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Luchando por un amor imposible — capítulo 20

George fue el primero en alegrarse de que Hermione le contase lo de Darla a Ron, así podría trabajar también por las noches los fines de semana. Ginny estaría un tiempo ausente pues había comenzado su primera temporada de quidditch como buscadora de las Arpías de Holyhead.

     Por su parte, Harry ya consagrado como auror vivía solo en la casa de sus padres en el valle de Godric. Cierto es que la relación de la familia con Percy Weasley volvía a ser normal, pero eso no impide el hecho de que después de fin de año no supieran de él mucho más que lo que hablaba con Arthur en el ministerio.      Esa tarde, los tres amigos hablaban en la habitación de Ron, el cual abrazaba cariñosamente a Hermione, sentada delante de él, entre sus piernas. Una lechuza llegó de improviso con cartas para todos y cada uno de los que estaban en la casa; George, Arthur y Charley, Hermione, Harry y Ron, y Molly:

Con la presente te invitamos a ti a presenciar nuestro tan ansiado enlace

el día 23 de junio de este mismo año. Sabiendo que esta invitación

ha sido enviada a los familiares más cercanos del novio,

rogamos acudan a una reunión en La Madriguera a la hora del almuerzo

el próximo domingo, para que conozcáis mejor a la novia

y plantearos los honores que adquiriréis dicho día.

Atentamente

Percy Ignatius Weasley y Audrey Sophie Lewis

   - ¡¿Qué mi hijo se casa?! - Se oyó el grito de la señora Weasley desde el piso de abajo al instante en el que Hermione terminó de leer la carta en alto.

Con un movimiento de varita, Ron cerró la puerta.

   - ¿Por qué está enfadada tu madre? -Preguntó Hermione.

   - ¿Tampoco le gusta Audrey?- Añadió Harry acordándose del verano en que Bill se casó.

   - Dudo que sea eso. Supongo que le molestará haberse enterado por una invitación y no por él mismo. Ya sabéis cómo es mi madre.

   - Pues si hay boda tengo que ir a comprarme un vestido nuevo.

   - Si quieres vamos mañana…

   - Amor, quedan casi dos meses - lo interrumpió Hermione girando la cabeza para mirarlo.

   - Sí, ya, pero podemos… puedes ir mirando.

   - ¿Enserio me quieres acompañar?

   - ¡Claro! Harry, ¿te vienes?

   - No sé, tío, me sentiré tan sujetavelas como ahora mismo - se rió.

   - No seas tonto Harry, venga vente y así damos un paseo o algo que hace mucho que no nos metemos en líos los tres juntos - intervino la chica.

Harry lo meditó unos segundos, no sin antes haberse reído los tres.

   - Venga, voy, pero prohibido mimitos delante de mí.

Instintivamente Hermione con una sonrisita, se levantó y Ron la soltó añadiendo al unísono:

   - ¡Prometido!

     A pesar de que los primeros rayos de la primavera comenzaran a danzar en el cielo, el frío del invierno permanecía aun en aquella zona de Gran bretaña. Ese sábado iban los tres jóvenes de paseo por el Bond street muggle. Sirviendo en uno de los bares una morena de ojos claros quiso atraerlos como comensales a su establecimiento.

   - Buenas, están de suerte, hoy tenemos… - Se interrumpió al mirar a la chica castaña-. ¿Hermione? ¿Hermione Granger? ¿Eres tú?

     La aludida se extrañó y vaciló antes de contestar. No sólo hacía tiempo que no oía el apellido Granger, sino que se encontraban en una zona muggle y la casi totalidad de mortífagos estaban presos, y los que no, ya habrían escapado del país. No encontró inconveniente en responder.

   - Sí, soy yo, ¿nos conocemos?

   - Crystal, soy Crystal, ¿no te acuerdas de mí? ¡Oh! Es que hace mucho tiempo. Recuerdo que te fuiste a estudiar a un internado o algo de eso a los 12 años y no supimos nada más de ti. Contaban que de vez en cuando se te veía en verano, pero que eso sólo fueron los dos primeros. ¿Qué ha sido de tu vida?

   - Espera, ¿Crystal Daymar? - Ambas dieron unos brinquitos y chillaron de felicidad agarradas de las manos-. ¡Aybá! ¡Cuánto tiempo! Es increíble, ¿cómo me reconociste?

   - ¿Qué dices? Eres idéntica a tu madre. ¿Dónde vivís ahora?

   - Por el sur, ¿qué haces tú por aquí? ¿Te mudaste?

   - ¡Ojalá! Vine a estudiar y me costeo la universidad con este trabajo; por cierto, estudio medicina.

   - Me acuerdo que ese era tu sueño…

   - Lamento interrumpir tan efusiva conversación, pero…- Intervino Ron.

   - ¡Qué tonta! Crystal, estos son Harry y Ron, mis mejores amigos y mucho más que eso; Harry, Ron, ella es Crystal, mi mejor amiga de la escuela primaria.

   - ¡Qué hay! - Dijeron los dos chicos a la vez.

   - Encantada - dijo Crystal reparando en la cicatriz de la frente de Harry. Cayó unos segundos hasta que fue interrumpido el silencio por unas órdenes desde el interior del bar.

   - Eh… sí, en fin Hermy, un placer volver a verte, a ver cuando te vuelves a dar un salto por aquí, y si te pasas por el barrio mejor, todos se alegrarán de verte - del bolsillo del delantal negro cogió un pedazo de papel en el que apuntó su nº de teléfono y se lo entregó a Hermione. No dudes en llamarme, que tenemos que ponernos al día - le guiñó un ojo y entró al recinto, no sin antes mirar de reojo de nuevo la frente de Harry.

Una vez solos, los tres reanudaron el paso.

   - Creí que en tu infancia no tuviste amigas- comentó Ron sin medir la crueldad de sus palabras. Ella lo miró con advertencia.

   - ¿Son cosas mías o no dejaba de mirarme la cicatriz?

   - Harry, tiene forma de rayo, es llamativa.

   - Ya lo sé, pero cuando la vio se comportó extraña.

     Acabaron almorzando en el McDonals junto a la estación de King Cross. Mientras comían, Hermione contó mil cosas de cuando era una niña y jugaba con Crystal y con Thomas, Paul y Sandra. Los ojos le brillaban rememorando todos aquellos momentos antes de marcharse a la escuela de magia.

     Por su parte, Harry seguía pensando en la forma en la que la amiga de Hermione miraba su cicatriz, incluso de vez en cuando interrumpía los recuerdos de su prima para preguntarle algo como si ella no habló nunca de nada de la magia con sus amigos o que si alguno de ellos podría haber visto alguna noticia o algo. Ron, sin embargo se limitaba a comer* y escuchar.

*No podemos decir que comiera, ya que más bien devoraba su McChicken.