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Relatos de mi adolescencia (y algo más) — capítulo 71

-¿Puedo pedirte algo? -preguntó ella. Sus ojos brillaban con el reflejo de la luna y el viento primaveral mecía sus cabellos púrpura de manera graciosa sobre sus ojos. Parecía una imagen de película. Frente a ellos se extendía la ciudad dormida, con sus cientos de edificios a tonos grisáceos refulgiendo bajo la luz de la luna, los interminables parques municipales con bosques artificiales y las lucecitas de los automóviles titilando, diminutas, ínfimos puntitos perdidos en la nada urbana. Quizás, después de todo, sí estaban en una película y en realidad ninguno de los dos lo sabía, como en Truman Show, pero con dos protagonista en lugar de uno.  -¿Qué cosa? Él miraba un punto perdido a lo lejos, en medio de la selva de edificios, aparentando no prestarle atención. Pero era consciente, era tan consciente de todo que en ocasiones le parecía sentir absolutamente todo lo que se relacionaba con ella, como las puntas de su cabello rozando sus brazos, o su aliento de menta acariciándole la parte posterior del cuello con esa delicadeza que sólo podía ser suya. -Por esta noche, sólo por esta noche, no me dejes sola.-¿Recuerdas esa frase que te mencioné, de la película que vimos el otro día?*Freedom and simple beauty...**-...is too good to pass up.*Sí, claro que la recuerdo.-No te voy a dejar sola -respondió, volteándose a mirarla con una radiante sonrisa que ella  jamás había visto en él y que, de hecho, llegó a pensar que no existía-. Ahora deja de pensar en ese tipo de calamidades y disfruta de la vista. Y de pronto, en otro acto que parecía completamente ajeno a una persona como él, entrelazó su mano con la de ella y la atrajo hacia sí en un abrazo que, pensó, contaba más verdades y sensaciones que cualquier discurso sentimentalista.