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Historia 30368 — capítulo 10
Adela había llegado a Forks a finales de junio. Conrad nació el 8 de julio. El verano le pasó como un suspiro teniendo que pasar tanto tiempo atendiendo a su bebé. Visitó La Push en diferentes ocasiones y fue invitada al cumpleaños de Emily y de Leah. A mitad de Agosto le llegó una carta del instituto citándola para una entrevista con el director del centro. Era para el martes siguiente.
Sue se disculpó por no poder quedarse con el bebé, pues tenía que acudir al hospital con Harry, al parecer andaba delicado del corazón. Billy no estaba en casa y por más que intentó ponerse en contacto con los Cullen no le cogían el teléfono. Tuvo que llevarse al niño con ella.
Llegó con tiempo al instituto. Habían allí dos chicas delante de ella y cuando entraba por la puerta se les unió un chico más. Se sentó allí dónde estaban pero en un banco más alejado. Conrad dormía tranquilamente en el carro y esperaba que tardase en despertarse. Llevaba en la bolsa del carro su carpeta con su expediente escolar de Iowa. Todos los boletines de notas, todos los examenes que le habían dado, en fin, todo. Las chicas la miraban extrañadas, Forks era un pueblo pequeño y como tal, está lleno de cotillas. El chico la miró con curiosidad solamente.
- ¿Quién será? - dijo la morena a la otra chica, bajito, pero Adela lo oyó igualmente. Fingió que leía un libro.
- No tengo ni idea.- contestó la otra.
- Creo que es la que vive en casa de la vieja.- comentó el chico, era rubio y parecía simpático.
- ¿Creéis que ese niño es suyo?
- Seguro, quizá por eso está aqui, la echarían de su antiguo instituto o algo.
- Es posible - Adela estaba a punto de levantarse a pegarle un puñetazo a alguien pero se contuvo. No quería empezar en Forks con un expediente por ojo morado.
Tras un rato esperando, la secretaria salió y la llamó. Las chicas estaban molestas, estaban allí antes que ella. Adela guió el carro hasta el despacho del director y muy amable la secretaria le aguantó la puerta.
- ¿Adela Parker? - preguntó el director con una sonrisa en la cara.
- La misma.
- He estado hablando con el jefe Swan. Me ha hecho partícipe de su singular situación.
- A singular situación se refiere...
- A que se marchó de Iowa por los "percances" con sus padres. A que según su informe médico no puede realizar clases de gimnasia por multiples lesiones, que vive sola, que está emancipada y que tiene un bebé de mes y medio.
- Sí, esa es mi situación.
- Espero que todo eso no sea un problema para que pueda cursar sus estudios en Forks.
- Yo también lo espero. Ya tengo canguro. El bebé no es un problema.
- Quiero que sepa que siembra precedentes en este centro, nunca antes habíamos tenido una alumna embarazada o con un hijo.
- Tranquilo director, no es contagioso - contestó sonriendo Adela. El director también rió.
- Ya sé que no es contagioso. He estado hablando con su tutor. Me ha preparado una lista de los libros que le van a hacer falta este curso de todas las asignaturas. Para gimnasia deberá hablar con su profesora e ir preparándole trabajos asiduamente.
- No será un problema.
Tras un rato más de charla, Adela le entregó el expediente escolar y el director tras echarle un vistazo lo guardó en una carpeta en un archivo bajo la letra "P". Salió del despacho y el director le dijo por último que las clases comenzarían el 9 de Septiembre a las ocho de la mañana. Adela le dio las gracias y se marchó. Aquellas dos chicas todavía la miraban con cara de pocos amigos.
- Has visto Jess con qué petulancia va andando - dijo la otra chica.
- Ésta es de las que se piensan que van a comerse el mundo Lauren - dijo mordazmente la otra chica con un pelo rizado y espeso.
- Eh, no seáis así, a saber por lo que está pasando esta chica para que os metáis así con ella - les espetó el joven.
- ¡Cállate Mike! - le dijeron al unísono las dos chicas.
Adela salió a la calle y se puso a desmontar el carro y meterlo en el coche que lo había aparcado en el aparcamiento destinado a los estudiantes. Colocó al bebé dentro del coche en el asiento de atrás.
