Tituladas 16.2% · 32,381 de 199,415 descubiertas
Rescatado 63.6% · 59,982 de 94,296 páginas identificadas · 59,972/60,586 caps con texto ☕ Invitanos un café

← Historia 30385 · de

Historia 30385 — capítulo 22

Emily Breslin, se encontraba sentada en la cama de James, en su recamara de la casa del Valle de Godric.

Ya habían pasado al menos unos cinco días desde que había llegado a lo que seria "su casa". A comparación de cómo vivía James en su casa, Emily estaba muy bien, Los padres de James eran simplemente encantadores: Charlus era muy agradable, platicaba con Emily de cualquier cosa y siempre le pedía su opinión, en varias ocasiones le pidió ayuda para arreglar el automóvil muggle que había comprado Charlus desde tiempo atrás, para que de alguna manera fueran lo mas parecido posible a lo que son los muggle, aunque la verdadera intensión del porque compro ese automóvil, fue que le fascinaba como era que un pedazo de metal pudiera andar sin la necesidad de magia. Emily no entendía muy bien de cómo se componía un automóvil, por lo que casi no abría la boca cada que su "padre" le pedía opinión acerca de tal  (ella no sabia nada de los automóviles, ya que no distinguía entre una tuerca y un gato hidráulico)

Por otro lado, la madre de James, Dorea, era la dulzura infinita encarnada en el cuerpo de una mujer.  Siempre era atenta con ella, le cocinaba los platillos que ella quisiera, lavaba su ropa, hacia el quehacer de la casa sin siquiera pedirle a "su hijo" que ayudara. Ella solamente hacia todo lo que se tenía que hacer en una casa, sin meter a James en sus asuntos. -¿en serio no quieres que te ayude con eso?- pregunto Emily, por quinta vez en la semana -ya te dije que no… se supone que estas en vacaciones, así que disfrútalas- dijo la madre de James con una sonrisa

-pero es que no me gusta verte haciendo todo el quehacer de la casa y quedarme solo mirando -nada… disfruta de tus  vacaciones… ya cuando tengas una casa, le podrás ayudar  a tu esposa…- dijo Dorea "¡Demonios!" pensó la Sra. Potter al ver como palidecía Emily de la cara "¿Por qué tuve que mencionar a la esposa?" -James… -¿si?- dijo distraída Emily -pues… lo siento,  no tuve que haber dicho eso… -¿Qué cosa? -lo de la esposa… -ah… no te preocupes -¿Cómo no me voy a preocupar? -descuida… también es culpa mía… ya tengo que hacer me a la idea de lo de "esposa" -pero… ¿estas seguro? -¿de que? -de lo que vas a hacer… -claro… si no lo hago… -pero tu padre no lo permite -no es que lo permita o no… yo lo hare- dijo Emily, pensando que era la verdad. James haría eso con tal de que su padre… bueno, eso. -¿pero la amas? -¿eh?- pregunto sorprendida Emily -¿amas a Emily?      -pues… creo que… -Emily no sabia eso. Bueno, no la culpemos, ya que James es sumamente impredecible, además de que no había tenido una novia formal desde que ella  tenía uso de su memoria. Así que no lo sabía. No sabia de quien estaba enamorado James, si es que lo estaba. -¿y la pelirroja?- pregunto de pronto la Sra. Potter -¿cual? -la que fuimos a dejar a su casa… -¿Lily? -si… y ella… ¿algo?- pregunto esperanzada. (¡La intuición de madre nunca falla!) -pues… no… ella no… ¿Por qué preguntas? -pues… me pareció ver algo… -¿Qué cosa? -incoherencias mías…- dijo la Sra. Potter volviendo a sus quehaceres -oye… -No James.  Ya te dije que no quiero que me ayudes…. Mejor ve a dar una vuelta al vecindario -pero… -¡Largo!

Emily salió de la casa de los Potter. La nieve ya estaba tapando el camino donde se suponía que los transeúntes podían caminar. No hacia tanto frio, pero si el suficiente para que de vez en cuando tiriteara de frio.

Camino hasta llegar una glorieta que estaba en medio de un parque, el cual servía como "capital" del Valle, ya que alrededor del parque, se encontraban todos los establecimientos necesarios para la vida: supermercados, farmacias, librerías, cafés, y una que otra escuela muggle.

