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Historia 30368 — capítulo 17
Bella fue a casa de Adela a la mañana siguiente. Era sábado por lo que no tenían clases. Llevaba un pudin de frutas en las manos, supuestamente era la excusa para ir a su casa. Cuando Adela le abrió la puerta, Bella no esperó la invitación para entrar. Lo hizo como si fuese un vendaval y fue directamente a la cocina. Adela se quedó pasmada por la reacción de la joven. Cerró la puerta diciendo "pasa Bella como si estuvieses en tu casa". Tras dejar el pudin en la cocina, Bella regresó al salón dónde Adela la esperaba con los brazos cruzados.
- ¿Qué mosca te ha picado? - le dijo a Bella.
- ¿A mí? Eres tú la que me oculta información.
- ¿Que te oculto información? - en ese momento Conrad empezó a llorar en su cuna y Adela dejó a Bella con la palabra en la boca y se fue escaleras arriba para coger a su hijo. Se había hecho pis y se sentía húmedo, Adela le hizo carantoñas y le dio besitos en la barriga tras cambiarlo. El bebé estaba despierto, tenía hambre. Aunque había empezado a darle papillas, seguía dándole el pecho. Bajó de nuevo las escaleras. Entró en la cocina y buscó un potito de frutas. Últimamente se gastaba una pasta en comida para el niño. Bella la seguía. Que Conrad la hubiese interrumpido no iba a hacerla desistir del motivo de su visita.
- Vas a decirme lo que sabes de los Cullen.
- ¿Te importa, Bella? - dijo Adela algo irritada, pensaba que Bella se callaría hasta que el niño se hubiese dormido nuevamente.
- Tómate tu tiempo. Conrad notó los nervios de su madre, pero comió bien. Se tomó su potito y después Adela le dió un poco de leche materna. Conrad se durmió y lo subió despacito a su cuna. Allí estaba Edward.
- El que me faltaba para Bingo - dijo suspirando Adela cuando dejó al niño en la cuna.
- ¿Está insistente, verdad?
- ¿Hace falta que te lo diga?
- En el hospital estuvo haciéndome preguntas bastante incómodas.
- ¿No me digas? Supongo que las que me esperan a mí no van a ser coser y cantar.
- Niégale todo lo que puedas.
- Dile tú todo lo que puedas, Edward. Os gustáis, ahora estáis conociendoos, pero os atraéis. Seguro que tú vas a ser mejor portador de notíticias que yo.
- Ve abajo, se está impacientando - Edward se fue. Bajó de nuevo las escaleras y allí estaba Bella, sentada en el sofá con los brazos y las piernas cruzadas, mirándola insistentemente.
- Sabes que los Cullen son... diferentes.
- Claro que son diferentes, son todos muy guapos.
- No me refería a eso.
- ¿A qué te referías?
- Edward ayer estaba en la puerta de su coche y de repente estaba a mi lado. ¡Le hizo una abolladura a la furgoneta de Tyler!
- ¡Qué dices! Yo vi a Edward acercarse a tí corriendo cuando mirabas hacia la furgoneta.
- Sé que no me crees, y que estás intentando convencerme de algo. Pero no cuela. Te vas a reír, pero creo que Edward, por lo menos, no digo que todos los Cullen sean así, pero creo que es descendiente de Spiderman o Superman o algo así - Adela se rió a carcajadas, no se habría esperado nunca una respuesta así - ¿Qué te parece tan gracioso?
- También podría ser descendiente de Batman.
- No estoy de coña.
- Lo parece.
- Estoy segura que tú sabes algo.
- ¿Y por qué crees eso?
- Porque ayer parecías muy nerviosa cuando te acercaste a la furgoneta. Me llamaste y cuando Edward te dijo que estaba conmigo te sentiste aliviada y dijiste que entonces no pasaba nada.
- Solo porque no estabas sola. Nada más. Deja de ver fantasmas dónde no los hay.
- No creo que sea solo por eso, Ady.
- No puedo decirte más.
- ¿Es qué hay más?
- Si hubiese más, Bella, no soy quién para decírtelo. Deja de ser una cotilla entrometida. Si hay algo que Edward quiera que sepas, lo sabrás en su momento. Si a mí me han confiado un secreto, no soy quién para revelarlo, pues no me pertenece. ¿Supongo que lo entiendes no?
- Supongo que sí. Aunque no estoy conforme.
- Por qué no estas conforme - Adela empezaba a perder los nervios.
- Por que quiero saber qué es eso que tú sabes y que no me quieres contar.
- Mira Bella, sabes que tanto Edward como sus hermanos han sido adoptados por el Doctor y su mujer, ¿Verdad?
- Claro, me lo dijo Jessica.
