me sorprendes. Tú mejor que nadie deberías saber un poema perfecto para ella-. Guarde silencio y me fui hasta la cocina-. Yo solo escribo para mí, y mis poemas no son la cosa más romántica de este mundo.- me di la vuelta para verlo.- ¿o es acaso que Edward Cullen, no sabe que decirle a la mujer con la que se casara?-. Mis palabras lo sorprendieron. Vi en sus ojos la confusión.
-¿Cómo sabes que me casare con Bella?-. Me miro furioso
-Me lo dijo un perrito-. Sonreí mostrando mis dientes. Fue lo suficiente para que se fuera de mi casa.
Quite mi sonrisa, para mirar con tristeza la mesa…
El tiempo pasó rápido, y dieron las ocho en punto. Yo ya estaba en el bosque como había acordado, Emmett, apareció de la nada y entre los árboles, íbamos a jugar un rato…