- Disculpa - le dijo una voz a sus espaldas. Era el tal Mike que andaba con las chicas.
- ¿Sí?
- Quería pedirte perdón por lo que han dicho mis amigas antes, cuando se lo proponen pueden ser muy desagradables.
- No te preocupes...
- Mike, Mike Newton.
- Mike, yo soy Adela Parker. Encantada - se chocaron la mano - No me importa lo que digan de mí, cuando una es nueva en un lugar intentan atormentarla con multiples alusiones. Que hablen. ¡Qué más da! Si las hace felices... La verdad nos da la razón Mike, o nos la quita. Me da igual cuantos rumores se inventen, todos caeran por su propio peso, pero... Te aviso, que puedo jugar tan duro como jueguen ellas. Y puede que se lleven un regalito - se hizo crujir todos los nudillos - quién sabe, quizá estoy aqui en regimen de libertad condicional por agresiva, a ellas no les apetecería ir con un ojo morado ¿O sí?
- No, no creo - Mike tragó saliva.
- Hasta luego Mike - saludó Adela y se metió en el coche.
Mientras se marchaba vio a Mike quedarse ahí mirándola, y rascarse la cabeza. Como no tenía nada mejor que hacer y era pronto, se dirigió a Port Angeles, a la librería que tanto le gustaba. Sacó el carro del coche y montó a su niño en él. Entró y le pidió a la dependienta que la atendió la lista de libros que tenía en la hoja. La dependienta le dijo que tenían todos los libros disponibles en stock porque ya habían venido otros alumnos preguntando por ellos. Se fue a buscarlos mientras que ella se dirigió a comprar otros libros. Compró una enciclopedia virtual sobre las olimpiadas de atenas, y deportes en general. Cogió también varios libros deportivos que encontró muy interesantes. Una agenda de color pistacho, libretas tricotadas, de esas que llevan agujeros para luego poner sus hojas en un block de anillas, recambios de hojas y varias cosas más. Cuando pagó y vio la montaña de material que llevaba se alegró de haber traído a Conrad, pues el carro era perfecto para cargar todo aquello.
Llegó a casa a la hora de comer. Tras amamantar a Conrad y dejarlo en su cuna durmiendo puso todos los libros arreglados en la librería del comedor, y las libretas y demás entre los cajones y el armario. Comió con prisas y esperó a que Jacob viniese a su clase de la tarde. Ahora venía solamente los martes y jueves, pues había mejorado mucho con las matemáticas. No venía solo. Quil y Embry iban con él.
- Hola chicos ¿Qué tal estáis? - dijo ella alegremente.
- Bien - contestó Embry
- Genial - añadió Quil.
- Han venido conmigo porque al parecer tienen algún problema de matemáticas también.
- ¿A sí? - miró Adela suspicaz. Era evidente que los chicos se aburrían en La Push, pero no dijo nada.
Se pusieron en la mesa, tendió folios para todos y un lápiz para cada uno. Si pensaban que le iban a tomar el pelo iban listos. Les puso ejercicios de quebrados y castillos matemáticos mientras ella iba a preparar algo de merienda. Cuando volvió con la bandeja rebosante de sandwiches, los chicos dejaron los ejercicios.
- ¿Quién os ha dicho que dejéis de hacer lo que estabais haciendo? - comentó ella. Los chicos se enfrascaron con los ejercicios hasta que los terminaron. Después la miraron con cara de "¿podemos comer ya?" y Adela les dejó dar cuenta de la merienda.
Repasó los ejercicios y de vez en cuando los miraba y hacía algún gesto. Quil se sonrojó. Estaban todos perfectos.
- ¿Así que también tenéis problemas con las matemáticas, eh? - dijo ella. Quil y Embry miraron al suelo. Y Embry dijo algo inteligible - ya sé por qué estáís aquí.
- ¿A sí? - prenguntó Quil.
- Si. Os aburrís en La Push y seguro que los juegos sin Jacob son menos divertidos. No tengo inconveniente en que vengáis con él siempre que no le distraigáis y le dejéis aprender.
- ¡No molestaremos! - dijo Quil enseguida.
- ¡Lo prometemos! - añadió Embry.
Tras un par de horas más de clase, Adela los hizo subir al coche y dejando a Conrad en el asiento de bebés los llevó de nuevo a La Push.
