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Luchando por un amor imposible — capítulo 41
Camberra (Australia), Principios de Julio
Frente alespejo, mientras peinandosu cabello, hallaba canas escondidas conjuntadas con sus pequeñas arrujas en la frente y los párpados, las bombillas que iluminaban tanto la habitación en sí, como la cómoda y su espejo, se apagaron con un chispazo. Hermione dio un brinco del susto y supuso que se habría ido la luz o saltado la palanca. El frío también comenzó a alcanzarla, denotando que la calefacción había dejado de funcionar en la habitación. Sin embargo, de la rendija bajo su puerta asomaban sutiles rayos de luz que procedían del pasillo. Apretó varias veces los interruptores, pero la luz no regresó. Salió de su dormitorio y ahí las lámparas estaban encendidas, así que, después de intentar arreglarlo ella, llamaría al electricista. << ¡Qué casualidad que ayer me llegaron unos cupones para una nueva empresa de técnicos electricistas!>> Pensaba ella, contenta de que no tendría que gastarse un pastón en esa reparación.
Todavía con la bata puesta, algún bostezo cruzándosele y sin haber tomado el desayuno, cogió el teléfono y comenzó a marcar la combinación que el folleto marcaba:
- 0…2...6…7...6…1…7…9 -murmuraba mientras marcaba.
Al otro lado del teléfono la atendió una voz familiar, mas no le dio importancia.
- Sí,hola, buenos días, necesitaba ayuda; una sola habitación se ha quedado sin corriente eléctrica.
Habló poco más al auricular y colgó satisfecha con la velocidad en la que parecía fuera a solucionarse el problema.Bajó tranquila a desayunar.
Le dio tiempo de asearse, vestirse y acicalarse antes de que el timbre sonara, avisando de la llegada del técnico. Hermione fue a abrir la puerta, pero Sophie se le adelantó.
-
Buenas, soy… - el visitante, un hombre de mediana edad, cabello negro algo canoso y barba de tres días, vestido con un mono azul y un cinturón marrón repleto de cachivaches y cables, calló. Miró con sorpresa y casi miedo a la niña de unos 7 años que lo observaba curiosa al otro lado del marco de la puerta.
-
¡Hola! Soy Sophie. Aunque las normas de educación básicas prediquen que el visitante ha de ser el primero en mostrar sus respetos e identidad, seré yo qui…- Hermione llegó por detrás a tiempo y tapó la boca de la pequeña antes de que contara toda su vida.
-
Disculpe, el otro día leyó un libro sobre protocolo y sólo habla de ello. Usted debe ser el técnico… ¿Se encuentra bien?
El hombre tenía el semblante pálido y era incapaz de articular palabra. Miraba a la niña sin parpadear. Sophie alzó la vista a su madre, ésta la atrajo hacia sí.
- ¿Sucede algo con mi hija? - Pronunció Hermione con la voz de una mamá oso a punto de estallar.
El hombre se vio forzado a reaccionar.
-
Em… N…no, no… Sólo que… hace mucho tiempo que no veo una niña tan hermosa como su… hijjj… ja - Apretó los dientes, como para contenerse. Escondió el brazo tras su espalda y, al descubrirlo, tenía en la mano una muñeca muy colorida que hizo que la niña abriera sus castaños ojos desafiando a los límites de la anatomía emocionada.
-
Sígame, le diré donde es - Hermione lo condujo en silencio hasta su dormitorio mientras la pequeña se dirigía al salón a jugar-. Aquí. ¿Cree que podrá tenerlo arreglado para hoy? En un rato iré a trabajar, no estaré mucho fuera, tan solo un par de horas, pero me gustaría disponer de la calefacción antes de que caiga el sol. Si necesita algo, Cleo, la niñera y asistenta, estará por aquí.
-
Sin problemas, no tardaré mucho - El técnico meditó antes de que la mujer se fuera para dejarlo trabajar. Mientras toqueteaba los interruptores probando las luces añadió - Es común que las clientas teman la tardanza en este tipo de arreglos, suelen conocer lo manazas y chapuzas que son sus maridos al intentarlo - Forzó una sonrisa pícara.
-
Sí, de eso suelen quejarse las madres de las amiguitas de Sophie.
-
¿Usted no comparte esa queja? - Dijo ahora metiendo unos alambres en los enchufes.
-
Digamos que no lo habría llamado de haber tenido a alguien en casa que pudiese encargarse de esto, ¿No cree?
-
Ya… y me dijo que ya comprobaron las palancas sin ningún cambio… - Trató de ajustar el bombillo de la lámpara-. Pues parece un cortocircuito. Debe tener las habitaciones aisladas, si no, habría afectado a todo el domicilio.
-
Puede solucionarlo, ¿no? - Hermione cruzaba los brazos preocupada apoyada en el marco de la puerta.
-
Por supuesto. Si no, cuando vuelva del trabajo me encontrará convertido en un polo azul - se puso en pie y señalo su mono.
Hermione comenzó a reír a carcajada limpia. Se le salían las lágrimas. No recordaba la última vez que se había reído así. Él le decía que no era tan bueno, pero eso no bastaba. El técnico Se sentía satisfecho de la haber hecho feliz unos momentos a esa mujer.
- Tienes una risa encantadora. Tu marido es afortunado.
Ella dejó de reír manteniendo el dibujo de una sonrisa en los labios. Miraba al hombre que acababa de tutearla con intriga.
-
No me has dicho tu nombre - Lo tuteó también.
-
Ni tú el tuyo, sólo sé el de tu hija.
-
Hermione.
-
Rupert. Encantado.
Se dieron la mano con una sonrisa, mirándose a los ojos. Los interrumpió la niña.
