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Luchando por un amor imposible — capítulo 38
Eran las 4 de la tarde y el verano había llegado tempranamente con una ola de calor que bañaba el país en unos 38 grados a la sombra y que parecían fundir todo a su paso.
Entre aquellas frías paredes de piedra, el bullicio de la gente en hora punta y las campanadas del reloj principal de la estación marcando las en punto, un grupo de personas muy especial aguardaba junto a uno de los arcos que separaban los andenes 9 y 10.
Ginny y Harry observaban un folleto que sus hijos les habían regalado como "vale por unas vacaciones" las navidades pasadas y que pensaban canjear ese mismo verano, pero dudaban si ir a California con todos los lujos o un safari por África que prometía emociones fuertes. Mientras, la joven y esbelta Rosie no paraba de mirar el reloj de su muñeca y rebuscar con la mirada entre todas las personas a lo lejos buscando unos ojos muy concretos. James hablaba por teléfono, de pie, a gritos, soltando alguna carcajada sonora; y Albus se limitaba a ver la preocupación y desespero de su prima desde su bien buscado sitio,apoyado en los barrotes donde se dejan y recogen los carritos.
En una de sus secciones de búsqueda, Rosie se percató de que Albus la observaba con pena, entonces respiró profundamente desahogándose en un suspiro y se acercó hasta él apoyándose a su lado. Él no dejó de observarla con los brazos cruzados hasta después de que ella reaccionara.
-
Creo que ya no va venir - dijo en un soplo dirigido al suelo.
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Puede, pero, en ese caso, tendrás que mostrarle tú la alegría por losrndos a tu hermano.
Ella le dirigió una mirada irónica y dernreproche. Él rio soltado los brazos y estirando uno para rodearla. Rosie serndejo acurrucar reposando la cabeza sobre el pecho de su primo.
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Si no viene no se lo voy a poder perdonar esta vez. Van demasiadas…
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Es tu padre, sabrás perdonárselo, te conozco.
Ella se liberó de un saltó y estalló en un grito que hizo a los demás Potter dejar de hablar por teléfono o soltar el folleto estupefactos. Rosie chilló directamente contra Al.
- ¡¿Me conoces?! ¡Dices que me conoces! ¡Pero no tienes ni idea de lo que es que tu madre se largue a sabe Dumbledore dónde cuando eres pequeño porque no se acuerda de ti y simplemente huye! ¡Que te críe un padre, que sí, que lo quieres y que lo ha dado todo porque sus hijos estén bien, pero que cada año que pasa se enfrasca aun más en la búsqueda de tu madre, de la cual no ha logrado ni media pista en 7 años y vaya dejando desvanecer sus verdaderas prioridades, como debería ser estar hoy aquí, por buscar en un periódico australiano si aparece su nombre por algún lado!
Ginny y Harry compartieron una mirada de añoranza y tristeza, James, aun boquiabierto no se inmutó con las voces que su móvil desprendía y permaneció con la vista fija en la cabellera pelirroja de la que siempre había conocido como la madura, calmada y pasiva prima Rosie. Otros viajeros cargados de maletas detuvieron sus trayectorias curiosos ante el alboroto. Pero, pese a las expectativas subconscientes de la chica, ninguno era Ron.
Albus estaba plantado, aun asustado por la reacción de ella y continuaba mirándola completamente mudo. Ella cerró los ojos y dejó que el aire que recorría sus pulmones y las lágrimas de sus mejillas la llevaran de nuevo a la cordura. En otro gran suspiro abrió los ojos y clavó sus pupilas dilatadas en quien tenia delante. Se veía mucho de Hermione en esos arrebatos que rara vez le daban.
- Lo siento… - susurró
Sin embargo, no dio tiempo a una revancha de ideas y gritos o abrazos y lamentos, pues por la columna empezaron a aparecer carritos y adolescentes de todas las edades, con lechuzas, gatos y ranas, y baúles enormes. Rosie se enjugó las lagrimas y se colocó junto a Albus, quién por fin se incorporó de su apoyo, superando a la chica por casi 2 cabezas de altura. Harry y Ginny se les unieron y Gin acarició la espalda de su sobrina a modo de darle ánimos. James colgó la llamada y esquivó un par de carritos para llegar con su familia, pero antes de que eso ocurriera un carrito le dio en el tobillo resultando ser de la pequeña de la casa. La pelirroja Lily de 17 años cruzaba el umbral con su vestido rojo resaltante en su blanquita piel, sonriendo al ver a su familia esperándola allí. Cortando el paso a los que vinieran detrás, James salteó el equipaje para abrazarla y se lo quitó para llevarlo él hasta sus padres.
