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Luchando por un amor imposible — capítulo 21
Ron llegó a la casa mientras Hermione buscaba entre los baúles del pasado fotografías o algún recuerdo que pudiera conservar de su infancia junto a Crystal; la recordaba con gran aprecio.
- Hola, Ron - lo besó rápidamente y continuó su búsqueda-. ¿Qué haces aquí?
- Vine a verte antes de ir a trabajar, ¿sigues buscando cosas? - Dijo molesto-. Descansa un rato, al menos el que yo esté aquí - trató de abrazarla, pero ella continuaba revolviendo cosas-. Mira, has lo que quieras, me voy, si eso vuelvo luego - tanteó la situación con recelo y al comprobar que de ella no procedería ninguna muestra de atención se fue sin más.
- Recuerdo que mamá guardaba cosas en casa de una vecina, aunque dudo que… ¿Ron? - recorrió el pasillo buscándolo - ¿Ronald? - Cayó en la cuenta de que a lo mejor él se había despedido, intentó no preocuparse.
Bien concluyó su almuerzo sola en casa, dejó el desorden que antes había ocasionado y fue a la calle donde el día anterior vio trabajando a su amiga del pasado. Consiguió hallar unas siete fotos donde aparecía ella con alguno, varios o todos su amigos de la infancia, cargó con ellas para enseñárselas a Crystal, con la esperanza de encontrarla de nuevo.
En efecto, la joven morena de ojos claros salía del bar colocándose el bolso y despidiéndose de los clientes de una mesa en concreto. Hermione la saludó.
- ¡Qué sorpresa, Hermione! ¡Tú otra vez por aquí! Apuesto a que hoy no es casualidad - le guiñó un ojo y se sentó en una de las mesas vacías, Hermione se sentó en la silla de enfrente-. Y bien, tú dirás - sonrió.
- Ayer me quedé pensando y recordé muchas cosas de cuando jugabamos, me puse a buscar fotos y rescate estas - puso las fotos sobre la mesa.
- ¡Vaya! ¡Sí que son viejas! - ambas las miraron con los ojos llenos del pasado.
Crystal llevaba un pantalón negro con una blusa blanca, recogía su pelo en una coleta alta, realmente bordaba el estereotipo de una camarera. Por su parte Hermione tampoco iba muy arreglada; jeans y camiseta roja.
- Tengo una idea - dijo de pronto Crystal-: vayamos de paseo y nos ponemos al día, ¿qué te parece? Quedé a las siete y media, pero al menos tendremos unas cuantas horitas. ¿Viniste en coche?
- Em, no, vine… - "¡oh, vine con magia!" Se reprochó Hermione por no haber preparado una escusa - vine en tranvía o como se llame eso que va bajo tierra y te lleva en un santiamén - resopló del alivió.
Crystal rió por la definición de su amiga y la invitó a subirse a su coche. No había mucho que hacer, pues era domingo, pero se contaron todo lo que les había pasado, o más bien, Crystal era quien contaba sus hazañas ya que, aunque las de Hermione eran inmensamente más interesantes, no podía contar nada referido a la magia, por lo que su historia pareció realmente aburrida. Y, finalmente, salió el tema de los chicos. Por lo visto Crystal había estado con unos cuantos pero ninguno seriamente, aunque en esa parte se sonrojó pensando en sus cosas antes de explicarlo.
- Verás, he de confesarte que me he enamorado, es la primera vez en mi vida, y creo que él también de mí, porque dudo que le cuente a nadie lo que me cuenta a mí - Hermione entendió que hablaba de cosas muy personales y no quiso preguntar - es con el con quién quedé. ¡Oye, ¿alguno de los de ayer era tu novio? Apuesto a que sí, los dos tenían buen ver.
- El pelirrojo - Contó poco más sin entrar en detalle, tampoco era plan de contarle todas las veces que peleaban o los celos que ambos se hacían sentir, o cómo él se enamoró de ella siendo otra persona, cuya identidad tampoco le explicaría, o cómo habían perdido un bebé…
A kilómetros de distancia, Ron se sentía mal por cómo se había ido de casa de Hermione por la mañana. Quería ir a hablar con ella, que probablemente estaría en su casa enfadada con él. Aprovechando la salida del trabajo a las seis de la tarde, se apareció donde siempre en el parque junto a la casa de los padres de la chica y llamó al timbre. Pensó que ella sabría quién era y estaría muy furiosa.
