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Historia 30368 — capítulo 5
Adela había estado toda la semana aburrida, muy aburrida. Había adquirido varios libros de la poco surtida librería de Forks. Los había leído demasiado deprisa, se había quedado nuevamente sin nada que hacer. Cogió un taxi y se marchó a Port Angeles para comprar algo de ropita de bebé. Todavía no había comprado nada para su Conrad. Entró en el Centro Comercial del Puerto y se dirigió directamente a la tienda de bebés. Compró sábanas y mantas, un par de paquetes de pañales, talco, una bañera infantil, media docena de bodys, unos calcetines, peucos, pijamas, varios equipos de ropa... hasta un carrito de paseo. Compró tantas cosas que no sabía cómo las iba a llevar a casa en el taxi. ¿Cabría todo? Mientras estaba pensando en ello, vio un cartel de servicio a domicilio. Se alegró muchisimo y sin pensarlo siguió cargando para que se lo llevasen todo para la semana proxima, que tendría la casa terminada, según Alice.
Después de salir de la tienda infantil, se dirigió a la librería y compró más de diez libros de temas diversos, le pareció una librería tan rica en temática que se prometió que volvería en poco tiempo. Llamó al taxista, pues no le iba a volver a pasar que no pudiese ir a Forks. La recogió y la llevó a su casa. Apenas eran las cinco de la tarde y recordó que en menos de una hora tenía visita en el Hospital. Cuando la recibió, le pareció ver en el Doctor Cullen esa mirada llena de perspicacia. Como intuyendo algo que ella sabe, pero que no se lo iba a decir. La hizo pasar.
- Buenas tardes, señorita Parker. ¿Cómo está pasando la semana?
- Perfectamente. Aunque me pican las sábanas del motel.- hubo risas - pero estoy bien. Esta mañana he ido de compras a Port Angeles y creo que me voy a pasar más por allí. ¿Sabe algo de lo que Alice está haciendo en mi casa?
- No, esta familia mía no suelta prenda.
- Vaya...
- No se preocupe. Seguro que solamente quedan un par de días de que esté en esta situación.
- Eso espero.
- Veo en las radiografias que le mandé que las costillas están bien selladas y que su brazo está bien. La pierna también. Puede ir ya solamente con una muleta.
- ¿Podría conducir?
- Por supuesto. No veo porqué no. Los huesos están soldados en su sitio y solamente queda que la pierna se fortalezca.
- Entonces, voy a tener que ir a comprarme un coche.
- ¿Qué coche le gustaría?
- La verdad es que no lo he pensado todavía.- dijo encogiendose de hombros - que no sea una tartana. Tampoco un bólido.
- Mi hijo Edward quiere comprarse un coche también, quizá te gustaría que te acompañase a mirarlos, a Rosalie también le gustan los coches. ¿Qué opinas?
- ¡Me encantaría Carlisle!
- ¡Estupendo! Seguro que a Edward también le gusta la idea.
Tras despedirse, se dirigió de nuevo al motel. Pasó por frente de la comisaría y vio al jefe de policía Swan saliendo del coche patrulla.
- Buenas tardes, Adela. ¿Cómo va por Forks? ¿Le gusta?
- Es un poco "húmedo", hay poco sol... pero es interesante. Aunque me aburro un poco.
- Es comprensible, es un pueblo pequeño. La juventud está de visita a los abuelos o está de vacaciones, verá como se anima un poco esto en septiembre con la llegada de las clases.
- Eso espero.
- Y hablando de clases... ¿Qué tal se le dan las matemáticas?
- No me gusta alardear, pero la verdad es que no se me dan mal.
- Es que tengo un amigo, que su hijo ha suspendido esta asignatura y la tiene pendiente para septiembre.
- No tengo ningún inconveniente en ayudarle, señor Swan. Pero ahora mismo tengo la casa en obras.
- Ya me había dado cuenta que los Cullen andaban por allí.
- Sí. Se ofrecieron a ayudarme.
- Son buena gente.
- Vaya que sí.
- Dígale a su amigo que se pase por mi casa la semana próxima. Espero tener la casa lista para entonces.
- Así lo haré. Que tenga buena tarde, Adela.
- Igualmente, señor Swan.
A la mañana siguiente, llamó a Alice por teléfono.
- ¿No estarás pretendiendo venir a ver como van los arreglos, verdad? - le contestó Alice.
- Hola Alice, yo también me alegro de hablar contigo - dijo Adela riéndo.- No, no es eso. Te llamaba para preguntarte la medida de mi cama. Ya que no me has dejado elegir los muebles...
- Claro, claro... 1,50 por 1,90cm
- ¿Tú te acuerdas si la cuna llevaba colchón?
- Sí. Estaba incluído.
- Está bien. Es que me iba a Port Angeles para comprar mantas y ropa de hogar, y quería saber las medidas de la cama. Elegiré un colchón también, ¿Supongo que no habrás comprado uno, no?
- La verdad es que sí.
- ¿Es muy firme?
- Oh, no. No te preocupes, te lo he comprado de látex y viscoelástico, lo mejor del mercado.
- Está bien, nada de colchones.
- ¿Algo más?
- No, eso era todo. Saluda a todos de mi parte y dales las gracias por su ayuda.
- Tranquila, lo haré.
Colgó. Era tan facil hablar con Alice. Cuando se disponía a llamar al taxista para decirle que viniera a buscarla, llamaron a la puerta de la habitación. Abrió sin preguntar antes.
