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Historia 30385 — capítulo 23

-¡Como me encanta patinar!- exclamo por debajo el chico al dar lo que seria su decimotercera vuelta a la pista

Todo era esplendor, diversión y luces de colores (sobre todo rojas y verdes) en la pista de hielo de Somerset House Ice Rink, en Inglaterra.

Esta pista de patinaje es una de las más populares y concurridas de la capital británica.

Se encuentra en el corazón de la ciudad, en el Strand; esta pista se enmarca en un grandioso patio cercado por los edificios del s. XVIII que albergan hoy la célebre colección de pintura del Courtauld Institute of Art Gallery. (Para que no se me pierdan tanto…)

En ella, varias personas patinan al compás de la típica música del "Cascanueces", que los encargados de la pista habían puesto para ambientarla de acuerdo a la época: navidad.

Era de noche, alrededor de las diez de la noche del día 21 de diciembre de ese ya pasado año; por lo tanto, no estaba llena la pista en su totalidad, al menos había unas treinta personas, entre las que se destacan: los típicos enamorados que estaban mas que dispuesto a soportar el golpazo que se darían al terminar en el suelo al ser tan testarudos en no soltarse por nada del mundo; también se encontraban las ya conocidas amigas que siempre van en grupito yque, por solidaridad,entre si se ayudan, y ponen mayor atención a las menos experimentadas con los patines. Y por supuesto, no podían faltar los niños que se divertían mucho mas haciendo bolas de nieve y lanzárselas entre si, que andar patinando.

Todo el mundo venia con alguien. Excepto el chico en cuestión.

Venia solo, algo no común cuando se va a patinar.No tenía la compañía de una delicada mano de mujer que lo consolara cada que se cayera. No tenia esas bromas que solo los amigos te hacen en el peor momento. No tenía las risas que te causan los primos pequeños con sus tonterías.

Lo ultimo que supo de lasu novia, era que estaba muy feliz con su actual novio, en Nueva York. Sus amigos… a ellos ya no los podía ver, por culpa del asfixiante trabajo que se le había acumulado últimamente con la inesperada salida de Lisset… Y su familia… se suponía que había regresado a Inglaterra para poder estar con ella, pero en cambio, se la pasaba vagabundeando por todo Londres en la búsqueda de algo que le hiciera ver que la vida no era tan mala después de todo.

Como bien lo dijo anteriormente, le encantaba patinar. Era una manera de sacar toda esa energía que tenía guardada de una manera tranquila, además, era una forma de relajarse y de poder sentir el aire que solo la libertad te puede dar.

A pesar de que toda la gente patinaba de acuerdo a las manecillas del reloj, por puro ocio, cambio su dirección con un rápido movimiento, importándole muy poco que eso estuviera prohibido por motivos de seguridad.

Era muy buen patinador, ya que no choco con ninguna persona a pesar de la velocidad que llevaba. Hasta ahora…

Al llegar a la esquina norte de la pista, al igual que varias personas, se fijo en el estruendo que habían causado un grupo de cinco chicas que habían caído una tras la otra al suelo. Hicieron tal escándalo, que hicieron olvidar al chico que iba en sentido contrario a la gente, por lo que, al voltear para ver de nuevamente su camino, vio que a menos de cinco metro de donde se encontraba, una chica venia patinando hacia él a velocidad media.

Ninguno de los dos pudo evitar lo inevitable: chocar.

Chocaron haciendo el mismo bullicio que las chicas.

Él solo pudo sentir (que a pesar de los esfuerzos que hizo para quitarse del camino de la chica), como un cuerpo chocaba contra el suyo, haciéndolo caer hacia atrás.

Pasaron al menos diez segundos, para que se dieran cuenta del golpe que los había tirado.

-¿Estas bien?- pregunto el chico, sentándose en el hielo

La chica seguía tendida en el hielo, sin poder articular palabra alguna, salvo unos gruñidos de dolor.

-dije que si estas bien- repuso el chico

-ya te escuche… estoy bien, no te preocupes- dijo la chica sentándose en el hielo

-¿segura?

-segura, estoy… ¡Ah!- exclamo la chica

-¿Qué paso?- pregunto espantado

-me duele la muñeca

-¿mucho?

