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Luchando por un amor imposible — capítulo 39
En una travesía de unas 20 horas, con escala en Hong Kong, a unos 41 000 pies del suelo, un avión de la compañía australiana, Qatar, llevaba a un pasajero nervioso, emocionado y que en la vida se había elevado tanto en el cielo con su escoba. Al margen de que su padre en su situación estaría pensando en que los muggles, para no tener conciencia de la magia, habían creado algo alucinante que conseguía volar con casi total seguridad, él pensaba en la última vez que visitó el continente sureño.
Muchas veces sintió nostalgia de no poder haber disfrutado ese país tan diferente para él, pero su visita fue temática y simplemente no quiso otra cosa que tratar que su mujer lo recordara…
Ofuscado en sus pensamientos, cayó rendido ante el sueño. Las imágenes que comenzaron a danzar en su mente fueron las claras escenas del momento en el que Hermione se subió a ese mismo avión 7 años atrás…
Ron no recordaba en qué estación del año se encontraban, pero sí que sólo fue capaz de sentir un frío atroz. Después de tratar de rogarle, suplicarle y llorarle porque no se fuera, Ron, abatido, la llevó en coche al aeropuerto. Las intenciones de ella habían sido caminar o pedir un taxi, pero la oferta de Ron parecía sincera. El camino fue largo, y se alargó aun más por el silencio. En cada semáforo o en cada atasco, Ron la miraba ahí sentada a su lado, inmóvil, sin dejar de mirar al frente, demacrada por los meses de coma, quizás un poco más envejecida. No se podía creer que fuese a dejar de verla, pero aun menos, que la última vez que habían hablado antes de que ella lo olvidase, fuera su discusión más fuerte después de tantos años. Eso sería algo que jamás se perdonaría.
La vio irse por la puerta de embarque, con la esperanza de que mirase, aunque fuera de reojo, hacia atrás. No lo hizo. Desapareció muy dignamente tras los detectores de metales y se mezcló entre la gente. Ron sintió un aire tan gélido en ese momento que le congeló la respiración. Dejó de sentir su cuerpo completamente inmóvil y la tensión le saltó por los ojos en forma de lágrimas. Ahí plantado, boquiabierto y con lágrimas silenciosas se quedó un tiempo indefinido. Mirando la puerta por donde la vio por última vez. Su cabeza era completamente incapaz de generar algún pensamiento, incluso de haber podido, es posible que ni lo hubiera notado.
Sin querer saber cuánto tiempo había pasado o cómo había llegado a estar así. Cogió el coche con la misma expresión que llevaba y llegó a casa sin noción de haber respetado las normas, de cuánto tardó o por dónde cogió. Simplemente parecía un zombi. Abrió la puerta y dejó el abrigo caer a los pies del perchero. Sus hijos, que estaban en la casa con la abuela Molly, salieron corriendo hacia él cuando lo oyeron llegar. Comprobaron tristes que no habían logrado convencer a la mujer de que no se fuera y las lágrimas, que ligeras brotaban por sus caritas inocentes, empezaron a resbalar a borbotones. Miraban a su padre y su rostro se los dijo todo: se había ido.No soportaron el dolor y abrazaron a su padre. Incluso Molly, aguardando en el pasillo a la altura donde estaban los niños, soltó unas cuantas lágrimas.
Mientras lo abrazaban, a Ron se le iluminó la bombilla y decidió hacer una locura. Su madre debió vérselo en los ojos porque hizo que los niños se separaran de él y le dijo que fuera rápido. Minutos después se aparecía en Sydney, sin maletas, sin dinero y sin idea alguna de dónde estaría el aeropuerto, pero con su varita y eso sería bastante para encontrar a Hermione.
Estaba en un parque, con un césped verde a sus pies y varios árboles rodeándolo que, a su vez, lo salvaron de las miradas indiscretas de muggles. Logró divisar un cartel con las palabras "Centennial Park". No tenía ni idea de la distancia a la que se encontraría del aeropuerto, así que se acercó a una pareja que caminaba cerca para preguntarles cómo llegar. Su respuesta fue simple, pero la diferencia de tiempo entre la opción de caminar o ir en coche era de casi dos horas.
