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Historia 30368 — capítulo 9
Adela esperó con ansias el siguiente lunes, tendría algo con lo que distraerse del día a día. Pensaba que iba a tener que salir poco de casa, pero entre las visitas al médico y la compra, tenía que salir casi a diario. Le gustaba estar en casa. Alice pasaba por allí alguna vez, los demás le mandaban recuerdos o la llamaban por teléfono para ver qué tal estaba. Se puso internet. Aunque no conocía a casi nadie. Sus amigas le dieron su messenger, pero nunca estaban conectadas.
Jacob llegó a las cuatro de la tarde, Billy dijo que como Charlie trabajaba se volvía a la reserva india de La Push. Volvería a buscarle. Adela le dijo que si quería podía llevarle, no tenía nada que hacer, a Billy le pareció buena idea, tenía que hacer unos recados e ir a ver a Harry Clearwater y charlará con él. Hace mucho que no iban de pesca y quería quedar con él para el próximo sábado.
Jacob y Adela se pusieron manos a la obra. Él tenía problemas con las matemáticas, pero no eran grandes problemas sinó errores sin importancia. Con que entendiese dónde estaba su error, las entendería sin problemas. A media tarde, Conrad se puso a llorar, Adela dejó a Jacob solo un momento y subió a cogerle. Al bajar le pidió a Jacob que lo sostuviese un momento mientras iba a la cocina. Preparó unos sandwiches de paté y unos vasos de zumo de piña. Volvió y cogió de nuevo a su hijo. Se sacó un pecho y el bebé, como un imán, se agarró de inmediato.
- Pesa muy poquito.- dijo Jacob.
- Pesa tres kilos.
- ¿Solo?
- Está en su peso.
- Mi padre dice que cuando nací pesaba más de cuatro kilos.
- Ten en cuenta Jacob que Conrad ha nacido a los siete meses. Nació antes de tiempo, pero está bien.
Tras el descanso de la merienda, siguieron con las clases y cuando se hizo tarde, Adela cogió al bebé y lo colocó en su sillita del coche y lo sujetó bien, se marcharon a La Push.
En casa de Billy había mucha gente. Aquella tarde Adela había hecho un bizcocho y le había guardado un trozo a Billy lo llevaba ahora en las manos camino de la casa. Jacob llevaba al bebé en su "cestita-capazo". Entraron en la casa.
- Papá, ya estoy aquí.- anunció Jacob al entrar. Adela ha venido un momento también.
Dentro de la casa habían tres muchachos corpulentos, jóvenes, uno de ellos miró a Adela tan fijamente que se ruborizó. También habían otros chicos, Embry, Quil, Seth, Leah... Jacob se los presentó a todos. También estaban Sue y Harry Clearwater, los padres de Seth y Leah.
- ¿Cómo ha ido la clase hijo? - preguntó un resuelto Billy que miraba a Adela con sorpresa, pensaba que se limitaría a dejar a Jacob e irse sin bajar del coche.
- Muy bien padre, Adela te trae un bizcocho casero - dejó la canastilla en el suelo - creo que lleva piña y naranja.
- Huele muy bien - dijo Sam, uno de los chicos corpulentos que había visto en la entrada Adela.
- Creo que debería haberlo hecho más grande, para que lo probáseis todos.- no era una bandeja pequeña precisamente. Sue fue a la cocina a por un cuchillo y servilletas de papel y cortó un pedazo para cada uno.
- Está delicioso, gracias.- dijo Billy.
- Tienes buena mano para la cocina - comentó Sue - eso es un punto fuerte para una joven. ¿Qué tiempo tiene el bebé?
- Apenas una semana.
- Que chiquitín. Aquí en la reserva, los niños suelen ser enormes al nacer.
- Veo que se crían grandes también - comentó Adela señalando a Sam y a los otros dos chicos - todos rieron - bueno, se me hace tarde, está ya oscuro y no quiero perderme. Nos vemos el miércoles Jacob. Un placer conocerlos a todos, espero volverlos a ver.
Cuando ya se dirigía a la puerta, Billy la llamó un momento.
- Adela.
- ¿Sí?
- Va a asistir al instituto de Forks ¿Verdad?