-no… parece que me la torcí

-ah… lo siento tanto… no debí de patinar en contra de la gente… por algo dicen que esta prohibido…

-no te preocupes… solo con un poco de hielo…

-¿mas?- pregunto el chico, señalando el hielo de la pista

  • me refería a una bolsa de hielo, no a un gran pedazo de hielo del cual, sino te molesta, me quisiera levantar

-¡Ah! ¡Claro, te ayudo!

El chico, ayudo a levantar a la chica con sumo cuidado. Patinaron hasta la entrada, evitando que las demás personas se fueran a estrellar con ellos. Se quitaron los patines, recogieron sus zapatos y se fueron.

-¿te apetece un té?- pregunto el chico

-eh… no, creo que no, gracias… tengo que irme…

-¿Cómo que no? ¡Al menos dame ese placer, después de que te torcí la muñeca!

-bueno, es que… en serio tengo que irme

-¿no podrías concederme al menos quince minutos? ¿Tanta urgencia tienes?

-pues no… pero…

-¡Por favor!- exclamo él, tomándola del brazo

-bueno, esta bien…

En frente de la pista de hielo, había toda clase de restaurantes, cafés y pubs, una gran variedad de donde escoger. Había desde los exóticos lugares que te ofrecen las más extravagantes bebidas y platillos, hasta los más tradicionales y formales aperitivos. Ellos prefirieron un café que estaba en medio de la calle, que por la fachada, daba a entender que era muy tranquilo y tradicional.

El café por dentro estaba pintado de color crema y unas franjas naranjas, con sillones negros, mesitas redondas con sillas altas de color igualmente negro; el decorado era simple, ya que lo único que había eran varias mesitas pequeñas las cuales servían para colocar los jarrones de donde salían bellas flores artificiales en colores fríos y en las paredes estaban colgados uno que otro cuadro de montañas o lagos.

Se sentaron en la única mesa disponible, la cual daba una excelente vista de la pista de hielo.

Una mujer de alrededor de veinticinco años, con delantal verde y el cabello recogido en una coleta, se les acerco para tomar su orden.

-buenas noches- dijo la mesera, con una voz dulce- ¿Qué les traigo?

-yo quiero un té, con dos de azúcar, por favor- dijo el chico- ¿y tú que quieres?

-yo quiero una cerve…- dijo la chica, pero recordó que ese café era un café muggle, y que era imposible que tuvieran cerveza de mantequilla- quiero un café no muy cargado… con cinco de azúcar

-¿cinco?- pregunto la mesera y el chico en unísono

-¿Qué?- pregunto la chica, viendo sus caras de asombro

-¿no es mucha azúcar para ti?- pregunto el chico

-no… he comido cosas mas dulces… además odio que el café este amargo

-Mmm… mejor tráigale el azucarero completo para que ella misma se sirva, por favor- dijo el chico. La mesera anoto divertida el pedido y se fue.

-tampoco es para tanto…

-¿a no?

-no…

-bueno… ¿Cómo sigue tu muñeca?

-pues… aun me duele

-deja traerte una bolsa de hielo…

El chico se levanto…. ¿Ya dije como venia vestido? ¿No, verdad?

Bueno, el chico venia vestido con pantalones de mezclilla en un tono fuerte que combinaban con sus zapatillas deportiva color negro y una chamarra negra que le quedaba justa al cuerpo, guantes negros y un gorro que le cubría totalmente los cabellos, haciéndolo parecer que estuviera calvo. Además, traía puesto unos lentes negros que impedían verle los ojos. (¡Si, todo de negro!)

Después de que se haya levantado, el chico se quito los guantes, poniéndolos en la mesa. Se quito la chamarra, dejando ver que además de ella, traía un suéter cuello de tortuga igualmente negro (como ama el negro, este chico).

Se acerco a la caja, para ver si ahí le podrían facilitar la tan anhelada bolsa de hielo. Ella, por su cuenta, se dedico a observar a la gente muggle que había en el café.

-aquí tiene su café… y el azucarero- dijo la mesera

-ah, gracias… creo que el azucarero no era necesario- dijo ella apenada

-al cliente lo que pida… y el té de su acompañante… ¿Dónde esta?- mesera chismosa ^-^

-fue por una bolsa de hielo… por su culpa me torcí la muñeca en la pista de hielo

-oh, que pena

-si…esta en la caja…

La mesera volteo a ver y se quedo sin habla además de que sus mejillas se sonrojaron súbitamente. El chico se había quitado el gorro y los lentes; estaba ahí parado, a no menos de diez metros de donde estaban ellas, con la bolsa de hielo en la mano derecha y los demás accesorios en la mano izquierda.

