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Relatos de mi adolescencia (y algo más) — capítulo 47
-Maga- le llamó, desesperado, avanzando tras sus pasos y rogando que la intensidad de su propia voz al pronunciar el apodo en honor al personaje de Cortázar la hiciera dar la vuelta y quedarse junto a él. Pero no sucedió gran cosa. Se quedó estática en su lugar, apretó los puños y suspiró.
-No, Maga no, Oliveira. Basta de 'Maga', basta de estos momentos, basta de todo.
-¿Y si te digo que te amo?
Estuvo a punto de voltearse, él creyó que había ganado.
-¿Lo sentirías de verdad?
Silencio. Podría haber dicho que sí y probablemente no estaría mintiendo, pero nunca se lo había planteado con la seriedad correspondiente y comenzaba a asustarle un poco el hecho de que durante todos esos meses juntos apenas hubiesen mencionado sus nombres reales -haciendo un uso descarado e indiscriminado de los de Rayuela. Y, además, ¿qué significaba realmente amarla? Tal vez él no la amaba.
-No, no lo sentirías de verdad -añadió, resignada, dando un paso hacia delante. Lejos de él. Forever.
O tal vez sí.
-Sí, sí lo sentiría -se acercó rápidamente y tomó su mano, ella seguía sin mirarle. Una ráfaga de miedo pasó frente a sus ojos cuando se dio cuenta de lo que tenía que hacer a continuación, ¿sería capaz…?- Sí, sí, te amo. Maga, por favor, no te vayas (¡Basta de Maga, F!), eres… eres la única que me permite avanzar, no.. no me dejes.
-Déjame ir.
-¡No!
Cuando ella se volteó él comprendió porqué había comenzado la relación en primer lugar. Los ojos oscuros le devolvían una mirada llena de una extraña nostalgia, un poco de dolor y otro tanto de resignación. No podía quedarse allí, no podía seguir ese retorcido juego en que se había transformado lo que alguna vez habían sido tardes mágicas en medio de multitudes que los hacían parecer a ellos de otro planeta.
Supo que él lo había entendido al percibir la desilusión en su rostro. Siguió su camino.
-Adiós, Horacio Oliveira.