Se sentó en el tercer escalón de la glorieta circular pintada de rojo que estaba llena de niños jugando con sus padres con la poca nieve que había  caído del cielo la noche anterior. Veía como los niños reían con sus padres de todas las tonterías que hacían. Suspiro. Miro al cielo y vio que el cielo estaba sumamente despejado, se podía apreciar un azul impresionante, de esos que solo en el mar se pueden a preciar.

El mar, el cielo, las estrellas…. Igual que en Italia.

Recordaba que a noche había estado muy tranquila. Las luces que salían de las casas, le  anunciaban que el día estaba a punto de acabar y que pronto las personas entrarían en el fantástico mundo de los sueños.

El ambiente que se respiraba era de tranquilidad, algo que sin duda alguna, el mar que estaba a pocos metros de donde se había encontrado ella daba a cualquier persona: la tranquilidad  de la inmensidad, sumada al indiscutible olor de sal y de arena.

Rordaba todo con solo cerrar lo ojos.

Inicio del Flash back

-¡Emily!- dijo una voz de mujer desde sus esp0aldas

Emily tuvo que abrir los ojos y mirar nuevamente el mar negro que se encontraba a sus pies. Desde el balcón que se encontraba, podía ver la oscuridad que se imponía ante sus ojos. Ella se encontraba recargada en el balcón, esperando el momento de la verdad. Habían hecho lo que una señorita de su categoría debía de hacer en fiestas de alcurnia: había bebido (solo una copa de hidromiel, claro esta, con la supervisión de su sombra), había bailado a pesar suyo con los hijos "modelo" de Victoria Austen, y había puesto buena cara para las personas que conocían a su padre y que se habían acercado a saludarlo. Pero la hora de la verdad ya había llegado.

-Te estoy hablando, Emily- repitió la voz -ya he escuchado -¿entonces porque no me respondes? -solo me estoy preparando… ¿o que? ¿No quieren que ponga la mejor cara para conocer al fin al que será mi futuro esposo? -déjate de infantilidades y vamos a ver a tus padres… -de acuerdo.

Emily dio la vuelta, y vio a su sombra parada enfrente de ella. Camino. Iban caminando por un pasillo sumamente largo, decorado con las mejores pinturas y cortinas que el dinero pudiese comprar. 

Para ella, el que le estuviera acompañando su sombra en aquel pasillo, le recordaba una escena de película muggle, en la que, el veredicto para el culpable había sido la pena de muerte y la única persona que lo acompañaba era la que le quitaría la vida. Así es como se sentía: ella había sido la sentenciada a muerte y su sombra, Madame Charlotte, era la que cobraría su vida.

-¿puedo ir al sanitario un momento?- pregunto Emily antes de llegar al salón de donde salía música de orquesta y varias risas -¿no podrías haber ido antes?- pregunto enojada la sombra -antes no tenia necesidad… -de ac uerdo, vamos

Caminaron por otro pasillo, que daba a una pequeña habitación. -¿le importaría? Quiero estar sola- dijo la chica, al ver que Madame Charlotte se disponía a entrar al baño con ella -sus padres me encargaron de usted y eso es… -lo que hace, si, lo sé, y se lo agradezco, pero creo que no me perderé en el baño…  -no es que se pierda… sino que… -piensan que escapare… no lo hare, acepte esto y no me echaré para atrás ¿de acuerdo? Y si ahora me lo permite, entrare sola.

Entro al baño, cerro la puerta con seguro, ante el bufido de la sombra que se había quedado afuera.

Fue al tocador, y se miro.

Ahí estaba, fingiendo ser alguien que no quería ser. El reflejo le daba a entender, que ella era la chica con vestido color café, peinada con una pequeña diadema de brillantes propiedad de su madre, maquillada para la ocasión, cosa que nunca hacia. Ella no era ella. Era otra chica que estaba a punto de saber quien era la persona con la que compartiría la vida, y porque no, también la cama. Agacho la cabeza. Miro el lavabo. No podía entender como había llegado ahí. No sabía como había aceptado que su padre la condenara a una vida con un desconocido para que la herencia de la familia Breslin no fuera un jugoso donativo para el Ministerio. Levanto la cara. Se miro nuevamente al espejo. La desconocida seguía ahí. Salvo los ojos. Los ojos grisees que la distinguían de todas las demás. Sintió como sus ojos se inundaban de lágrimas. No quería casarse. No quería.