Rosie vislumbró a Hugo cruzar entre la muchedumbre y estiró el cuello para que la viera por encima del ajetreo, pero lo perdió de vista por un momento. Cuando recuperó su localización, el joven abrazaba a alguien. Consiguió ver a quién tras dar unos cuantos empujones para meterse por medio. Se quedó paralizada. Abrazaba a un hombre de pelo naranja entremezclado con canas y con unas entradas significativas.
- Papá…
Como si la hubiera oído, Ron desvió larnmirada de su hijo recién salido de Hogwarts y la dirigió por instinto a su hija. Estaba sonriente, cosa que extrañó a la joven. Hugo miró en la misma dirección que su padre y allí vio a su hermana. Ambos se dirigieron hacia ella esquivando los obstáculos.
-
Los Potter estaban ya al completo y querían irse del tumulto, así que Albus se acercó a Rosie y le dijo al oído:
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Os esperamos en la esquina del McDonald.
Antes de que ella pudiera asentir él ya había desaparecido.Sintió de sopetón el abrazo de su hermano y la mano de su padre en la cintura.
- Vámonos de aquí. Esto es de locos - propuso Ron en el momento en que hizo a los tres desaparecer.
En pleno viaje, Rosie hizo disminuir el carrito de tal modo que quedara tamaño bolsillo, para que no fueraun trasto del que preocuparse en la merienda. Aparecieron en el cuarto de la limpieza del restaurante americano donde sabían que nadie los pillaría. Salieron con prudencia pero no eran horas de comida basura así que nadie los vio. Hugo fue a avisar a los demás mientras Rosie y Ron cogían mesa.
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¿Dónde estabas? - Exigió saber.
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Liado con el curro, ¿qué tal el tuyo por cierto?
-
¿Liado en un bar que está en la ruina? Invéntate otra cosa papá.
Vinieron los demás y después de saludos, pedir la comida y brindar porque todos ya habían acabado sus años en Hogwarts, Ron volvió a preguntar.
-
¿Qué tal te va el trabajo, Rosie?
-
Se me olvidaba que ya no lees el profeta británico, que el que lees es el australiano - Mientras pronunciaba sus mordaces palabras no alzó la vista de su Big Mac - Quizás es por eso por lo que no tengas el control de nuestra zona horaria o de cómo van las cosas en tu país… bueno, y de lo mucho que sale tu hija en la actualidad en el periódico debido a su gran éxito premiado por lacomunidad, que, por cierto, ¿Tampoco lees el correo? No te vi en ninguno de los actos a los que te invité.
-
No pude ir.
Nadie soltó la más mínima palabra, nadie se atrevía a romper el silencio. A Hugo le dolía, esperaba que su padre hubiera cambiado algo desde navidad, pero quien había cambiado era su hermana…
Salieron todos del restaurante con un poco más de entusiasmo hablando unos con otros. Rosie salió la primera y se dirigió a su Land Rover del 2015 casi sin despedirse. Albus y James se fueron en la vieja moto de Sirius, que, gracias a muchos golpes de varita, aun seguía en un estado impecable. Ron aprovechó el momento en que el motor rugió para susurrarle a su amigo.
-Harry, ¡¡la encontré!!
Sólo lo oyeron Ginny y Harry, pero ambas expresiones fueron de verdadera sorpresa y, en un movimiento simultáneo, ambos lo escrutaron con la mirada en busca de un atisvo de locura, desespero, mentira o cualquier cosa lógica que explicara sus palabras, pero sólo hallaron al Ronald B. Weasley más feliz que se había visto en años con los ojos brillando y una sonrisa de emoción, por lo que no tuvieron más remedió que creerlo.