-
Mami, ya vino Laurent a buscarte, te espera en el coche, pero Cleo aun no ha venido.
-
¡¿Laurent ya está aquí?! - Se sobresaltó la mujer mirando su reloj de pulsera -. ¡He de irme ya! - Salió por la puerta dejando a Rupert con la mano aun extendida y a Sophie viéndola bajar por las escaleras. Retrocedió sobre sus pasos y le habló al hombre-. Discúlpeme, le dejo con mi hija, Cleo no tardará, sin embargo, Sophie es muy tranquila y no lo molestará,… - miró a su hija como si la desafiara - confío - y se fue.
Rupert se sentó en el suelo y fingió trabajar bajo la atenta mirada de Sophie.
-
¿Cuántos años tienes, pequeña? - Preguntó el hombre sin mirarla, jugando con unos cables, fingiendo hacer algo útil.
-
6 años y 4meses.
-
¿Y cómo es que ya lees libros de protocolo?
-
Los infantiles me resultan poco interesantes, ese lo cogí de la estantería de mi madre, en el estante más bajo.
-
Dominas mucho el vocabulario.
-
¿Y cómo es que tenías una muñeca en la espalda?
-
Buena pregunta, considéralo magia.
-
Mamá dice que la magia no existe.
Rupert se quedó estupefacto.
-
Tu madre se equivoca - dijo él con toda certeza. Se giró para mirarla de forma pensativa casi sin verla-. Y tu padre, ¿Qué opina él? - Era la oportunidad ideal para saber de él.
-
No tengo padre, pero mi madre nunca se equivoca.
Rupert esbozó una sonrisa de añoranza. Entonces, se percató de un detalle que había pasado por alto: además de unos enormes ojos castaños, el cabello de la niña, recogido en una coleta alta, era de un color naranja intenso. Su semblante se torció.
La niña no le dio importancia y continuó hablando.
-
Eres británico, ¿verdad? Mamá también, pero ya no tiene tanto acento.
-
Sí…- Rupert seguía aturdido, tanto que no vio venir a la chica joven, morena y flaquita que con un brazo cogía veloz a Sophie y con el otro sujetaba una escoba con la que lo pegaba mientras chillaba como loca.
-
¡Lárgate malnacido! ¡Voy a llamar a la policía! ¡Ladrón! ¡Pederasta! ¡Asesino!
Rupert se vio tentado a usar la varita para defenderse de la que probablemente sería Cleo y a la que estaba claro que Hermione no había advertido de su presencia.
- ¡Cleooooo! ¡Me haces daño! ¡Déjame! - Gritaba Sophie a su vez, mientras, pataleaba y daba puñetazos tratando de liberarse.
Rupert consiguió agarrar el palo de la escoba en pleno golpe y de un tirón se la sacó de la mano a la chica. Ésta se calló, muerta de miedo y sin nada con que defenderse en las manos más que una niña, a la que tuvo que soltar cuando le impactó la pierna contra el abdomen. La pequeña salió corriendo y se escondió detrás de la puerta. Cleo se encorvó por el dolor. Rupert soltó la escoba y se acercó a ella con las manos en alto.
- ¿Estás bien? - Rupert percibió las intenciones de ella de agredirle y retrocedió un paso-. Tranquila. Soy el electricista que vino a arreglar la instalación de esta habitación. ¿No te avisó Hermione?
Cleo alzó la cabeza para mirarlo aun desconfiada.
-
Tuvo que irse rápido y me pidió que me quedara con Sophie hasta que llegaras.
-
Sophie… ¿es eso cierto? - Dijo sin quitarle la vista al hombre.
La pequeña se asomó tras la puerta.
- Sí - respondió temblorosa.
Dignamente, Cleo se incorporó con una mano en la barriga y cruzó la puerta cogiendo con la otra la mano a la niña.
-
Vamos, Sophie.
-
Pero yo me quiero quedar.
No cruzaron más palabras y se fueron cerrando tras de sí la puerta. Dejando a Rupert solo, cuyo reloj pitó en ese instante. Rupert volvió a la realidad y suspiró aliviado de que no hubiera sido antes.
Su rostro cambio por completo. Su oscuro cabello iba desapareciendo hasta unos centímetros por encima de la frente y el resto se aclaró tanto que se quedó en una mezcla de naranja y blanco. Su altura aumentó algo, al igual que su espalda. Ron se sintió aliviado de que la poción no hubiera dejado de surtir efecto medio minuto antes. <<Habría sido muy difícil de explicar entonces. Ha sido un fallo que no puedo volver a cometer>> pensó. Sacó el desiluminador que heredó a los 17 años del gran mago y director, Albus Dumbledore, de su calcetín derecho. Lo abrió dejando volver la luz a sus respectivos focos, concluyendo así su falsa tarea de electricista. Rodó algunos muebles para que Hermione no sospechase y desatornilló un poco la calefacción. Al acercarse al aparato se dio cuenta del frío que estaba teniendo a pesar de la ropa que llevaba puesta con el mono encima, pues, si en Gran Bretaña hacía calor, Australia debía estar pasando su invierno.
<<Hermione dijo un par de horas. No tardará en llegar>> Pensaba. Cogió la botellita azul que colgaba de su cinturón de trabajo y bebió un sorbo. Asqueado, la guardó nuevamente.El pelo oscuro sobre su frente volvió a crecer y él menguó un poco. Se acercó a la puerta para salir, pero con la mano en el pomo…
- Quizás… - Miró su reloj, pensó que le daría tiempo para tratar de hallar algún indicio que le confirmara que Hermione seguía soltera. Alguien empujó la puerta desde el otro lado sin preocuparle quién estuviera allí.