- Lo sabe todo el mundo. Si los padres de Edward hubiesen sido asesinados brutalmente - a Bella se le hizo un nudo en el estómago - supongo que no te gustaría enterarte de los detalles y querrías que fuese él el que se sincerase contigo ¿No te parece?
- Sí, tienes razón - Bella se sintió aturdida con la abrumadora revelación de Adela - pero ¿No pasó eso en verdad, no?
- No Bella. No sé como murieron los padres de Edward. Solo te ponía un ejemplo. Bella se fue un poco más tranquila que como había llegado a casa de Adela. Aún así no había saciado su curiosidad. Pero no quiso insistirle más a Adela. Se quedó quieta en el porche lista para irse. Pero dio media vuelta y llamó nuevamente a la casa. Adela abrió la puerta y la invitó a pasar.
- ¿Te has dejado algo, Bella? - dijo tranquilamente.
- No. Quería preguntarte otra cosa.
- Espero que no tenga que ver ni con Edward, ni con los Cullen.
- No, no es nada de eso. Es sobre tí.
- Está bien, dispara - dijo sentándose de nuevo en el sofá.
- ¿Por qué viniste a Forks? Nunca me lo has dicho. Sé que mi padre sabe algo, pero me dijo algo del secreto profesional y no ha querido decirme nada.
- Es su trabajo. Es tarde Bella, y es una larga historia. ¿Te quedas a cenar?
- Vale. Charlie se ha ido a pescar con Billy y Harry. Adela sonrió a Bella y la invitó a que la siguiese a la cocina. Tenía chuletas macerando con un escabeche avinagrado en la nevera y las sofrió en la sarten mientras freía unas patatas al montón. Preparó una ensalada en un visto y no visto. Bella estaba impresionada con la soltura y la rapidez que Adela se apañaba en la cocina. Se sentaron a la mesa.
- Bueno Bella, te voy a contar la historia de mi vida. Sé que no te va a gustar, pues no es una historia alegre, ni agradable - ellas no lo sabían, pero los Cullen al completo estaban en el rellano de arriba escuchando. Habían pasado allí toda la tarde y agradecían a Adela como se había desenvuelto y se había quitado de encima las embarazosas preguntas de Bella. Pero sintieron curiosidad de la historia de Adela y se quedaron.
Vivía en Iowa. En una Gran Ciudad. En Des Moins. Allí crecí con una madre amorosa y un padre cariñoso hasta que cumplí los siete años. Mi madre volvió a quedarse embarazada, pero perdió al bebé. Después de eso se echó a la bebida, mi padre con ella. A partir de los ocho años, sufrí malos tratos. No de esos malos tratos en donde los padres te dan un par de azotes cuando llegas tarde o les contestas mal. Auténticas palizas si no fregaba los platos o me mandaban a por el pan y me compraba un caramelo. Por cualquier cosa, Bella. Sin ningún motivo. Cada vez bebían más, hasta que terminaron alcohólicos perdidos. Se pasaron a las drogas. No sabes lo que es para una niña de diez años ver las jeringuillas de tus padres esparcidas por todas partes. Pronto tuve miedo de sentarme en el sofá y solo me sentaba en las sillas con el culo de madera. Después vino secundaria. Y allí conocí a Conrad. Fuimos novios durante cinco años, y muy buenos amigos durante el primer año y medio de instituto. Mis padres me veían cambiada, y era porque intentaba estar fuera de casa lo más posible sin llamar la atención. Mis padres también salían, que era cuando aprovechaba para limpiar. Tiraba las jeringuillas usadas y limpiaba todo a fondo. Debía encargarme de hacer la compra, tener la cena lista a la misma hora todos los días... Apenas tenía tiempo de estudiar, pero sacaba tiempo de todas partes. A los quince años, empezó mi fase de rebeldía. Mi abuela murió y como sabía en lo que se habían convertido tanto su hijo como su nuera, me dejó la herencia a mi. Todavía no puedo acceder a los bienes hasta mi mayoría de edad, pese a estar emancipada. Aquello me costó una soberana paliza con dos costillas rotas y el brazo izquierdoroto por tres sitios. Nunca me perdonaron aquello. Después de que me recuperé y Conrad hizo muchas preguntas, decidí contarle todo. Nunca había pisado mi casa ni quería que lo hiciese. No conocía a mis padres. Se enfureció mucho, pero me dio el abrazo más tranquilizador que me han dado en mi vida. Un abrazo de amor y de cariño, de respeto... No estaba acostumbrada al afecto de los demás. Es duro decir Bella que no recuerdo un abrazo de mis padres, ni un beso. Después fui portada de la revista Nosferatu.
- ¿Nosferatu? - preguntó Bella interrumpiendo a Adela.
- Una revista para góticos de la Gran Ciudad. Ya sabes, blanco y negro, look vampírico...
