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Historia 30368 — capítulo 18

Adela se durmió poco antes que Edward se fuera de la habitación. La quería como a una hermana. No como el amor que le proferían Alice o Emmett. Pero la tenía en gran aprecio. Quizá por su afán de superación. Por no cejar en su empeño y quizá también, había un poco de necesidad de consolarla por lo mal que lo había pasado. Se prometió a sí mismo, que si los padres de la joven se acercaban a Forks, no dudaría en alimentarse de ellos. Y si Conrad volvía, quizá lo convertiría en cenizas. Puede que Adela no lo entendiera, pero seguramente el mundo estaría mejor sin él. La semana siguiente Bella estuvo bastante esquiva con Adela. Ella lo achacó a los remordimientos que la embargaban tras la charla de la otra noche. Aún así no se mostró grosera con ella. Cada una tenía su espacio. Y lo respetaban. Tampoco se sentó con los Cullen, Edward empezó a sentarse a la hora del almuerzo con Bella. Adela se alegró por éste hecho. Una tarde, tras volver de La Push y pasar un rato agradable con Leah, Seth, Harry y Sue se encontró con Edward en la casa.

  • ¿Te hago una llave? - le dijo sonriente al vampiro que se había convertido en su mejor amigo. Era su forma de darle la bienvenida. Sonrieron.
  • ¿Para qué? Sabes de sobra que no la necesito.
  • Muy cierto. Adela acostó al pequeño en su cuna tras ponerle el pijama y bajó al comedor. Edward había puesto música en el reproductor y la miró sonriente. Adela fue a la cocina y se calentó un poco de pasta que había sobrado del día anterior.
  • Ha que debo el honor de tu visita - le dijo sentándose al sofá y dejando un vaso de Fanta de Naranja en la mesa de centro.
  • Quería contarte algo - como vio que Adela no contestó, prosiguió - he hablado con Bella.
  • ¿Y?
  • Se lo he contado.
  • A ver. ¿Le has contado que eres vampiro? ¿Que eres un arcoiris andante? ¿Que desciendes de Superman?
  • Que soy un vampiro. Que todos nosotros lo somos.
  • Gracias por incluirme - Edward sonrió.
  • Por eso te quiero.
  • ¿Por hacerte reír?
  • Exactamente. Eres como una brisa fresca. Espontánea.
  • ¡Cásate conmigo! - hubo nuevas risas.
  • Me casaría si no estuviese tan enamorado. Bella es... magia. Sería magia si ésta existiera.
  • Que bonito es sentir eso - dijo Adela con aire ausente. Edward tomó su barbilla entre sus manos.
  • Verás como volverás a sentirlo. Estoy totalmente seguro de ello - Adela lo abrazó un momento. A Edward le resultaba extraño que a ella no le resultase desagradable su tacto frío. Era algo que le agradaba.
  • ¿Sabe ella que yo lo sé?
  • Todavía no. Bueno, no lo sé. Quizá esté pensando en eso. El otro día entré en su habitación. ¿Sabes qué pasó?
  • ¿Te descubrió?
  • No. Hablaba en sueños. Y en un momento escuché "Edward".
  • ¿En serio? Te sentirías en las nubes.
  • Más o menos. Y ¿Sabes cómo me preguntó si era vampiro? Ella estaba segura de que había algo extraño en mí. Fuimos al bosque, y me preguntó "¿Edward, cuántos años tienes?" a lo que yo, que la vi venir, dije "Diecisiete". No adivinarías qué me dijo después.
  • ¡Claro que no! ¿Cómo quieres que lo adivine?
  • Me preguntó "¿Y desde cuánto hace que tienes diecisiete?"
  • ¿En serio? - Adela estaba asombrada - ¿Qué le contestaste?
  • "Demasiado tiempo". Adela se llevó una mano a la boca, estupefacta y divertida. Bella tenía una perspicacia inaudita. A Adela le costó más averiguar que Conrad era un vampiro. Pensó que había entrado a formar parte de una banda o algo así. Edward vio estos pensamientos en la mente de Adela, le sonrió.
  • Quizá Bella venga a visitarte pronto.
  • Es posible.
  • ¿Le digo algo o sigo haciéndome la despistada?
  • Lo dejo a tu elección. Dicho y hecho. Edward se marchó y al día siguiente por la tarde, tras recoger a Conrad, Bella la estaba esperando en el porche de su casa.
  • Hola Bella, ¿Qué tal?
  • Bien. Oye, ¿Podría hablar contigo un momento?
  • Claro, pasa. Dejó a Conrad en su sillita, ya que estaba despierto y espabilado. Fue a la cocina y puso un par de vasos de refresco. Volvió al comedor y le tendió un vaso a Bella.
  • Tú dirás...
  • Como tú dijiste, Edward ha venido a hablar conmigo.
  • Eso es estupendo.
  • Aunque lo que me ha dicho me ha sorprendido bastante. Me preguntaba...
  • ...
  • Me preguntaba si tú sabrías, si estarías enterada de lo que me ha contado.
  • ¿Te refieres si me ha dicho él que ha hablado contigo, o si lo sabía con anterioridad?
  • Ambas cosas.
  • Pues ambas cosas, también sería mi respuesta.
  • Lo sabía - dijo Bella dejando el vaso en la mesa de centro.
  • Yo también lo sabía, Bella, esa era la cuestión - sonreí.
  • ¿Por qué no me lo dijiste?
  • ¿Y qué querías que te dijera? "Bella, Edward no es superman, es un vampiro, ten cuidado con tu cuello".
  • No te habría creído, seguramente.
  • Además de que creo que te lo tenía que contar él.
  • Sí. Es algo obvio. ¿Te ha llevado alguna vez a verle cazar?
  • Bella - Adela estaba horrorizada - ¿Cómo quieres que haga tal cosa? Eso es algo privado, ¿No ves los documentales? Ya es bastante horrible ver a un león cazar una gacela por televisión, para tener que presenciarlo en vivo y en directo.
  • Si, tienes razón. ¿Me hablarás un poco más de los Cullen?
  • Qué quiere saber tu cotilla curiosa cabecita.
  • ¿Cómo es su casa?
  • Ya te lo dije, es grande.
  • Ady.
  • Vale. Te decepcionará saber que no duermen en ataúdes ni tienen calaveras por toda la casa.
  • Supongo que eso es mucho Hollywood.
  • Sí. Es una casa bonita. Seguro que te gusta. Conrad se aburrió de que no le hiciesen caso, y empezó a llorar. Bella dejó satisfecha su curiosidad y se marchó.