Tituladas 15.1% · 30,063 de 199,415 descubiertas
Rescatado 23.3% · 21,950 de 94,296 páginas identificadas · 21,944/22,652 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Relatos de mi adolescencia (y algo más) · de

Relatos de mi adolescencia (y algo más) — capítulo 46

La multitud lo arrastraba de manera que no sabía donde se dirigían sus pies y solo estaba consciente de tener que ignorar todos los rostros desconocidos hasta reconocerla a ella para poder hablar y acabar con todo de una vez. Se la encontró detrás de un hombre de lentes sin marco, sonriendo como si no importara nada, muy ocupada viendo con detenimiento algo que sostenía en la mano. Había algo en la sonrisa que no reconocía, algo que no le agradaba. Suficiencia, un poco de altanería, retazos de una mujer independiente rompiendo un mundo, desinterés por todo y, principalmente, libertad. De ese tipo de libertad que él mismo le había presentado a través de los libros y palabras especiales, ese tipo de libertad que había estado tan cerca de alcanzar pero que al final de la jornada lograba mirar desde la distancia sin poder sumergirse en ella, transformándose en un mero espectador de lo que siempre había deseado. Y allí estaba ella, simplemente sonriendo y demostrándole sin querer que había alcanzado aquello que él seguía persiguiendo sin mayores resultados. Cerró los ojos, tuvo miedo. Miedo de que la perdía para siempre, miedo porque ella parecía subir, volar con tanta ligereza, tocar las estrellas, llegar allí con la facilidad natural que él jamás poseyó; miedo de que el discípulo superaba al maestro, miedo de que con esa sonrisa y nada más pudiera encontrar a otro maestro que estuviera 'allá', que le tendiera la mano para ayudarla a subir más aun -no como él, que solo se aferraba con testarudez a su zapato para retenerla un poquito más a su lado, a ver si lograba contagiarle la destreza para despojarse de todo, incluso de él mismo, como había hecho tantas veces en lo que parecían ser ya vidas anteriores, un pasado demasiado lejano, demasiado etéreo.

Ella se acercó. Seguía sonriendo, había guardado el móvil en el bolsillo y solo lo miraba expectante, quizás deseando que él hablara rápido para poder continuar la travesía, para seguir volando por ahí. Así que esperó. Se detuvo frente a él, borrando lentamente la sonrisa de su rostro ante la incredulidad de los ojos del sujeto, aguardando pacientemente que pronunciara las palabras que sabía había elegido con mucho cuidado para la ocasión.

-Estás subiendo -murmuró él, casi hablando consigo mismo, como si ella de pronto hubiese desaparecido y las conclusiones y reflexiones se limitaran a salir por su boca sin ninguna censura. Ella le miró sorprendida.- Y yo quiero volar contigo, ¿comprendes? Quiero que ahora mismo me tomes la mano y me lleves allá arriba, donde sea que estés tú, porque quiero ser libre contigo, volar a tu lado, tocar las estrellas y todo aquello que tú ya has hecho. Quiero ir contigo, donde sea, donde los dos podamos ser lo que siempre hemos querido ser, ¡juntos! Sé que ya has pasado por esto, pero quiero… necesito volar contigo… Take me with you…

Volvió a sonreír, pero esta vez toda altanería y desinterés se esfumó, cediéndole su lugar amablemente a la calidez, la seguridad y las ansias de comunicarle a él que todo iba a estar bien, que aceptaba, que volarían, que tocarían las estrellas, que más alláy que I'll take you anywhere with me, mientras sus pequeños dedos se abrían paso entre los de él y le susurraba que iniciarían muy pronto el viaje, yéndose a sus propios universos para flotar allí eternamente.