- Esa es mi intención.
- ¿Qué va a hacer con su bebé?
- Estoy buscando una canguro. Me han dicho en la guardería que no cogen a niños menores de seis meses.
- Yo podría cuidar del bebé, si quiere - se ofreció Sue Clearwather.
- Oh, eso sería estupendo, señora Clearwater.
- Sue, por favor.
- Sue. Bueno, se me hace tarde. Hablaremos más adelante. Jacob tiene mi número de teléfono. Buenas noches.
Al salir de la casa de Billy se asustó porque vio acercarse a una joven cara ella, pensaba que no habría nadie.
- Siento haberla asustado - se disculpó la joven. Se tapó el rostro inconscientemente.
- No, tranquila. Es que está muy oscuro y pensaba que no había nadie. Me asusté de notar que no estaba sola.
- Sí, esto está muy oscuro. Deberían poner farolas.
- O Billy encender la luz del porche.
- También. Por cierto, ¿Estaba Sam en casa de Billy?
- Sí, ¿Un chico alto no? Creo que me dijeron que se llamaba Sam, aunque no podría decírselo, hay mucha gente ahí dentro, me los han presentado a todos y temo que he olvidado el nombre de la mitad.
- Usted es la chica que le da las clases de matemáticas a Jacob ¿Me equivoco?
- No, soy yo. Adela Parker - le tendió la mano. La joven le devolvió el apretón, pese a la oscuridad Adela observó una cicatriz en la mano.
- Emily.
- ¿Le ha ocurrido algo, Emily? - dijo refiriéndose a la cicatriz. Ella apartó la mano inconscientemente.
- Siento si la he molestado. No es asunto mío.
- No, no es nada. La primavera pasada me atacó un oso.
- Lo siento mucho. Debió ser un susto tremendo.
- Creo que el oso se asustó más que yo.
- Es posible. A veces los animales tienen reacciones que son proporcionales al miedo que sienten. Seguro que ese pobre animal no tenía la intención de dañarla.
- Estoy segura de ello.
- Bueno, ha sido un placer Emily. Me marcho ya, mi pequeñín no tardará en reclamar su alimento.- Emily no se había dado cuenta que lo que llevaba Adela en la canasta era un bebé.
- ¿Madre tan joven?
- Me "atacó" un chico el otoño pasado.- ambas rieron.
- Cada uno tiene un karma.
- Exacto. Me alegro de conocerla Emily. Nos vemos otro día.
- Buenas noches, Adela.
- Buenas noches.
Adela pensaba que no iba a aguantar Conrad dormido por mucho más tiempo, pero para su sorpresa, llegó a casa y tuvo tiempo de cenar tranquilamente. Después Conrad la reclamó. La miraba con avidez mientras succionaba su alimento.
- Pareces un vampirin, chiquitin - dijo Adela.
En ese momento, Edward estaba detrás de ella y miró en sus pensamientos la comparación que hizo, su hijo succionando su leche con un vampiro succionando sangre de su víctima, eso le hizo gracia a Edward, se rió asustando a Adela.
- La gente normal llama a la puerta y no se cuela en casa de los demás - dijo Adela sin girarse.
- La gente normal no dice que su hijo parece un vampiro en miniatura.
- ¿Cómo estáis por casa? - preguntó Adela girándose.
- Bien, como siempre, supongo.
Conrad terminó y se durmió, Adela se tapó y dejó al bebé en el capazo del carro de paseo. Fue a la cocina y se puso un vaso de agua fresca.
- ¿Cómo estás tú? ¿Has hecho algo interesante?
- Soy tutora de matemáticas. Eso es interesante, por lo menos diferente - Edward vio a quien le daba clases, pero no quiso que descubriese que podía leerle el pensamiento.
- ¿A quién le das clases?
- A Jacob Black, un chico de la reserva india de La Push.
- He oído hablar de él - mintió, conoció a su visabuelo la última vez que vivieron en Forks.
Estuvieron hablando un rato más, después Edward se marchó y Adela acostó a Conrad en su cuna. Dormía tan placidamente que hasta le dio envidia. Tuvo un buen sueño aquella noche.