- Hermione, abre, lo siento, tenía mil cosas en la cabeza - Ron se disculpaba tras la puerta de una casa vacía-. Está bien, mira, voy a entrar, ¿vale? - Regresó al escondite donde se apareció y de ahí se materializó en el salón de la casa. Comprovó que todo estaba desordenado por aquellos lugares donde ella había buscado recuerdos del pasado y que ella no estaba en caso. Sabía que no debía asustarse, pero si enfureció, sabía que iba a venir, que llevaba desde que descubrió el secreto haciéndole el gusto en todo, que una rabieta no impediría que después de trabajar volviera ¿Y si Hermione no se había inmutado cuando esa mañana se fue? Bruscamente, Ron le dejó un papel a Hermione en la nevera y se fue, ahora era él el enfadado y como no fuera a la cita que le había escrito, entonces si que se enfadaría de verdad.
En otra punta del país…
- Bueno, creo que es hora de dejarte, tengo que llegar a Londres en media hora, así que
Dime a donde quieres que te lleve.
Hermione lo pensó unos segundos, le vendría bien ir a Londres, aun así consideró más oportuno que la dejara en el cartel de underground más cercano que hubiera y así en poco tiempo pasar por casa y después un rato al bar de George donde seguro estaría Ron trabajando.
Las dos chicas se despidieron prometiéndose llamarse la una a la otra. Cuando vio disiparse el SEAT León rojo a lo lejos, bajó corriendo al baño y se marchó.
Cambió los jeans y la camiseta por un vestido negro más atractivo, maquilló ligeramente sus párpados, se demoró media hora, y antes de salir fue a la nevera a por un vaso de leche. Al cerrar la puerta descubrió la nota de Ron.
Te dije que vendría,
pero en vista que no
estás te espero a las
seis y media en
el Caldero Chorreante,
no me falles esta vez,
Ron
Miró rápidamente su reloj, siete menos cuarto, ¡mierda! Dejó el vaso de leche sobre la mesa, entre tanto desorden no se notaría, ya lo recogería más tarde. Buscó la varita y nada más rozarla ya estaba sintiéndose dentro de un tubo muy fino camino la pequeña terraza de la famosa taberna de Tom.
Ron se estaba desesperando, Hermione no llegaba, no sabía si preocuparse por el plantón o por si le había pasado algo, en su cabeza vagaban mil posibilidades, las cuales se vieron reducidas a setecientas cincuenta al percatarse de que Draco Malfoy estaba sentado frente a una chica de pelo oscuro a la cual sólo veía de espaldas. pensó el chico…
- ¡Ron! - Casi sin aliento Hermione llegó a donde estaba él-. Lamento el retraso, acabo de ver la nota.
- Ya… - El alivio que sintió al verla allí fue infinito, pero no quiso mostrar debilidad, seguía molesto - ¿Y por qué vas tan arreglada?
- Creí que estarías trabajando, iba a ir a verte allí, hasta que leí la nota - se dio cuenta de que a Ron le pasaba algo-. Siento lo de esta mañana, estaba absorta buscando fotos, ¿me perdonas? - comenzó a emplear un tono más mimoso y a poner las manos en su cintura, él no quería ceder, estaba de morros, pero Hermione lo siguió intentando-. Venga, que ni siquiera me has dado un beso desde que he llegado Ro-ro - lo miró con picardía.
El pelirrojo no aguantó más la risa, prohibió tajantemente a Hermione volver a llamarlo así, a cambio la besó y se abrazaron. Ella volvió a disculparse, esta vez al oído de él, y sin haberse soltado aun del abrazo, Hermione diviso a las espaldas de Ron a Draco, que a su vez también la vio y la saludó con la mano. Su acompañante, curiosa, quiso ver a quién saludaba y giró el rostro encontrándose con los ojos de Hermione.
Al unísono se fundieron con el ruido de sillas y el de los clientes hablando, los nombres de Crystal y Hermione en dos gritos de sorpresa y desconcierto femeninos diferentes.
Ron y Draco las miraron extrañados, ellas no esquivaron la mirada de la otra. Muchas cosas del pasado de Hermione quedaron claras para Crystal, muchas cosas quedaron dudosas sobre Crystal para Hermione.