-¿pasa algo?- pregunto la chica, al ver que la mesera no decía nada

-¿eh…?

-¿Qué esta viendo…?- pregunto la chica, recargándose en la silla, y asomándose por detrás de la mesera. E igual que ella, se quedo sin habla, pero en ella si fue inconscientemente.

¿Cómo era el chico?

Era alto, de una estatura de 1.80 m.

De cuerpo delgado, pero no esos cuerpos delgados que lo único que mostraban eran los huesos. No, él mostraba un cuerpo formado, aquel cuerpo era de los pocos cuerpos que ahora hay en extinción que sin necesidad de ejercicio o dietas, tenia una gran fama entre las mujeres (otro poseedor de un cuerpo así, es Sirius Black ^-^),cintura decente para un hombre, hombros relajados y fornidos, piernas largas y fuertes al igual que los brazos. El sexo… bueno, eso es otro cuento de muy buen ver. El rostro… el rostro era lo mejor: de piel blanca, lisa, suave e irresistible. Debajo de la nariz mediana se encontraban unos labios sumamente besables. Lo que daba vida a ese rostro casi esculpido por los mismos dioses griegos, era los dos grandes ojos azules, de un tono azul marino. Un azul que solo lo encuentras en el mar cuando el sol sale para dar inicio a un nuevo día. Esos bellísimos ojos que emitían a mas de medio kilometro una sensibilidad y seducción casi natural, estaban acompañados por un cabello rubio que caía de tal forma que con solo verlo, daba tentación de revolverlos con tus dedos mientras te derretía con su sexy voz.

(Si, lo sé, ya exagere… ¡pero es que si tan solo lo vieran!)

EL chico camino de regreso hasta la mesa. La mesera aun seguía con el té en la charola, y la chica trataba de recuperar su verdadero tono de piel y dejar a un lado el sonrojo que le había causado el chico.

-¿pasa algo?- pregunto el chico

-no… - dijo la chica, entreteniéndose con las tantas cucharadas de azúcar que le había puesto a su café

-¿este es mi té?- le pregunto a la mesera

-eh… si

-gracias- dijo él, tomándolo, sentándose y regalándole una hermosa sonrisa

-d-de n-nada- dijo titubeando la mesera. Ella se retiro (a pesar suyo), mirándolo de vez en cuando.

-¿rico tu azúcar con café?

-muy gracioso… pero si, esta muy rico- dijo ella sin voltear a verlo a la cara

-¿pasa algo?

-no, ¿Por qué?

-te noto rara…

-así soy yo… ¡Rara!

-si tu dices… no, a lo que me refiero es que… tu actitud me resulta diferente

-lo dices como si ya me conocieras

-¿Qué dirías si te digo que si?

-que eso es imposible… nadie conoce a la gente con tan solo diez minutos

-yo si

.-si claro…

-¿no me crees?

-no

-que malo…

-pero bueno… - dijo la chica bebiendo su café sin importarle lo caliente que estaba

-ahora que lo veo… estamos compartiendo un café y ni siquiera se tu nombre ¿Cómo te llamas?

-me llamo… Emily- dijo James quemándose nuevamente la lengua con el hirviente café

-mucho gusto- dijo el chico, tendiéndole la mano- soy Daniel

-encantada- dijo James estrechándole la mano

-y dime… ¿eres de aquí?

-si… oye, ¿ese es la bolsa de hielo?- pregunto James, señalando una bolsa roja que tenia a un lado Daniel

-¡Ah, es cierto!- exclamo Daniel- toma, pon tu muñeca debajo de ella… esperemos que solo sea una torcedura y que pronto te mejores

Hubo un silencio medio incomodo durante cinco minutos, en los cuales solo se disponían a sorber sus bebidas.

-y…- dijo Daniel, tratando de entablar conversación- ¿Cuántos años tienes?

-17 años… no me digas que esto se convertirá en una cita… ¿o si?

-¿Por qué?

-porque solo preguntas cosas que un chico pregunta en su primera cita a una chica

-¿y eso es malo?

-no… lo malo, al menos para mí, es que siempre son las mismas preguntas… preguntas muy bobas

-¿entonces que propones?