"Han pasado…" miró al reloj que se alzaba en el centro del parque "¿quince minutos?". No era posible… Segundos después cayó en la cuenta de la diferencia horaria y todo le cuadró. Alzó su muñeca para observar el ya viejo reloj de oro y con estrellas en vez de manecillas que sus padres le regalaron por su décimo séptimo cumpleaños. Ron miraba el reloj pero no veía la hora. Estaba atento al ínfimo rasguño que tenía el cristalito, recordaba perfectamente el momento en el que se lo hizo: aquella primera vez que Hermione se acostó con él, justo antes, jugando en Hogsmeade. Nuevamente, se vio absorto en sus pensamientos, sin percatarse de sus lágrimas, pensando en ella y en todo lo que habían vivido.
Pudo estar en esa posición tal vez 5 o 10 minutos, hasta que cerró los ojos, tragó saliva y sacudió la cabeza. Respiró hondo y volvió a mirar su reloj. Perfecto, aun disponía de unas 3 horas y media. Decidió ir caminando, lo cual pudo ser un error, pues se perdió en algunas calles. Trataba de guiarse por los aviones que tan fuertes se oían sobre su cabeza. Cada vez más y más nervioso, observaba su reloj una y otra vez. Había perdido mucho tiempo dando vueltas sin sentido. Alcanzó a ver la aguja pasando 10 minutos de la hora prevista de llegada en el momento que cruzó la puerta principal del aeropuerto. Su mente luchaba entre la esperanza de un retraso en el vuelo o el miedo de haberla perdido. Completamente exhausto, persiguió los carteles que lo guiaban hasta la puerta de llegadas. Buscó en la pantalla la procedencia de Londres. Ahí estaba. Un letrero verde parpadeante a su lado ponía "llegada". Ron respiró hondo en un gesto de alivio. En ese preciso instante la puerta automática se abrió dando paso a unos turistas, mientras, él aprovechaba para rebuscar con la mirada alrededor de las cintas cargadas de maletas para verla.
Alcanzó a verla perdida entre la gente y sintió cómo el pánico quería invadirlo, pero él no se dejó, estaba dispuesto a recuperarla y nada podría cambiar esa decisión. La perdió de vista unos instantes con tanto abrir y cerrar de las puertas de cristal y para cuando quiso reencontrarla, ella ya se dirigía en su dircción.
Cuando ella lo encontró se llevó un buen susto. Discutieron delante de todo el aeropuerto. Ella quería que la dejase en paz, que no le insistiera más. Marie Granger, la madre de Hermione los vio alborotando (llevaba un rato sentada frente a la puerta y ni había reconocido a su yerno). Los interrumpió antes de que llegasen los de seguridad y abrazó a su pequeña. Saludó a Ron de pasada. Los dos estaban muy alterados queriendo continuar con sus gritos, pero ella los agarró del brazo y los arrastró al coche para que discutieran allí de camino a la casa o en la misma casa. La casa era una señora casa con sus terrenos cultivados y su piscina en el patio trasero. Nada mal para una dentista, viuda de dentista. No obstante, el suelo en Australia es bastante barato con respecto a la polucionada Londres
No era así como Ron pensaba convencerla, pero eso fue lo que ocurrió. Después de dos días de constante lucha entre ambos y de amable atención por parte de la señora Granger, Hermione abandonó su lucha, no habló más con Ron con la esperanza de que se fuera pronto. "Mi vida está aquí, con mi madre…" Se recordaba ella constantemente "…no con este loco, por mucho que me haya casado con él en otra vida".
Ron parecía no querer resignarse a perderla y aguantó cosa de un mes más el silencio de ella. Pero por mucho que quisiera negárselo, él sabía cuan orgullosa podía ser y si ya tenía su decisión bien tomada no la iba a cambiar. Estuvo ese mes entero sin hablarle, mirarle y sin cambiar ni un instante su tosca actitud hacia él ¿Qué más señales quería?. Pensaba en Hugo y Rosie, que era bastante duro que perdieran a su madre, pero que ya era hora de que se prepararan para la nueva situación en casa. Iban a ser tres a partir de ahora. La cuestión era: ¿Esperar a que se acabara el curso y regresaran? o ¿Decírselos por carta?
Empezó a preparar su viaje. Cierto que viajó sin maletas, pero la ropa que tuvo que comprarse no la dejaría allí, aunque tal vez se pudiera convertir en un mal recuerdo. En cualquier caso, con todo ya listo, pensó que el mejor lugar para desaparecerse sería la caseta de la piscina de madrugada. Guardó sus cosas y se dispuso a despedirse de todos: Shane, el jardinero; Gloria, la cocinera; Lysa, la chica de la limpieza; de su suegra y de Hermione. Con fuertes abrazos dijo adiós a los empleados de la casa que habían llegado a ser buenos consejeros, Agradeció a la señora Granger todo lo que había hecho por él a sabiendas de que podía ser un error y, por último, tocaba despedirse de su esposa de algún modo.
