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Historia 30368 — capítulo 11
Septiembre fue fácil. Edward y Alice hablaron con Carlisle y éste se sintió tremendamente disgustado con el comportamiento de Rosalie. Le dijo que pidiese perdón a Adela, pero se negó. Adela no quiso volver a acercarse en la mesa de los Cullen y eventualmente Alice y Edward iban a sentarse con ella en una mesa donde siempre se sentaba a solas.
Octubre fue más interesante y más difícil. Hubo una fiesta de Halloween en La Push. Adela se hizo un disfraz de vampiro y vistió a Conrad de calabaza. Se sacaron muchas fotos con la cámara digital nueva que había comprado la semana antes. Emily se disfrazó de mómia. Jacob y sus dos amigos Quil y Embry de zombies. Habían muchos disfraces diferentes. Volvieron tarde a casa. Conrad estaba revuelto por el cambio de horario pero Adela lo calmó rápidamente y tras comer y un baño caliente se calmó y se durmió enseguida. Iba a quitarse el disfraz cuando Edward le habló por la espalda.
- Te queda bien - dijo.
- Gracias.
- ¿Por qué te has disfrazado de vampiro?
- Es Halloween.
- Habían más disfraces para elegir, supongo...
- Supones bien. Me gustó más éste.
- Al menos es más recatado que aquél que luciste con quince años en Iowa. Vi las fotos.
- Era otro ambiente. Otra gente.
- Sí.
Adela se fue un momento al baño y volvió con el pijama puesto. Era blanco con pequeños murciélagos volando.
- Un pijama muy divertido.
- Gracias.
- Te he notado un tanto distante últimamente.
- ¿Yo distante? Creo que no apuntas hacia el lado correcto, Edward.
- ¿Crees que estamos distantes nosotros?
- Eso es exactamente lo que estoy diciendo.
- No lo veo así.
- ¿No? Cada vez habláis menos. Por lo menos conmigo. Siempre andáis con miraditas. Habláis y cuando yo me acerco os quedáis callados. Parece que os moleste mi presencia Edward. Es así como yo lo veo.
- No es exactamente así, Adela. Ady. Si estamos hablando de la próxima cacería, no creo que sea un tema agradable para que tú lo escuches. ¿Que nos sentamos menos contigo? Tenemos que atender a los asuntos de la família. No intentamos hacerte a un lado. Sé que te sientes sola, Ady, pero no es nuestra intencion que te sientas así.
- Está bien, Edward, lo entiendo.- se giró para que Edward no viese las lágrimas que estaban a punto de desbordarse de sus ojos. Pero él sintió la pena en su interior. Su soledad, él también se sentía solo. La abrazó.
- No te sientas mal. Tienes un hijo estupendo, Ady. Te necesita radiante de felicidad, él necesita sentir esa felicidad en ti.
- ¿No te importa que malinterprete éste abrazo? - dijo ella cogiéndole de la mano.
- Sé que tú no lo ves en ese sentido. ¿Somos amigos no?
- Eso depende a qué Cullen le preguntes... - sonrió.
Hablaron un rato más y Edward se retiró para dejarla dormir.
Después vino un frío noviembre sin ninguna novedad y diciembre. Recibió alguna llamada de Iowa de sus amigas, algo muy sobrio. Se habían olvidado de ella demasiado rápido, pensó. Ni rastro de Conrad, ni un regalo por navidad para su hijo. Ella le regaló un sonajero, no podía él apreciar nada por el momento, le pareció un buen regalo. Como no esperaba recibir nada, se compró para ella misma un par de libros y un perfume. La mañana de navidad fue sorprendente. Había mandado por correo unos regalos para sus amigos de La Push. Bajó al árbol para abrir sus regalos y descubrió que habían más. De los Cullen. Uno de Esme y Carlisle, un libro sobre el cuidado del bebé. Emmett y ¿Rosalie? Adela lo dudaba mucho, un disco con música relajante. Jasper, Alice y Edward le regalaron un libro que estaba buscando desde hacía tiempo sin éxito. Fue maravilloso que lo hubiesen encontrado.
Ella por su parte, les había mandado regalos también. Unos adornos para el pelo para Rosalie. Un videojuego de lucha libre para Emmett, un libro de psicología para Jasper, unos pendientes para Esme y un libro de medicina en el siglo XVII para Carlisle. A Alice le regaló una pulsera de plata y a Edward, un jersey negro que vio en una tienda y le pareció una pasada. Había pensado en otros regalos pero todos le parecieron que se pudiesen malinterpretar. El jersey le pareció la mejor opcion.
Aquella tarde fue tranquila, se puso el disco de música relajante, resultó muy agradable escuchar música mientras leía. Llamaron a la puerta. Eran Billy, Harry, Jacob y varios más. Los invitó a pasar.
- ¡Feliz navidad! - dijo Jacob con su jersey nuevo.
- ¡Feliz navidad! - contestó ella.
De repente el comedor estaba atestado de gente. Estaban Emily y Sam, sus dos amigos grandes que Adela nunca recordaba sus nombres, Quil, Embry, Seth, Leah, Sue, Harry, Billy, Jacob y alguno más. Todos traían algo en las manos. Emily y Sam le trajeron un dulce típico navideño Quileute, con la receta escrita. Quil y Embry le regalaron un arco hecho por ellos mismos, Sue y su familia un jersey para ella y otro para el bebé. Billy y Jacob un libro escrito a mano de las leyendas de la tribu. Pasaron una tarde agradable y allá las siete se despidieron y se fueron.
Adela aprovechó para cambiar a Conrad, que había hecho "aguas mayores" y le puso su jersey nuevo, se veía muy guapo con él. Le sacó una foto. Volvieron a llamar a la puerta. Era Alice y Edward.
- ¿Cómo has pasado el dia? - le preguntó Alice.
- Bien. Acaban de irse Billy, Jacob y otros indios de La Push. Ha sido un agradable cambio. La casa atestada de gente.
- Me alegro que lo pasases bien.- comentó Edward. Llevaba el jersey puesto.
- Y yo me alegro que uses tu regalo. Espero que no lo destroces por el bosque cuando vayas al "McDonald's" - los tres rieron.
Estuvieron un rato allí, jugaron a las cartas. Alice y Edward ganaron todas las partidas pues tenían sus "dones". Se despidieron de Adela y se marcharon a casa.