Pero debía de hacerlo. Debía de aceptar su destino. Todo lo hacia por su familia; desde que se había enterado de la clausula del testamento de su abuela,  acepto que tenia que casarse con un "sangre limpia".

No era una obligación. Era un acto de ayuda para su familia. Incluso sus padres se desconcertaron con la decisión que había tomado. Su madre no la obligaba, incluso la trataba de convencer de que recapacitara y que no hiciera algo que no debía. Su padre… a él solo le importaba la herencia, y con la simple mención de que su hija quería casarse con un "sangre limpia", empezó a buscar a sus contactos, para decidir quien seria su nuevo yerno. Ella había aceptado casarse para rescatar a su familia.

-¡No tenemos todo el tiempo del mundo, Emily!- exclamo  Madame Charlotte desde afuera -voy…- dijo la chica, limpiándose las lagrimas y resignándose. Salió del baño, y volvió a caminar con dirección al salón.

Cuando entro vio que aun seguían bailando, que la música no terminaba y ni terminaría hasta entrada la madrugada. Veía como las personas artificiales seguían haciendo cumplidos entre si mismas para aparentar el verdadero odio que se tenían.

-¿estas bien?- pregunto la sombra -si…- dijo sorprendida Emily, su sombra se había preocupado por ella-… ¿Por qué la pregunta? -te ves algo pálida -seguramente son los nervios -tranquila -si… -tu padre escogió al mejor partido, si puedo comentar -¿lo conoces? -llego junto con su familia hace media hora… -Mmm… ¿y como es? -creo que es mejor que lo veas por ti misma… -si, claro

Llegaron a la mesa. Emily se paro detrás de un invitado que no le veía el rostro por estar de espaldas, lo único que le veía eran los cabellos negros alborotados  de su cabeza. A todos los vio con cierto nerviosismo, aun cuando a todos los conocía: los que estaban a la derecha de donde estaba el invitado de cabello negro, eran  su familia, Carlos y Linda Breslin;  a lado de su padre, estaban  unas personas que Emily reconoció como  compañeros del trabajo de su padre. Enfrente de ella, se encontraba una pareja que no conocía.

-¡Oh, aquí estas!- dijo el padre de Emily parándose y poniéndose detrás de la pareja que no conocía- ya era hora… tengo que presentarte a alguien -tranquila- le susurro su sombra al oído. Madame Charlotte estaba atrás de ella, con las manos colocadas en sus hombros en señal de apoyo. -te quiero presentar a Dorea y Charlus… -hola- dijo Dorea, con una sonrisa nerviosa -hola, mucho gusto- dijo Charlus algo tosco -ellos son los padres de tu prometido, que por cierto, lo tienes enfrente- dijo Carlos, señalándole al invitado del cabello negro

El invitado se levanto, se dio la vuelta para ver a la chica.

-¿James?- pregunto sorprendida Emily -¿Emily?- pregunto a su vez, James -¿se conocen?- pregunto Linda -eh… si, somos  compañeros del colegio- dijo Emily -¿en serio?- pregunto alegre Carlos- ¡que coincidencia! Creo que estos dos ya estaban predeterminados a estar juntos -pues… al parecer si- dijo en tono de desaprobación Charlus -me da gusto que se conozcan- dijo Carlos- ahora que todos conocen a todos, quiero hacer un brindis por el compromiso de James Potter con mi hija, Emily

Todos levantaron su copa de vino y brindaron a la salud de los recién comprometidos. Salvo los comprometidos.

-con su permiso, señor Breslin, quisiera hablar un momento con su hija- dijo sumamente educado James -claro, claro… es mejor que se vayan conociendo desde ahorita… pueden ir, Charlotte, déjalos solos, son novios y se tiene que conocer -claro, señor- respondió Madame Charlotte dejando sola  a Emily -¿quieres venir un momento?- le pregunto a Emily -si, claro…

Los chicos caminaron, dejando solos a los padres de ambos y demás gente en el salón. Emily llevaba la dirección de aquel pequeño e improvisado paseo, así que decidió ir nuevamente al balcón. No dijeron palabra alguna hasta llegar a tal.