Los tres bajaron contentos del vehículo y Adela se despidió de ellos con la mano y se marchó. Las clases ahora duraban menos, y era todavía de día. Decidió hacerles una visita a los Cullen, pero al parecer no estaban en casa. Se sintió como si la estuviesen dejando de lado. Volvió a casa.
Agosto terminó y llegó septiembre. Quedó de acuerdo con Sue Clearwater para que cuidase a Conrad de siete y media hasta las tres y media. Le pagaría 250$ mensuales. Ambas partes estaban encantadas con el trato. Adela se sacaba con el sacaleches pequeñas tomas para que Conrad las tomase, no quería dejar de amamantarlo, no quería tener problemas de retirada de leche tan pronto. En su mochila llevaba un sacaleches manual y varios biberones para ir llenándolos.
A las ocho de la mañana fueron todos al salón de actos. Allí los fueron llamando y dando sus horarios con las clases. Se encontró con Edward y Alice y les preguntó por los horarios. Iban a coincidir en algunas clases, eso le gustó. Habló un rato con ellos y después se marcharon cada uno a su clase. La primera de aquél día era matemáticas avanzadas. Le habían dicho que no llevasen los libros el primer día, así que las clases eran un poco para conocer al alumnado. Preguntas sueltas sobre el temario, cosas sin importancia. Llegó la hora del almuerzo. Adela cogió una de las bandejas y se puso a la cola como el resto de estudiantes. Cogió un zumo de piña, un trozo de pizza y una ración de lasaña. No conocía a nadie entre las mesas y se alegró de divisar a los Cullen, se dirigió hacia ellos.
- ¿Puedo sentarme con vosotros? - preguntó sonriente. Edward se disponía a hacerle sitio cuando Rosalie habló.
- ¿No crees que deberías buscar amigos más parecidos a ti? No creo que debas sentarte con nosotros Adela.- Alice y Edward la miraron con odio abrasador. Adela con incredulidad.
- Yo pensaba...
- ¿Qué eramos amigos? No Adela. No somos amigos. Ve con el resto. No te juntes con nosotros.- dijo Rosalie con el tono más hiriente que encontró.
- ¿Y esto es votación popular o solo cosa tuya? - le preguntó Adela mirando al resto. Edward y Alice no dijeron nada, aunque se veían en total desacuerdo. Jasper suspiró y Emmett apretó los puños - Si supiese que te iba a dejar el ojo morado te daría un puñetazo ahora mismo, Rosalie. Al final va a resultar que sí que tengo aspecto de aperitivo...
- Adela - Edward intentó mediar, ella le hizo un gesto con la mano.
- ¿Entonces mi hijo que es Rosalie? ¿Un canapé? ¿También es mentira que lo cogieras y lo mirases con cariño? ¿Con anhelo?
Se dio la vuelta, tiro la comida a la basura sin tocar y se marcho de la cafetería. Edward la siguió.
- Espera Adela.- ella se paró en seco.- todos no pensamos igual que Rosalie. Ella solo piensa que vas a descubrir nuestro secreto, es todo.
- ¿Es todo?
- Yo diría que hay algo más.
- No sé si hay algo más Adela. Solo que nosotros no podemos discutir en público. Perdemos demasiado rápido las formas. Esta noche hablaremos en casa, con Carlisle y Esme. Alice y yo no estamos de acuerdo con lo que ha dicho Rosalie. Solo quería que lo supieras.
- Está bien Edward.
Pero no estaba bien. Las dos clases que quedaban le parecieron interminables y se marchó rápidamente a La Push a por su hijo. Después fue a hacer la compra y se metió en casa. Tras amamantar verdaderamente a su hijo, se dio una ducha y lloró, lloró amargamente por las duras palabras de Rosalie "Ve con el resto" ¿El resto de qué? ¿De ganado? ¿Acaso éramos ovejas? se puso a mirar la tele hasta que se quedó dormida. Sonó el teléfono, era Jacob, había sacado un notable alto en el examen de matemáticas de recuperación. Estaba muy contento. Adela lo felicitó y se dispuso a hacer la cena. Cenó rápido, bañó a Conrad y tras atenderlo se acostó a dormir.