La halló en su dormitorio, tras la entreabierta puerta, sentada al borde de la cama con un trozo de papel en mano y llorando. Dio tres golpes en la puerta que sobresaltaron a la mujer. Ron la observó detenidamente; sería la última vez que la vería. Le llamó la atención sus ojos llorosos y la cartera tirada en el suelo.
-Eh, que si quieres me quedo, que me voy porque tu no querías que siguiera aquí - Dijo a modo de broma.
-¿Quiénes son? -Habló ella entre sollozos mostrando el papel de su mano. Ron se acercó y contempló la fotografía muggle (por suerte) donde sonreían los 4. - ¿Son mis hijos?
-Rosie y Hugo - asintió Ron.
Hermione se interesó por ellos y estuvieron charlando los dos un rato, tranquilos. Ella le preguntaba por los niños y él se limitaba a responder cual padre orgulloso de sus criaturitas. Decía que si Rosie tenía la inteligencia de ella, Hugo la habilidad de él al ajedrez, etc, siempre evitando los temas de magia, de los que mejor no se acordase antes de lo demás.
Los distrajo el reloj de una iglesia cercana marcando las 10 de la noche.
-Creo que es hora de que te vayas, Ron. - Dijo ella enjugándose las lágrimas. - Mándales un saludo de mi parte y diles que lo siento mucho.
-Hermione, antes de que pasara el accidente, tú y yo nos habíamos peleado. Ese día iba a pedirte perdón y, según Ginny, tú ibas a hacer lo mismo. Tenía que decírtelo.
-Parece que tú y yo estamos destinados a discutir. -Esbozó una sonrisa.
-Sí, básicamente desde que nos conocemos. -Rio.
-¿Y aun así nos casamos? - Preguntó dudosa.
-Nuestro amor siempre fue más fuerte, y con todo lo que vivimos juntos, era imposible que no nos tuviésemos afecto.
-Me cuentas cosas tan lejanas… De verdad, Ronald, me gustaría poder recordarlo, pero no es así.
-Te comprendo. Temes vivir una mentira o desaprovechar el cambiar tu vida por si no te gustaba.
-Exacto.
Se dieron un abrazo de despedida que pretendía ser breve, pero él ya no pudo soltarla y lloró en su hombro. Ella se sentía a gusto en los brazos de él. Una fulminante idea se cruzo como una bala en sus cabezas. Se separaron lo justo para verse a los ojos y se besaron en los labios. Un beso tierno y potencialmente apasionado. Ninguno de los dos quería alejarse del otro. Hermione, después de tanto tiempo por fin se sentía cómoda, en un entorno que no le fuese extraño, allí, en sus brazos, en sus labios… Poco a poco, Ron se acomodaba más al cuerpo de ella, que se dejaba. La sentó en la cama sin que separaran los labios y ella se dejó recostar. Ron acarició sus caderas como tantas otras veces, como a ella le gustaba. Ella tan sólo rodeaba su nuca con los brazos. Poco a poco, el león que había en Ron despertaba y ella lo sabía. También sabía que si el león despertaba no lo podría parar, pero no quería hacerlo, no quería pararlo, quería seguir, quitarle la camiseta, que él se la quitara a ella. Hermione dio el primer paso y le arrancó la camiseta de los Chudley Cannons al hombre que tenía encima. Ron se sorprendió, pero no perdió oportunidad de arrancarle la de ella. Se besaban con una pasión contenida que era impensable para ella, pero no le importaba, lo necesitaba, se sentía relajada con él y si habían tenido dos hijos no habría sido jugando al mus. Se desnudaron el uno al otro mirándose a los ojos. Sintiendo como si el tiempo no hubiera pasado. Se besaron. Se acariciaron. Ron mordisqueó su oreja, a ella le encantó, cosa que él ya sabía. Ella se enroscaba con las piernas en la cintura de él. Se agarraron de las manos y entonces Ron no dudó. Le hizo el amor toda la noche. Cada segundo, antes de que le volviera a decir que se marchase. Ya entrada la madrugada, los dos cayeron rendidos sobre la cama de ella.
···
CONTINUARÁ