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Relatos de mi adolescencia (y algo más) — capítulo 45

Se calzó las botas más cercanas procurando no hacer ruido, sabiendo que al más mínimo descuido la casa entera despertaría y su misión se arruinaría por completo. Tenía que hacerlo, fuere como fuere. Salió por la ventana casi aguantando la respiración, se cubrió con un chaleco de hilo, dio un primer paso tembloroso; la luna la observaba con tranquilidad y una enorme sonrisa desde lo alto, brindándole el coraje que necesitaba para seguir sus instintos hasta encontrar lo que estaba buscando, lo que se le había revelado en sueños la noche anterior y lo que ella no pretendía pasar por alto una vez más. El mensaje era claro. Debía dirigirse al parque más cercano y caminar hasta que algola hiciera detenerse y allí, en ese preciso momento, todo tendría sentido. Las noches en vela pensando en escapar, la sensación de opresión en medio de multitudes, los pensamientos que a veces parecían ajenos, aquellas palabras que de pronto salían de sus labios sin procedencia coherente, esos ojos oscuros sin dueño que la acechaban en todas sus fantasías…

Cuando llegó al bosque una sonrisa atravesó su rostro y siguió con paso firme, mientras su corazón se aceleraba indicándole que iba por el camino correcto, que esoera. Extendió los brazos para formar una cruz con su propio cuerpo, cerrando los ojos con la intención de disfrutar un poco más de la brisa otoñal que mecía los árboles a su alrededor y se colaba descaradamente bajo su piel. Y cuando abrió los ojos una luz cegadora la sobresaltó y la obligó a detenerse de golpe, quedándose estática en su lugar. Allí estaba. Él -de quien no sabía nada, pero conocía como a nadie más-, apoyado en un árbol cercano, con una camisa negra, el cabello desordenado y los ojos oscuros fijos en ella; una media sonrisa gatuna estampada en el rostro, la guitarra negra entre sus brazos, la mano izquierda preparada para comenzar a tocar. Y sucedió. La voz ronca, áspera y seductora se escapó de entre sus labios y llegó directo al corazón de quien se acercaba lentamente hacia él.

*"…*I don't believe that anybody feels the way I do about you now"

No sabía quién era. En un principio ni siquiera sabía porqué estaba allí, con la guitarra, esperando. Pero cuando la vio llegar, cuando vio que venía con los ojos cerrados y los brazos extendidos, todo tuvo sentido y supo exactamente qué tocar, qué cantar y porqué estaba allí -principalmente. Y todo lo demás dejó de importar. El frío que se calaba en sus huesos porque había olvidado la chaqueta, el terrorífico canto de los árboles, la incómoda posición en la que estaba; todo quedó atrás porque ella se acercaba, porque le sonreía como nadie nunca había hecho, porque de pronto comenzaba a acompañarlo con la canción y su voz suave y tranquila llenaba todos sus sentidos, embriagándolo en mil sensaciones, sabores y aromas jamás experimentados. Ese momento, ese bosque, en medio de la ciudad, en medio de la noche… Sí, joder, sí, ¡eso era! No había necesidad de decir algo, los acordes de la guitarra eran suficientes; decir 'eras tú a quien buscaba' resultaba completamente irrelevante cuando las miradas se encontraron de pronto sumergidas arriba, muy alto, fuera del planeta, rozando las estrellas con las manos. Y la sonrisa… la sonrisa de ambos que denotaba un claro "¡Al fin!". El alivio y la certeza de que ese algo que habían esperado por tanto tiempo al fin estaba ocurriendo.

"And after all you're my wonderwall"