-¿tú?- pregunto Emily mientras se volvía a recargar en el balcón y veía el mar italiano- ¿tú? -veo que no estas feliz- dijo James que estaba recargado a sus espaldas en la pared -pues la verdad no… no tengo nada en contra tuya, Potter… pero es que eres una de las ultimas personas con la que me casaría… -James -¿Qué?- pregunto, volviéndose para ver al chico -que me digas James y no Potter -pero… -ahora soy tu novio -¡No digas eso! -es la verdad… así que mejor, veme diciendo James -esta bien, esta bien- dijo Emily dándole la espalda y viendo nuevamente el mar- te diré James, pero… -¿Te quieres casar conmigo?- pregunto de golpe James -¿Qué?- pregunto sorprendida -dije que si te quieres casar conmigo… -¡No! -¿No? ¿Por qué no? -¿crees que el matrimonio es un juego? -no -¿entonces? ¿Por qué me estas preguntando semejante estupidez? -no es un estupidez… mira, Emily- dijo James caminando hasta donde estaba ella. Emily al sentir que estaba atrás de ella, se volvió para mirarlo frente a frente -¿Qué? -yo no sé porque tu padre te estaba poniendo en oferta de matrimonio con cuanto hombre de "sangre limpia" estuviera soltero, no sé y ni me importa -¿entonces? ¿Por qué te quieres casar conmigo? -por mi padre -¿te obliga? -no, incluso esta en contra de esto -no te entiendo -a mi padre lo están poniendo como sospecho de tener vínculos con los locos esos, los "mortifagos" -¿y es…? -¡Es inocente! -ah, bueno…  ¿y eso que tiene que ver conmigo? -¿Quién crees que lo esta culpado?    -pues…- Emily abrió los ojos como plato- ¡Ay no! -exacto… -mi padre…

El padre de Emily era el encargado de perseguir a los llamados "mortifagos" y su líder, un tal Lord Voldemort que había dado dolores de cabeza al Ministerio por tener una especie de secta diabólica o algo parecido.

-pero… necesitan pruebas ¿no?- pregunto Emily retomando la conversación -y las tienen. Según ellos, tiene pruebas de que mi padre es partidario de ese loco de Voldemort -ah… pero si dices que es inocente… -y lo es… las "pruebas" son falsas. El Ministerio solo inventa cosas para que el mundo crea que si puede hacer bien su trabajo, que si puede con una bola de locos amantes de la sangre limpia y que su único fin es matar a los impuros… -y mi padre… ¡Ay James! Solo por eso aceptaste a casarte conmigo… es muy noble de tu parte sacrificarte para que tu padre no sea mandado a Azkaban -haría todo lo que pudiera estar a mi alcance para que mi padre no pisara Azkaban por ningún motivo -tu sacrificio si es valido… no que el mío -¿eh? -nada… por tu padre si vale la pena casarse con alguien que no amas… en cambio un maldito testamento y su inútil clausula… por eso no vale la pena desperdiciar una vida… -¿Qué testamento? -cosas sin importancia- dijo Emily dándole la espalda -ahora que lo sabes, ¿quieres casarte conmigo?

Emily sabia que todo esto había sido un juego de su padre. Había movido los hilos de una manera magistral para que todos sus planes salieran a pedir de boca: Su hija, Emily Breslin, necesitaba un esposo de sangre limpia con quien casarse para que la fortuna de la familia no se fuera por un hoyo. James Potter, hijo de Charlus, uno de los sospechosos de ser "mortifago" pedía una solución para que su padre no fuera a aparar a Azkaban… y él, afortunadamente  era descendiente de una de las familias de sangre limpia con mejor reputación en el mundo mágico.

¿No era perfecto como se  reunían a la primera las piezas?  Como si fuera un rompecabezas  hecho a la medida.

-¿Emily?- pregunto James -acepto -¿eh? -acepto casarme contigo… si con esto ayudo a tu padre, acepto -¿segura? -si… -gracias- dijo con una sonrisa sincera

Fin del flash back.

Cuando abrió los ojos, vio que ya no había gente. Miro su reloj de pulsera. Eran las tres y media de la tarde. Pronto seria hora de la comida y no quería llegar tarde a casa. Seguramente la Sra. Potter tendría otra especialidad culinaria con la que la enamoraría como lo había hecho en esa semana.