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Relatos de mi adolescencia (y algo más) — capítulo 64

Fue el último en salir del aula, el encargado de ordenar los pupitres, cerrar ventanas y cortinas y cerciorarse de que la puerta quedara bien asegurada. Desde el pasillo se escuchaba el sonido ahogado de los gritos de afuera, los cientos de estudiantes de último año que alzaban sus voces por última vez dentro del establecimiento, en medio de lágrimas y risas de emoción, euforia, tristeza -quizás; cientos de ojos que se miraban unos a otros con sentimientos contenidos, con ganas de irse de allí y no volver nunca más, tal vez… Él observaba la escena desde una esquina, preguntándose cómo sería ese momento en su generación, el año entrante, sin saber realmente que sus ojos deambulaban por la multitud buscando una cabellera pelirroja y brillante, sin percatarse de lo oprimido que estaba su pecho en esos instantes, al tiempo que tenía la lejana sensación de estar diciendo adiós a una parte importante de sí mismo. Se apoyó en la pared que tenía a su lado, acomodó los anteojos sobre su nariz con cierta torpeza y comenzó a tararear una canción que vino de pronto a su memoria, como si en algún lugar de por allí estuviese sonando. Cuando su voz se quebró en medio de la segunda estrofa, la vio. La cabellera pelirroja resaltó entre la multitud estudiantil y algo dentro suyo se removió con violencia y desesperación, algo se clavó en su pecho e hizo que su espalda se curvara un poco, que su boca se contrajera en una mueca de tristeza y que la canción quedase en un 'but I'm yours…' al aire, medio gastado en las esquinas. Ella se había volteado en medio de ese montón de gente para mirarlo a él, y fue entonces cuando comprendió por qué algo dolía en medio de su torso, por qué estaba allí buscando algo con la mirada, por qué cantaba precisamente ésa canción en ése instante: ella se iba, ella se marchaba para siempre de su vida y en todos esos años de convivencia diaria él no había sido capaz de revelarle sus sentimientos. Ya era demasiado tarde, sin embargo. Ya no había nada que pudiese decir o hacer, nada útil. Ella estaba con alguien y él también, no quedaba nada más, nada más allá de la sonrisa que se dibujaba en el rostro de la pelirroja en ese momento, la seña que le hacía con la mano y su pequeña figura corriendo hacia él con los brazos abiertos.

-Te voy a extrañar mucho -susurró ella, con sus brazos rodeándole el cuello y los pies de puntitas en el suelo para quedar a la altura de su oído. Él la presionó contra sí mismo, con el corazón encogido y los ojos fuertemente cerrados, incapaz de pronunciar alguna palabra coherente.- Algún día nos volveremos a encontrar, te lo prometo -agregó.

-Yo también te voy a extrañar mucho.

Lo último que él le dijo antes de que ella volviera con su novio y el resto de sus amigos fue 'nunca olvides escuchar a Kurt Cobain', mensaje en clave que ambos habían hecho años atrás para decir, en realidad, 'nunca olvides que te quiero'. Le sonrió, dijo adiós con una mano…

Él nunca lo sabría, pero mientras apoyaba su cabeza contra la pared y la golpeaba incansablemente con el puño murmurando palabras incomprensibles llenas de rabia y desesperación, ella se había quedado petrificada en su lugar, observándolo absorta en mil y un pensamientos sobre sentimientos callados durante demasiado tiempo, 'te quiero' lejanos con el sonido de la voz del muchacho que se agolpaban dentro de su alma con la fuerza de un millón de puñales, sonrisas de antaño estampadas irreversiblemente dentro de su memoria, miradas furtivas y delatoras cargadas de amor infinito… silencios que en ese momento comprendía jamás debieron existir.