-pues no sé… que me preguntes cosas que no vengan ni al caso, al menos será divertido ¿no crees?

-de acuerdo… veamos, que te pregunto… ¿tienes novio?

-esa pregunta esta entre las bobas a las que me refiero- dijo James tajantemente

-bueno, si… pero solo quiero saber…

-esta bien… no, no tengo novio

-¿estudias?

-¡otra pregunta boba!

-¡pero es que es fundamental! ¿Cómo quieres que te conozca si no sé a que te dedicas…?

-bueno, bueno… te doy una mini biografía de mi, tu me das una de ti, y después pasamos a las preguntas no bobas, ¿te parece justo?

-demasiado justo, diría yo- dijo Daniel con una sonrisa

-bueno…- dijo James evitando la mirada de Daniel- pues… tengo 17 años, estudio… estudio en un colegio lejos de Londres. Como te dije no tengo novio (y espero no tenerlo por ahora). Odio lo amargo. Amo lo dulce. Me encanta la noche. Soy excelente jugador de quid… -recordó que Daniel era muggle, y que no podía mencionar absolutamente nada del mundo mágico-… bueno, me gusta mucho el deporte. Soy buena en varias materias… y ya, creo que eso es todo.

-vaya… si que tu vida es muy interesante- dijo en tono sarcástico

-yo dije que iba a darte una "mini" biografía… tampoco te iba a dar todos mis datos ¿o si?

-pues no… creo que con eso me tendré que conformar

-si

-bueno… ahora me toca a mi… Me llamo Daniel, tengo 19 años, soy originario de EU. Para ser precisos, soy de Nueva York. Tengo una molesta hermana menor a la que adoro con todo mi corazón, aunque a veces me gustaría hacerla pedacitos… por el momento no estudio, ya que trabajo… de hecho, estoy aquí, en Londres por cuestiones de trabajo… Me gusta el deporte, en especial el quid… bueno, me gustan muchos. Soy pésimo en las materias que se supone que son "obligatorias"… y ya, creo que también eso es todo

-¿eres de Nueva York?- pregunto James, un poco mas relajado

-si… pero aquí estoy, como ya dije por cuestiones de trabajo… además, como mi familia vive en un Valle en Inglaterra, me queda de paso

-¿trabajas? ¿En que?

-¿eso no seria una pregunta boba?- pregunto Daniel alegre

-pues… creo que si

-entonces no te la contesto

-pero…

-nada de peros… ahora vamos con las preguntas "exóticas"

-bueno… empieza tú

-veamos… ¿lo que sea, verdad?

-si

-¿Cuándo fue la ultima vez que te ahogaste con agua?

-Mmm- dijo James pensando- creo que fue hace un mes o mas… me ahogue con el jugo en el desayuno… hasta me salieron lagrimas… veamos… ¿Qué prefieres? ¿Salir desnudo a la calle o comerte lo que haiga en el basurero? Claro, si tuvieras que cumplir una apuesta

-pues… creo que prefiero comer… aunque no lo creas tengo mi pudor

-jajaja

-¡en serio!

-como digas…

-ahora me toca a mi… ¿Qué prefieres? ¿Hombres lobo o vampiros?

.-pues… esta difícil… creo que ninguno

-¿Por qué?- pregunto sorprendido

-porque ambos tienen cosas buenas y malas… los vampiros son inmortales, pero los hombres lobo están como mas conectados con su naturaleza, así que los veo con las mismas posibilidades ¿tú cual elegirías?

-¿me creerás si te digo que pienso igual que tú?

-¿en serio?

-si…

-a ver... ¿Qué ser mitológico te gusta?

-el fénix

-¿en serio?- repitió James sorprendido- ¡A mi igual!

-mmm… ¿dulce o truco?

-¡Truco!

-¡Igual yo!

Y así se la pasaron, platicando incoherencia y media, hasta la hora en que los corrieron del café por ser la hora de cerrar.

Quedaron de verse al día siguiente para seguir con las preguntas "no bobas" de James….

A James le pareció que era un chico alegre, del que podría sacar una muy buena amistad (¡Un amigo muggle! Sería interesante…).

Por su parte, a Daniel, le pareció una chica divertida, alegre, sincera y sobre todo autentica, algo que pocas chicas son…

¿Ven la diferencia y el daño que causara todo esto en un futuro?