- Ah, ya.
- Bueno, fui portada de la revista Nosferatu. Salieron unas fotos muy bonitas. No se me veía desnuda ni enseñando nada. Pero mis padres opinaron que eran unas fotos guarras y me gané otra paliza - Adela sonrió - No adivinarías nunca lo que hice. Saqué dinero de mi hucha y encargué más de 200 fotos de la portada y las repartí por todo el barrio. Me gané un par de bofetadas, aunque creo que fueron las únicas que me merecí. Después de ello, pues los malos tratos tuvieron altibajos. Mi padre estuvo ingresado en el Hospital por sobredosis y mi madre me hecho la culpa a mí, como no.
Conrad y yo habíamos empezado a tener relaciones íntimas desde hacía ya un año. Decidí empezar a tomar anticonceptivos orales pues se nos habían roto un par de preservativos. Una noche, habíamos bebido demasiado y se me olvidó tomarme la pastilla. Hicimos el amor como si fuese nuestro último día en la tierra. Puede que lo fuese. Después de aquella noche no volví a ver a Conrad, hasta que vino una noche a la ventana de mi casa. Un mes después. Le había llamado y me cogía el teléfono, pero pronto colgaba. Decía que no podía hablar en ese momento... Me evitaba. Y eso Bella, duele más que todas las palizas juntas. Decidí decirles a mis padres que estaba embarazada y aquella noche terminé en el Hospital, con las costillas rotas, con la pierna rota, el brazo roto, la muñeca dislocada, la mandíbula desencajada, un ojo morado...
- ¿Cómo llegaste al Hospital? No creo que tus padres...
- No. Ellos me dejaron mediomuerta en el suelo y siguieron viendo la tele. Conrad rompió la puerta y me llevó en brazos hasta el Hospital.
- ¿Hasta el Hospital?
- Bueno, me llevó en coche - mintió - me dejó en los brazos de un médico de Urgencias y no lo volví a ver hasta el día en que vine a Forks.
- ¿Se desentendió de ti?
- No. Dijo que había pasado algo y que no podíamos estar juntos. Dijo que era muy complicado. Que no lo entendería. Y que lo mejor para mí era mantenerme lejos de él.
- Luego hubo un juicio y mis padres fueron a la cárcel. Les quitaron la casa, el dinero, las posesiones. Lo vendí todo y junto a la indemnización que recibí del Estado me vine a Forks. Mi abogado es amigo de tu padre, me dijo que éste era un buen lugar para volver a empezar y criar a un niño. Le hice caso. Y aquí estoy. Viviendo en Forks, con diecisiete años, emancipada y madre soltera.
- Vaya, Adela. Creo que has padecido mucho en esta vida no tenía ni idea. Lo siento mucho.
- No lo sientas. Ahora estoy bien. Soy feliz y amo a mi hijo con todas mis fuerzas. Aunque es verdad, a veces necesito sentirme querida. Hecho de menos un abrazo de Conrad, y no encuentro ningún chico que sea bueno para mí. Tampoco lo busco. Los chicos jóvenes se asustan cuando les dijo que tengo un hijo. Ya llegará el adecuado para mí. El amor se encuentra, no hay que buscarlo, Bella.
- Tienes razón.
- Por eso te digo, que cuando Edward quiera contarte, lo que te tenga que contar, será él el que se acerque a ti. Y te dirá todo lo que quiera saber tu curiosa cabecita. Bella se despidió de Adela. Se sintió culpable por haberla hecho hablar de su vida. Se riñó a ella misma por su curiosidad. Adela recogió la mesa y puso el lavavajillas. Subió las escaleras y miró a Conrad dormir tranquilamente y sonrió. Aunque una amarga lágrima cayó por su mejilla. Fue a su habitación y se echó a llorar. Edward apareció entre las sombras y la abrazó consolándola. Adela no había llorado lo suficiente todo lo que sus padres le habían hecho, se sintió mucho mejor después de un rato. Edward le ayudó a meterse en la cama y la tapó.
- Eres una joven muy valiente, Adela. No lo olvides.
- Gracias, Edward.
- No, gracias a ti. Por hablar con Bella conforme lo has hecho. Me has ayudado mucho.
- Edward.
- ¿Sí?
- ¿Cómo eran tus padres? - Edward sonrió.
- Eran una pareja encantadora. Siempre estaban riendo y abrazándose.
- ¿De qué murieron?
- De Gripe Española. Fue una pandemia horrible. Murió mucha gente. Fue entonces cuando Carlisle me convirtió. Me salvó. Y fue mi madre la que se lo pidió.
- ¿Tu madre sabía que era un vampiro?
- No. Pero le pidió que me salvase. Y él lo hizo.