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Historia 30368 — capítulo 2
Adela tomó el avión desde Iowa, pasando por los estados de Dakota del sur, Wyoming, Montana y Idaho para llegar a Washington. De allí tuvo que coger un tren hasta Seatle, de allí un ferry hasta Bainbride Island y de allí un taxi, que la llevó por la 305 rumbo norte, hasta cruzarse con la nacional 3. Cruzó el gran puente hasta Shine y fue yendo cada vez más al norte. Cruzó varias carreteras más que no se preocupó en mirar hasta que la 101 la llevó por la costa. Llegó a Port Angeles y el taxista le dijo que era lo más lejos que podía llegar. Se apeó con las muletas y las maletas y pagó al taxista. Estaba en la puerta de un centro comercial. Allí se quedó parada. ¿Qué iba a hacer para llegar a Forks? Cogió la maleta mediana enganchada a la grande. Podía llevarlas como un carrito ya que tenía unas ruedas de 360º y junto a las muletas entró en el centro comercial. Fue al baño y se sentó en una cafetería a tomar algo. Eran las tres de la tarde y estaba realmente hambrienta. Cuando terminó y pagó, se dirigió al establecimiento más cercano a preguntar si sabían el telefono de un taxi, ya que en la cafetería en cuestión no se lo habían querido dar, o no conocían ninguno. En la cola de caja habían un par de chicas muy guapas de más o menos su edad. Una morena que la miraba con interés y otra rubia, hermosísima. La dependienta miró a Adela.
- ¿Puedo ayudarla en algo? - le preguntó.
- Intento llegar a Forks, el taxista que me trajo me ha dejado aqui y no conozco ninguna compañía de taxis, ¿Me podría facilitar el telefono de alguna compañía para poder llamar?
- Lo siento... señorita - dudó al verla embarazada tan joven - no nos está permitido dar ese tipo de información.
- Gracias igualmente. Adela se alejó con la muleta sobre la pierna mala y la otra mano en las maletas. ¿Qué podría hacer?
- Disculpe señorita - se giró y vio que era la chica guapa morena que estaba en la cola de caja. Tenía una voz cantarina muy agradable - He oído que quiere llegar a Forks. Mi hermana y yo vivimos allí. Si no le preocupa viajar en un coche lleno de compras puede venirse con nosotras.
- ¿De verdad? - Adela estaba que no cabía en sí de contento - espero no causarles molestias. Si es así esperaré a encontrar un taxi.
- No es molestia.
- Muchisimas gracias. La morena insistió en llevarle las maletas, así que Adela se concentró en llevar el paso con sus muletas.
- ¿Qué le ocurrió? - preguntó la chica rubia intentando mostrarse simpática.
- Es una larga historia - dijo Adela.
- El camino a Forks es largo. Así nos distraeremos.
- Esta bien - suspiró - supongo que a cambio del viaje... Adela les narró su infancia con sus padres, que se habían abocado a las drogas y el alcohol. De su adolescencia dura y sin alicientes hasta que conoció a Conrad. Que era el padre de su bebé. Y como le pegaron sus padres una paliza tremenda al hacerles sabedores que iban a ser abuelos.
- ¿Y ese tal Conrad, no se ha ocupado de ti? - preguntó Alice, la morena.
- No puede.
- ¿No tiene medios para ayudarte económicamente? - preguntó la rubia, Rosalie.
- No tiene nada que ver con el dinero, o que ya no me quiera. Sus palabras fueron: estar cerca de mí es un peligro para vosotros. No puedo asegurarte que estes viva cerca de mí.
- ¿Acaso es mafioso? ¿Es miembro de una banda? - preguntó curiosa Rosalie.
- Nada de eso, no. Es más complicado. Algo que supera las barreras del entendimiento humano. Por así decirlo - Alice y Rosalie se miraron. No preguntaron más. Llegaron a Forks y la dejaron en la puerta de la comisaría, ya que era allí donde tenía que encontrarse con Charlie Swan. Les dio las gracias y les deseó volver a encontrarse con ellas. Para tomar algo. En cuanto bajó del coche el Jefe de Policía se acercó a ella para darle la bienvenida.
- ¿Adela Parker? - preguntó.
- ¿Charlie Swan? - preguntó imitando el tono de seriedad que puso el agente. Rió. El policía también lo hizo.
- Espero que haya tenido buen viaje.
- Un poco largo para mi gusto.
- En su estado, es lo propio. ¿No ha venido nadie con usted?
- Si se refiere al creador de mi "alegria" no. Estoy sola en esto.
- Cuanto lamento escuchar eso. Entre un momento, en media hora se termina mi turno y la llevaré a casa. Tengo que ocuparme de unos papeles.
- Claro, no hay problema. Entraron dentro. Charlie se hizo cargo de sus maletas.
- Veo que ya conoce a algunos miembros de la familia Cullen.
- ¿A quién? - preguntó Adela.
- Las chicas con las que llegó.
- Oh. Fueron muy amables. No encontraba Taxi en Port Angeles y se ofrecieron para acercarme. Tras esperar un rato en la comisaría, Charlie salió de trabajar y la llevó a su nueva casa. La verdad es que era preciosa. De una sola planta, al lado de la del jefe de policia. Pizarra oscura, pintura amarillo huevo y con las molduras de las puertas y ventanas en blanco. Las ventanas eran granates, al igual que las puertas, tanto la delantera como la trasera. Pero todo cambió al abrir la puerta. Estaba todo hecho polvo. Los muebles, las paredes. Necesitaba un buen arreglo. Uno bien grande. La casa le había costado 30.000$ ya le extrañaba a ella que fuese tan barata. Ahí estaba la verdadera razón del asunto. Era una completa ruina. Miró de soslayo a Charlie que se la quedó mirando con una cara bastante dolida. Le dijo que no tenía ni idea. Así que cogió las maletas y la llevó al motel Sanhails, al otro lado de la ciudad. Se disculpó y le dijo que por la mañana se ocuparía del asunto.