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Relatos de mi adolescencia (y algo más) — capítulo 65

'Un poco de jazz para el alma herida, para las penas del corazón', dice ella mientras alza la copa en dirección al tipo de negro que no le quita la mirada desde que cruzó la puerta, toda envuelta en esa luz de paz que tanto le jode la cabeza a los demás, ese airecito de 'vengo de un lugar donde nadie se odia jamás, allí donde John Lennon siempre soñó ir', esa mueca de sufrimiento que nadie fue capaz de quitarle. No es un bar de películas, no hay nadie al piano esperando el pedido del público, solo un equipo de música tras la barra y un camarero amable que escucha a quienes llegan como si todos fueran la persona más importante del mundo... así que le hace caso, busca un poco de Charlie Parker entre la colección del jefe y la dama sonríe, exhibe con orgullo la sonrisa angelical porque Aureliano el camarero le ha dado en el clavo y Charlie Parker se la está llevando lejos de allí, a esos tiempos peores que se ha dejado atrás, peores que cualquier otra cosa pero sencillamente maravillosos porque la tenía a ella, porque todavía -en medio de ese caos de rompecabezas y botellas de vodka- podía llegar a casa y encontrarse con la única capaz de hacerle olvidar el mundo sin una gota de alcohol de por medio. -Maravilloso -dice por lo bajo mientras Aureliano vuelve a llenar su copa y el tipo de negro se prepara mentalmente para invitarle a un trago. Lo mira. Tiene los ojos como ella, como la que estaba en casa después de cada día de mierda, y piensa que quizás si se pierde un poco en esa mirada, un poco de nuevo después de tanto tiempo, las cosas serán mejores (mejores que en los tiempos peores, donde estaba ella) y podrá quitarse de una jodida vez la cara de niña sufrida que tiene desde que la perdió. -¿Puedo hacerte compañía? -pregunta el sujeto con sonrisa sugerente, arrimándose a su lado. Ella sonríe. Algo le dice que tal vez no debería hacer eso, que quizás ella aun va camino al apartamento y que se perdió por la nieve, que se fue a un hotel y que volverá pronto, que debería esperarla al menos dos años más, pero sus ojos parecen actuar más rápido que su cerebro y le dirige al sujeto una mirada llena de frases de doble sentido que él entiende a la perfección al tiempo que inclina la cabeza y pide un Ballantine's para la dama.