- ¿C-Conrad? - preguntó, la silueta estaba a contraluz.
- ¿Eres Adela Parker? - se dio cuenta que no era su novio. Él no habría preguntado eso.
- Sí, soy yo. Tú eres...
- Disculpa. Soy Edward Cullen.
- ¡Edward! Hola, perdona, es que por un momento me pareciste otra persona.
- ¿Ibas a salir? No querría interrumpirte si tenías en mente hacer algo hoy...
- Bueno, me dirigía a Port Angeles, pero puede esperar.
- Venía por si querías ir a mirar los coches hoy.
- Claro, ¿Por qué no?
- Podríamos ir a Seatle, o pasar por Port Angeles. Hay un buen concesionario allí. Así podrías hacer tus compras igualmente.
- ¡Claro! ¿Has venido solo? - preguntó recordando que Carlisle le había dicho que Rosalie podría ir con ellos.
- Sí. Mi hermana a hecho planes de último momento. ¿Te parece que cojamos un taxi?
- ¡Claro! Ahora mismo tenía el teléfono en la mano para llamar a uno.
Ya en Port Angeles, pasearon por el puerto hasta que llegaron al centro. Allí había una librería de hierbas y cosas muy "étnicas", un poco más arriba estaba el concesionario.
- ¿Has pensado que coche quieres? - le preguntó Edward.
- No. Supongo que lo mío es más el amor a primera vista - sonrió.
Entraron y vieron un volvo gris, a Edward le llamó la atención. Siguieron mirando y a Adela le gustó un Ford Focus en plata metalizado. Aunque siguieron mirando. Había un todo terreno negro, un escarabajo rojo, un cadillac bastante viejo en color azul celeste y blanco entre otros modelos... Se les acercó un vendedor.
- ¿Puedo ayudarles en algo? - preguntó muy sonriente.
- Por supuesto - dijo Edward - estamos buscando un par de coches. No queremos nada muy ostentoso. Utilitarios, para todos los días. Pero no queremos coches de ocasión, los queremos nuevos.
- Veo que entiende de coches. ¿Estarían abiertos a coches de kilómetro cero?
- Claro. Si son de nuestro agrado.
El vendedor los llevó de nuevo en frente del volvo que le había gustado a Edward. 13.000$. Nuevo a estrenar y regalaban el seguro a todo riesgo el primer año. Después de enseñarles otros modelos más, llegaron a un Ford Fusión de un color azulón que le gustó mucho a Adela. 16.000$.
- Si nos quedásemos estos dos vehículos, ¿Qué nos costarían? - preguntó Edward.
- 29.000$.
- Eso ya lo sé, se contar. Pero nos vamos a llevar dos. ¿No hay descuento por eso? Seguro que va a llevarse una buena comisión.
- Bueno... podría descontarles 1000$ a cada vehículo.
- Eso está bien. ¿Y si le dijese que nos los llevamos ahora y le pagase en metálico? ¿Qué descuento nos haría?
- ¿Ahora mismo? En ese caso... Les dejaría ambos por 22.000$. Con los seguros incluídos.
- Trato hecho.
Edward le indicó a Adela con un movimiento que la siguiese. Entraron al despacho del vendedor. Sacaron sus documentos de identidad y de conducir. Edward sacó un fajo de billetes de los grandes y empezó a contar. Mil, dos mil, tres mil... En media hora se terminó la transacción. Adela guardó sus documentos en el bolso y salieron a la calle. Debían volver en un par de horas para recoger los coches. Suficiente para matricularlos y que arreglasen el tema del seguro.
- ¿Vamos de compras? - preguntó Edward bastante contento.
- Creo que primero voy a ir al banco. Tengo que devolverte el importe del coche.
- Tranquila, ya me lo devolverás.
- Pero...
- Pero nada. Tenía dinero ahorrado, hace un par de años acertemos un premio de lotería y mi padre nos dio dinero a cada uno. Confío en ti.
- Pero te lo devolveré.
- No espero otra cosa.
Fueron por la misma calle hasta el puerto y entraron al centro comercial. Adela compró mantas y sábanas para su cama. Toallas. Manteles, servilletas. Trapos de cocina... Edward se aburrió bastante pronto, le pidió disculpas y se dirigió a ver otras tiendas. Adela vio el mismo cartel de servicio a domicilio que en la tienda de bebés.
- Disculpe - preguntó al vendedor que estaba atendiendola.
- ¿Puedo ayudarla en algo más?
- Sí, me preguntaba... ¿El servicio a domicilio es de cada tienda particular o lo ofrece el centro comercial?
- El centro comercial.
- Es que ayer mismo compré en la tienda de bebés de la planta inferior. Me preguntaba si todo lo que he comprado ahora me lo podrían enviar junto con ello.
- Por supuesto señorita. No hay problema alguno. Solo tendrá que rellenar el formulario y abonar la tasa de portes.
Le dio las gracias al vendedor y salió de la tienda directa a la librería. Edward no aparecía por ningún lado así que se dirigió a la librería a seguir comprando libros. Aunque faltaban dos meses para el principio de las clases se compró bolis, libretas, folios... todo lo que podía necesitar. Estaba eufórica. Vio unas libretitas de esas de llevar las cuentas, se dio cuenta que estaba gastando mucho dinero y decidió comprar un par de ellas. Una para los gastos y otra para el día a día. Estaba contenta. Edward vino a buscarla y fueron de nuevo a por los coches. El camino a casa fue más interesante, gracias a que cada uno volvía con una nueva adquisición.