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Luchando por un amor imposible — capítulo 40

Ron notó alguna turbulencia en el avión, pero, aun siendo primerizo, ni se inmutó. Su mente vagaba a años y kilómetros de allí.

Antes de llegar el alba, Hermione oía los ronquidos de Ron muy lejanos, a pesar de estar en su misma cama. Su cabeza daba mil vueltas y tenía la cara empapada en lágrimas. Se sentía culpable, sucia y mala persona. Pero el daño ya estaba hecho. Se incorporó en la cama tratando de ocultar su cuerpo desnudo con las sábanas sin querer despertar a quien dormía a su lado. Recogió sus prendas del suelo y se vistió silenciosamente y con mucha calma. Miró de reojo al hombre con el que pasó la noche y se levantó. Fue corriendo a encerrarse en el baño llorando.

Ron llevaba el suficiente tiempo despierto como para saber que Hermione lloraba y que esto no había sido una reconciliación. Aun así albergaba la idea de que se hubiese acordado de su vida y que llorase por todos los recuerdos que le vinieron de golpe. Pero algo le decía que eso no era así. La noche anterior la había sentido como siempre, era la Hermione con la que se casó. Sus movimentos, sus caricias, sus besos… todo. Sin embargo, era como si faltara algo… tal vez amor. Esta mujer no estaba enamorada de Ron. Ambos lo sabían. Ron alzó la cabeza para mirar la puerta de donde procedían los sollozos de la mujer. Decidió ponerse el pantalón y tratar de que ella le expresara algo que le indicase que hacer, si irse o quedarse. Tocó la puerta tallada de roble marrón oscuro, aunque por un momento pensó en irse sin más. Se oyó cesar el llanto, pero no respondió. Poco después, ella abrió la puerta desde dentro.

-Vete - le dijo - Yo haré lo mismo. No me busques, no vuelvas a por mí. Si lo haces, no estaré aquí.

A Ron el mundo se le vino encima, de un modo casi inexplicable si no se ha vivido una situación así antes. Albergar la esperanza es lo que le hizo caer desde el monte más alto hasta el subsuelo más profundo. A pesar de que se lo imaginase, el golpe fue muy fuerte y la frialdad de ella, aun con la cara empapada en lágrimas, fue casi mortal. Ella lo miraba como una estatua en el umbral de la puerta. Y él se sentía petrificado ante ella. Ron experimentó un arrebato y salió corriendo por la otra puerta, bajó a tropezones las escaleras y se dirigió camino a la piscina. Se metió en la caseta. Lloró y lloró un rato. Dio patadas, golpes, se mordió el puño, nada servía para aliviar su dolor. Respiró hondo y trató de ver las imágenes de los buenos momentos y de sus hijos en la cabeza. Soltó una gran bocanada de aire, miró por una rendija entre los tablones la enorme casa, dijo adiós y se desvaneció.

Hermione estaba de rodillas, llorando a lágrima viva y sin saber realmente por qué. Eran las 5:34 de la mañana y ese día tendría que empezar a buscar casa nueva, pues no volvería a dejar que ese hombre la encontrara o engañara de nuevo.

Ron se apareció en casa de Harry en pleno salón, derrumbado, atacado, dolido, humillado. Todos los habitantes de la casa estaban o en la cocina o allí, por lo que a todos les sobresaltó su llegada. Ginny soltó el folleto que tenía en la mano ycorrió a abrazar a su hermano. No necesitaba preguntarle nada. Su cara lo decía todo. Harry, apenado también por perder a su mejor amiga, prima y concuñada, dio unas palmadas en el hombro de su amigo y lo guió a sentarse al sofá. La pequeña Lily fue quien le preguntó si quería tomar algo. Él sólo miraba al vacío. Los tres niños entendieron que debían ir a sus habitaciones.

Una azafata lo comenzó a toquetear.

  • Señor, despierte, ya hemos llegado al destino. Tiene que desembarcar. Ron notó un cambio radical de sensaciones en su pecho. Eso que se siente al despertarse de una pesadilla o de un sueño triste y descubrir que todo fue eso, un sueño. Aprisa, cogió sus cosas y se bajó del avión.

  • Bienvenido a Australia, señor - Gritó la azafata desde la salida del avión. Pero Ron no lo oyó. Su cabeza ya estaba de nuevo en otra parte.

Al salir del aeropuerto, recordó lo que Hugo le había dado: Una botella con una buena cantidad de poción multijugos, porque si lo último que Hermione le había dicho es que no la buscara, no podía encontrarla con su propio y demacrado rostro y esperar calma y buen rollo por parte de ella.